noviembre 30, 2017

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Marcelo Díaz


Quería hablar del aprendizaje de los sueños



entonces me acordé de tu voz
acompañada
por un espiral de sombra
haciendo algo parecido
a lo que hacen los pájaros
o lo peces
cuando nadan juntos
uno al lado del otro
como si no importara
la forma ni el contenido
así sea de día
o de noche
hasta dar con el principio de la claridad
donde se anuda la pérdida
y la memoria de la pérdida;
si me muero
quién hablará de las astillas
quién hablará
de la imagen mental de nuestro árbol
si puede acaso una hoja
-ahora en lugar de tu voz-
por cada instante recuperado
provocar una calma
parecida
a la de habernos perdido
en este mundo



Otros poemas de Marcelo Díaz, aquí

noviembre 29, 2017

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Hablar de Poesía: En busca de Rilke / Entrevista a Ted Huges / Petrarca: el imitador imitado / Poesía latinoamericana actual // Versiones de Dickinson, Mandelshtam y Raine // Críticas




"Ted Hughes (Inglaterra, 1930-1998) es uno de los poetas más extraordinarios del siglo veinte. Mientras se desvanecen las polémicas en las que se vio envuelto tras el suicidio de su primera mujer, Sylvia Plath, más y más entidad va ganado su poesía, viva: violenta y al mismo tiempo delicada, como la naturaleza. Compartimos unos fragmentos de la entrevista –inédita en castellano– que Drue Heinz le hiciera a Ted Hughes para la Paris Review en 1995. Y luego el poema “The Offers”, publicado en Howls & Whispers, un libro casi secreto que Hughes publicó para sus amigos en una edición de solo cien ejemplares en 1998, al final de su vida..."



noviembre 25, 2017

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Barry MacSweeney

poesía inglesa

De pronto Pearl despierta





Me golpee la mano derecha
contra el cajón despostillado de en medio
en la esquina del cuarto que da al poniente, y chupé la sangre de mis nudillos.
Otra vez me levanté
y de rodillas recé a Dios, y me paré de nuevo con la lengua encadenada eternamente. Bendícelo a él con su pelo rubio,
ralo por vagar, leyendo carriles y leyes y senderos como mapas.

noviembre 21, 2017

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Jotaele Andrade

El trabajo de la memoria 



el día exhala una sed casi humana
y en el patio
el cachorro de perro y yo
somos la íntima
memoria
en que el instante se reconoce y sucede

yo
me estoy en la sed
como está el fervor de la brasa
en su combustión

él
cava un pozo

arroja negra tierra
que
fugazmente
ennegrece el aire

cuando acaba
hunde su boca en el agujero
y saca
un hueso
marrón

al que da vueltas y lo arroja
y vuelve a tomarlo

y a arrojarlo
nuevamente

yo lo miro hacer

veo su alegría de perro que roe un hueso
y pienso que así es el trabajo de la memoria



La música hace demasiado ruido



todo cuanto es música
y tiene un  ritmo
un compás

y crece y decrece
como el fuego en los pastizales del verano
como la cucaracha aplastada por mi pie

se  reúne en una misma
interminable
canción

digo que todo es música
el ronroneo del gato ante el alimento
los golpes del corazón
cuando el amor o el pánico

es música mi pie desnudo sobre el vidrio trizado
de la memoria

y el gemido inconsolable de las crías huérfanas

todo
todo música

la lluvia y le grito de quien ha visto lo indecible
o la tragedia

el roce de la rama contra el muro
el hilar de las arañas sobre la presa
y el zumbido
insistente de las moscas
sobre lo corrupto
el golpe del fruto contra el suelo
la sombra monótona de las cosas

cualquier nombre repetido
en el mantra
desesperado de la ausencia

digo que el mundo es una música que hace demasiado ruido



*



Cualquier brasa inicia la catástrofe
simple es existir
dejar que la música impregne
de volumen el silencio
medir el peso de la escarcha
en el árbol
mientras atizas los leños
y mantienes a raya los demonios
domésticos
del fuego
conoces los objetos que te rodean:
la máscara africana
y su madera que guarda
el rostro en blanco de un espíritu
la vajilla
las esculturas en cuyas formas
se ha hecho leve el mármol
la mesa donde apoyas
tus pies desnudos
tan familiar y tibia
tan llena de tu existencia tu casa
te alberga como a un molusco
que entre sus paredes nacaradas
piensa que está lejos la catástrofe
entonces una brasa salta
y cae en la alfombra
como esa liebre que hace una semana
saltó
dentro de la cerca
y sobre la que se abalanzó raudo el mastín de la casa




Otros poemas de Jotaele Andrade, aquí

 Imagen: www.laprimerapiedra.com.ar

noviembre 20, 2017

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Jorge Aulicino

Nueva Caledonia



Nada quedaba ya de Troya
ni de Babilonia ni de todas las ciudades del oriente,
incluida Samarcanda y Labuán,
ni siquiera de los suburbios de Buenos Aires,
donde anduvo la sombra de un imperio.
Nueva Caledonia era el refugio natural.
Alzaste allí versos y columnas ecuestres,
y con soldados de plomo y desguaces militares
formaste tu ejército blindado.
Inútil.
Es sabido que los versos no admiten defensa.
Caen y renacen como esas plantas
entre los rieles que viste tantas veces,
durante tus esperas en estaciones del abandonado ferrocarril
bonaerense.

Antes de los zumbantes camiones, los contendores, antes
de las autopistas que cintilan.





Otros poemas de Jorge Aulicino, aquí


noviembre 17, 2017

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Countee Cullen




Incidente





Una vez montando por el viejo Baltimore,
Con el corazón henchido , con la cabeza desbordada de alegría,
Vi a un ciudadano de Baltimore 
Manteniendo fija la mirada en mí.

En ese entonces tenía ocho años y era muy pequeño,
Y no era ni un ápice más grande,
Y así le sonreí, pero él sacó
Su lengua, y me llamó: "Negro".

Vi el conjunto de Baltimore
De mayo a diciembre;
De todas las cosas que allí sucedieron 
Eso es todo lo que recuerdo. 

noviembre 11, 2017

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William C. Williams: tres poemas emblemáticos


The Red Wheelbarrow


La carretilla roja


tanto depende de
una

carretilla roja lustrada
con

agua de lluvia
junto

a los pollos
blanco




El gran número




Entre la lluvia
y las luces
vi el número 5
dorado
sobre el rojo
camión de bomberos
avanzando
tenso
sin prestar atención
a los tañidos de campana
los aullidos de sirena
y el retumbar de ruedas
por la oscura ciudad.


Esto es sólo para decir


que me comí
las ciruelas
que había en
la nevera

y que
probablemente
guardabas
para el desayuno

Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías



The Red Wheelbarrow

so much depends 
upon 

a red wheel 
barrow 

glazed with rain 
water 

beside the white 
chickens



The Great Figure



Among the rain 
and lights 
I saw the figure 5 
in gold 
on a red 
firetruck 
moving 
tense 
unheeded 
to gong clangs 
siren howls 
and wheels rumbling 
through the dark city. 



This Is Just To Say



I have eaten
the plums
that were in
the icebox

and which
you were probably
saving
for breakfast

Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold





Otros poemas de William C. Williams, aquí
Traducción: Jorge Santiago Perednik

Imagen: Culto.latercera.com






noviembre 10, 2017

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Pablo de Rokha

Firma de Pablo de Rokha, poeta chileno

El hombre casado




Soy el hombre casado, soy el hombre casado que inventó el matrimonio;
varón antiguo y egregio, ceñido de catástrofes, lúgubre;
hace mil, mil años hace que no duermo cuidando los chiquillos y las
estrellas desveladas ;
por eso arrastro mis carnes peludas de sueño
encima del país gutural de las chimeneas de ópalo.
Dromedario, polvoroso dromedario,

noviembre 08, 2017

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Pablo Queralt



El viento balanceando las Spigelias y las Euphrasias bajo el cielo
blanco ese es todo su amor esa frecuencia nos atraviesa
felices en todas las escenas apiladas páginas y páginas
en el sentido que el tiempo circula
entre las squilas entre sus aguas
el rumor y la transparencia en ese ir hasta
en las esquinas de esas páginas

vi lo geminiano vi lo escorpiano todo ese mundo
en lo naranja profundo asombrado vi mi amor por todo
dispersando sus sombras sus fuegos
nos lanzamos en esa tonalidad a un cielo de final
a esos ojos que me enseñaron cómo veía yo
a mis aquí ahora sus ventanas
más rápidas que el ojo que se abren
en ese casi nada de esa luz feliz
que deja percato el color
el buzón donde echar la carta
la necesidad de ese idioma esas palabras
yo estoy allí yo levanto la tapa de otro cielo
en el resplandor de esa pincelada
tan leve.
Y una vez y otra vez el momento de acercar la cara
que se abre a algo como esa sensación
de que el cuerpo flotará que nos hace libres
es una llave
si acercás tu cara a la pantalla ellos te traspasan
y es ese sol naciente que deja ese aire denso
esfumándose con su sueño dorado
que te tiene para ser volado
inciensos pasifloras
cambiando el color para ver
manzanillas melisas mentas
tamarindos naranjos amargos
que se acunan y dan vueltas en el aire
y luego ríen

algo cobra vida
un campo en cualquier parte
esa ráfaga que es soledad entre las casuarinas
fabricando mi campo precioso en la mirada.
Una imagen se talla y queda para siempre.
Los actores que pasan como un viento la sala se llena
y se vacía esta es toda la vida
que crece cada vez que respiro
sigo este manual este caminito para poder amar
una parte mía que odiaba necesito coraje para seguir
y que la vida parezca ser
uno venía a cierta hora de la tardecita y se sentaba inquieto
a mirar el instante presente en que la luz nidificaba en el sueño
y su sordina un paso más allá su silencio
inquieta luz confío en esa luz.




Mi abuela murió en el cine
después de tomar su copa de anís 8 hermanos
viendo los paraguas de Cherburgo maldito funeral
todavía siento su respiración sus pisadas el arco de claridad
que recibía mientras se movía por el pasillo su silueta
proyectada en la pared antes había dejado limpia la cocina
todo lavado para el día siguiente pasando por esa sumisión
cartílago de pájaro de entregarlo todo sin el miedo a perder nada
con o sin su llovizna de puntos azules en el talón del otoño
nunca pude devolverle todo lo que me dio
el esqueleto encaminado los pantalones recosidos
pero el día señalado desandé cayendo sin creer que existía
toda la cinemateca de esta ciudad de vidrio aullando buscando
ese sánscrito que traduce la verdad
buscándote en cada curva
en un mundo que chilla y cruje en su réquiem.



De: "Naci en el cine", detodoslosmares, 2018



Cuando el día se retira 




cuando olvidamos nuestro nombre aquello que sigue siendo yo  
aquello que ahora viene cuando todo se derrumba en mi hora verdadera 
y que seguirá siendo lo mismo cuando haya pasado 
espejea su instante dibuja la dimensión
de lo desconocido más allá de su cristal mental  
nos mancha con su azul con su insensata coherencia  
con su luz en que confío cada vez que despierto 
sacude el sueño en que estamos acostumbrados a vivir 
la caja cerrada donde esta la respuesta.  




§





Ese momento mágico que  sobreviene a lo largo del  día  
cambia mi  sistema cerebral y mi vida con su planeta balanza  
y deja todo ese sufrimiento acumulado en su pum pum  
de  darme contra la pared   
de  su  demencia negra una vez más.  
Pero siempre recuerdo la fiesta de estar vivo de liberarme  
de lo que no me  deja ser feliz 
y empezamos a sentirlo antes que el  personaje 
me maneje  a mí  
en momentos tan claros del juego de estar perdido y encontrar el eje  
cuando todo vuelve a cambiar. 
Y ese es el cielo que se liberó la mente que deja que mi visión interna  
me permita ver lo de afuera 
y no ser derrotado por la pequeñez  
cuando estoy ya sin aliento y atontado de tanto correr. 
Y es la primavera donde los menores tienen todo el permiso  
y la rueda del molino esta siempre cantando. 
Y eso es  todo lo que podes llevar a la mesa en esas noches. 
Alguien sigue leyendo alguien vertió la brea en esa hora desconocida. 
Nos alfabetizamos en esa espuma, mar de esos espejismos. 


De: "Raros sentidos", Editorial Modesto Rimba, 2017


Otros poemas de Pablo Queralt, aquí

noviembre 05, 2017

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Basil Bunting

Una vida extraordinaria



Bunting en Persia, por Christopher Domínguez Michael


Es bien conocido el fragmento del libro sexto de las Confesiones, de San Agustín, en que el de Hipona descubre, sorprendido, a San Ambrosio leyendo en voz baja. Entonces era inusual hacerlo: “Cuando leía, sin pronunciar palabra ni mover la lengua, pasaba sus ojos por las páginas, y su inteligencia en el sentido. Todo el mundo podía entrar a verle, ni era su costumbre avisar, de forma que, cuando yo entraba a menudo a verle, le hallaba leyendo en silencio, pues nunca leía en voz alta”.

FIN DEL EPISODIO

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