8 de noviembre de 2017

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Pablo Queralt




Cuando el día se retira 
cuando olvidamos nuestro nombre aquello que sigue siendo yo  
aquello que ahora viene cuando todo se derrumba en mi hora verdadera 
y que seguirá siendo lo mismo cuando haya pasado 
espejea su instante dibuja la dimensión
de lo desconocido más allá de su cristal mental  
nos mancha con su azul con su insensata coherencia  
con su luz en que confío cada vez que despierto 
sacude el sueño en que estamos acostumbrados a vivir 
la caja cerrada donde esta la respuesta.  




§




Ese momento mágico que  sobreviene a lo largo del  día  
cambia mi  sistema cerebral y mi vida con su planeta balanza  
y deja todo ese sufrimiento acumulado en su pum pum  
de  darme contra la pared   
de  su  demencia negra una vez más.  


Pero siempre recuerdo la fiesta de estar vivo de liberarme  
de lo que no me  deja ser feliz 
y empezamos a sentirlo antes que el  personaje 
me maneje  a mí  

en momentos tan claros del juego de estar perdido y encontrar el eje  
cuando todo vuelve a cambiar. 


Y ese es el cielo que se liberó la mente que deja que mi visión interna  
me permita ver lo de afuera 
y no ser derrotado por la pequeñez  
cuando estoy ya sin aliento y atontado de tanto correr. 


Y es la primavera donde los menores tienen todo el permiso  
y la rueda del molino esta siempre cantando. 


Y eso es  todo lo que podes llevar a la mesa en esas noches. 


Alguien sigue leyendo alguien vertió la brea en esa hora desconocida. 
Nos alfabetizamos en esa espuma, mar de esos espejismos. 




De: "Raros sentidos", Editorial Modesto Rimba, 2017
Otros poemas de Pablo Queralt, aquí

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