Eamon Grennan



Visión en la cocina




Aquí en la cocina
donde preparamos el desayuno
hallo que mi propia visión de las cosas
sale finalmente a luz: Vislumbro, enormes
manos pecosas, en la panza
de la pava de aluminio. Ahí dentro


la heladera verde-lima, la formación militar
de los tarros de especias y la ventana transfigurada
donde el sol irrumpe flagrante,
todos deben retroceder, retirarse y añadir
el pequeño rostro doliente
de la Venus de Botticelli
colgado encima de una puerta liliputiense. Allí dentro

todos nuestros utensilios de cocina
se achican rigurosamente, se reducen
a brillantes miniaturas
de sí mismos – el diario
e ineluctable desorden de nuestras vidas
está contenido, clarificado, fijado en su lugar
y luminoso bajo una luz normal
como si visto de una vez para siempre
por Jan Steen o Vermeer. Y fuera de allí
en la distancia gris la bebita
me mira fijo desde su silla alta
durante un minuto de silencio
y tú – a una milla
revolviendo los huevos – te das vuelta
para verme
contemplando mi propia
persona deformada
en la pava
que está justo empezando a cantar,
su respiración caliente echando humo.




Otros poemas de Eamon Grennan, aquí
Traducción: Adam Gai





Kitchen Visión


Here in the kitchen
where we´re making breakfast
I find my own view of things
come to light at last: I loom, huge
freckled hands, in the electric kettle´s
aluminium belly. In there
the lime-green fridge, military files
of spice jars, and that transfigured window
where the sun breaks flagrant in,
must all recede, draw off, and join
the tiny mourning face
of Botticelli´s Venus
hung above a Liliputian door. In there
all our household effects
are strictly diminished, pared down
to brilliant miniatures
of themselves – the daily
ineluctable clutter of our lives
contained, clarified, fixed in place
and luminous in ordinary light
as if seen once and for all
by Jan Steen or Vermeer. And off
In the silver distance the baby
stares me from her high chair
of a minute ´s silence,
and you – a mile way at the stove
turning the eggs – turn round
to see me
gazing at my own
sharply seen misshapen self
in the kettle
that´s just starting to sing,
its hot breath steaming.




Imagen: Hammer Museum

Audre Lorde



Afuera





En el centro de una ciudad cruel y fantasmal
todas las cosas naturales son extrañas.
Crecí en una confusión genuina
entre césped y maleza y flores
y lo que significaba de color
excepto la ropa que no se podía blanquear
y nadie me llamó negra de mierda
hasta que tuve trece.
Nadie linchó a mi mamá
pero lo que nunca había sido
había blanqueado su cara de todo
excepto de furias muy privadas
e hizo que los otros chicos
me llamaran agrandada en la escuela.

Y cuántas veces he vuelto a llamarme
a través de mis huesos confusión
negra
como médula queriendo decir carne
y cuántas veces me cortaste
e hiciste correr en las calles
mi propia sangre
quién creés que soy
de transformarte
o qué ves en mi cara
que no hayas descartado ya
en tu propio espejo
qué cara ves en mis ojos
que algún día
vas a
reconocer como la tuya
A quién maldeciré por haber crecido
creyendo en la cara de mi madre
o por haber vivido temiendo la oscuridad potente
usando la forma de mi padre
ambos me marcaron
con su amor ciego y terrible
y ahora estoy lasciva por mi propio nombre.

Entre los cañones de sus terribles silencios
Madre brillante y padre marrón
busco ahora mis propias formas
porque nunca hablaron de mí
excepto como suya
y los pedazos con que tropiezo y me caigo
aún registro como prueba
de que soy hermosa
dos veces
bendecida con las imágenes
de quienes fueron
y quienes pensé alguna vez que eran
de lo que traslado
hacia y a través
y lo que necesito
dejar detrás de mí
más que nada
estoy bendecida en los seres que soy
que han venido a hacer de nuestras caras rotas
un todo.





Audre Lorde (1934, Nueva York / 1992, Saint Croix, Islas Vírgenes, Estados Unidos de Norteamérica)
Fuente: http://www.mirales.es/audre-lorde-una-amazona-guerrera/

Imagen: www.bustle.com


Claudia Masin




La luz de la luna / Moonlight


"y cuando hablamos
tememos que nuestras palabras
no sean escuchadas
ni bienvenidas,
pero cuando callamos
seguimos teniendo miedo.
Por eso, es mejor hablar
recordando
que no se esperaba que sobreviviéramos"

(Audre Lorde)




Hay quienes no formamos parte de la especie
más que como el error, la anomalía que confirma la precisión
y el equilibrio de las cosas. Como las crías enfermas,
defectuosas, que las perras apartan alzándolas del cuello con la boca,
no se espera de nosotros ninguna fortaleza ni coraje. La mayoría de las veces
no hace falta matarnos: el cuerpo vaciado del amor
y del deseo de los otros pasa rápido. Una mancha en el cielo
que pocos llegan a ver antes de que se apague
a miles de años luz, sin poder hacer contacto con la tierra,
sin que nadie la extrañe. Pero a veces,
contra todas las probabilidades, una raíz crece desaforada,
sostenida en el aire hasta clavarse en la materia,
arrastrada por un deseo salvaje, por el empuje de la vida
que resiste aunque sepa que en ese esfuerzo descomunal
corre el riesgo de –finalmente- quebrarse. Dejá
que tu cabeza descanse en mis manos, me dijiste, prometo
no soltarte. Y yo, que lo único que sabía
era que había que escapar del amor como quien escapa
de una pedrada en el pecho, un golpe bien dado en el lugar
más vulnerable, me quedé
sin embargo en ese abrazo y fuí curado
de las enfermedades de los otros, de lo que hicieron conmigo
para salvarse. No hizo falta que nadie más me tocara. Un cuerpo
sostenido en otro cuerpo se vuelve una casa.


Otros poemas de Claudia Masin, aquí
Poema inédito basado en el film Moonlight, Barry Jenkins, 2016
Imagen: fb de CM

Erri de Luca




Ríos de sangre





Iban los viejos a las fuentes
y las mujeres con cubos a lo largo del río
mientras el aire silbaba de proyectiles y esquirlas,
la banda musical de los asedios, junto a las sirenas.
Danubio, Sava, Drina, Neretva, Miljacka, Bosna
son los últimos ríos añadidos a las guerras del siglo veinte,
los ejércitos mordían sus orillas, derribaban sus puentes,
luces de ciudad, Chaplin, las luces de aquellas ciudades
estaban todas apagadas.
Alrededor, Europa prosperaba ilesa.
Otras madres arrodilladas acudían a las orillas,
después de que el Volga detuviera en Stalingrado al sexto
ejército de Von Paulus
y lo hiciera retroceder y lo persiguiera hasta el último puente
sobre el Esprea,
ahogando Berlín.
Las aguas de Europa todavía reflejan incendios.
El deshielo del Vístula iluminado por el hambre del gueto:
no fue bastante para el siglo veinte.
El agua en Europa vuelve a costar su equivalente en sangre.





Erri de Luca (1950, Nápoles, Italia)
Fuente: http://msur.es/2016/12/07/erri-luca-poemas/ 

Imagen:  www.elcultural.com



Fiumi di guerra



Alle fontane i vecchi
le donne con i secchi lungo il fiume
e l’aria fischiettava di proiettili e schegge,
la banda musicale degli assedi, insieme alle sirene.
Danubio, Sava, Drina, Neretva, Miljacka, Bosna,
ultimi fiumi aggiunti alle guerre del millenovecento,
gli eserciti azzannavano le rive, sgarrettavano i ponti,
luci della città, Chaplin, le luci di quelle città
erano tutte spente.
L’Europa intorno prosperava illesa.
Altre madri in ginocchio attingono alle rive,
dopo che il Volga fermò a Stalingrado la sesta armata
di von Paulus
e la respinse indietro e l’insegui fino all’ultimo ponte sulla Sprea,
affogando Berlino.
Acque d’Europa specchiano ancora incendi.
La Vistola al disgelo illuminata dalle fiamme del ghetto:
non poteva bastare al novecento.
L’acqua in Europa torna a costare l’equivalente in sangue.

Señalador



Alejandro Schmidt / Romanticismo y verdad



Hay un orden y está en el cielo





algunos necesitan un trabajo para sentir que controlan la vida
algunos escuchan voces y obedecen
voces y se intimidan
algunos crecen silenciosos como plantas nocturnas al lado de las vías
algunos odian quedarse porque mantienen la ilusión del espacio

hay un orden y está en el cielo

algunos se retractan
algunos se destacan
todo es luz
no importa
es luz
en los cementerios
en los consistorios
en lo desdentado
en lo consultado
es la luz
Señora de impiedad
Señora de impropiedad

en algún momento lo azul, el jazmín, lo dulce, la música, los dibujos,
el afecto llegado
el ahora
los trabajos
fueron la sensación de algo mirando para aquí

ciego es el ángel porque nace en piedra
porque nace en la pena
porque nace
después de grandes noches
con el perro de Dios

algunos necesitan perder
algunos necesitan confusión

muchos recurren al cuenta pasos
convencen su memoria y actúan de implacables

algunos creen en el consuelo
algunos traen lo que se llevan
abandonan su cuervo al calendario

algunos son la nieve
algunos prefieren
otro piano
la contraseña
los contratos

está bien
las playas llegan al espíritu
muestran
la debilidad del fuego
está muy bien
y cuando descansamos
y cuando interpretamos
mantengamos la expectativa del infierno

algunos necesitan el descanso para cobrar la usura de lo extinto
algunos se confiesan con un juez ausente

muy pocos
muy pocos
todos los días
todos

arrojan el anillo o la corona
a esa eternidad que conocemos
más tarde que temprano

hay un orden y está en el cielo



Otros poemas de Alejandro Schmidt, aquí

Elena Anníbali



Cuando di el salto del tigre, ¿no deseaba yo el radioso azul, tocar
la carne de la cerradura, en la cerradura, e inacabable
el candor del cuerpo primitivo, el mono,
el lagarto? ¿No deseaba, yo, escuchar
el desplome de la garza cuando, en lo oscuro,
baja al río, y la sibilancia del pez, y su ir hacia el no?
¿Quería el no o el todo y yo horadando el todo con la palabra?
¿Sabía, presentía, acaso, que mi mano, mi lengua, iban al tope,
y que más allá, no hay, ya, lo dado, si no
un escurrimiento, el puro
ser de las cosas venciendo?
¿Atrapé algo más que el acuoso lirio del pensamiento,
una derrota, el escombro, el trapo, el herrumbre
de lo eterno?
¿Puse, entre mis manos, algo más que un diario mojado,
la imagen de la cosa retorcida en el tiempo, y en el espacio
la cosa, ambigua, ya yéndose, dejando de ser lo que era, en el
momento, también perdido, en que todo no era más eso?
El pliegue del yo, mas no el yo, tal vez
su carnadura, espejado el ser en el sucio vidrio de lo que,
corrompido, mutante, anda,
mirando las cosas ir y perderse, devenir
en lo que siendo, ya no es y no será?
El pliegue del yo, entonces, mirando el remolino
del todo irse, junto a sí, pero expectante, y deseoso de juntar
el palito de la eternidad, pidiendo
una verdad, aunque fugaz, en la casa
del viento?
¿Sed del remolino, sed del ser yo perdiéndose, entero?


¿Qué he ganado en el salto más que la caída?





Otros poemas de Elena Anníbali, aquí

Diego Bentivegna



Ma era l'Italia, / l'I,talia, / l'Italia, nuda e formicolante...
                                        (Pasolini, Poeta delle ceneri)





Allá, más abajo,
el pasto italiano prolifera, se disgrega,
sube insistente de la isla que arde
entre volcanes turbios:

se multiplica en los claros de los bosques
que se abren al cielo entre los Nébrodos.

Es el pasto que sube para el norte
por los valles que horadan la Calabria
o el Abruzzo, por las galerías apenínicas;
el pasto que roza casi la frontera
hacia el límite pequeñoburgués con Austria. 






Odorata ginestra / contenta dei deserti...
                                      (Leopardi)





Se recorta en el fondo, entre la espuma
y la sierra, el exterminador Vesubio:
padre terrible sentado entre las rocas, 
profeta formidable.

Mira el golfo africano abierto sobre Nápoles.
Mira Torre del Grecco y los retazos
de poblaciones blancas que cuelgan
de los cerros, casi acantilados.
Mira la espalda seca donde crece
a los tumbos la pálida ginestra,
la retama amarilla en la que estalla
la luz violenta, el sol mediterráneo.

Mira, está mirando
lo vegetal que asoma apenas entre las rocas.




Diego Bentivegna (1973, Munro, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Las reliquias", 2013, Alción Editora

Imagen: fb de Diego Bentivegna