Santiago Sylvester



Poesía argentina

La ventana




Este es el inventario si se mira
desde esta ventana del cuarto piso:
un pájaro en una jaula, una mujer que lava,
revoques, conversaciones, el olor de la pescadería.

Alguien canta por ahí
y la mañana se encarga del resto.
Por la noche llegan luces,
detalles, pedazos de una escena inestable.

Nada contradice aun orden fácilmente
perfecto: la mañana es dispersa, la noche selectiva.
Hasta podría pensarse en la armonía del mundo exterior
si no fuera por una maullido subrepticio
de difícil ubicación entre las cosas que se mueven.




La señal




Siempre veo en sueños este pueblo:
casas bajas, de adobe,
y un polvo cayendo del cielo como un defecto de la vista.
Hay muchos perros en la calle
como en los pueblos de la puna: perros sin dueño,
sin saber ladrar, comer, fornicar;
perros imprescindibles, como en la puna, para que este pueblo exista.
Un hombre saluda siempre a otro
y dice ya han empezado a visitarem los muertso,
señal de que pronto moriré.

El muerto que lo visita soy yo,

el que irrumpe en el sueño, le aflije la memoria
y se despierta:
entonces el presentimiento se cumple
y todo es la oscuridad
de un cuarto cargado de libros,
agobiado de tabaco,
y un hombre sudoroso que tantea la luz
y se levanta en busca de agua.




El incendio




¿Qué haríamos si después
de tantas palabras inútiles (apuestas
por la paz, reflexiones, mensajes de amor,
promesas de justicia)
un hombre aprovecha la caída de las hojas,
rodea la ciudad
y le prende fuego?

Seguramente hastos
con el trajín de los bomberos
diriámos basta, desaprobando una conducta
que sólo quiere, como la prepotencia,
mostrarnos su propio exceso.
Y seguiríamos hablando, esperando el invierno,
arropados, como otras veces,
con nuestra manera particular
de sobrevivir correctamente entre las llamas.




De: "Libro de viaje", Libros de Estaciones, 1982
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Imagen: La Gaceta Salta

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