4 de mayo de 2018

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René Char



París sin salida




Calle de Sèvres
Una puerta de garage antes de la tienda Le Tournis,
Mediodía, y el verano
Sobre el asfalto suspende todos los impulsos.
Una joven mujer,
La línea de sombra de su falda desnuda
Es cómplice de su cuerpo encantador,
Persigue un sueño despierto,
Sentada en la piedra misma del umbral.
Yo la llamo
Lectora de las doce adormideras blancas,
Meridiana,
Aunque todavía tenga los ojos muy abiertos
Y los dedos simétricos
Mientras hojea su libro ausente,
Permanece, la pierdo.
Sin tardanza, en la siguiente calle
Sílaba de eco, amante precipitada.




5. Versos y fragmentos




Fueron traídos al mundo Transparentes bajo oropeles
improvisados. Es así como se fundó la maledicencia.
Deseo, deseo con una sola maleta y múltiples trenes.
Amo a quien respeta a su perro, quiere sus herramientas,
no decortica el árbol para castigar la savia, no
le echa agua al vino de la verdad, se burla de la existencia
de un mundo ejemplar.
Hubo el vuelo silencioso del Tiempo durante milenios,
mientras que el hombre se adaptaba. Vino la lluvia;
después el hombre marchó y actuó. Nacieron los
desiertos; el fuego se elevó por segunda vez. El hombre,
entonces, poseedor de una alquimia que se renovaba,
estropeó sus riquezas y masacró a los suyos.
Agua, tierra, mar, aire, apoyaron; sin embargo, un
átomo resistía. Esto sucedía hace algunos minutos.
No inciten a las palabras a hacer una política de
masas. El fondo de ese océano ridículo está empedrado
de cristales de nuestra sangre.
Desde la operación de los totalitarismos ya no estamos
unidos a nuestro yo personal sino a un yo colectivo
asesino, asesinado. La ganancia de la muerte condena
a vivir sin el imaginario, fuera del espacio táctil, en
mezclas envilecedoras.
Baudelaire, Melville, Van Gogh son dioses despavoridos,
y no lecturas de dioses. Agradezcamos. Y agreguemos
Mandelstam El Inclinado, nadando, el brazo
azul, su mejilla apoyada sobre el espanto y la maravilla.
El espanto que le infligieron, la maravilla que él no
le opuso pero que emanaba de él.
Recorrer el espacio, pero no echar una mirada sobre
el Tiempo. Ignorarlo. Ni lo hemos visto, no lo hemos 
sentido, menos aún medido. En un segundo, todo se
queda en el único sagrado incondicional que jamás
existió: aquél.
¿Han elaborado, las delicias de la imaginación, los
horrores que afrontamos?
Las largas lluvias de la imaginación, aunque tengan
todo el campo, tienen un derecho y un revés. Bien que
mal.
Algunos días, no hay que temer nombrar las cosas
imposibles de describir.
El universo de la materia es más mentiroso que el
mundo de los dioses. Es permitible modificarlo e invertirlo.
El Arte ignora la Historia, pero se sirve de su terror.
Los acontecimientos de nuestra existencia, el bandidismo
de las sociedades, forman el montón de grava
de escombros y de fierro que sirven a sus cimientos.
Voy a hablar y voy a decir, ¿pero cuál es el eco hostil
que me interrumpe?
A la vez vivir, ser engañado por la vida, querer vivir
mejor y poder hacerlo, es infernal.





René Char (1907, L'Isle-sur-la-Sorgue / 1988, Paris, Francia)
Traducción: Dante Medina
Fuente: http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/rene-char-1977.pdf
Imagen: Turia

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