septiembre 28, 2018

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Charles Simic


Charles Simic

Piedra



Meterme en una piedra
ese será mi modo de ser.
-que algún otro se vuelva paloma
o muerda con diente de tigre.
Yo seré feliz  siendo una piedra.

Desde afuera la piedra es una adivinanza:
nadie sabe cómo contestarla.
Pero, dentro, debe ser fresca y tranquila
aun si un chico la arroja al agua;
la piedra se hunde, lentamente, sin perturbarse,
hasta el fondo del río
donde los peces vienen a darle un golpecito
y escuchar.

He visto salir chispas
cuando dos piedras se frotan,
así que después de todo no es tan oscura por dentro;
Tal vez haya una luna brillando
desde alguna parte, como por detrás de una colina –
justo la luz suficiente para distinguir
los escritos extraños, los mapas estelares
sobre las paredes interiores.



Stone



Go inside a stone
That would be my way.
Let somebody else become a dove
Or gnash with a tiger’s tooth.
I am happy to be a stone.
From the outside the stone is a riddle:
No one knows how to answer it.
Yet within, it must be cool and quiet
Even though a child throws it in a river;
The stone sinks, slow, unperturbed
To the river bottom
Where the fishes come to knock on it
And listen.
I have seen sparks fly out
When two stones are rubbed,
So perhaps it is not dark inside after all;
Perhaps there is a moon shining
From somewhere, as though behind a hill–
Just enough light to make out
The strange writings, the star-charts
On the inner walls.



Traducción: Adam Gai

Otros poemas de Charles Simic: aquí

septiembre 25, 2018

septiembre 23, 2018

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Maurizio Medo

Maurizio Medo


59.


No puedo ver a través de los ojos de mi enemigo
y examinar la naturaleza real de ciertos eventos
considerados virtuosos por su desenlace. Quisiera,
aunque es mejor cuanto menos se diga, situarme
en el ángulo preciso y hurgar bajo el aura
paranormal del mito, adonde hay demasiado frío
como para argüir algo contraproducente, detenerme
y revelar su calaña: sus buenas acciones
obedecen a la suerte.
Su único mérito fue detectarla cerca.
Resistir su soporífero hedor de flor de ruda
de acuerdo a la estrategia establecida
para convertirse en cliente después
de persuadirla con sentidas confesiones
sobre su mala fortuna. Justo cuando la suerte
estaba por aquí, con el espacio suficiente para
ofrecer un beneficio, me distraje observando
la desmedida ambición de mi enemigo. No discuto
la repercusión de un ideal estético, para nada.
Pero supeditar nuestras acciones a la conquista
de alguno no me basta para hacer frente a ciertas
exigencias implícitas en la vida doméstica.
El pago de las cuentas no cede al armisticio.
Y, sin embargo, él solo suspira como un lagarto
después de haber mordido el ábaco, orondo.

Pero la suerte no merece todo el crédito.

Hay otros factores—fuera de la singular alineación
de los astros en su día natal.

Pensaba en el espacio donde las semillas parecen
alinearse por el cauce del surco sin calcular
los probables efectos de una ola de calor o la sequía.

En los amigos, si consiguen saltar diversos significados
después de considerar que todos representan solo un límite.
O en su mujer, quien no merece perderse en medio de
tantas confusiones cuando él la observa inquisitivo.
No por un error. Sino a través del miedo
de no encontrarla más allí.

En ocasiones convengo que la muerte debiera arrastrarlo
aun cuando no sea el momento. Y me afiebra la ansiedad
por patear su cráneo.
Partirle en dos el plexo y después
colocar una vela detrás de cada ojo.
Luego embozarlo con tal de ver cómo
se tuerce mientras asfixia lentamente.

En otras diseño diversas estrategias
y así perpetrar el crimen perfecto.
Pero cuando encuentro su rostro sobre
la superficie del espejo descubro que
tal asesinato es imposible. No por piedad.
O cierto grado de compasión.
Me resulta imprescindible mantenerlo vivo.

Son las 7 y 35.
Brinca velocísima la libre por el monte.
Los árboles adivinaron el eco
de una música decepcionante
si es que la traducimos al violín. Ahora él tendrá
que injertarse en el paisaje productivo
cargando al hombro su propia cárcel sin
abandonar la sonrisa negligente, tan necesaria
para volver al punto que le vise la mazmorra
después de recorrer un campo minado
por las dudas con el propósito
de rehacer todo lo que hicimos mal.

No es la historia.
Mañana le ocurrirá otra vez.
Me culpará.

Yo soy el enemigo.


De: "Interferencias" (Inédito)



Y con el húmero y todos los huesos sepultados
qué me queda sino reír en los panteones
preguntándome si ahí lloran las piedras.

Qué me queda sino remontarme al infinito
o morirme ciego en la cama que entreabre
su esqueleto.

Qué me queda sino la obstinación de un sastre
que sutura los pétalos de la Rosa que nadie vio jamás
(porque ninguno ve la agonía de la Rosa que
siempre será de Nadie
mientras la boca mira y le suplica
que vuelva a saberse
sólo Rosa)

Qué me queda sino dormirme a oscuras
              presintiéndote
como una arteria
              entre mis sienes
y la almohada.


De: "Limbo para Sofía" (Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú - PUCP, 2004)




septiembre 22, 2018

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Lisel Mueller: "A veces, cuando la luz"



A veces, cuando la luz incide en extraños ángulos
y te devuelve a la infancia

deambulando por una mansión desvencijada
totalmente oculta bajo viejos sauces

o un convento abandonado que guardan la cicuta
y abetos gigantescos erguidos flanco a flanco,

de nuevo sabes que allende ese muro,
bajo la indómita cabellera de los sauces

persiste algo secreto,
tan maravilloso y peligroso

que si te adentraras y contemplaras
morirías, o serías feliz por siempre.



El amor, como la sal



Yace cristalino en nuestras manos
demasiado intrincado para descifrar

Entra en la sartén
sin pensárselo

Se derrama sobre el piso, tan delicado
que todos pasamos por encima

Llevamos un pellizco en cada pupila

Nos sale en la frente

Lo guardamos en nuestros cuerpos
en secretos odres

En la cena, lo pasamos por toda la mesa
hablando de vacaciones junto al mar



Sometimes, when the light 


Sometimes, when the light strikes at odd angles
and pulls you back into childhood

And you are passing a crumbling mansion
completely hidden behind old willows

Or an empty convent guarded by hemlocks
and giant firs standing hip to hip,

You know again that behind that wall,
under the uncut hair of the willows

Something secret is going on,
so marvellous and dangerous

That if you crawled through and saw,
you would die, or be happy forever.


Love Like Salt


It lies in our hands in crystals 
too intricate to decipher 

It goes into the skillet 
without being given a second thought 

It spills on the floor so fine 
we step all over it 

We carry a pinch behind each eyeball 

It breaks out on our foreheads 

We store it inside our bodies 
in secret wineskins 

At supper, we pass it around the table 
talking of holidays and the sea. 



El poeta ocasionalNacida en Hamburgo, Alemania, en 1924, Lisel Mueller obtuvo el reconocimiento con el Pulitzer de 1996 por su libro Alive Together: New & Selected Poems. 

"Nací en una gran ciudad europea y viví en ella hasta que llegamos a este país, a los quince años. Aunque mi familia recaló en el Medio Oeste, vivimos en ambientes urbanos o en su periferia. Fue sólo después de que mi marido y yo construyéramos nuestra casa en Lake Country, Illinois, cerca de Libertyville, que mi conciencia se transformó. La primera mañana en nuestra nueva casa me desperté con el mugido de las vacas. ¡Vacas bajo mi ventana, treinta y cinco millas al norte de Chicago! Mas allí estaban, retozando sobre el heno que separaba nuestra asignación de un acre de la propiedad de doscientos de nuestros vecinos; y eran Holsteins, la única raza de vacas que conocía por los veraneos de mi infancia en Alemania, en las llanuras del norte. Esa fue mi iniciación, y luego de cuarenta años en esta casa conozco la hora del día por la inclinación de la luz. Me son íntimamente familiares los nombres y los hábitos de las flores salvajes y de los pájaros que habitan nuestros álamos y espinos. Vivimos todos juntos, en el mundo y en mis poemas."

Fuente: Adamar, revista de creación

Enlace: http://el-placard.blogspot.com/2017/07/poemas-de-lisel-mueller.html
Imagen: Poeticus


septiembre 20, 2018

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Jaime Sáenz


4.(III)


Cuando pienso en el misterio de la noche, imagino el misterio de tu cuerpo,
que es sólo una manera de ser de la noche;
yo sé de verdad que el cuerpo que te habita no es sino la oscuridad de tu cuerpo;
y tal oscuridad se difunde bajo el signo de la noche.
En las infinitas concavidades de tu cuerpo, existen infinitos reinos de oscuridad;
y esto es algo que llama a la meditación.
Este cuerpo, cerrado, secreto y prohibido; este cuerpo, ajeno y temible,
y jamás adivinado, ni presentido.
Y es como un resplandor, o como una sombra:
sólo se deja sentir desde lejos o en lo recóndito, y con una soledad excesiva, que no te pertenece a ti.
Y sólo se deja sentir con un pálpito, con una temperatura, y con un dolor que no te pertenece a ti.
Si algo me sobrecoge, es la imagen que me imagina, en la distancia;
se escucha una respiración en mis adentros. El cuerpo respira en mis adentros.
La oscuridad me preocupa –la noche del cuerpo me preocupa.
El cuerpo de la noche y la muerte del cuerpo, son cosas que me preocupan.


3.
El espacio que tu cuerpo ocupa en el mundo, es igual al espacio
del cuerpo en el que uno se ha recogido;
y si esto es así, nadie tiene por qué molestarse, ni importunarte;
en el espacio de tu cuerpo, del que tú eres el soberano absoluto.
puedes pararte de cabeza y hacer y deshacer, y transitar tranquilamente,
libre ya de un mundo de pesadilla, poblado de espectros y de esqueletos que pululaban y te
quitaban la vida.
En todo caso, tu morada, tu ciudad, tu noche y tu mundo,
se reducen a tu cuerpo;
y quien lo habita no eres tú, sino el cuerpo de tu cuerpo.
Pues el cuerpo que te habita, en realidad, eres tú;
sólo que tu cuerpo deja de ser tú;
y pasa a ser él.
Imagínate, el cuerpo que eres tú, habitando el cuerpo que
es él.
y que no por eso deja de ser tú.
De ahí el habitante, o sea, el cuerpo de tu cuerpo; y de ahí,
asimismo, el habitado, o sea, tu cuerpo.
¿Y qué decir de la honda soledad, habitando el espacio de
tu cuerpo?
Hay un echar de menos la soledad, cuando hay alguien a tu
lado;
pero, cuando no hay un alma, es la propia soledad quien te
echa de menos
-y es como si tú no estuvieras, o como si te hubieras ido,
en busca de alguien a quien echar de menos.
La soledad en el espacio de tu cuerpo, ha de ser, pues, una
soledad muy larga, muy alta, y muy álgida.
-como esa soledad que uno imaginaba de niño,
con un retrato desaparecido y una rueda inmóvil, en el cuarto
oscuro.

Jaime SáenzJaime Sáenz (1921 / 1986, La Paz, Bolivia)
Fuente: Poetas del fin del mundo / Buenos Aires Poetry
Enlaces: 
https://publishing.cdlib.org/ucpressebooks/view?docId=kt9m3nc9hd;chunk.id=0;doc.view=print
https://es.wikipedia.org/wiki/Jaime_S%C3%A1enz

septiembre 19, 2018

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Frank Ormsby


Mudándose


El primer acto de amor en una nueva casa
No es privado. Amar mutuamente
Somos medio conscientes de la puerta y el espejo.
Nuestro éxtasis incluye la silla de cama,
El aire desde el aterrizaje.

Las hojas de la calle y las hojas de olmo en las paredes
Como en ninguna habitación. La suya es la lengua
Nuestras lenguas se unen para traducir. Su mensaje
Está claro: esta noche no puedes ignorar
El mundo en la ventana.

Así que nos encanta el conocimiento de una ciudad
En un ángulo diferente.
Y compartir
Nuestra cama con muebles y árbol que reclama
Su perspectiva, fusionando nuestras vidas aquí
En su marco establecido.

septiembre 18, 2018

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Luciana Reif



Mi padre me invita a cenar
no puedo creer que la vida lo haya transformado
en un ser tan sensible, a veces pienso
en cómo fue durante muchos años
la persona capaz de ignorar el hambre
o el aire asfixiante.
Pienso en el humo que arrojaba sobre nosotros
como quien fuma en un cuarto diminuto y cerrado.
Él no fumaba, sólo apagaba el cigarrillo
sobre nuestros labios, la magia negra
de lastimar sin que advirtiéramos
cómo ni cuándo.
Ahora llora y pide perdón, vuelve atrás
sobre la historia,
reconoce lo sembrado:
quise plantar flores, dice,
pero no supe qué hacer con toda la mierda
que traía encima, la dejé ahí,
la dejé en el jardín,
no sabía que iba a crecer tanto.


§


Tenso el puño para dormirme
un acto reflejo, casi mecánico
me preparo para bucear en las profundidades
durante las próximas ocho horas. Allí aparece
todo lo que esquivo con éxito durante el día:
el miedo a estar sola, el dolor de haberte perdido
el deseo de que regreses y la esperanza también
de que a la larga como me dicen
todo sea para mejor.
Me despierto, el puño sigue tenso
igual como lo dejé al dormirme, abro la mano
por las dudas, pero no hay en ella ningún tesoro
no hay tesoros en el fondo del mar
solo nosotros mismos y un espejo gigante
que al igual que los del circo
deforma nuestras dimensiones
y se lee en clave.




Luciana Reif nació en Lanús, Buenos Aires, en el año 1990. Es socióloga por la UBA y becaria de investigación en el CONICET. Coordinó junto con Valeria De Vito el ciclo de poesía "Lo que tan rápido fuga" en Espacio Enjambre. Dicta el taller "Amor y poesía - Todo beso es político". Es autora de los poemarios Entrada en calor (Ojo de mármol, 2016) y Un hogar fuera de mí (Visor de poesía, 2018), ganador del último premio a la Creación Joven de la Fundación Loewe.

Fuente: Revista Ñ y celofánpoesía.blogspot.com


septiembre 17, 2018

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Maximiliano Spreaf



querida
la mitad de mí
que está pudriéndose todavía junto a vos
en ese acantilado del Mar del Norte
no me deja dormir
te lo cuento ahora
sentado borracho
en un banco de la terminal de Salsipuedes
ya no queda casi nadie
y en unos minutos
voy a vomitar toda la felicidad
que juntamos allá en Belfast
el lunes cumplí la edad
que tendría mi vida
si la hubiera vivido con vos


§


prefiero las agujas
no me jodas con tu histeria
viví en casas de algodón
rodeado de nenas buenas
altas drogonas
lenguas de cartón corrugado
y vos
que no salís ni en los obituarios
de Eterna Cadencia
así no
no
si me hubieras visto
volver de Irlanda
en un Boeing 747
de Aerolíneas Argentinas
parchado por todas partes
desnudo en el asiento
el cinturón de seguridad cruzado en la boca
las azafatas en su orgía
y en la única mano que me quedaba libre
una jeringa con el nombre
de lo que amé


Cosas que le escribo a mi novia muerta


hace mucho que tu fantasma camina por delante mío
sabés
todavía odio a dios
tengo tu esmalte negro guardado
quisiera volver a pintarte las uñas
sueño con hijitos pelirrojos cada tanto
el año que viene vuelvo a tu tierra y no sé
si no me quedo a vivir de homeless allá
después de vos, el amor se volvió una obligación


§


en Villa María estuve dos veces
una ebrio y preso
otra enamorado
recuerdo solo lo importante
el novio de una piba que me encantaba
me puso pastillas en la cerveza
me lo confesó él mismo al otro día
llorando en la terminal de ómnibus
la piba en cuestión
estaba escondida en el baño
me hacía señas para que no hablara
a todo esto yo pasé ese día en una comisaría
y aún no sé por qué
me subí al colectivo
los miré cómo discutían
llegué a Córdoba
me tomé una Seven Up
juré no volver jamás
en dos semanas estaba otra vez
acostado en la cama de la piba en cuestión
escuchando Babasónicos
tomando vino de su boca
amo Villa María
no volvería


Maximiliano Spreaf (1975, Buenos Aires. Reside en la Provincia de Córdoba)
De: "No soy poeta pero", Caleta Olivia, 2018
Imagen: La Voz


septiembre 13, 2018

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Shai Dotan

Yo recojo tu enojo



Yo recojo tu enojo
y lo pongo en el poema.
Después lo borro
y escribo sólo  acerca de las bisagras
de la puerta del armario de la cocina
que abres y cierras
para agarrar otro cigarrillo
y calmarte los nervios.
Después lavarás los vasos
y prepararás café, fuerte,
y no vendrás a ofrecerlo , puesto que yo
estoy sentado en el escritorio,
metido en lo mío. Atento
a las bisagras que chirrían


שי דותן > אני אוסף את כעסך
אני אוסף את כעסך
ומכניס אותו לשיר.
אחר כך מוחק
ורושם רק את הציר
דלת ארון המטבח
שאת פותחת וסוגרת
לקחת עוד סיגריה
לצנן את דמך.
אחר כך תשטפי כוסות
ותכיני קפה, חזק,
ולא תציעי, שהרי אני
יושב אל השולחן הכתיבה, 
עסוק בשלי. קשוב 
לציר החורק.




Shai Dotan (1969, Eilat, Israel)
Traducción: Adam Gai
Imagen: Haaretz







septiembre 12, 2018

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Yusef Komunyakaa y Paul Muldoon: un contrapunto de ideas y emociones


Yusef Komunyakaa y Paul Muldoon

Por: Suzan Sherman

La poesía de Paul Muldoon es, de todo corazón, original; rica en ritmos y siempre expandiendo el asunto de lo subjetivo.

Sus ambiciosos e ingeniosos juegos de palabras muestran su formación e historia irlandesa, y avanzan hacia su vida presente para volver, de nueva cuenta, al pasado. Considerado como el principal poeta irlandés de su generación, su primer libro fue publicado cuando tenía veintidós años y, desde que se mudó a Estados Unidos, su poesía ha alcanzado mayor reconocimiento por el público local. Ha publicado libros como: New Weather, Mules, Why Brownlee Left, Quoof, Meeting the British, Selected Poems 1968-1986, Madoc: A Mystery, The Annals of Chile y, recientemente, Hay.



Yusef Komunyakaa es un poeta cuya voz manifiesta la presencia de la tradición del blues y los riffs del Jazz. Sus poemas narrativos exploran las identidades de los negros en la cultura de su país, sus propias experiencias en la Guerra de Vietnam y los efectos de la misma; así como su infancia, creciendo en Bogalusa, Louisiana. Sus poemas están impregnados de recuerdos que se expanden más allá del yo a lo universal de la penuria, la pasión y el perdón. Ha publicado libros como: Copacetic, I Apologize for the Eyes in My Head, Dien Cai Dau, Magic City, Neon Vernacular y, recientemente, Thieves of Paradise.

septiembre 10, 2018

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Yves Bonnefoy | Traducción de Adam Gai



De Natura Rerum


Lucrecio lo sabía:
abre el cofre,
verás, está lleno de nieve
turbulenta.

Y a veces dos copos
se reencuentran, se unen.
o bien uno se aparta, graciosamente
en su pequeña muerte.
¿De dónde viene que haya claridad
en algunas palabras
cuando una no es más que la noche,
la otra, no más que un sueño?

¿De dónde vienen estas dos sombras
que van, riendo,
y una está arropada
con una lana roja?


Las manzanas


¿Y qué pensar
de estas manzanas amarillas?
Ayer, sorprendían, por esperar así, desnudas
después de la caída de las hojas,

Hoy, encantan
mientras sus hombros
son, modestamente, destacados
por un borde de nieve.


De Natura Rerum


Lucrèce le savait:
Ouvre le coffre,
Tu verras, il est plein de neige
Qui tourbillonne.

Et parfois deux flocons
Se rencontrent, s’unissent,
Ou bien l’un se détourne, gracieusement
Dans son peu de mort.

D’où vient qu’il fasse clair
Dans quelques mots
Quand l’un n’est que la nuit,
L’autre, qu’un rêve ?

D’où viennent ces deux ombres
Qui vont, riant,
Et l’une emmitouflée
D’une laine rouge ?


Les Pommes


Et que faut-il penser
De ces pommes jaunes?
Hier, elles étonnaient, d’attendre ainsi, nues
Après la chute des feuilles,

Aujourd’hui elles charment
Tant leurs épaules
Sont, modestement, soulignées
D’un ourlet de neige.


Otros poemas de Yves Bonnefoy, aquí
Traducción: Adam Gai
Imagen: ElCultural


septiembre 09, 2018

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Otto René Castillo: "mientras no acaba de llover"


El gran estafado


Uno se pierde,
a veces,
en el fondo
de una mujer
y no vuelve
a encontrarse
jamás.
Uno se marcha
luego por el mundo
incompleto de sí,
completo silo
de su silencio.
A veces,
en un bar,
tomando coñac
y oyendo
tristes blues,
se acerca alguien
que nos recuerda
a la mujer
donde nos hemos
perdido.
Y su compañía
nos deja más solos
que nunca.
Uno se bebe
su coñac
y se va luego.
Sin que nadie
lo entienda,
porque se marcha
sonriendo.
Si al menos
estuviera triste.
Si sufriera
al menos,
se murmura.
Uno se sale
por la puerta de fondo,
porque se considera
el gran estafado,
cuando en realidad
sólo se ha perdido
en el fondo complejo
de una mujer,
que ni siquiera
se ha ido,
sino que solo
nos ha dejado marchar.
En realidad,
no nos ha entendido.
Nos gusta que nos digan,
como a los niños solitarios:
"No te vayas. Quédate aún.
Es todavía tan temprano .
Eso hace tan importantes
nuestros besos,
que uno cae víctima
de su propia importancia.
Uno es así cuando está solo.
Copado de si hasta los bordes.
Uno necesita que alguien
de verdad lo necesite.
Y como nadie lo llama,
para que uno no se vaya,
entonces uno se pierde,
en el fondo de una mujer,
que luego también se marcha,
creyendo que nos hemos aburrido
de besar sus labios y mirar su alma.
Es todo tan complejo
que, a veces, pienso
con envidia
en los enamorados sencillos,
que unidos por las manos
y los labios,
no conocen aún
la soledad del cuerpo.
Uno se pierde,
a veces,
en el fondo
de una mujer,
que luego se va,
y cuando uno se ha ido.
Y ya no nos volvemos
a encontrar.
Porque uno se queda
solo consigo,
para siempre,
creyéndose
el gran estafado,
que debe beber coñac
y estar muy triste,
para cumplir
su ronca tarea
de vivir.




Siempre de lluvia, en Berlín



Llovía sobre Berlín,
cuando leí
el claro color del viento
en tus pupilas.
Como un caballo
galopaba el agua
sobre el silencio
de la calle.
Era como si el cielo
de la gran ciudad
llorara
la muerte de una estrella.
Un perro de ceniza
aullaba en el horizonte
y el corazón de los tilos
sentía inquieto
la honda ausencia
de los pájaros.
Ellos, tal vez, en el sur
cruzaban y cantaban,
ignorando estas ramas despiertas.
Llovía sobre Berlín,
y esa lluvia
no terminaría nunca de caer
al fondo de mi alma,
en donde tus ojos
encendían dulcemente
sus riachuelos azules.
Juntos estábamos
como si juntos hubiésemos
estado toda la vida,
frente a la Puerta de Brandenburgo.
Mi mano vuela
hacia tu cintura redonda,
y juntos vemos cómo,
 el agua
pasa debajo de las grandes
arcadas, libremente cantando.
En lo alto, dos banderas
hablan un áspero lenguaje
con el agua y el viento.
Y siguen de pie
sus altas torres de colores.
Cerca de mi lejanía
de entonces
sigo leyendo aún
el claro color del viento
en tus pupilas,
cuando la lluvia
desciende con soltura
por las anchas avenidas
del aire.
Y me digo,
más para consolarme
que para recordarte:
todo invierno tiene lluvias
que no han de acabarse jamás.
Y me busco tus manos
para reposar en ellas
el hueco ardiendo de mi cara,
mientras no acaba de llover.



poesía guatemalteca
Otto René Castillo (1936, Quetzaltenango / 1967, Zacapa, Guatemala)
Enlaces: http://amediavoz.com/castillo.htm





septiembre 08, 2018

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Paul Summers

Poesía inglesa contemporánea


Norte
(reflexiones sobre nuestro hogar,  desde el extranjero)


nosotros somos más que fotografías de fuerte contraste
de barcos enormes y de descargaderos de carbón, más que
películas chisporroteantes donde trabajadores de cara sucia son
empequeñecidos por sombras o omitidos por chimeneas, más
que los mal-hablados de cantinas humosas o un coro
de mujeres fornidas el día del lavado. somos más que
lecciones de sociología post-industrial, más que
simples estudios de casos de una comunidad disfuncional.
somo más que extras mudos en
películas de gangsters de moda, más que
letras tristes de canciones de exilio. somos más que
la columna vertebral de un imperio sin gloria, o el
viejo corazón empecinado de un animal moribundo. somos
más que los fantasmas de un millón de historias,
más que leyendas escritas con sangre, más
que objetos  exhibidos en algún vasto museo, o los
saldos  restantes de una venta anual,
somos más que eso, pero no mucho más

septiembre 06, 2018

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Michael Longley

Michael Longley

El lebrato



Esta es tu primera noche in Carrigskeewaun.
La zona del Owennadornaun  está cubierta de lluvia.
Llegaste en el tractor de Paddy Morrison,
Un camino lleno de baches en brazos de tu padre
hasta la casita de campo donde hace un año ,
fuiste concebido, una semilla de fuego en el hogar.
¿Sentiste el viento en la chimenea absorbente?
¿Sientes el viento esta noche y la lluvia
y un ave costera llamando desde los arrecifes de mejillones?
Mañana te voy a presentar al mar,
pequeño hoplita. ¿Lo has extrañado?
Estacionaré tu cuadriga junto a la madriguera de las nutrias
y te  llevaré sobre las algas al mar.
Hay una pata copetuda sobre el lago de David
con  su ruidosa cría, polluelos
de un día y ya listos para aprender a nadar.
Vamos a poder encontrar al armiño cerca del bloque
errático, con una musaraña en la boca o al halcón
cazador de pájaros pequeños. Pero no tengas miedo.
El lebrato desayuna bajo la fucsia
todas las mañanas y lo veremos.
He cogido flores salvajes para ti, escabiosas y acianos, en un tarro con agua
que va a doblegar y magnificar la luz del día.
Ésta es tu primera noche en Carrigskeewaun.

septiembre 05, 2018

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Paddy Bushe


En un jardín emparedado



Se oyen ruidos callejeros.  El tañer de las campanas de la iglesia allá arriba
me apacigua. Con las cosas normales como parecen,
no puedo creer lo que ahora se anda diciendo.

Las autoridades exhortaron a no dejarse  engañar
por antiguas lealtades, a cuidarse de amenazas
extremas en nuestras calles donde tañen las campanas de la iglesia allá arriba.

Ha desaparecido gente. Las autoridades dicen que han huido-
Clara evidencia de un complot contra el régimen.
Es difícil creer lo que a veces oigo decir.

Por la noche hay sirenas que llenan el aire de temor,
 entonces se oyen pasos urgidos, advertencias. A veces un grito
ahogado por un ruido callejero,  allá arriba suenan las campanas de la iglesia.

Fuera de mi ventana de rejas en la pared, silencioso como el plomo,
el río se arrastra inexorablemente. Corriente abajo,
las alcantarillas rezuman lo que se anda diciendo.

Pero aquí, todo es calma, orden. Una pared, una cerca,
me protege. A la luz del sol, puedo sentarme  a soñar
con los ruidos callejeros ordinarios, suenan las campanas de la iglesia allá arriba.
No debo empezar a creer lo que se anda diciendo.



In a walled garden


There are street noises. Church bells overhead
Reassure me. With things as normal as they seem,
I cannot believe what is now being said.

Officials have warned against being misled
Into outdated loyalties, to beware of extreme
Threats in our streets to church bells overhead.

People have disappeared. Officials say they’ve fled –
Clear evidence of a plot against the regime.
It’s hard to believe what I sometimes hear said.

At night there are sirens filling the air with dread,
Then urgent steps, warnings. Sometimes a scream
Muffled by street noise, church bells overhead.

Outside my wall’s barred window, sullen as lead,
The river crawls by, inexorably. Downstream,
The sewers overflow with what’s being said.

But here there is calm, order. A wall, a hedge,
Shelter me. In the sunlight, I can sit and dream
Of ordinary street noise, church bells overhead.
I must not begin to believe what’s being said.



Paddy Bushe (1948, Dublin, Irlanda)
Traducciòn: Adam Gai
Enlaces: 
https://independent.academia.edu/AdamGai
http://www.softblow.org/paddybushe.html
Imagen: Linda Ibbotson I poet

septiembre 04, 2018

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Ingeborg Bachmann

Ingeborg Bachmann

Una especie de pérdida



Juntos usamos: estaciones del año, libros y una música.
Las llaves, las tazas de té, la panera, sábanas y una cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, usados, gastados.
Un orden respetado en la casa. Dicho. Hecho. Y la mano
siempre tendida.
Me enamoré del invierno, de un septeto vienes, y del verano. De mapas, de un refugio de montaña, de una playa y de una
cama.
Un culto alimentado con fechas, promesas declaradas irrevocables,
un algo idolatrado, que fue sublime antes de una nada,
(—del diario doblado, de la ceniza fría, del papel con un mensaje)
sin miedo a esa religión, ya que la iglesia era esa cama.
De la visión del mar surgió mi pintura inagotable.
A los pies del balcón estaban los pueblos, mis vecinos, para saludar.
En el fuego de la estufa, en la seguridad, mi pelo tenía su color más pleno.
El timbre de la puerta era el fin de mi alegría.
No es a ti a quien he perdido,
sino al mundo.


septiembre 03, 2018

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Julieta Lopérgolo

Poetas argentinas



Todavía tenemos el agua.
Un suero prodigioso corre todavía,
invisible,
por nuestras venas jóvenes.
La corriente remonta las partes altas
adonde van a deshacerse
los ahogados,
los peces débiles,
las ramas desprendidas,
la lentitud del frío mientras sube
matando el aire.
La piel espera limpieza y perdón
y sobre todo sed.
Pero todo lo que sobrevive desemboca
en el impulso de otra agua
irremontable.




Mitigamos la belleza con nombres,
como si nos curara enfermarnos de eso.
A la espesura de los bosques
la llamamos verde,
oscuridad,
mitos de casas de los árboles;
al polvo de la tierra, humo.
Decimos nervaduras
a las venas quebradas de las hojas,
sangre al color de la respiración.
Llamamos mar
a la deriva persistente del agua.
Llamamos a lo que no habla
con este miedo.



Julieta Lopérgolo (1973, Rosario, Santa Fe, Argentina. Licenciada en Letras y en Psicología. 
De: "Para que exista esa isla", Postales japonesas, 2018. Desde 2017 vive en Montevideo.



septiembre 02, 2018

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Sergio Raimondi


Paisaje de Induclor con uno o dos operarios

Ánodo arriba, abajo cátodo y en el medio
la capa de tres milímetros de mercurio
que gira y gira y gira y gira y gira
luego de abrir las válvulas de la salmuera
y de inyectarle la electricidad que gasta
media ciudad en cualquiera de sus días:
por un lado el cloro, por otro el hidrógeno,
por otro, al fin, la soda cáustica al cien.
Ahora el operario limpia el sistema
con ácido, una escobilla de acero
y el cuidado de no dejar actuar
gérmenes que desplieguen el óxido.
No se le ve la cara. Lo que se le ve
es una máscara con carbón activado
que filtra los vapores del metal.
Tampoco al otro se le ve la cara, se le ve
una máscara igual, pero su cuerpo
es más voluminoso y los zapatos difieren.


Otros poemas de Sergio Raimondi, aquí
De: "Poesía civil", Ediciones Liliputienses
Imagen: Festival Internacional de Poesía de Granada


FIN DEL EPISODIO

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