17 enero 2019

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Juan Liscano

Juan Liscano

Siempre

A Carmen Teresa

Decirlo
No se sabe sino ignorando
cuando se avizora
cuando se prueba el saber de sabores
cuando se levanta entre las sábanas
un feroz paisaje de olores y de lianas
cuando la desnudez
               frágil y poderosa
resplandece en la penumbra de la alcoba
y el tiempo grita 
               y se oyen nombres
palabras recortadas por tijeras de fuego
y se sabe y no se sabe
               y se es sabor
y todo sabe a cuerpos vivos fermentando
recobrados los instintos cazadores
iniciales
recobrada la virtud de estar
juntos solos
y en las axilas se besa un íntimo amargo
y lo oculto abre su interior
en la prueba de probarse
contra la muerte
                         que espera.



No pasa el tiempo


No pasa el tiempo
           pasamos nosotros.
El tiempo no tiene tiempo
mas hay el desgaste nuestro
los tajos
nuestro miedo
a ser devorados por el porvenir
y cabe decir que no hay muerte
porque la muerte no muere
mas hay nuestro pavor del vacío
del hueco
de ser borrados por la ausencia.

Tiempo y muerte: vocablos
nacidos de un pánico antiguo
nombres secretos
de la poda la cosecha los renuevos.
Están en la afluencia solar de la energía
en el movimiento de la vida
en el mínimo resplandor terreno
— esas uvas que relucen en el mediodía
con su promesa y su presencia. 


Juan Liscano (1915 / 2001, Caracas, Venezuela)
Fuente: Digital Commons

16 enero 2019

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4 poemas de Diego Brando



Diego Brando


Ruido de ángeles cayendo en el patio
y de insectos tragados por las arañas.
Los frutos crecen y absorben la noche
y destilan el azul más bravo del universo.
He oído demasiado caerse
el mundo sobre la casa,
y cargar con sus cimientos sería
darle de comer a los chacales.
Se precipita la lluvia y las gotas golpean
sobre el cobertizo, como un oro pálido.
Huyo entre la bruma y pienso en no regresar;
detrás cuelgan las ropas de los muertos.
Qué loca idea fue nacer, madre,
en noche de tormenta y lloviznas.
Algo se quebró desde el principio.





Cuando mi madre hace un silencio
es porque sobrevuela sus flores
un colibrí de tonos azules.
Las tardes de verano en el patio
con los gatos extendidos a la sombra
de un aromo que crece enorme
suelen tener esa manifestación divina.
El pájaro puede irse y luego volver
construyendo otro silencio.
Yo sólo pienso y contemplo,
así ha sido la vida de mi madre,
un momento detenido tras otro
en el que la muerte se ha querido posar en ella
con la prestancia de un pájaro eléctrico.





En el fondo de la segunda mitad de mi vida 
solo hay basura acumulada,
tropeles de caballos que huyen hacia el desierto.
No recuerdo ahora cómo era antes,
todo aquello quedó lejos
como la sombra de nuestros ancestros
bajo el limonero.
Si hago un esfuerzo solo sé
que algo desapareció y que lo lloramos,
y que lo que comenzó a acumularse
cedió ante la nieve.
Agua podrida de la que sin embargo bebo.




1


No esperábamos tanto viento,
pero aquí está,
cambiando todo de lugar.
También nosotros,
que miramos con extrema quietud desde la ventana
de qué manera se mueven las hojas acumuladas
al fondo de la casa y la ropa que olvidamos colgada
en el tendedero de cemento.
En su soporte, la inscripción de una fecha:
primero de diciembre de mil novecientos noventa y dos.
De los años
en que no hemos aprendido nada
queda el suave paso de las hojas,
la virtud del movimiento.
Seres ateridos por el frío,
admiramos lo que no entendemos.



Otros poemas de Diego Brando, aquí
Imagen: "Todo lo que se hunde", Editorial Vilnius, 2018

14 enero 2019

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Eleonora González Capria


Sábana


Volvimos en un taxi
y adentro lo que había
no conocía el cielo.
Algunas cosas tienen que viajar siempre en tierra
y las que no
nacen igual a veces en cuartos bien cerrados.

Quizás el cielo le llegó entre sueños como una sábana
azul que se alejaba siempre, y al final
despertaba temblando, pesadilla crónica
del deseo o del instinto.

Después soñé también mis propias pesadillas
el arrepentimiento
lo que nadie me supo explicar de guardarse
lo que debiera andar alto.
Ya en casa por las noches
le cargábamos una manta encima
para que no soñara feo o despertara llorando.

Pero eso fue más tarde.

Primero nos lo dieron pájaro
adentro de una caja.




Tema de conversación


Esa piedra, vos me decís, vino con la corriente
era la roca inaugural resto de monte suelto
cosa de siempre de tu infancia.

Estás mintiendo. Esa palabra, cuando vivía,
salió de conejeras, de una noche
sin luz artificial, yo me acuerdo.
Quedaba blanco allá adelante
una mancha entre dos árboles
y cambié de camino
para pasar protegida por la sombra.
A oscuras, te expliqué, no me persigue mi cara.
Después hubo viento y después
hablamos. Eso era antes, un cuerpo de sonidos.

Vos insistís: oíme si siempre fue una piedra,
la guardo para dispararles
a los camiones por la ruta si me aburro
o algún día levantar una casa.
  


Borrador de traducción


La evolución de las especies tiene
barba de viejo
finas pilosidades
de árbol fueguino, hongo de alga,
tiene quince picos por capítulo
hijos de la misma madre.
Es la cara de un hombre
que antes no fue Dios.
Lo que hay que traducir es el recuerdo
de ese origen bajo el agua buscando palabras como
océano, transmutación, pinzones,
lo que sin forma avanza por el tiempo
multiplicado,
encontrar el estilo de epitafia simbiótica,
el rasgo variable de la lengua ajena.
Esta cola, por ejemplo, es más larga
y sobrevive.
Sobre el mundo material
podemos decir al menos esto
venimos a la Tierra por leyes generales,
así empieza.
Termina la traducción diciendo:
todos éramos peces al principio
y todavía tenemos branquias.
  


Eleonora González CapriaEleonora González Capria nació en Buenos Aires. Licenciada en Letras, traductora y profesora de Traducción, es poeta y narradora.


13 enero 2019

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John Burnside: Aprender a dormir


UN ENSAYO SOBRE EL DUELO

                                                                para Lucas

I Al cavar una tumba para Oxy, un gatito negro atigrado, Octubre 2016

"Es muy amargo", respondió;
pero me gusta
porque es amargo
y porque es mi corazón".
Stephen Crane


Lindo día, para esta época del año,
sol en los árboles del seto, un solo
gavilán vuela sobre el potrero.
Es difícil cavar esta tierra, y cada vez cuesta más:
quince centímetros y tengo que volver a buscar el pico

para sacar las piedras grandes de la arcilla
y después, con la manta que vamos a usar de mortaja tendida en el pasto,

terminamos  en silencio la tarea, parando
solamente  una o dos veces
a calcular la profundidad y recuperar el aliento.

10 enero 2019

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Raquel Lanseros

Raquel Lanseros

En ocasión de todos los finales


Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.
Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
la documentación y el escenario
en que sobrevinieron.
No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.
Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.
De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.
Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
y ya no puedo ser.



Raquel Lanseros (1973, Jerez de la Frontera, España)
Fuente: http://www.raquellanseros.com/index.php
Enlace: https://www.jotdown.es/2014/04/raquel-lanseros-la-poesia-es-el-territorio-absoluto-de-la-libertad/
Imagen: Museo Picasso Málaga

03 enero 2019

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Massimo Gezzi

Massimo Gezzi

Una despedida


Se paró a observar los últimos destellos
de luz que ahondaban detrás de los montes.
«No mienten nunca, los niños,
cuando pintan el sol rojo y las nubes
rosa sobre un fondo azul cobalto. Quizás sean
los únicos que todavía saben mirar algo».
Apoyó el vaso en la mesa,

01 enero 2019

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Andrea Cote Botero

Andrea Cote Botero

Lección única sobre las cosas viejas

Ya dije:
no sé quién inventa el olor de la casa,
no sé.
Más aún si lo que te gusta es
la vista ruinosa de los tejados
y la pared deslucida, el muro demolido
y su puerta que ya no tiene afuera.
Más aún,
si ya no recuerdas que no es el olor,
sino la bondad de las cosas
al exhibir su derrota.


Estación de luz


Verás, es tu ciudad que no descansa,
en la que siempre hay algo a punto de venirse abajo.
Por ejemplo, la lluvia —derrumbada en la luz—
ya sabes;
o los árboles
quemados de cielo a media tarde,
aniquilados como pájaros
que se lanzan desde el aire
y caen en los parques,
arrastrando su manía de caer.
Porque es verdad que es mi ciudad
y es del otoño,
la casa misma de todo lo que lentamente se desploma,
hastiado de durar
en el aire y la intemperie de la luz.
Es mi ciudad,
la casa de las cosas
que siempre son más bellas
cuando están a punto de acabar.

Andrea Cote Botero (1981, Barrancabermeja, Colombia)
Fuente: 400 Elefantes
Enlace:

FIN DEL EPISODIO