20 enero 2019

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Roberto Echavarren

Doble sueño


Llevabas el cabello suelto con meneo
que tus pasos exageraban a chasquidos.
Bajabas la calle. Nunca supe de ti.
Tu resplandor quedó prendido
al espejo convexo de un convertible estacionado.
Los árboles rompían el silencio con crujidos.
No era alegre la tarde
— no es alegre el silencio sino tranquilo
y fortificado en sí, cóncavo
en la palma de la mano. Después de tu pasaje
parecía que podías llegar. Alguien podía 
vernos a los dos — en otra parte, ni antes ni después
(al costado). Bajabas
del convertible con tricota rosada .
La portezuela al cerrarse implicó otras subidas y bajadas.
Habíamos estado juntos una vez. En la vida paralela
tuve el hábito de estar cerca de ti.



Nostalgia


Un pobre animal asustado
contra el rincón de la cabina
ya no sale al encuentro de alimentos;
preserva una semblanza,
una concordia, una visita.
El casi cadáver agoniza enfrente.
Podemos vivir solos
pero no sin compañía de los muertos.
Viento negro atraviesa
el boquerón desgarrado.
Entramos en la alberca; gotea lluvia cálida:
aquí ellos acompañan el eco y el silencio.
El casi cadáver, Berenice,
emergió con la tea de la luna 
para mirarte, buscarte todavía —
ojo vidrioso, muda
pero con el ademán
de quien hablará última.
Señala el cielo
con guante transparente que engloba el paisaje
y se ausenta en mitad del recuadro.
Vendrá la muerte, tendrá tus ojos:
avispas oscuras
entre el labio y el plato de fruta.
Habrá una atmósfera cálida.
¿Qué pasó con la visita?
No se transforma sino en ella
misma todo el tiempo:
le creció el pelo, se le mueve por la espalda
negra hasta los zapatos;
se volvió al costado para decir: lindo perro. 


El claro


Ahora puedo escribir en pleno día
sobre el acolchado de la llovizna nivosa.
No lleva a ninguna parte;
deja la luz en desbandada , los ojos
en barbecho. Esta vez
no es como las otras. Ahora
no se trata de escribir al costado del día.
Las trampas de cazar erizos traquetean 
en el vacío. El coto resuena
con el caballo que estuvo ayer.
El Invierno es la estación cuando el cielo, borrado de pájaros,
cruje de súbito junto a un banco de madera.
Fue un pájaro, me dirás; yo podré estar de acuerdo.
Ahora — de día — estamos recogidos
como a la noche.
Ahora sí estamos solos.
No se ve el tiempo en que te perdí.
Podremos tomar café
frente a una ristra de tablas empapadas, en vacaciones.
Ya no sé de ti
salvo en una conversación de cosas.
Ya no sé de ti
— pero el día no sabe nada de nada.
Disponibles, tranquilos
tenso el arco de caza,
esperamos las bestias que han de ofrecer
junto a la verja visitas
por el vapor borradas. 


Roberto Echavarren (1944, Montevideo, Uruguay)
Imagen: Héctor González De Cunco

17 enero 2019

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Juan Liscano

Juan Liscano

Siempre


A Carmen Teresa

Decirlo
No se sabe sino ignorando
cuando se avizora
cuando se prueba el saber de sabores
cuando se levanta entre las sábanas
un feroz paisaje de olores y de lianas
cuando la desnudez
               frágil y poderosa
resplandece en la penumbra de la alcoba
y el tiempo grita 
               y se oyen nombres
palabras recortadas por tijeras de fuego
y se sabe y no se sabe
               y se es sabor
y todo sabe a cuerpos vivos fermentando
recobrados los instintos cazadores
iniciales
recobrada la virtud de estar
juntos solos
y en las axilas se besa un íntimo amargo
y lo oculto abre su interior
en la prueba de probarse
contra la muerte
                         que espera.



No pasa el tiempo


No pasa el tiempo
           pasamos nosotros.
El tiempo no tiene tiempo
mas hay el desgaste nuestro
los tajos
nuestro miedo
a ser devorados por el porvenir
y cabe decir que no hay muerte
porque la muerte no muere
mas hay nuestro pavor del vacío
del hueco
de ser borrados por la ausencia.

Tiempo y muerte: vocablos
nacidos de un pánico antiguo
nombres secretos
de la poda la cosecha los renuevos.
Están en la afluencia solar de la energía
en el movimiento de la vida
en el mínimo resplandor terreno
— esas uvas que relucen en el mediodía
con su promesa y su presencia. 



Juan Liscano (1915 / 2001, Caracas, Venezuela)
Fuente: Digital Commons

16 enero 2019

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4 poemas de Diego Brando



Diego Brando


Ruido de ángeles cayendo en el patio
y de insectos tragados por las arañas.
Los frutos crecen y absorben la noche
y destilan el azul más bravo del universo.
He oído demasiado caerse
el mundo sobre la casa,
y cargar con sus cimientos sería
darle de comer a los chacales.
Se precipita la lluvia y las gotas golpean
sobre el cobertizo, como un oro pálido.
Huyo entre la bruma y pienso en no regresar;
detrás cuelgan las ropas de los muertos.
Qué loca idea fue nacer, madre,
en noche de tormenta y lloviznas.
Algo se quebró desde el principio.





Cuando mi madre hace un silencio
es porque sobrevuela sus flores
un colibrí de tonos azules.
Las tardes de verano en el patio
con los gatos extendidos a la sombra
de un aromo que crece enorme
suelen tener esa manifestación divina.
El pájaro puede irse y luego volver
construyendo otro silencio.
Yo sólo pienso y contemplo,
así ha sido la vida de mi madre,
un momento detenido tras otro
en el que la muerte se ha querido posar en ella
con la prestancia de un pájaro eléctrico.





En el fondo de la segunda mitad de mi vida 
solo hay basura acumulada,
tropeles de caballos que huyen hacia el desierto.
No recuerdo ahora cómo era antes,
todo aquello quedó lejos
como la sombra de nuestros ancestros
bajo el limonero.
Si hago un esfuerzo solo sé
que algo desapareció y que lo lloramos,
y que lo que comenzó a acumularse
cedió ante la nieve.
Agua podrida de la que sin embargo bebo.




1


No esperábamos tanto viento,
pero aquí está,
cambiando todo de lugar.
También nosotros,
que miramos con extrema quietud desde la ventana
de qué manera se mueven las hojas acumuladas
al fondo de la casa y la ropa que olvidamos colgada
en el tendedero de cemento.
En su soporte, la inscripción de una fecha:
primero de diciembre de mil novecientos noventa y dos.
De los años
en que no hemos aprendido nada
queda el suave paso de las hojas,
la virtud del movimiento.
Seres ateridos por el frío,
admiramos lo que no entendemos.



Otros poemas de Diego Brando, aquí
Imagen: "Todo lo que se hunde", Editorial Vilnius, 2018

14 enero 2019

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Eleonora González Capria


Sábana


Volvimos en un taxi
y adentro lo que había
no conocía el cielo.
Algunas cosas tienen que viajar siempre en tierra
y las que no
nacen igual a veces en cuartos bien cerrados.

Quizás el cielo le llegó entre sueños como una sábana
azul que se alejaba siempre, y al final
despertaba temblando, pesadilla crónica
del deseo o del instinto.

Después soñé también mis propias pesadillas
el arrepentimiento
lo que nadie me supo explicar de guardarse
lo que debiera andar alto.
Ya en casa por las noches
le cargábamos una manta encima
para que no soñara feo o despertara llorando.

Pero eso fue más tarde.

Primero nos lo dieron pájaro
adentro de una caja.




Tema de conversación


Esa piedra, vos me decís, vino con la corriente
era la roca inaugural resto de monte suelto
cosa de siempre de tu infancia.

Estás mintiendo. Esa palabra, cuando vivía,
salió de conejeras, de una noche
sin luz artificial, yo me acuerdo.
Quedaba blanco allá adelante
una mancha entre dos árboles
y cambié de camino
para pasar protegida por la sombra.
A oscuras, te expliqué, no me persigue mi cara.
Después hubo viento y después
hablamos. Eso era antes, un cuerpo de sonidos.

Vos insistís: oíme si siempre fue una piedra,
la guardo para dispararles
a los camiones por la ruta si me aburro
o algún día levantar una casa.
  


Borrador de traducción


La evolución de las especies tiene
barba de viejo
finas pilosidades
de árbol fueguino, hongo de alga,
tiene quince picos por capítulo
hijos de la misma madre.
Es la cara de un hombre
que antes no fue Dios.
Lo que hay que traducir es el recuerdo
de ese origen bajo el agua buscando palabras como
océano, transmutación, pinzones,
lo que sin forma avanza por el tiempo
multiplicado,
encontrar el estilo de epitafia simbiótica,
el rasgo variable de la lengua ajena.
Esta cola, por ejemplo, es más larga
y sobrevive.
Sobre el mundo material
podemos decir al menos esto
venimos a la Tierra por leyes generales,
así empieza.
Termina la traducción diciendo:
todos éramos peces al principio
y todavía tenemos branquias.
  


Eleonora González CapriaEleonora González Capria nació en Buenos Aires. Licenciada en Letras, traductora y profesora de Traducción, es poeta y narradora.


13 enero 2019

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John Burnside: Aprender a dormir


UN ENSAYO SOBRE EL DUELO

                                                                para Lucas

I Al cavar una tumba para Oxy, un gatito negro atigrado, Octubre 2016

"Es muy amargo", respondió;
pero me gusta
porque es amargo
y porque es mi corazón".
Stephen Crane


Lindo día, para esta época del año,
sol en los árboles del seto, un solo
gavilán vuela sobre el potrero.
Es difícil cavar esta tierra, y cada vez cuesta más:
quince centímetros y tengo que volver a buscar el pico

para sacar las piedras grandes de la arcilla
y después, con la manta que vamos a usar de mortaja tendida en el pasto,

terminamos  en silencio la tarea, parando
solamente  una o dos veces
a calcular la profundidad y recuperar el aliento.

10 enero 2019

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Raquel Lanseros

Raquel Lanseros

En ocasión de todos los finales


Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.
Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
la documentación y el escenario
en que sobrevinieron.
No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.
Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.
De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.
Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
y ya no puedo ser.



Raquel Lanseros (1973, Jerez de la Frontera, España)
Fuente: http://www.raquellanseros.com/index.php
Enlace: https://www.jotdown.es/2014/04/raquel-lanseros-la-poesia-es-el-territorio-absoluto-de-la-libertad/
Imagen: Museo Picasso Málaga

03 enero 2019

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Massimo Gezzi

Massimo Gezzi

Una despedida


Se paró a observar los últimos destellos
de luz que ahondaban detrás de los montes.
«No mienten nunca, los niños,
cuando pintan el sol rojo y las nubes
rosa sobre un fondo azul cobalto. Quizás sean
los únicos que todavía saben mirar algo».
Apoyó el vaso en la mesa,

01 enero 2019

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Andrea Cote Botero

Andrea Cote Botero

Lección única sobre las cosas viejas

Ya dije:
no sé quién inventa el olor de la casa,
no sé.
Más aún si lo que te gusta es
la vista ruinosa de los tejados
y la pared deslucida, el muro demolido
y su puerta que ya no tiene afuera.
Más aún,
si ya no recuerdas que no es el olor,
sino la bondad de las cosas
al exhibir su derrota.


Estación de luz


Verás, es tu ciudad que no descansa,
en la que siempre hay algo a punto de venirse abajo.
Por ejemplo, la lluvia —derrumbada en la luz—
ya sabes;
o los árboles
quemados de cielo a media tarde,
aniquilados como pájaros
que se lanzan desde el aire
y caen en los parques,
arrastrando su manía de caer.
Porque es verdad que es mi ciudad
y es del otoño,
la casa misma de todo lo que lentamente se desploma,
hastiado de durar
en el aire y la intemperie de la luz.
Es mi ciudad,
la casa de las cosas
que siempre son más bellas
cuando están a punto de acabar.

Andrea Cote Botero (1981, Barrancabermeja, Colombia)
Fuente: 400 Elefantes
Enlace:

31 diciembre 2018

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José Kozer

José Kozer


Veáse como siempre acaba en lo mismo



Un jueves, y no es éste, metí las manos
en los bolsillos (perdí
la noción del tiempo.
De pie, y luego sentado
en penumbra, y luego a
oscuras. Ayuné. Bebí
Bebí agua mental. Sabía que
al amanecer era viernes,
y con eso me bastaba.
A veces sacaba las
manos de los bolsillos,
puños crispados. Abría
las manos, todo seguía
igual. Eso no está mal.
Surgía, iba surgiendo
o iba a surgir un
pensamiento, eso
no está tampoco mal.
Uno, y no tres asuntos
entrecruzándose,
alterando el ritmo de
la respiración. Aparecía
yo aquella tarde en un
pinar, dunas en la
distancia, la bahía
refulgente (cabrilleos)
(rielar pronto la luna
llena) (ah el poema
de Espronceda que
memoricé durante la
adolescencia) levanté
el brazo, extendí la
mano, se vino a posar
un paro carbonero,
¿seré San Francisco?
Y la rapaz se quería
posar en mi cabeza
recién tonsurada, la
tonsura la produjo
un rayo. ¿Sería yo
uno de los elegidos,
aquel que convertiría
al ave de carroña en
paloma buchona?
Volvía a meter los
puños en los bolsillos,
a quedarme quieto, tengo
a la mano hace horas el
libro de los 50 poemas
de Osip Mandelstam en
la traducción de Meares,
me he propuesto ayunar,
no leer, tener el menor
número de pensamientos,
realizar el menor número
posible de movimientos
durante dos días. No
está mal. Han pasado
unas 36 horas, y ahora
empiezo a brincar
(mental) de un sitio a
otro, mi madre desde
el Más Allá me anima
a volver a la normalidad,
y mi padre, el ceño
fruncido, los brazos
cruzados sobre el pecho
(modelo otomano) o cual
si fuera un campeón de
lucha libre, me contempla
como aquél que contempla
a un pobre diablo a todas
luces incapacitado para
la vida. ¿Y él; y él? Callo.
No rebatirlo. Eso estaría
mal. En eso consiste en
caer en la trampa. No
ponerme, después de
dos días de interioridad,
mínima actividad motriz,
a disputar. Con él. Ni
con nadie. Ni con el
otomano ahí enfrente,
ni con el zahorí que
me indica el camino
del agua con pozos
que serán la riqueza
de Israel. ¿Y por qué
no de Andalucía?
Amanece. Llevo
horas desvelado.
Soy un enredador
enredado en sus
minucias, los sucesos
del día. Todo una vez
más me afecta. Que si
tal que si esto que si
aquél dijo o dejó qué
de decir. ¿Eh? El
viento viene de los
Urales, el olor a lejía
de las lavanderas del
Caspio, y los rostros
descompuestos son
un asunto, fíjate,
entre mi padre y yo.


Otros poemas de José Kozer, aquí
Imagen: Rialta

24 diciembre 2018

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Carlos Llaza


Sonido virgen

The vacant text glows white on pages that are black.
Peter Redgrove

Arrojo la Biblia al río y
desde la altura del puente
veo que el lomo azul

ondea como espinazo
de criatura viva. Intrigado
no pierdo de vista el recorrido;

cuando ella navega, el agua
se agita y babea espuma.
El libro tras darse vuelta

pasa las hojas como quien
se lee a sí mismo y
memoriza los versos,

luego las letras se abren
y elevan cual remolino
de cenizas. El texto es ahora

terreno baldío, pluma de cuervo.
Desde su sitio, las estrellas—
todas en primera fila—

se emocionan ante el ascenso
de las invitadas. Un perro aúlla.
Una rata con visible apuro

pasa a mi costado y desciende a
la ribera. A medida que la
noche avanza mi libro se debilita.

Como aluvión de agua negra
el cielo desborda el cauce.
De pronto un hombre con ropa raída

surge del río. Lleva en las manos
lo que ahora es un cuaderno
abierto en la primera página.

Me mira entonces a los ojos,
pronuncia mi nombre y en
taquigrafía documenta el himno

que brota de estos labios:
rumor en lengua nunca antes vista.


Carlos Llaza (1983, Lima. Perú)
Fuente: https://www.letraslibres.com/mexico/literatura/dos-poemas-1

Imagen: Verkami

23 diciembre 2018

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Louise Glück




Vísperas


En tu prolongada ausencia, me permites
el uso de la tierra, anticipando
cierta ganancia por la inversión. Yo debo declarar
que fracasé en mi tarea, principalmente
respecto de las plantas de tomate.
Pienso que no debería ser alentada a su cultivo
Pero si es así, deberías detener
las grandes lluvias, las noches frías
tan seguidas aquí, mientras que otras regiones reciben
doce semanas de verano. Todo esto
te pertenece a ti: por otra parte,
yo he plantado las semillas, observado los primeros brotes
como alas rasgando el suelo y fue mi corazón
roto por el pulgón, la mancha negra multiplicándose
veloz en las hileras. Dudo
que tú tengas corazón, así como entendemos
este término. Tú que no discriminas
entre muertos y vivos, tú que en consecuencia eres
inmune a los presagios, pareces no saber
el pánico que sufrimos, la hoja manchada,
las rojas hojas del arce cayendo
incluso en agosto, con temprana oscuridad. Yo soy la responsable
de estas viñas.


Vespers

In your extended absence, you permit me
use of earth, anticipating
some return on investment. I must report
failure in my assignment, principally
regarding the tomato plants.
I think I should not be encouraged to grow
tomatoes. Or, if I am, you should withhold
the heavy rains, the cold nights
that comes so often here, while other regions get
twelve weeks of summer. All this
belongs to you: on the other hand,
I planted the seeds, I watched the first shoots
like wings tearing the soil, and it was my heart
broken by the blight, the black spot so quickly
multiplying in the rows. I doubt
you have a heart, in our understanding of
that term. You who do not discriminate
between the dead and the living, who are, in consequence,
immune to foreshadowing, you may not know
how much terror we bear, the spotted leaf,
the red leaves of the maple falling
even in August, in early darkness: I am responsible
for these vines.





Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Louise Glück, aquí

13 diciembre 2018

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Elizabeth Barrett Browning


Soneto 14


Si has de amarme, hazlo por nada,
fuera de por el amor mismo. No digas,
“La amo por su sonrisa – su aspecto – su manera
de hablar suave , - su agudeza

que armonizó con la mía  y ciertamente trajo
sensación de paz aquel día” –
porque de por sí, mi amado, estas cosas pueden ser cambiadas
o cambiar para ti – y amor tan bien forjado,

puede también deshacerse. Ni me ames por
tu piadoso enjugar de mis lágrimas:
Criatura que recibió tan largo tu ternura

 puede olvidarse de llorar y perder así tu amor.
Ámame sólo por el amor mismo, para que sin cesura,
por gracia del amor eterno, sigas amando.


Sonnet 14


If thou must love me, let it be for nought 
Except for love’s sake only. Do not say, 
“I love her for her smile—her look—her way 
Of speaking gently,—for a trick of thought 

That falls in well with mine, and certes brought
A sense of pleasant ease on such a day”— 
For these things in themselves, Belovèd, may 
Be changed, or change for thee—and love, so wrought, 

May be unwrought so. Neither love me for 
Thine own dear pity’s wiping my cheeks dry:
A creature might forget to weep, who bore 

Thy comfort long, and lose thy love thereby! 
But love me for love’s sake, that evermore 
Thou mayst love on, through love’s eternity.


Elizabeth Barrett Browning (1806, Durham, Inglaterra / 1861, Florencia, Italia)
Traducción: Adam Gai
Imagen: Brewminate

11 diciembre 2018

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Ron Padgett


Ron Padgett
Poema de amor


Tenemos muchísimas cerillas en casa.
Siempre las tenemos a mano.
En este momento nuestra marca favorita es Ohio Blue Tip,
aunque antes preferíamos las Diamond.
Eso fue antes de descubrir las cerillas Ohio Blue Tip.
Tienen paquetes perfectos,
cajas duras en azul claro y oscuro y etiquetas blancas
con palabras grabadas con forma de megáfono,
como para decirle más alto al mundo
“Aquí está la cerilla más hermosa del mundo,
sus cuatro centímetros de pino suave coronados
por una cabeza rojo oscuro, tan sobria y furiosa
y decidida siempre a estallar,
y encender, quizás, el cigarro de la mujer que amas,
por primera vez —y ya nada nunca
vuelve a ser igual. Todo eso te daremos.”
Eso es lo que me diste, yo
soy el cigarro y tú la cerilla o yo
la cerilla y tú el cigarro, quemándonos
con besos que arden hacia el cielo.


Ron Padgett (Tulsa, Estados Unidos, 1942) es poeta, ensayista, narrador y traductor. En 1958, cuando tenía 17 años, con otros compañeros de su instituto fundó una pequeña revista de poesía, The White Dove Review, donde publicaron autores de la talla de Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Robert Creeley y LeRoi Jones, entre otros. En 1960 se trasladó a Nueva York para estudiar en la Universidad de Columbia, donde tuvo como profesor a Kenneth Koch. Miembro de la segunda generación de la Escuela de Nueva York, Padgett publicó en 1967 su primer poemario, Bean Spasms, escrito en colaboración con Ted Berrigan. A este libro, le siguen más de una decena de obras entre las que destacan Great Balls of Fire (1969), The Big Something (1990), How to Be Perfect (2008), y Alone and Not Alone (2015). A su vez, Padgett es el autor de los poemas que escribe el protagonista de Paterson, la película dirigida por Jim Jarmusch. Su obra obtuvo, entre otros premios, el LA Times Prize for Best Poetry Book (2014), el William Carlos Williams Prize (2014), el Robert Creeley Foundation Award (2015), y en 2012 fue finalista del Premio Pulitzer de poesía. Padgett, por otra parte, se ha dedicado a la traducción del francés de poetas como Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy. Hasta el momento su obra se encontraba inédita en castellano.

Traducción: Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo

Enlaces: Babelia


06 diciembre 2018

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Raymond Carver

Raymond Carver


Asia



Qué bueno es vivir cerca del agua.
Los barcos pasan tan próximos a la tierra firme
que un hombre puede tender la mano
y quebrar una rama de uno de los sauces
que crecen aquí. Los caballos corren salvajes
junto al agua, a lo largo de la playa.
Si los hombres de a bordo quisieran, podrían
hacer un lazo, arrojarlo
 y  traer a cubierta a uno de  los caballos.
Algo que les sirva de compañía
en el largo viaje al Este.

Desde mi balcón puedo leer los rostros
de los hombres mientras miran fijamente a los caballos,
 a los árboles y a las casas de dos pisos.
Yo sé en qué están pensando
cuando ven a un hombre saludándolos con la mano desde el balcón,
su auto rojo abajo en la calle.
Lo miran y se consideran
afortunados. Qué misterioso golpe
de suerte, piensan, los ha traído
por todo este camino hasta la cubierta de un barco
con destino a Asia. Esos años de empleos temporarios
o de trabajo en los depósitos o como estibadores
o simplemente vagando por los muelles,
han sido olvidados. Cosas así les han sucedido
a otros más jóvenes,
si realmente sucedieron.

Los hombres de a bordo
agitan las manos, devolviendo el saludo.
 Están inmóviles, agarrados a la borda,
mientras que el barco pasa deslizándose. Los caballos
salen de entre los árboles hacia el sol.
Se paran como estatuas de caballos.
Observando el barco mientras pasa.
Las olas se rompen contra el barco.
Contra la costa. Y en la mente
de los caballos, donde
siempre es Asia.



Asia


It’s good to live near the water.
Ships pass so close to land
a man could reach out
and break a branch from one of the willow trees
that grow here. Horses run wild
down by the water, along the beach.
If the men on board wanted, they could
fashion a lariat and throw it
and bring one of the horses on deck.
Something to keep them company
for the long journey East.
From my balcony I can read the faces
of the men as they stare at the horses,
the trees, and two-story houses.
I know what they’re thinking
when they see a man waving from a balcony,
his red car in the drive below.
They look at him and consider themselves
lucky. What a mysterious piece
of good fortune, they think, that’s brought
them all this way to the deck of a ship
bound for Asia. Those years of doing odd jobs,
or working in warehouses, or longshoring,
or simply hanging out on the docks,
are forgotten about. Those things happened
to other, younger men,
if they happened at all.
The men on board
raise their arms and wave back.
Then stand still, gripping the rail,
as the ship glides past. The horses
move from under the trees and into the sun.
They stand like statues of horses.
Watching the ship as it passes.
Waves breaking against the ship.
Against the beach. And in the mind
of the horses, where
it is always Asia.



Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Raymond Carver, aquí
Imagen: Penguin NZ

04 diciembre 2018

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Jessica Traynor

Jessica Traynor


Cartas desde el Monte Fuji


Desde la cima del  Monte Fujiyama te envío cartas,
escritas en hojas cuadradas, luego plegadas

en tantos diseños diferentes como los  copos de nieve.
Las suelto al aire, míralas caer en el mundo.

Abre una. En ella hay una foto de tu infancia.
Puedes verla, pero se derrite en tu mano

como la pregunta que te hago, presa en la brisa,
y tu respuesta, arrastrada por el río hasta el mar  llano.

 Aun a través de esta nieve, constante, devoradora del año,
yo siempre te enviaré cartas.



Letters from Mount Fuji


From the top of Mount Fujiyama I send you letters,
written on square pages, then folded

in as many different patterns as a snowflake.
I drop them onto thin air; watch them fall into the world.

Open one. In it is a picture from your childhood.
You can look at it, but it melts in your hand

like the question I ask you, caught on a breeze,
and your answer, taken by the river to the flat sea.

Even through this constant, year-devouring snow,
I will always send you letters.



Jessica Traynor (1984, Dublín, Irlanda)
Traducción: Adam Gai
Imagen: RTE

30 noviembre 2018

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Alicia Genovese


La ruta del desierto


Si algo aprendí es a irme,
cuando los cuerpos se cierran
cuando las palabras se enfrían
y sostienen la lógica, pero no a mí,
me dejo ir hacia un lugar perdido,
un país detrás de las cosas.
Con un adiós imperceptible
el vacío comienza,
desaparecen los edificios, los autos,
los semáforos, que no son ahora
señales.
Ya no estás ahí, estás
en la ruta del desierto,
en marcha hacia lo inconexo,
lo áspero, lo faltante.
Podés ver abrojos
en los pastos escuálidos
se inclinan y sisean
como serpientes.
Podés ver el color seco
del Mojave,
es Arizona hacia Albuquerque,
es el camino monótono
en la meseta patagónica que emerge.
Estás a la intemperie,
no hay engaño, lo visible
es lo existente
Manejás
por una ruta sin límites.
La única emisora de radio
dejó hace rato de captarse
y la aguja del tanque de nafta
baja como un cuchillo;
no hubo tiempo para previsiones.
Manejás,
el volante apretado
como si sostuvieras en tu eje
el giro de las cubiertas.
Irse lejos
con elegancia, con la altivez
habitual en los que fueron fuertes,
pero ahora las cosas desaparecieron
y podrías caer
convertida en un cactus
a través del polvo.
La imagen en el retrovisor
igual a la del parabrisas.
Llegar a ninguna parte;
con lo que dije, lo que no dije,
lo que debí hacer;
escribir
y no pasar en limpio.
La ruta crece;
es la misma ciudad hundida
en los cuartos donde se acorrala
el amor sin preguntas, sin reflejos más que
para sus ojos dulces que devoran.
Manejás,
llevás el arañazo imperdonable,
la mirada previa de los grandes felinos.
La ruta debería cambiar,
un giro, una bifurcación,
los olores del riego
aplastando la arenisca,
y que el camino conecte
y que el mapa tenga
algún sentido.
Nada, por ahora.

De: "La línea del desierto", Gog & Magog, 2018
Fuente: https://jampster.cl/2018/11/26/extracciones-la-linea-del-desierto-alicia-genovese/
Otros poemas de Alicia Genovese, aquí



27 noviembre 2018

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Ruth Fainlight: Como la Olimpia de Manet

Ruth Fainlight
Ruth Fainlight y Alan Sillitoe

Luna llena de agosto


Tanto si miro por una, como si elijo la otra, aquí en mi estudio
donde la mesa ocupa una esquina entre dos ventanas,
la veo: la Luna llena de agosto. Avanzando laboriosamente
hacia esta plenitud, desde ayer se ha liberado de sí misma,
ha purgado y disuelto los humores que perturbaban su forma,
haciéndola parecer hinchada y torpe, oscureciendo su amarillo De cuero descolorido hasta llegar al rojo veteado, azotado,
de mejilla de anciana. Como si hubiese descargado sus venenos
en mis venas, hoy estuve casi enloquecida,
saturada, confusa, apenas despierta o capaz de moverme
entre casa y jardín. Pero la Luna, plateada
en un cielo sin estrellas, noche sin viento después de un día
de éxtasis y de Sol, desdeña tales efectos
en quien, por débil, sufre este vínculo agotador
con sus necesidades: yo, que aquí sentada bostezo y
tiemblo a pesar del calor de una noche perfecta,
yo, que pronto me retiraré, vencida, a la cama, para huir más allá
de los sueños, al vacío, huir de este momento en que
el Universo se confabula contra mí, para esperar a que todas
las esferas avancen a sacudidas un grado, y de nuevo dejen espacio.
Para una brecha por la que la esperanza y el cambio puedan fluir.

Traducción: Lucía Graves


Cartera


La vieja cartera de cuero de mi madre,
repleta con las cartas que cargó
toda la guerra. El olor
de la cartera de mi madre: mentas
y lápiz de labios y polvos Coty.
El aspecto de esas cartas, sobadas
y gastadas en los bordes, abiertas,
leídas y tantas veces dobladas.
Cartas de mi padre. Olor de cuero
y polvos, lo que siempre
desde ese momento ha significado
ser una mujer y amor y angustia y guerra.

Traducción: Blanca Varela


Como la Olimpia de Manet


Como la Olimpia de Manet. Desnuda en el calor de la
tarde y la umbría luz amarillenta, mi tía yace
sobre la verde seda arrugada del cobertor. Cabellos
lisos, cabeza erguida, piernas cortas y aunque bien
torneadas, turgentes senos tan similares al cuadro
del que me acabo de enamorar, que vacilo en el umbral
de la puerta, casi temerosa de entrar.
A través del polvoriento haz que divide el espacio que
nos separa, vi su reflejo, pálido como una criatura
marina, flotando en el fondo del espejo de un tocador,
fragmentos de Sol sobre un enjambre de frascos y
botellas –severos ojos que me desafían a acercarme.

Pero ésta era una pequeña casa en Virginia, no el
París de los artistas. A pesar de volúmenes
encuadernados de Schopenhauer y Baudelaire y los
programas de ópera de los sábados, su estética era
impotente ante el poder de los suburbios. La soledad,
el temor, la vanidad, le impedían devaneos y me
convirtieron en su único público y su adorante
víctima.

Sobre el arte y la belleza, la soledad
el temor, la vanidad, cuánto me enseñó.

Traducción: Jorge Capriata


Ruth Fainlight (1931, New York City, Estados Unidos de NA)
"Publica su primer libro, Cages, en 1966; y a lo largo de estas casi cuatro décadas, 12 libros más, siendo el último Sugar paper blue(1997).Ha escrito también libretos para óperas (dos de ellos por encargo de la Royal Opera House para su Garden Venture).Su labor de poeta se ve extendida en la traducción. Ella pertenece a esa tradición de escritores que tienen el convencimiento de que para traducir a un poeta, nadie mejor que otro poeta. Por ello, la traducción se le convierte en una práctica más de la poesía. Imagina y recrea lo que fue escrito para un mundo lingüístico distinto. La traducción no consiste, como bien lo saben los lingüistas, en pasar equivalencias semánticas de un idioma a otro (culpa involuntaria de esto la tienen los diccionarios). Se trata de reinventar la realidad del texto a ser traducido. Tan sólo por citar un pequeño detalle. Su traducción-versión de Fuenteovejuna de Lope de Vega desde el título es ya una re-escritura: All Citizens Are Soldiers. La poeta ha tenido que inventar para tratar de asirse al original. Es decir, su versión de Fuenteovejuna necesariamente o, mejor, fatalmente tiene que ser distinta. Pero esta fatalidad no le impide trabajar duro con las palabras para dejar en su versión en lengua inglesa la esencia de Fuenteovejuna. La traducción es, pues, como un juego de espejos deformantes: refleja una imagen distinta,pero que desea ser la misma.
(...) Por ejemplo, “Luna llena de agosto” tiene un comienzo cinematográfico. En los primeros versos se habla de una luna que es vista por ambos lados de un escritorio que está entre dos ventanas. La descripción nos hace recordar el paneo de una cámara. Es el ojo de una lente que con su paso inventa una escenografía, un espacio, un universo. Sus versos se convierten en ojos que develan un trozo de realidad."
por Jaime Urco
Fuente: DocPlayer
Imagen: Flickr


FIN DEL EPISODIO