22 noviembre 2018

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Jonio González, un poema inédito

Jonio González


Chéjov



a medida que se alejan
el uno del otro
confusos se preguntan
por qué si la pérdida es la misma
el dolor es distinto:
respuesta
o razón
que recordarán cuando
la airada voz no sea signo
ni expresión
advertencia o coartada
sino imposibilidad de comprender
hacia dónde dirigirse en busca
de lo que sin saber se añora


Otros poemas de Jonio González, aquí


20 noviembre 2018

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Aleš Šteger

Aleš Šteger

Hace dos días que limpio la casa de la que se mudaron
los inquilinos. En el último cuarto, bajo el radiador,
encuentro una moneda de un centavo y dos clips,
enganchados uno al otro, un par en abrazo infinito.
Escurro el trapo para limpiar el piso; agua negra y arena
corren por el desagüe del lavabo. Todo lo que hago es
cambiar de lugar el polvo.


Acabo de empezar a mirar Carretera perdida cuando suena
el teléfono. La voz dice que anoche, de camino a su
casa, ha muerto Svetlana. Esa voz la conocía desde hace
treinta y cinco años. Mucho se reprocha que en la última
charla, le dijo a ella que se preocupaba en exceso y era una
quejosa insufrible.


Cuando alguien muere, éste es nuestro primer pensamiento: ¿dónde
fue la última vez que vi a esa persona, de qué hablamos?
El lugar de la última vez.


Sobre el alma es fácil ser un lúcido, dice el profesor.
El dualismo de Platón y el alma de los antiguos padres
de la Iglesia. El espíritu que sale del cuerpo y lo contempla
como el boceto recién terminado mira
a William Blake. El alma de las manos y el alma de la técnica.
El alma de la máquina de coser, el alma de la campana de buceo
y el alma de la central nuclear. Algunos, dice el profesor, no
sólo piensan que el alma está en todas las termitas y las hojas,
sino que el alma es todo que a todo rodea, y que
somos los únicos extraños en esta alma. Que hay sólo dos
posibilidades. La primera, que vamos a aniquilarlo todo; la segunda, que
el alma nos va a deglutir y a digerir en su interior.


Dva dni že čistim hišo, iz katere so se izselili
najemniki. V zadnji sobi, pod radiatorjem,
najdem kovanec za en cent in dve sponki,
zataknjeni ena ob drugo, brezkončno objet par.
Ožemam krpo za brisanje tal, črna voda in pesek
odtekata v odtok kadi. Vse, kar počnem, je
premikanje prahu.


Ravno gledam Izgubljeno cesto, ko zazvoni
telefon. Glas pravi, da je prejšnji večer na
poti domov umrla Svetlana. Glas jo je poznal
petintrideset let. Zelo si očita, da ji je v zadnjem
pogovoru rekel, da se preveč nažira in da je
neznosen jamrač.


Ko nekdo umre, je to naša prva misel: kje je bilo
poslednjič, da sem osebo videl, kaj sva govorila?
Kraj, ki dobi svoj poslednjikrat.


O duši je lahko biti pameten, pravi profesor.
Platonov dualizem in duša zgodnjih cerkvenih
očetov. Duh, ki stopi iz telesa in ga opazuje
tako kot pravkar dokončana risba gleda
Williama Blaka. Duša rok in duša tehnike.
Duša šivalnih strojev, duša potapljaškega zvona
in duša nuklearke. Nekateri, pravi profesor, ne
mislijo le, da je duša v vseh termitih in bilkah,
ampak da je duša vse, kar vse obkroža, in da
smo mi edini tujki v tej duši. Da sta le dve
možnosti. Prva, da bomo vse uničili, druga, da
nas bo duša použila in presnovila vase.



Aleš Šteger (Ptuj, 1973) es uno de los autores fundamentales de la literatura eslovena contemporánea. Es licenciado en Literatura comparada y alemán por la Universidad de Liubliana, donde vive y trabaja como literato, traductor y editor de la prestigiosa casa editorial Beletrina.
Ha publicado cinco libros de poesía: Šahovnice ur (1995), Kašmir (1997), Protuberance (2002), Knjiga re?i (2005) y Knjiga teles (2010). Sus poemas han sido traducidos a más de diez idiomas. Es también autor de dos exitosos libros de reportajes sobre Perú y Alemania, V?asih je januar sredi poletja (1999) y Berlín (2007). Ha traducido al español y al alemán a autores como Pablo Neruda, Olga Orozco, César Vallejo, Gottfried Benn y Ingeborg Bachman, entre otros. En 2007 recibe el premio de ensayo Rožanc, el más importante de la lengua eslovena. (De: Círculo de Bellas Artes de Madrid)

Fuente: librospeligrosos.blogspot.com
Imagen: Vecemji

19 noviembre 2018

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Carol Ann Duffy

Carol Ann Duffy


Prenda de amor



No una rosa roja o un corazón de satén.

Te regalo una cebolla.
Es una luna envuelta en papel madera.
Promete luz
como el cuidadoso  desvestirse del amor.

Aquí está.
Te cegará de lágrimas
como un amante.
Hará de tu reflejo
una tambaleante fotografía de pena.

Yo trato
de ser honesta

No una tarjeta hermosa o un besograma.

Te regalo una cebolla.
Su  beso fiero quedará sobre tus labios,
posesivo y fiel
como somos,
por el tiempo que existamos.

Tómala.
Sus círculos de platino se reducen a un anillo de bodas,
si quieres.
Letal.
Su aroma se adherirá a tus dedos,
se adherirá a tu cuchillo.


Valentine


Not a red rose or a satin heart.

I give you an onion.
It is a moon wrapped in brown paper.
It promises light
like the careful undressing of love.

Here.
It will blind you with tears
like a lover.
It will make your reflection
a wobbling photo of grief.

I am trying to be truthful.

Not a cute card or a kissogram.

I give you an onion.
Its fierce kiss will stay on your lips,
possessive and faithful
as we are,
for as long as we are.

Take it.
Its platinum loops shrink to a wedding ring,
if you like.
Lethal.
Its scent will cling to your fingers,
cling to your knife



Carol Ann Duffy (1965, Glasgow, Escocia)
Traducción: Adam Gai
Enlaces:
Imagen: Belfast Telegraph


18 noviembre 2018

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Carlos Barbarito | Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce…



Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce…


Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce
esa materia jamás bruñida o cincelada,
con la que jamás se hizo una copa,
una bailarina, un códice. Si me extiendo
en sueños hacia donde más refulge,
hacia donde más y mejor irradia.
Pero, ¿qué veía o creyó ver Turner
en el momento en que se abrían de golpe las ventanas?
¿Qué encontró el hijo de Swansea
en el amarillo y en el mar austero,
luego de la primera muerte,
por entre las parábolas del sol
y las leyendas de las verdes capillas?
¿Vino puro, antes de la lluvia?
¿Garzas limpias de barro?
¿Alta cúpula sobre cuya aguja hay un pájaro inmóvil?
¿Pasarán ante mí un amor desatado,
una nítida caligrafía con aspecto de nieve,
un dorado sin error,
un iris libre de mercurio?
Pero, si me alargo, ¿y es sólo el engaño, el espejismo,
un rocío de belladona, seis estratos
de locura que creeré almohada,
una edad que, antes de ser, ya será fósil?


Otros poemas de Carlos Barbarito, aquí
Imagen: Las nueve musas

17 noviembre 2018

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Valeria Cervero: Un destello infinito


Tal vez lo que quede simplemente sea el hueso,
el que hizo de sostén todo este tiempo,
antes y después de la caída,
de la aparición en medio de la tarde
–como una maravilla
de puro olor a jazmines–,
el hueso, en medio de un cielo
que no es cielo ni arte.
¿Porque cuántas vidas abarca una vida?
¿Cuánto amor puede guardar un cuerpo?
Pero el hueso sigue ahí,
en la espera, en la dicha,
en el borde de tanto,
como el ojo del tigre en la espesura
o un destello infinito
en el desierto.


Valeria Cervero
Otros poemas de Valeria Cervero,aquí









15 noviembre 2018

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Celina Feuerstein

Celina Feuerstein


mirá los trenes
parece que siguen siempre un mismo ritmo
pero no
ahora corren los trenes
atraviesan desde ese riel los campos verdes
que van quedando atrás
y cada vez se ven más chicos
los pastizales con puntos amarillos
como en una pintura de Van Gogh

así en mi memoria las pinceladas
de los momentos en que pude
saborear lo dulce
y lo amargo
escandalosa y pudorosamente viva

mirá los trenes
son como la vida misma
se mueven y llevan en su interior
caras tristes o ilusionadas
entra un resplandor por las ventanas pequeñas
hasta que se hace noche y
se cierran

mirá los trenes
parece que siguen siempre un mismo ritmo
pero no
ahora van lentos
les pesa el viento en contra
esas bandadas de pájaros
y esos insectos que se estrellan
en los cristales

mirá los trenes
y escuchá el sonido cuando atraviesan
el campo
es como escarcha que lastima la piel
o como fuego
es como dos que se aman y como esa luz
que titila suave y se apaga
en el andén




les dije que estoy triste
triste no
sensible dije
porque los amo y tengo miedo

tener miedo y estar así sensible son la misma cosa
es como si la muerte
me hiciera un guiño pensé
no quise decirlo pero lo pensé

les conté que me hice el eco stress y que el médico
me dijo “bastante bien”
yo le pregunté qué es “bastante” y sonrió
“bastante” fue una sonrisa enigmática
“bastante” para el doctor fue suficiente

estoy triste o sensible entonces el miedo
se cruza así de golpe
entre las horas doradas de la mañana
y la belleza del aire
se cruza en cada acto sencillo de los días
o de noche antes de dormir

no les conté que me despierto
y pienso que no quiero morir
también en los sueños el terror
la vida que se escapa
como una niña desamparada
grito “no no por favor no”

el miedo es un túnel que me lleva lejos
que me arrastra

¿hijos me escuchan?

no me crean demasiado
ustedes saben
que exagero



Celina Feuerstein (Buenos Aires, Argentina)

11 noviembre 2018

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Yrsa Daley-Ward

Yrsa Daley-Ward

sabbath


La abertura de tu falda es demasiado larga para ir a la iglesia.
Los ancianos lanzan miradas furibundas.
Digna hija de tu madre.
Siempre con buenas intenciones, siempre decepcionando a los demás.
¿Dónde está ella estos días?
preguntan
con cara de saberlo ya.

Tú no les das nada.
Dices,
París esta semana, luego, Italia.

Ellos dicen, oh, qué bien
con sus bocas
y el aire dice todo lo demás.

No te importa.
Todo el mundo dice que tú tienes su cara y una cara así
abrirá puertas.
Incluso puertas bien cerradas. Especialmente puertas bien cerradas

y así,

la abertura de tu falda es demasiado larga para la iglesia
pero el cepillo de la iglesia es para ti.
Pareces una actriz,
dice el sacristán.
Siéntate aquí. Justo aquí. Relájate.



hueso


Del Número Uno
que dice, ‘No llores.
Te gustará después de un rato’.

Y del Número Dos que dice gracias
después del asunto y no puede mirarte a la cara.

Al Número Tres que paga tu desayuno
y un taxi para volver a casa
y el alquiler de tu madre.

Al Número Cuatro
que dice
‘Pero me gustaba tanto
que no sabía cómo parar’.

Al Número Cinco que dice que dar tu cuerpo
es duro
pero es lo que mejor haces.

Al Número Seis
que huele a Tabaco
y dice, ‘Venga, me doy cuenta de que
te encanta’.

A quienes se sienten mal por la mañana
sí,
algunos se sienten mal por la mañana

y algunas veces ellos te dicen que
tú lo quieres
y a veces piensas que de verdad lo quieres.

Gracias al cielo tú te recompones
cada vez
componiéndote
y recomponiéndote.

¿De qué otra forma puedes poner fin a las lágrimas?

¿De qué otra forma puede un cuerpo sobrevivir?



sabbath


Your skirt is split too high for church.
The elders glare.
You are your mother’s daughter.
Always meaning well and falling short.
Where is she these days?
the inquire
with knowing faces.

You don’t give them anything.
You say,
Paris this week, then on to Italy.

They say, oh that’s nice
with their mouths
and the air says all the rest.

You don’t care.
Everyone says you have her face and it’s a face
that will open doors.
Even locked doors. Especially locked doors

and so

the skirt is split too high for church
but the collection box is yours.
You look like an actress,
says the usher.
Sit here. Right here. Relax.


bone


From One
who says, ‘Don’t cry.
You’ll like it after a while’.

And Two who tells you thank you
after the fact and can’t look at your face.

To Three who pays for your breakfast
and a cab home
and your mother’s rent

To Four
who says,
‘But you felt so good
I didn’t know how to stop’.

To Five who says giving your body
is tough
but something you do very well.

To Six
Who smells of tobacco
and says, ‘Come on, I can feel that
you love this’.

To those who feel bad in the morning
yes,
some feel bad in the morning

and sometimes they tell you
you want it
and sometimes you think you do.

Thanks heavens you’re resetting
ever
setting and
resetting.

How else do you sew up the tears?

How else can the body survive?


Yrsa Daley-Ward es la autora del poemario bone (2017). Nacida en Lancashire (Inglaterra), se niega a revelar su edad, tiene ascendencia india y africana, y es activista por los derechos de la comunidad LGTBQ. Aunque ha trabajado como modelo, su mayor popularidad vino con la autoedición de bone y el uso de las redes sociales, especialmente Instagram, para difundir sus versos. Los poemas más interesantes del libro son aquellos que sitúan el cuerpo de las mujeres y su vulnerabilidad en el centro. Especialmente una vulnerabilidad relacionada con la violencia sexual y sus secuelas. También aborda el trabajo sexual como una forma de supervivencia económica para las mujeres, que pone, al mismo tiempo, sus cuerpos y sus emociones en espacios límite. Los poemas son narraciones a ritmo de thriller, que llevan a la lectora a sumergirse en historias que transcurren de manera pastosa e inquietante. La obra de Daley-Ward parte de la observación de mujeres empoderadas que se enfrentan a la herida de la violencia, la invisibilización y el silencio, al miedo que proviene de haber sobrevivido y el verse impelidas a crear estrategias para continuar con la vida. La escritura, entre ellas, y de manera preeminente. 
Fuente: http://latribu.info/poesia/poemas-yrsa-daley-ward/
Imagen: The Irish Time

09 noviembre 2018

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Señalador: John Burnside



Un ensayo sobre el duelo

para Lucas

I. Al cavar una tumba para Oxy, un gatito negro atigrado, octubre de 2016.


"Es muy amargo", respondió;
"pero me gusta
porque es amargo
y porque es mi corazón".
Stephen Crane

Lindo día, para esta época del año,
sol en los árboles del seto, un solo
gavilán vuela sobre el potrero.
Es difícil cavar esta tierra, y cada vez cuesta más:
quince centímetros y tengo que volver a buscar el pico
.......................................................................................

Continuar leyendo en Periódico de Poesía

Otros poemas de John Burnside, aquí

04 noviembre 2018

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Charles Simic | No había nadie más en el parque, sólo árboles desnudos con una infinidad...

El poeta ocasional


Una carta


Queridos filósofos, me pongo triste cuando pienso.
¿Les pasa a ustedes lo mismo?
Justo cuando estoy por hundir mis dientes en el noumenon,
una novia de mi juventud viene a distraerme.
“Ni siquiera está viva”, pongo el grito en el cielo.

La luz de invierno me desvió del camino.
Vi camas cubiertas con idénticas sábanas grises.
Vi hombres sombríos sosteniendo a una mujer desnuda
mientras la bañaban con el agua fría de una manguera.
¿Para calmarle los nervios o como castigo?

Fui a visitar a mi amigo Bob que me dijo:
“alcanzamos lo real cuando superamos la seducción
de las imágenes”
Me llené de alegría hasta que me di cuenta
que tal abstinencia no me era posible.
Me quedé atrapado mirando por la ventana.

El padre de Bob estaba llevando el perro a pasear.
Andaba penosamente, el perro lo esperaba.
No había nadie más en el parque,
sólo árboles desnudos con una infinidad de formas trágicas
que hacían que fuera difícil  pensar.


A Letter


Dear philosophers, I get sad when I think.
Is it the same with you?
Just as I’m about to sink my teeth into the noumenon,
Some old girlfriend comes to distract me.
»She’s not even alive!« I yell to heaven.

The wintry light made me go out of my way.
I saw beds covered with identical gray blankets.
I saw grim-looking men holding a naked woman
While they hosed her with cold water.
Was that to calm her nerves, or was it punishment?

I went to visit my friend Bob who said to me:
»We reach the real by overcoming the seduction
     of images.«
I was overjoyed, until I realized
Such abstinence will never be possible for me.
I caught myself looking out the window.

Bob’s father was taking their dog for a walk.
He moved with pain; the dog waited for him.
There was no one else in the park,
Only bare trees with an infinity of tragic shapes
To make thinking difficult.


Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Charles Simic, aquí

El noúmeno (del griego "νοούμενoν" "noúmenon": "lo pensado" o "lo que se pretende decir"), en la filosofía de Immanuel Kant, es un término problemático que se introduce para referir a un objeto no fenoménico, es decir, que no pertenece a una intuición sensible, sino a una intuición intelectual o suprasensible.

Imagen: Tierra adentro

30 octubre 2018

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Carl Dennis

Carl Dennis

Invitación



Esta es tu invitación para el acto del Noveno Grado
de la Escuela Secundaria Jackson Park
8.00 p.m., noviembre 17, 1947.
Macbeth, obra de William Shakespeare
y dirigida por el Sr. Grossman y la Sra. Silvio
puesta en escena por el curso de arte de la Srta. Ferguson.
Bastante esfuerzo se ha puesto en ello.
Docenas de alumnos optaron por quedarse después de clases
semana tras semana junto a sus profesores
justamente por montar esta única función,
un regalo para sacarlo un instante de lo usual.
Aunque Ud. se haya mudado deseará retornar.
Jackson Park queda, si acaso lo ha olvidado,
al final de calle Jackson arriba en la colina.
Si duda recordará que Macbeth trata de la ambición.
Es la pieza para Ud. si acaso ha intentado
alcanzar la meta a como dé lugar. Y si así no ha sido
de seguro le hará sentirse satisfecho.
Poco tiempo que perder queda a la llegada.
Tantos caminos ya listos están para llevarte
dentro del vacuo mundo al que llegas cegado con promesas.
Muy poco ha de volverte a aquello que has perdido.
Solo trata de llegar temprano.
Declárate esta vez enfermo en el trabajo.
Pospone vacaciones uno o dos días.
Prepárate a encontrar la ruta abandonada,
las señales de tránsito oxidadas, la escuela a oscuras,
las puertas cerradas, las ventanas quebradas. Así es como la ingresado el desafío.
¿Supones que el país pudo ser conquistado
si acaso los pioneros no querían estar solos?
En algún sitio los alumnos leen los diálogos
que no puedes recordar. En algún lugar, hace unos días
la invitación se fue, esta única que lees
en tu falda en el ático, el contenido de un baúl
apilado a tu lado. Olvida el pasaporte.
No requieres ya mismo viajar hacia París.
Europa se será aún más bella
una vez que completes el viaje comenzado
hoy.



Carl Dennis (1939, Saint Louis, Estados Unidos de NA)
Fuente: Moving Art
Imagen: Youtube

28 octubre 2018

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Claudio Bertoni

poesía chilena

Mi baño de tina



Envuelto en mi sábana de baño
Medio tiesa de almidonada y blanca
Voy camino del baño de tina
Por el pasadizo alfombrado
Entro en el comedor
Entra el sol
Dando bandejas de oro en los muros
Dando un flamígero mandoble
En el canto de cabinets y anaqueles
Condecorando respaldos
El aire mece las cortinas
Como el ruedo de una modelo en primavera
Ando entre los vítores
De conocidos y conocidas
En kimonos
En saltos de cama
En batas de levantarse
En pijamas de sus maridos
En mañanitas
En calzoncillos y zapatos
Con el platillo en una mano
Y la taza con desayuno en la otra
O anudándose las corbatas
Unos me saludan
Otros me aplauden
Como si fuera una gracia
Me arrojan papel picado
Como si fuera un astronauta
Sentado en un Cadillac descubierto

Me arrojan flores
Como si fuera un torero
Envuelto en la toalla medio tiesa
Voy camino del baño de tina
Por el pasadizo alfombrado
Diviso al fondo la puerta de algodón
Se abre majestuosamente
Inundando la nívea porcelana de los sanitarios
A mis espaldas se oye la secuela evanescente aún
De vítores respetuosa y suavemente amortiguados

Por la delicadeza de la puerta
Para recoger los ruedos
De su vestido de terciopelo.


Claudio Bertoni (1946, Santiago de Chile, Chile)
De: "El cansador intrabajable",  Mansalva, 2015
Imagen: Revista Paula


27 octubre 2018

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Emmanuel Moses

Poetas franceses

Ella pintó alcauciles



Tú no tenías nada que decir, entonces pintaste alcauciles admirables
los tomaste de la cocina y los pusiste sobre una silla negra
no reflexionaste
no dudaste
pasaste de la cocina al estudio
como un sacerdote de la sacristía al altar
las legumbres se volvieron un símbolo
el todo se convirtió en nada
y esta nada volvió a ser el todo
Tú no tenías nada que decir, entonces la tela quedó intacta allí donde no sabías
qué poner
quedó desnuda pero no tuviste vergüenza de su desnudez
los alcauciles cuentan la historia extraordinaria del verde
y la silla la historia humilde del negro
estas historias son como las de las viejas
en la plaza del pueblo, junto a la fuente
a la caída del día
filamentos de tiempo, de vida
que no son nada, ni lo uno ni lo otro, después de haber sido todo
y vuelven a serlo a la luz tierna de la noche
Tú no tenías nada que decir, entonces tomaste tus pinceles y tus espátulas
apretaste los tubos de pintura
y pintaste legumbres metafísicas
sobre una silla existencial
contaste la historia extraordinaria de nada
transformada, por un par de alcauciles,  en todo



Elle a peint des artichauts



Tu n’avais rien à dire alors tu as peint des artichauts admirables
Tu les as pris dans la cuisine et tu les as posés sur une chaise noire
Tu n’as pas réfléchi
Tu n’as pas douté
Tu es passée de la cuisine à l’atelier
Comme un prêtre passe de la sacristie à l’autel
Les légumes sont devenus un symbole
Le tout est devenu rien
Et ce rien est redevenu le tout
Tu n’avais rien à dire alors la toile est restée intacte là où tu ne savais pas
Quoi y mettre
Elle est restée nue mais tu n’as pas eu honte de sa nudité
Les artichauts racontent l’histoire extraordinaire du vert
Et la chaise l’histoire humble du noir
Ces histoires sont comme celles des vieilles
Sur la place du village, autour de la fontaine
À la tombée du jour
Des filaments de temps, de vie
Qui ne sont rien, l’un, l’autre, après avoir été tout
Et le redeviennent dans la lumière tendre du soir
Tu n’avais rien à dire alors tu as pris tes pinceaux et tes spatules
Tu as pressé les tubes de couleur
Et tu as peint des légumes métaphysiques
Sur une chaise existentielle
Tu as raconté l’histoire extraordinaire du rien
Transformé par une paire d’artichauts en tout



Emmanuel Moses (1959, Casablanca, Marruecos)
Traducciòn: Adam Gai
Imagen: Vimeo.com


23 octubre 2018

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Franz Wright

American poet

Un pensamiento feliz


Suponiendo que éste sea el último día de mi vida
(lo que podría significar que es casi el primero),
me estoy quedando ciego pero mi ceguera es luminosa.

Preparado para lo que aquí se conoce como muerte;
sin miedo a esa extraña palabra, “siempre”.
Puedo ver incluso que ahí no hay nada

que temer: habiendo estado ya
para siempre, soy incapaz de recordar
nada que me aterre, allí, o me lastime.

Lo que me asustó, aparentemente, y lastimó
fue haber nacido. Pero me sobrepuse a ello
sin resentimientos. Morir, imagino,

será lo mismo, me sentiré más solo, quizá,
pero seguramente no más impresionado o prorrogado-
Es oscuro, según recuerdo, después brillante, tan brillante.


A happy thought


Assuming this is the last day of my life
(which might mean it is almost the first),
I’m struck blind but my blindness is bright.

Prepare for what’s known here as death;
have no fear of that strange word forever.
Even I can see there’s nothing there

to be afraid of: having already been
to forever I’m unable to recall
anything that scared me there, or hurt—

what frightened me, apparently, and hurt
was being born. But I got over that
with no hard feelings. Dying, I imagine,

it will be the same deal, lonesomer maybe,
but surely no more shocking or prolonged—
it’s dark as I recall, then bright, so bright.


Franz Wright (1953, Viena, Austria / 2015, Waltham, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jonio González
Enlaces:
Imagen: Mc Sweeney´s Internet Tendency


22 octubre 2018

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Luis O. Tedesco


XIV (Relato sobre Noemí) 


Aire de la vida, no supiste jugar. 
No fue mía la seda de tus noches.
El sueño animal y el ruego del alma
no te conmovieron, no vino a mí
la pausa feroz del beso inolvidable.
Aire de la vida, alondra gris
de tela muerta, callejera
sangre de la imagen: no corras,
no te vayas, podríamos hacer algo
todavía, podríamos querernos
una vez, siquiera una vez, imaginar
vientos de mar en la carne palpitante...
Tras el oscuro romance que te nombra
todo lo que miro se detiene, perseguido.



Otro poema de Luis O. Tedesco, aquí
Fuente: Huellas en la ciénaga

21 octubre 2018

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Derek Walcott: Si estuviese aquí, en este cuarto blanco, en este hotel...

Derek Walcott

Si estuviese aquí, en este cuarto blanco, en este hotel...



Si estuviese aquí, en este cuarto blanco, en este hotel,
cuyas bisagras permanecen calientes, incluso bajo el viento marino,
te repanchigarías, dejado inconsciente por la hora de siesta;
no podría levantarte la campana de la resurrección
ni el gong del mar con su retintín plateado, seguirías echado.
Si te tocaran sólo cambiarías esa posición por la de un corredor en el
maratón del sonámbulo. Y te dejaría dormir. Las cosas se desploman
gradualmente
cuando el despertador, con su batuta de director,
empieza a la una: las reses doblan las rodillas
en los pastos tranquilos, sólo el rabo de la yegua se menea,
dándole con el plumero alas moscas, melones borrachos caen rodando
a las cunetas, y los mosquitos siguen volando en espiral a su paraíso.
Ahora el primer jardinero, bajo el árbol de la sabiduría,
olvida que es Adán. En el aire acostillado
cada parche de sombra se dilata como un oasis
por la fatigada mariposa, una laguna verde para fondear.
Playa blanca abajo, calmada como una frente
que ha sentido el viento, un estatismo sacramental
te traería el sueño, que es la corona del verano,
el sueño que divide sin rencor a sus amantes,
el sudor sin pecado, el horno sin fuego,
el sosiego sin el auto, el agonizante sin miedo,
mientras la tarde retira esas barras de la ventana
que rayaron tu sueño como el de un gatito, o el de un prisionero.



Una vez les di a mis hijas...



Una vez les di a mis hijas, por separado, dos caracolas
extraídas del arrecife, o vendidas en la playa, no me acuerdo.
Las usan como topes de puerta o reposalibros, pero sus paladares,
húmedos y rosados, son el canto insonoro de ángeles.
Una vez escribí un poema llamado «El Cementerio Amarillo»
cuando tenía diecinueve. La edad de Lizzie. Tengo cincuenta y tres.
Esos poemas que he alzado no se vinculan a traducción alguna
como si fueran hitos musgosos; cada uno baja como una piedra
al fondo del mar, asentándose, pero déjalos yacer, con suerte,
donde las piedras están profundas, en la memoria marina.
Déjalos estar, en agua, como mi padre, que hacía acuarelas
se adentraba en su trabajo. Llegó a ser una de sus sombras,
dubitante y difícil de ver bajo la luz solar del verano.
Se llamaba Warwick Walcott. A veces creo
que su padre, por amor o bendición amarga
lo llamó así en honor de Warwickshire. Las ironías
se mueven. Ahora, cuando reescribo un verso,
o esbozo en el papel que se seca rápido las frondas de cocos
que él hizo tan tenuemente, las manos de mi hija se mueven en las mías.
Las caracolas se mueven por el fondo marino. Acostumbraba a mudar
la tumba de mi padre de las ennegrecidas lápidas anglicanas
en Castries adonde pudiera amar a los dos a la vez-
el mar y su ausencia. La juventud es más fuerte que la ficción.



Traducción: Vicente Araguas
Enlaces: http://www.ddooss.org/documentos/poesia/Derek_Walcott.htm
Imagen: Global Voices


18 octubre 2018

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Ciclo de poesía en la Biblioteca


Mónica Tracey 


Hay ramas que se yerguen rectas
para beberse toda la luz y todo el cielo
cuando nada ni nadie las distrae
son voraces con lo abierto
beben el néctar gloriosas lo muestran
vivas como nunca nunca tan bellas
bellas hojas oxidadas
bellas ramas desnudas
bellos troncos encendidos
bello el amor de los árboles y el tiempo.


Densa niebla blanca
sobre el campo
corredores de luz entre la niebla
dicen que sólo se ve lo que espeja
lo que llevamos dentro
corredores de luz entre la niebla.


Integró los grupos de poesía “El sonido y la furia” y “Nosferatu”, fue fundadora de la revista de poesía Último Reino. Ha publicado en poesía A pesar de los dioses (1980), Celebración errante (1987), Hablar de lo que se ama (1990), Hablo en lenguas (1999), Sobre la espalda del cielo (1999) y Hay que dejar de ser hermosa (2018).


Eugenia Straccali


Fedra

(Pintura sutil)

Miro:
los huesos dispersos del monstruo
la sangre también
es del Minotauro
¿la ves?
Yo pude verla
sobrevolando el laberinto.
Ningún dios escuchó los gritos
ni evitó el rapto a plena luz del día.
Ariadna se lamenta
está pálida
puedo verla
mientras huele
los restos del animal,
y su hombre se va
sin retrato
es
una silueta leve
se oscurece la imagen
ya no se ve
no
no.
Ahora sí soy la elegida:
Fedra.
El cazador
es el asesino
estoy quieta
sombra inmóvil
¿me ven?


Fedra cincelada

(Grabado sobre metal)

Fedra
está sentada ahora
en el límite del cielo
que la cubre
(ningún dios respira sobre el mundo)
su cabeza cae sobre sus manos
teñidas de vino
de su boca entreabierta
sale una respiración sonora.
Como si durmiera despierta.
Mientras…
Hipólito está cruzando el bosque
en sus ojos
ha herido a un siervo
Artemisa y sus ninfas lo escoltan
Fedra se cubre la cara
no puedo llorar, dice
Yo tampoco te digo
si llegan pesadillas
despertame
(no cuento todo lo que sueño).
Si me quitan las imágenes
y quedo muerta
¿cómo?
¿es él?
no
no
puede desvanecerse
detrás de las lámparas
viendo mi espalda
tatuaje letal.
Ya llega
otra vez
el séquito espectral de Hécate.
No
soy yo
tampoco
la que lo persigue
mirándolo
su caballo negro
está muerto
iluminado
es una extraña visión
como este poema que ella escribe.
De todos modos
estoy abismada.
Soy Fedra.


Eugenia Straccali (La Plata-Argentina, 1970). Poeta, actriz, dramaturga y crítica de poesía. Licenciada en Letras por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). En la actualidad se desempeña como profesora de Teoría literaria e investigadora en el Centro de estudios de Teoría y crítica Literaria de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en la misma universidad; y trabaja en su tesis doctoral “Experiencia e imagen en la poética de Raúl González Tuñón”. Ha publicado en poesía Abismadas (2016), Ninfas (no musas) (2017) y El abecedario de los árboles (inédito); y en obras de dramaturgia Electra, ¿es posible matar a un muerto? (2010) y Antígona, ningún dios respira por el mundo (inédito).


Graciela Batticuore 


31 de Diciembre


Veo a mi padre
frente a la parrilla enorme del patio de su casa
en una noche estrellada como ésta,
esperábamos que dieran las doce
para brindar.
Ahora la noche es profunda
en medio de otro patio,
mi hijo sonríe. Esta tarde
cocinamos galletas él y yo
con forma de estrellas,
las pintamos de plateado,
las servimos en fuentes de loza blanca
junto a las copas de champagne más altas.
La mesa se iluminó, de pronto,
como entonces,
el mundo volvió a girar
y ya no hubo antes ni después,
solo presente ahora.


Enero


El agua golpea sobre el cuerpo
de mi hijo.
Tiene doce años y ríe
sin parar, semidesnudo en la mitad del patio.
Nos rodea el verde,
la hiedra en los muros,
la tierra en los canteros de cada esquina.
De pronto el agua es una bendición,
y en este cuadrante del mundo
que nos contiene a los dos,
todo lo demás se escurre.
Sólo su risa
irrefrenable
sacude mi corazón como campanas
en lo alto de una iglesia.
Su risa es sagrada,
el agua brillante sobre la piel morena.
Yo me quedo sorda y ciega hasta saciarme
nada más contemplándolo.

Ahora mi hijo baila de felicidad
y me pide que le arroje otro balde,
y después otro más y otro que lleno hasta el tope.
Estamos solos
él y yo, bajo el fulgor
de este día de verano.
Ya descendieron los dioses
para saludarme, lo sé.
Es el año nuevo.



Graciela Batticuore nació en Buenos Aires, el 23 de agosto de 1966. Publicó en 2014 su primer libro de poesía: "Cuaderno de espera" (Del Pétalo), siguieron "Sol de Enero", en 2015 y "La noche", en 2016 (Ediciones del Dock) y el "Fin de la noche". También es autora de ensayos de crítica literaria, entre otros: Lectoras del siglo XIX. Imaginarios y prácticas en la Argentina (2017, Ampersand), Mariquita Sánchez bajo el signo de la Revolución (Edhasa, 2011), La mujer romántica. Lectoras, escritoras y autores en la Argentina (Edhasa, 2005), El Taller de la escritora. Veladas literarias de Juana Manuela Gorriti: Lima-Buenos Aires (Beatriz Viterbo, 1999)

Ciclo de poesía en la Biblioteca San Isidro, 9 de julio 501, San Isidro, Provincia de Buenos Aires
OCT 19 19:30 


16 octubre 2018

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El laberinto según quien recorre estos días

Pedro Donangelo



Me dice la red:
"No habrá nunca una puerta". Hasta aquí
Borges
y aquí,
el pensamiento que rema insistente
sobre el reflejo de una ventanilla
Dueto de luces de los autos avanzando
hacia un punto cardinal incierto
¿reverso del sur me aproxima Borges?
Un hilo, la cuadrícula de la ciudad,
no me aproximan
al deseo de mis días,

casi
al encontronazo con alguien repentino,
evanescente,
entre las estanterías y casetas de un supermercado


®Pedro Donangelo


15 octubre 2018

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Matthew Sweeney


La casa-sombra 



Mientras su hija lo mira desde la puerta
ella no puede darse cuenta exactamente
si lo entiende bien – cómo cada vez
que él carga su mochila hasta el ómnibus
acabará el día en otra casa
donde otra hija lo espera.
Y otra esposa lo va a abrazar,
como su madre lo hizo ahora,
y los tres entrarán a la casa.
Lo que no sabe, su hija, es dónde –
en algún rincón de Connecticut,
en alguna isla atlántica – no hay guías,
y ella no preguntará nunca.
¿Y su hermana-sombra se le parece?
¿Es rubia, es su madre rubia,
hablan inglés, acaso su padre
ha ocultado un idioma durante años?
¿Y lleva a su otra hija
 a largos paseos por los bosques
y le cuenta de sus viajes,
de la gente con la que se ha encontrado, de sí mismo?
Hay tanto sobre su padre
que ella ignora y tan poco tiempo
entre sus ausencias, como para aprenderlo.
¿Sabe su hermana-sombra algo de ella
o está empezando a sospechar?
¿Cuál de las dos es la casa-sombra?



The Shadow Home

As his daughter watches from the doorway 
she can’t realise how exactly 
she has got him right – how each time 
he carries his kitbag to the bus 
he will end his journey at another house 
where another daughter will wait for him. 
And another wife will embrace him, 
as her mother did just now, 
and all three will go inside. 
what she doesn’t know, his daughter, is where – 
some corner of Connecticut, 
some Atlantic island – there are no leads, 
and she would never ask. 
And does her shadow-sister look like her? 
Is she blonde, is her mother blonde, 
do they speak English, has her father 
hidden a language for years? 
And does he take his other daughter 
on long walks through the pines, 
and tell her about his travels, 
about the people he’s met, about himself? 
There is so much about her father 
she does not know, and so little time 
between his absences to learn it. 
Does her shadow-sister know about her, 
or does she begin to suspect? 
Which of the two is the shadow home?



Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Matthew Sweeney, aquí
Imagen: Iris News


14 octubre 2018

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Marcelo Díaz: Es cierto: hay flores.



Flores

a Sonia Scarabelli

Es cierto: hay flores
que prefieren abrirse sobre aguas oscuras
los pensamientos
también son flores
de algún modo soy el tallo
que alguien arrancó
sin miedo
arrastrado
por el río de la culpa
y cuando las hojas
lleguen a la orilla
digo, cuando el barro
las devuelva a su primera forma
no sé en qué lugar
estaré
y si así no fuera
si el barro
si las hojas
no se encontraran
en lo real
sino aquí
donde confundimos
agujeros con faltas
al unísono
con el canto de las chicharras
tampoco sé
lo que sucederá
con los lirios
y los ojos
maravillados
por el resplandor de los peces,
mi padre todavía lleva una tacuara
en su corazón
silbando, yéndose
en el viento
y qué de los errores del paisaje
reunidos
en la palma de tu mano
si aún desordenados
te recuerdan
una tarde familiar
donde las risas parecen extenderse
por todas partes
hasta que como un remanente
de vaya uno a saber qué
la circunferencia
de la alegría regresa
sin darnos cuenta
decía: hay flores
que prefieren abrirse
sobre aguas oscuras
pero hay otras
que buscan
no el contacto del aire
sino los claros
de la luz.



Otra forma de decir árbol



Antes confiaba en el aprendizaje
de los árboles, dije álamo, dije alerce, dije acacia
y así, nada que tenga sentido
puede prescindir de un nombre,
de mí se dirá: fuiste el barro
arrojado al vacío
y fuiste el vacío,
estuviste solo, fruto
de la nada, arraigado en el humus
como la lluvia,
¿vamos a dudar de aquello
que nos contaron? ¿de la narración
de las hojas muertas,
de la materia donde anudaste
el canto de los pájaros?
¿fuiste acaso el pájaro indiferente
que requiere otro cuidado?
¿o fuiste la soga para retener al pájaro
roto por dentro en la trampa
del presente? ¿quién
recuerda el filo
y quién recuerda la herida
cuando no quiere otra cosa
más que esclarecer el olvido?
¿te aprendiste la fábula
de los que partieron?
¿podemos amar aquello
que no tuvimos,
si es cierto que todo al final
se enciende?
Lo tuyo fue, y lo tuyo será,
recordar el mínimo efecto de la claridad
la voz del relámpago
con sus raíces a la intemperie,
y que no hay nada romántico
en lo que se precipita
a la primera luz del día.
En el interior de mi árbol
dejé un anillo
y en el interior del anillo
dejé un collar de oro
en esta formación de la lírica
como los racimos
y los frutales de los árboles
que todavía en la oscuridad
te alumbran
como si te hubiese tocado un rayo
o como si hubieses sido el rayo
antes que el ángulo de la sombra
creciendo desde la oscuridad
brotando desde la nada,
esta otra manera de decir
soy yo el contorno de las hojas
cuando arden, el árbol perfecto,
mudo, incandescente, labrado
en el aprendizaje inverso
de lo que es irreparable
y que aun así puede desatar un pájaro
de sus ramas
y que aun incompleto
puede reparar
cualquier daño anterior
perdurable como los milagros.


Otros poemas de Marcelo Díaz, aquí


13 octubre 2018

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Walt Whitman

Walt Whitman


“Canto a mí mismo"  (Traducción de Jorge Luis Borges)



Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás;
me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.

Creo en ti, mi alma, el otro que soy no se rebajará ante ti,
Y tú no te rebajarás ante él.

Tiéndete en el pasto conmigo, desembaraza tu garganta,
No son palabras, ni música, ni versos lo que preciso, ni hábitos, ni
discursos ni aun los mejores,
Sólo quiero el arrullo, el susurro de tu voz suave.

Recuerdo cómo nos acostamos una mañana transparente de estío,
Cómo apoyaste la cabeza sobre mis caderas y la volviste a mí dulcemente,
Y abriste mi camisa sobre el pecho y hundiste tu lengua hasta tocar mi corazón desnudo,
Y te estiraste hasta tocarme la barba, y luego hasta tocarme los pies.

Velozmente se irguieron y me rodearon el conocimiento y la paz que
trascienden todas las discusiones de la tierra,
Y desde entonces sé que la mano de Dios ha sido prometida a la mía,
Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío,
Y que todos los hombres que han nacido son mis hermanos, y las
mujeres mis hermanas y mis amantes,
Y que el sostén de la creación es el amor,
Y que son innumerables las hojas rígidas o que se curvan en los campos,
Y las negras hormigas en las grietas bajo las hojas,

Y las mohosas costras del seto, las piedras hacinadas, el saúco, la
candelaria y la cizaña.

Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma,
Los goces del cielo están conmigo y los tormentos del infierno están conmigo,
Los primeros los injerto y los multiplico en mi ser, los últimos los
traduzco a un nuevo idioma.

Soy el poeta de la mujer no menos que el poeta del hombre,
Y digo que es tan grande ser mujer como ser hombre,
Y digo que nada es mayor que ser la madre de los hombres.
Entono el canto de la exaltación o de la soberbia,
Ya estamos hartos de plegarias y de zalanderías,
Muestro que el tamaño no es más que crecimiento.
¿Has dejado atrás a los otros? ¿Eres el presidente?
Es una bagatela, cada uno de los otros te alcanzará y seguirá adelante.
Soy el que camina con la tierra y creciente noche,
Llamo a la tierra y al mar que abraza la noche.
Abrázame, noche de senos desnudos, abrázame, noche magnética y fecunda,
Noche de los vientos del sur, noche de las estrellas grandes y escasas,
Noche serena que me llama, loca y desnuda noche de estío.

Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento,
Tierra de los árboles dormidos y húmedos,
Tierra del sol que ya se ha ido, tierra de las montañas de cumbre nebulosa,
Tierra del cristalino fluir de la luna llena, apenas tocada de azul,
Tierra del brillo y de la sombra manchando la corriente del río,
Tierra del gris límpido de las nubes que resplandecen y se aclaran
para que yo no las vea,
Tierra yacente y extendida, rica tierra de azahares
Sonríe, porque llega tu amante.

Pródiga me has dado tu amor, te doy pues mi amor,
Mi apasionado amor indecible.

Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,
Turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo, engendrando,
Ni sentimental, ni sintiéndome superior a otros hombres y mujeres,
ni alejado de ellos,
No menos modesto que inmodesto.

¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas de los goznes!

El que degrada a otro me degrada,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve a mí al fin.
A través de mí surge y surge la voluntad creadora, a través de mí, el
torrente y el índice.
Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia,
¡Por Dios! No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás
en iguales condiciones.

Muchas voces largo tiempo calladas brotan de mí,
Voces de las interminables generaciones de prisioneros y de esclavos,

Voces de los enfermos y de los inconsolables, de los ladrones y de los enanos,
Voces de ciclos de preparación y de crecimiento,
De los hilos que unen a las estrellas, y de los vientres, y de la
simiente paterna,
Y del derecho de aquellos a quienes oprimen los otros,
De los deformes, triviales, simples, tontos y despreciados,
De neblina en el aire, de escarabajos arrastrando bolas de estiércol.
Brotan de mí voces prohibidas,
Voces del sexo y del apetito, voces veladas y yo aparto el velo,
Voces indecentes clarificadas y transfiguradas por mí.
Yo me cubro la boca con la mano,
Me conservo tan puro en las entrañas como en la cabeza y en el corazón,
La cópula no es para mí más vergonzosa que la muerte.

Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, tocar, son milagros, y cada parte de mí es un milagro.

Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco y me toca,
El aroma de estas axilas es más fino que las plegarias,
Esta cabeza es más que las iglesias, las biblias y todos los credos.

Si algo hay que yo venero más que las otras cosas, ese algo es la
extensión de mi cuerpo y cada una de sus partes,
Traslúcida arcilla de mi cuerpo, ¡tú lo serás!
Sombreados bordes y bases, ¡vosotros lo seréis!
Firme reja viril, ¡tú lo serás!
Tú, mi rica sangre, tú líquido lechoso, pálido extracto de mi vida.
Pecho que oprimes otros pechos, ¡tú lo serás!
¡Cerebro serán tus circunvoluciones ocultas!
Raíz lavada del junco oloroso, becada medrosa, nido recatado de los
huevos gemelos, ¡vosotros lo seréis!
Heno mezclado y revuelto de la cabeza, barba, cejas, ¡vosotros lo seréis!
Savia que goteas del arce, fibra del noble trigo, ¡vosotros lo seréis!
Sol generoso, ¡tú lo serás!
Nubes que ilumináis y oscurecéis mi rostro, ¡vosotros lo seréis!
Sudorosos arroyos y rocíos, ¡vosotros lo seréis!
Vientos que me rozáis, frotando contra mí vuestros genitales,
¡vosotros lo seréis!
Amplios campos musculares, ramas de encina, amoroso holgazán de
mi sendero tortuoso ¡vosotros lo seréis!
Manos que he tomado, rostros que he besado, mortal a quien toqué
alguna vez, ¡vosotros lo seréis!

Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas,
Cada momento y todo lo que ocurre me llena de alegría,
No sé cómo se doblan mis tobillos, ni la causa del más leve de mis deseos,
Ni de la amistad que suscito, ni de las amistades que me devuelven.

Al subir por las escaleras me detengo a reflexionar si no estoy soñando,
La madreselva en la ventana me satisface más que la metafísica de los libros.

¡Contemplar el amanecer!
La escasa luz que va borrando las sombras inmensas y diáfanas,
El sabor del aire es grato a mi paladar.

Retoños del cambiante mundo ascienden silenciosos en un juego
inocente, fresco sudor,
Oblicuamente errando por todos lados.

Algo invisible está proyectando libidinosos dardos,
Torrentes de brillante zumo inundan el cielo.

La tierra por el cielo invadida, la cotidiana consumación de su boda,
El desafío del oriente sobre mi cabeza,
La burla mordaz: ¡Ya veremos quién es el amo!

Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas,
Y que la hormiga es perfecta, y que también lo son el grano de
arena y el huevo del zorzal,
Y que la rana es una obra maestra, digna de las más altas,
Y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
Y que la menor articulación de mi mano puede humillar a todas las máquinas,
Y que la vaca paciendo con la cabeza baja supera a todas las estatuas,
Y que un ratón es un milagro capaz de confundir a millones de incrédulos.

Siento que en mi ser se incorporan el gneis, el carbón, el musgo de
largos filamentos, las frutas, los granos, las raíces comestibles,
Y que estoy hecho de cuadrúpedos y de pájaros,
Y que puedo recuperar cuanto he dejado atrás,
Pero que puedo hacerlo volver cuando se me antoje.

En vano la timidez o la prisa,
En vano las rocas incandescentes arrojan sobre mí su antiguo calor,
En vano el mastodonte se oculta detrás del polvo de sus huesos,
En vano los objetos se alejan leguas y leguas y toman muchas formas,
En vano el mar se oculta en las cavernas donde tienen su guarida los monstruos,
En vano el buitre tiene por morada el cielo,
En vano la serpiente se desliza entre las lianas y los troncos,
En vano el alce busca las honduras recónditas de la selva,
En vano el cuervo marino tiende el vuelo hacia el norte,
hacia el Labrador,
Lo sigo velozmente, trepo al nido que está en la grieta del peñasco.
¿Quién es este salvaje amistoso y gárrulo?
¿Espera la civilización, o la ha dejado atrás y la ha dominado?
¿Es un hombre del sudoeste y ha sido criado a la intemperie? ¿Es un canadiense?
¿Viene de las tierras del Mississippi, de Iowa, de Oregon, de California?
¿De la montaña, de las praderas, de los bosques, o un marino del mar?
Dondequiera que vaya, los hombres y las mujeres lo desean y lo aceptan,
Quieren que los quiera, que los toque, que les hable, que se quede con ellos.

Obra sin ley, como los copos de nieve, sus palabras son simples
como la hierba, el pelo despeinado, risas e ingenuidad.
Lento el andar, comunes las facciones, emanando sencillez y modestia,
Brotan de un modo nuevo desde las puntas de los dedos,
Flotan en el aire con el olor de su cuerpo o de su aliento, salen de
la mirada de sus ojos.

Me ha tocado en suerte, lo sé, lo mejor del tiempo y del espacio;
nunca he sido medido y no seré medido jamás.

El viaje que emprendo es eterno (¡que todos me oigan!).
Mis signos son un capote contra la lluvia, fuertes zapatos y un
bastón cortado en el bosque,
En mi silla no sestean los amigos,
No tengo cátedra ni iglesia ni filosofía,
No llevo a ningún hombre a una mesa puesta, a la biblioteca, a la bolsa,
Pero a cada uno de vosotros, hombre o mujer, lo llevo a una cumbre,
Mi brazo izquierdo ciñe tu cintura,
Mi derecha señala los continentes y el gran camino.

Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino,
Eres tú quien debe andarlo.

No queda lejos, está a tu alcance,
Quizá estabas en él desde que naciste y no lo has sabido,
Quizá esté en todas partes, en mar y en tierra.

Échate tus prendas al hombro, hijo mío, y yo traeré las mías y apresurémonos;
Ciudades prodigiosas y naciones libres nos saldrán al paso.

Si te cansas, dame las dos cargas y apoya tu mano en mi cadera,
Y a su debido tiempo me devolverás el mismo servicio,
Porque ya emprendida la marcha nunca descansaremos.

Esta mañana, antes del alba, subí a una colina para mirar el cielo poblado,
Y le dije a mi alma: cuando abarquemos esos mundos, y el
conocimiento y el goce que encierran, ¿estaremos al fin hartos y satisfechos?
Y mi alma dijo: No, una vez alcanzados esos mundos proseguiremos el camino.
Tú también me interrogas y yo te escucho,
Contesto que no puedo contestar, tú mismo debes encontrar la respuesta.
Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso
con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.

Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu vida.
Demasiado tiempo has vadeado, asido a una tabla en la orilla,
Ahora quiero que seas un nadador, que te arrojes al mar, que
reaparezcas, que me hagas una seña, que grites y que agites el
agua con tus cabellos.

Dije que el alma no es más que el cuerpo,
Y dije que el cuerpo no es más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más que uno mismo,
Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral
envuelto en su propia mortaja;
Y yo y tú, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso de la tierra,
Y la mirada de unos ojos o una arveja en su vaina confunden la
sabiduría de todos los tiempos,
Y no hay oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no
pueda ser un héroe,
Y no hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo,

Y digo a cualquier hombre o mujer: que tu alma esté serena y en
paz ante millones de universos.
Y digo a la Humanidad: No hagas preguntas sobre Dios,
Porque yo que pregunto tantas cosas, no hago preguntas sobre Dios,
(No hay palabras capaces de expresar mi seguridad ante Dios y la muerte.)
Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo,
Ni comprendo cómo pueda existir algo más prodigioso que yo mismo.
¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?
Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada uno de sus minutos,
En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo;
Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma en cada una,
Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya,
Otras llegarán puntualmente.





09 octubre 2018

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Lucian Blaga

Morada



Habría señales de que vivo en alguna parte
en la ciudad, en una calle
con nombre de proscrito de balada.
Pero no me albergo en la ciudad,
me perseguiría la maldición del arroyo y del árbol.
Mi forma de ser desmiente el rumor.

Dirían que mi morada está
en una aldea con techo de paja,
con nombre de una vieja historia.
Pero no vivo
en el campo o en un cuarto.
Vivo en un canto de pájaro.



Heráclito junto al lago



Junto a las verdes aguas se encuentran los senderos.
Hay silencios aquí, pesados silencios abandonados por el hombre.
Calla perro, que husmeas el viento con la nariz, calla.
No ahuyentes los recuerdos que llegan
llorando a enterrar los rostros en su propia ceniza.

Apoyado en los troncos adivino mi suerte
en la palma de una hoja otoñal.
Tiempo, cuando quieres emprender el camino más corto
¿por dónde te encaminas?

Mis pasos resuenan en la sombra
como si fueran unos frutos podridos
que caen de un árbol invisible.
¡Oh, cómo enronqueció de vejez la voz del manantial!

Toda mano que se alza
es una duda más, sólo eso.
Los dolores insisten
hacia el misterio oculto de la tierra.

Arrojo espinas desde la orilla al lago,
con ellas en círculos me deshago.



Lăcaş


Semne-ar fi că locuiesc undeva 
La oraş, într-o stradă 
cu nume de haiduc de baladă. 
Dar nu sălăşluiesc la oraş, 
m-ar blestema pârâul şi pomul. 
Felul meu dezminte zvonul.

S-ar spune că lăcaşul îmi este 
într-un sat cu streşini de paie, 
cu nume de veche poveste. 
Dar nu locuiesc 
la sat şi-n nici o odaie. 
Locuiesc într-un cântec de pasăre.


Heraclit Lânga lac


Lângă ape verzi s-adună cărările. 
Sunt linişti pe-aici, grele şi părăsite de om. 
Taci, câne care-ncerci vântul cu nările, taci. 
Nu alunga amintirile ce vin 
plângând să-şi îngroape feţele-n cenuşa lor.

Sprijinit de butuci îmi ghicesc soarta 
din palma unei frunze tomnatice. 
Vreme, când vrei să iei drumul cel mai scurt, 
pe unde apuci?

Paşii mei răsună în umbră, 
parc-ar fi nişte roade putrede 
ce cad dintr-un pom nevăzut. 
O, cum a răguşit de bătrâneţe glasul izvorului!

Orice ridicare a mânii 
nu e decât o îndoială mai mult. 
Durerile se cer 
spre taina joasă a ţărânii.

Spini azvârl de pe ţărm în lac, 
cu ei în cercuri mă desfac.



Lucian Blaga
Lucian Blaga (1895, Lancrăm / 1961, Cluj-Napoca, Rumania)
Traducción: Omar Lara
Fuente:
http://www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/document.php?id=1269
Imagen: Viziteaza Alba Iulia.ro

08 octubre 2018

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Anne Carson se presentará en la 10º edición de FILBA

Eros borrascoso, por Mariana Enriquez


La semana que viene empieza el FILBA y, en su edición N° 10 invitó a varias celebridades literarias. Entre los invitados está Anne Carson: es una sorpresa, no tanto porque Carson sea una reclusa, sino porque es una especie de leyenda viva poco conocida en nuestro país; salvo excepciones como Eros, el dulce amargo (Fiordo), su primer libro, o Rec Doc (Bajo la luna), sus libros no están editados en Argentina y solo se consiguen en esquivas traducciones españolas. Anne Carson, canadiense, 67 años, es poeta, ensayista, profesora. Aunque tanto ella como su obra son desprejuiciadas y genuinamente excéntricas, su quehacer no puede ser más canónico: académica doctorada en Clásicas por la Universidad de Toronto, también diplomada en estructuras métricas griegas en St. Andrews, Escocia, enseña griego antiguo,  da clases de escritura creativa y gran parte de su obra está dedicada a traducciones de tragedias y poesía clásicas: Safo, Eurípides, Sófocles, Simónides de Ceos y más.
Llamar ensayista y poeta a Anne Carson es insuficiente. Ya en Eros, el dulce amargo, su debut en 1985, una exploración del concepto griego de Eros que acababa en una meditación sobre el amor y el deseo con referencias a Nietszche, Virginia Woolf, Safo, Eudora Welty o Italo Calvino lograba sus marcas personales: la total libertad para la asociación, la búsqueda de belleza en el lenguaje y la erudición amable: son notables, por ejemplo las páginas que explican el nacimiento del alfabeto griego, de las vocales y los no sonidos de las consonantes, el paso de la oralidad a la escritura; están escritas con los ojos maravillados de quien narra la conquista de un planeta desconocido.

FIN DEL EPISODIO