Griselda García

La siembra





Hice de tu abundancia
un banquete egoísta 
un rito privado
una fiesta de uno.
Pude verte pero no supe
decir tu nombre
nI velar tu sueño.

Asustaba lo grave de tu canto
tu insistencia en dar verdad.
Cerré los ojos.
Borré el Rastro
que llevaba que a vos.

Como frutas
que había de multiplicar
me encontré, después
Diciendo a otros tus palabras
amando como un animal
frágil como una larva
en su capullo.

Ahora: la siembra.
Esperaré
con la paciencia
del que deseó
y obtuvo.






Griselda García (Buenos Aires, Argentina, 1979)
De: "El ojo del que mira", Ediciones La Carta de Oliver, 2009

Imagen: letradecambiogeneracionveintiuno

6 comentarios

  1. íntima poesía, de lectura fácil
    gusto leerla
    saludos, Evaristo

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  2. Pedro: gracias por traernos este texto de la poetisa Griselda García.
    Iré leyendo otros de tu selección.

    Un abrazo fraterno en Amistad y Poesía verdaderas,

    Frank Ruffino.

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  3. Algo de dolor eleva esta poesía dándole penetrante tono, el necesario para permanecer.
    Exaltadísimo sentimiento.
    Un gusto estar por acá.
    Un abrazo

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  4. Gracias Griselda por el libro y gracias a los poetas por sus visitas.Vuelvan cuando quieran. No cerramos al mediodía.

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  5. Esto es poesía. Un abrazo,
    Safía

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.