marzo 31, 2010

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Ignacio Uranga











Anulado









21 hs Buenos Aires: canal 58: la chica del momento

sobre las costas de Méjico en una lujosa habitación

que exige el caso, con vistas al mar bebe un zumo de

frutas especialmente traídas del corazón del Amazonas

para que la dieta no opere en contra del paradigma de

belleza: es la manera completa de hacer entender, fijar

y calar hondamente la doctrina: el medio para distribuir

y alimentar con el actual parámetro de la estética

mentes estacionarias: barroco: la etimología es muy

oscura: en cualquier caso no hay duda de que su origen

oscila entre la palabra portuguesa barroco con que se

alude a determinadas perlas de forma irregular, y

barocco, nombre con que los escolásticos designaban

una de las figuras del silogismo: al mismo tiempo nos

sentimos animados de otro impulso que nos mueve en

sentido horizontal hacia lo terreno, la realidad, hacia lo

humano: no podemos quedar indiferentes al descubrir

bajo la vestidura del estilo el íntimo drama que vive el

hombre de la época: supone sentir en carne viva la

angustia de lo humano, porque el tema por excelencia

del barroco es el desengaño, el sueño opuesto a la vida

la máscara a la verdad: luego reconocemos no ya una

nueva manera o técnica sino una nueva estética, de un

distinto concepto del objeto artístico radicalmente

contrario al ideal clasicista de belleza: esto: 47 emisoras

abajo: canal local: el mundo en directo: en los basurales

del chaco argentino despreocupados del marketing y de

las cámaras de televisión hombres y mujeres disputan el

menú por la salvación de la vida individual: el grito del

barroco: el grito de la naturaleza desordenada: los del

canal 58 leen estas imágenes desde la pedagogía de un

jesuita del siglo XVI, padre Bonifacio, que refería sobre

la recepción del planctus mariae: lo de los desmayos

hay que interpretarlo piadosamente diciendo que son

meras hipérboles que no tienen otro fin que el de

exagerar la grandeza del dolor(…)para que los niños

y la gente ruda puedan de alguna manera sentir lo que

padeció al pie de la cruz: barroco: conciliación de

opuestos: partes que la única proporción que guardan

es la oposición: cadena televisiva: barroco siglo XXI











Ignacio Uranga (Bahía Blanca, Argentina, 1982)

De:www.elellareal.blogspot.com



Imagen:lanueva.com

marzo 30, 2010

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Yutaka Hosono



















Rojo y negro

                 


                                  frente a un cuadro de Lorgio Vaca










En el Museo de Arte Moderno de Sucre

encontré al cuadro y sus montañas desbordadas de sangre.

El pecho de Jesucristo.

Una lanza apuntando oblicuamente al cielo.

La artillería antiaérea, la cruz de la luz.

Entonces recordé la noche de Marzo de 1945.

No corría sangre por ninguna parte

y al rojo vivo ardían el cielo y la ciudad.

Al día siguiente Tokyo era una inmensa pintura en tinta china.

Árboles, chimeneas, edificios, la torre de radioemisión...

Todo lo que estaba en pie era negro.

Los hombres yacían carbonizados como hormigas.

Desde entonces, Iri Maruki pinta negros cuadros

Todo es un color negro inflamado.

Aquí en Bolivia, la sangre corre de las pinturas,

bajan los cantos del hombre de las montañas verdes

y se convierten en ríos rojos.











Yutaka Hosono (Yokohama, Japón, 1936)

De: Revista Mascaró N° 5, mayo 1986



Imagen: Bamboo Thicket, de Iri Maruki en teachforpeace.org

marzo 29, 2010

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Derek Walcott
















Port of Spain











La mitad del verano se extiende ante mí con un bostezo de gato.

Árboles con polvo en los labios, autos fundiéndose

en un horno. El calor hace tambalear a los mestizos de la calle.

Han repintado de rosa el capitolio, las verjas

que rodean el parque de color sangre herrumbosa.

Junta y coup d´etat, la última modalidad latina,

empolla en el balcón. Monótonos arbustos rojizos

cepillan el aire húmedo con ideogramas de gallinazos

sobre los almacenes chinos. Los callejones asfixiantes como hornos

donde sastres melancólicos espían sobre sus viejas máquinas

uniendo junio y julio sin costura,

y uno espera un relámpago cuando el centinela armado

anhela aburrido el chasquido de un rifle

pero yo me alimento de su polvo, de su cotidianeidad,

de la inercia que llena de horror a sus exiliados,

del polvo sobre las montañas con sus luces anaranjadas,

incluso de la luz piloto del puerto maloliente

que gira como la de un auto policial. El terror

es local, al menos. Como el vaho prostibulario de la magnolia.

y los ladridos de perro del aullante lobo de la revolución.



La luna brilla como un botón perdido.

El agua negra apesta bajos las luces de sodio

del muelle. La noche se enciende con tanta seguridad

como un interruptor, hay ruido de platos tras las ventanas

iluminadas,

camino junto a los muros con sombras ocasionales

que no dicen nada. A veces, en puertas estrechas

hay viejos que juegan los mismos juegos tranquilos -

cartas, damas, dominó. Les doy nombres.

La noche es sociable, el día es tan feroz como

nuestro futuro humano en cualquier parte. Puedo entender

el ciego amor de Borges por Buenos Aires,

cómo un hombre siente las venas de una ciudad hincharse en sus manos.











Derek Walcott (1930/2017, Castries, Santa Lucía)

De. "The Fortunate Travellers", 1982)

(Extraído de http://www.almapiedra.blogspot.com/



Imagen: repeatingislands.files.wordpress.com






marzo 26, 2010

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Ernesto Cardenal
















Managua, 6:30 p.m.











En la tarde son dulces los neones

Y las luces de mercurio, pálidas y bellas ...

Y la estrella roja de una torre de radio de

en el cielo crepuscular de Managua

es tan bonita como Venus

y un anuncio ESSO es como la luna



Las lucecitas rojas de los automóviles son místicas



(El alma es como una muchacha besuqueada detrás de un auto)



                   TACA BUNGE KLM SINGER

                   MENNEN HTM GOMEZ NORGE

                   RPM SAF OPTICA SELECTA

¡Proclaman la gloria de Dios!

(Bésame bajo los anuncios luminosos oh Dios)

                   KODAK TROPICAL RADIO F & C REYES

en muchos colores

deletrean tu Nombre.

                   "Transmiten

la noticia ... "

Otro significado

no lo conozco

Las crueldades de esas luces no las defiendo.

Y si he de dar testimonio sobre mi época

es éste: fue bárbara y primitiva

pero poética.











Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925)

De: "Antología", Editorial Nueva América, 1986



Imagen: http://impreso.elnuevodiario.com.ni

marzo 25, 2010

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Daniel García Helder










Una vida antigua y dispersa











Ramas de cualquier árbol seco, secas

para sostén de zarzas que incubaron

todo el verano unas bayas rojas;

tan incapaces de sacarse

el parásito de encima como yo de la mente

una ronda de caranchos bajo el cielo

amarillo café. Te quiero decir,

por Santa Magdalnea llegué a este puente

que pide PRECAUCION

VELOC. MAX. 5 KM. para ver bajo su arco

delicadamente ensamblado, en el atardecer,

donde la mugre alcanza su apoteosis.

Atrás de un hato de casuchas y árboles

achaparrados, en el engrudo de esa orilla

amasado con limo y jabón, brea, cromo,

cenizas de plástico y piedra carbonizada

que junto al agua bofe convergen

hacia el negro más puro.

Prueba de la unión en la

separación,

no tanto porque otras veces esta misma

gleba estéril nos sirvió para remontarnos

más allá de la dureza y de la sed

como por sentir que una vida antigua y dispersa

se recogen en un haz y vuelve a tocarme.

Llega el ruido a fricción de la marmolería,

su torre octogonal con un suerte de

belvedere al que no se asoma nadie para ver

las ruinas del aserradero, esos fierros,

vidrios rotos y ladrillos que se ciernen

como los hongos en la raíz podrida

en torno a un punto de mala conciencia.












Daniel García Helder (Rosario, Argentina, 1961)

De: "El guadal", Libros de Tierra Firme,1994)



Imagen: literasur.blogspot.com

marzo 24, 2010

marzo 21, 2010

marzo 19, 2010

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María Teresa Andruetto



Los hermanos García /1978-1983







                                                          A Juan, Antonio y Mary







Por la ventana que da a la Escuela Alberdi, veo pasar

hacia la noche de chicas como yo y a los muchachos.

Los escucho reír en la vereda, bajo esta ventana pequeña.

Es noche de sábado y los hermanos cocinan puchero

de falda y de quijada. Sé que otros se han escondido

en El Tigre, en la Patagonia o en Longchamps. Algunos

mandan señas, flores sobre la falda, desde Oslo,

Gotinga o Amsterdam. Yo vivo tras este ojo de buey,

con la quijada contra el marco, mirando a las chicas

y muchachos que cruzan la avenida. Es sábado tambié

en la pieza del hotel, sobre los techos de esta casa

de citas, junto a la comisaría, donde alquilan

los camioneros sus siestas de amor con los colimbas

o las mujeres de la Humberto Primo. Aquí, tras el vidrio

de esta raja de luz, bajo el ala de unos gallegos venidos

de Inriville, espero que pasen los meses o los años.

García quiere decir y Smith el más común de los mortales

se llama Juan. Sube cada mañana la precaria escalera

con su manojo de llaves y comida y como una lonja

de sol me abre paso entre putas, milicos y viajantes.


















María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina, 1954)

De: "Sueño Americano", Caballo Negro Editora, 2009



Imagen: www.fcp.org.ar












marzo 15, 2010

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Stephen Spender















Reflexiones durante una incursión aérea











Por supuesto, el mayor esfuerzo es ponerse

fuera del alcance corriente

de lo que se llama estadística. Un centenar es muerto

en los suburbios. Bien, bien, uno sigue adelante.

Mientras esta cosa "Yo", esté apoyada contra

las vigas de la cama que se parece tanto a un coche fúnebre

en el cuarto empapelado del hotel con su empapelado

soplando ahumadas coronas de rosas,  uno puede ignorar 

la presión de esos hombres bajo los dedos

dentados por tipos de plomo sobre papel de diario,

la radio marginal lamentándose en el bar.

Sin embargo, ¿Suponiendo que una bomba zambullera

su nariz justo a través de esta cama, con uno encima?

La idea es obscena. Con todo, hay muchos

para quienes la pérdida de uno ilustraría

El uso "impersonal" verdaderamente. Lo esencial es

que cada "uno" permanezca separado

reclinado bajo rosas, y nadie sufra

por su vecino. Entonces, el horror se posterga,

un pedazo para cada uno, hasta que coloca sobre él

esa guirnalda de incomunicable pesar

misterio que es todo o nada.











Stephen Spender (Londres, 1909 / 1995, Inglaterra)

De: "Poemas", 1928-1953, Editorial Losada, 1967

Traducción de William Shand y Alberto Girri



Imagen:www.search.com

marzo 13, 2010

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Charles Bukowski










Ah, si









Existen cosas peores que

estar solo

pero una menudo lleva décadas

darse cuenta

y la mayoría de las veces

cuando lo hacés

es demasiado tarde

y no hay nada más terrible

que

demasiado tarde.







Confesión







esperando la muerte

como un gato

que saltará sobre la

cama



estoy tan apenado por



mi esposa



ella verá este

cuerpo

rígido

y blanco



lo sacudirá una vez, entonces

quizá

de nuevo:



"¡Hank!"



Hank no

contestará



no es mi muerte lo que

preocupa, es mi esposa

sola con esta

pila de nada



quiero que sepa

que todas las noches

durmiendo

a su lado



incluso las discusiones

inútiles

fueron cosas

esplendidas



y las duras

palabras

que siempre tuve miedo de

decir

pueden ser ahora

dichas:



te

amo.










Charles Bukowski

Charles Bukowski (Andernach, 1920 / Los Angeles, 1994, EUA)

Ah, sí, de "Una de la más ardientes y otros poemas", Ediciones Calle Abajo 1988

Traducción: Esteban Moore

Confesión, de "100 poemas", Emptybeercan Ediciones

Traducción: Federico Ludueña

Imagen: WordPress.com

marzo 09, 2010

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Isidoro Blaisten









Poema de la brújula rota







Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta

desde un otoño de luto alucinado

desde hoteles y calles y cansancio

de lugares terribles desde la sal al dátil

vuelve otra vez a mí el amor sin geometría

aprieta junto a mí su corazón de pájaro

llora en mi corazón como en un  rincón de lástima.



Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta,

cuando se pone triste el alma de los mapas

y se mueren de frío las ventanas,

cuando el verano se asusta de la sangre,

desde el lugar más húmedo del llanto

viene lentos pordioseros de neblina

caminan por el alma

van en busca de mi propia raíz de agua.



Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta

desde un raro país donde todo es encuentro

donde los tilos huelen a regreso

y caminan dulces viejos con la barba

vuelve hacia mí el amor con lluvia y mariposas

y una pólvora rara que supera al tabaco

y un coñac de misterio que ha engañado a la víspera

y una brújula rota que orienta a la ceniza,

y me lleva al lugar que ha olvidado a la luna

y el otoño es posible

y el amor es posible más allá de los credos.



Toda está bien ahora:

la luz, el heliotropo,

el musgo que ha brotado entre los días;

pero ciertas tardes y noches y mañanas como ésta

cuando mi corazón toma un color de noches perdidas para siempre

y el rocío se acuerda del último crepúsculo

y amanece la espera con su rostro inaudito,

vuelvo otra vez a mí como el río al ahogado

ya no sonrie nadie en los retratos

la desesperación me ladra por la espalda.







Isidoro Blaisten (Concordia, Entre Ríos, 1933 / Buenos Aires, 2004)

De "Sucedió en la lluvia", Editorial Stilcograf, 1965



Imagen:mas-tarde.blogspot.com


marzo 06, 2010

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Diego Muzzio











Ciertas observaciones en un jardín











He olvidado lo que alguna vez supe de los árboles

pero, si fuera pintor, podría pasar mi vida pintándolos, aunque mis manos torpes apenas sirven para trazar

una y otra vez las negras líneas de ciertas palabras

o para recolectar cerezas dispersas sobre una tierra

al otro lado del océano. Adramandoni; ese es el nombre

que los ángeles confiaron a Swedenborg en sueños:

jardín del Edén; puedo imaginar al hombre y la mujer,

a la serpiente, pero no a Dios: ¿sería sólo una voz?

¿o aparecería imprevistamente entre las ramas como

el gato de Cheshire, sonriendo, desapareciendo luego,

dejando entre las hojas una fantasmal hilera de dientes

y algunas palabras confusas…?: un perro no está loco.

Regreso a las cerezas. Los árboles navegan en la luz,

pero al declinar la tarde yacen de nuevo inmóviles

como trampolines verticales. No hay niños riendo bajo las hojas.

O sólo hay uno: él carga su jardín portátil en la memoria

y, atravesando años de olvido, aparece fugazmente

para recordarme la importancia de cualquier jardín.









West 67th Street











Esas son las últimas palabras que Robert Lowell

pronunció en vida: la dirección de su segunda esposa,

en Nueva York, susurradas al chofer del taxi con

el cansancio de alguien que acaba de atravesar el océano

estudiando la anatomía de las nubes, comparando la veloz

metamorfosis del cielo con la corrupción. Delfines

lo acompañaron bajo el avión, reunidos en la alargada

sombra sobre el agua. Ellos lo sabían. ¿Lo sabía acaso él?

Sin embargo, esa era sólo la primera mitad del camino;

le restaba aún recorrer el resto. Un poema es un acontecimiento,

no la descripción de un acontecimiento, solía decir;

de modo que los árboles a ambos lados de la calle

y los autos que circulan como peces en un acuario,

la luz de un cuadro de Vermeer, los botiquines repletos de torazina,

la casa de piedra de su abuelo y las mansiones bostonianas bajo la nieve,

la celda que ocupó por negarse a matar, el Santo Padre afeitándose,

en una tibia mañana romana detrás de un spinnaker, el humo

de un cigarrillo flotando sobre un poema inconcluso, nada tienen

que hacer aquí. Debo comenzar otra vez, escribir de nuevo.

West 67th Street. Esas son las últimas palabras que Robert Lowell

pronunció en vida, tal vez. No podemos estar seguros;

tampoco es posible imaginar lo que un hombre ve

mientras el barquero lo conduce entre el incesante

movimiento del tráfico y esos inesperados derrumbes de la luz,

una nueva forma de corrupción, como la capacidad de corromper

que la poesía posee y que incluso en ese último instante lo sostiene.

A ambos lados del taxi, delfines lo escoltan en el aire.











Diego Muzzio (Buenos Aires, Argentina, 1969)

Inéditos



Imagen:www.lahormigaargenta.blogspot.com

marzo 04, 2010

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Philippe Soupault



Westwego (fragmento)











Hace calor y hoy es domingo

hay tristeza

el río es muy desgraciado

y los habitantes se han quedado en casa

Me paseo por la orilla del Támesis

una única barca se desliza Para alcanzar el cielo

un cielo inmóvil

porque es domingo

y el viento aún no se ha levantado

es mediodía ahora son las cinco

uno no sabe adónde ir

un hombre canta sin saber por qué

así marcho yo

cuando uno es joven lo es para toda la vida

mi niñez enjaulada

en ese museo sonoro

de Madame Tusseaud

ahí está Nick Carter, con su sombrero de hongo

tiene en el bolsillo toda una colección de revólveres

grilletes y brillantes como blasfemias

a su lado El Caballero Bayardo

que se le parece como un hermano

ahí está la historia sagrada y la historia de Inglaterra

al lado de los grandes criminales que han perdido sus nombres



Cuando salí en ninguna parte

se encuentran cafeterías

ni luces que espanten las palabras

ni mesa en que apoyarse





para no ver nada para no mirar nada

ni vasos

ni humo

solamente aceras tan largas como los años

donde por la tarde florecen manchas de sangre















Philippe Soupault (Chaville, 1897, Chaville / 1990, Paris, Francia)
















marzo 03, 2010

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Osías Stutman

















1. Contra Carver











Creer es inecesario. Creemos

una cosa ahora y otra después, 

más tarde. No creo lo que él me dice

ahora ni después en ese texto.



Este poeta me ha engañado.

Su poema a la hija ebria

es mentira o vergüenza.

El que lee en el lago




de Ginebra mirando

ese horizonte y su luna

casi oscura, el que toca

el libro de Machado (Antonio)




para tranquilizar su alma

asustada , el asombrado

por las ondas de la radio

y sus turbulencias,




No puede escribir así.

Su poema es impúdico,

inservible, da pena

al lector de quien escribe




con esa exhibición. Y no es

verdad, es peor, mala ficción.

Emoción de mal desayuno,

pesado con mantecas rancias




de aventuras pensadas

para asustarme, a mí, el lector,

que suspiro engañado

porque creo en lo que dice.












Osías Stutman (Buenos Aires, Argentina, 1933)




marzo 01, 2010

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John Brinnin






Remando en Lincoln Park

















Tú eres, en 1925, mi padre;

con sombrero de paja, recatado, soy tu único hijo;

A través de la luz de cebra en abanico del lago

nuestro bote alquilado se desliza sobre la luminosa calma.





Y estamos ansiosos, llegados a este

primer cuadro vivo de nosotros mismos; y tus ojos que miran

atónitos mis nueve años osados,

mi consciente corazón que oye el clic de los toletes

y se llena de datos privativos de ti...

Cómo Francia es rosa, cómo el mediodía no tiene sombras,

cómo los malos ángeles rebeldes cayeron

de esa altura de marfil, y cómo ardieron.





Y tú estás vagamente debilitado y proyectas

una sorpresa de peniques, algún gesto directo,

por ser orgulloso e inarticulado, tu mente

dramática y agitada, sorprendida por el amor,





en silencios herméticos como este

retorna la magra mano ancestral, la voz

de lo no cumplido con su toque de navaja

exhortando nuestro disperso aliento a decidirse.





Y padres e hijos en sus mutuos ojos,

intercambian (un momento vasto y volátil)

la mirada de los paralíticos, o las noticias

de los constructores sobre la invadida tierra.





Ahora tengo veintidos años y tu estás muerto,

Y tarde en Lincoln Park los remeros pasan

contrariados en sus odiseas, el lago

no es deslumbrante ni ancho, sino oscuro y trivial.











John Brinnin (Halifax, Canadá, 1916 / Florida, EUA, 1998)

De "Poets on Poetry" por Howard Nemerov, 1996

"La poesía y los poetas", Editorial Hobbs-Sudamericana, 1973


Traducción de Ana Weyland, Eduardo Masullo, Rubén Masera y Carlos Viola Soto





Imagen:etsy (JMB en el centro)





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Raymond Carver: Hijo

Hijo



Esta mañana me despertó una voz
que regresaba desde mi infancia.
La voz dice: "despertate",
y yo salto de la cama.
Es extraño, toda la noche, en mis sueños
yo busqué "ese" bendito lugar
donde mi madre pueda vivir y ser feliz.
"Si querés que enlozqueca",
"está bien", si ése no es tu deseo,
por favor, sácame de acá", repetía la voz.
Me reconozco único culpable.
Yo la mudé a esta ciudad que odia.
Yo alquilé la casa que odia, rodeada
de vecinos que odia, llena de muebles
que odia.
"¿Por qué no me diste la plata para que yo la gastara?"
"Quiero volver a California, ¡ahora!", grita la voz.
"Voy a morir si me quedo", "¿Vos querés que muera?"
gime la voz.
Esta mañana en el mundo,
no existen respuestas a esta pregunta
ni a ninguna otra.
Suena el teléfono y suena, no deja de sonar.
No me acerco al aparato, tengo miedo de oir una vez más
la pronunciación de mi nombre.
El mismo nombre que mi padre escuchó durante 53 años.
Antes de abandonarnos en busca de su recompnesa.
Murió después de decir: "llevá estas cosas a la cocina, hijo"
La palabra hijo emitida desde sus labios,
tembló en el aire para que todos la oyeran.



Raymond CarverRaymond Carver (Oregón, 1938 / Nueva York, 1988, EUA)
De: "Desocupado y más poemas", Ediciones Calle Abajo, 1989
Traducción: Esteban Moore
Imagen: www.fedrosantelmo.wordpress.com
Enlaces: Raymond Carver en El poeta ocasional