Daniel García Helder

Una vida antigua y dispersa





Ramas de cualquier árbol seco, secas
para sostén de zarzas que incubaron
todo el verano unas bayas rojas;
tan incapaces de sacarse
el parásito de encima como yo de la mente
una ronda de caranchos bajo el cielo
amarillo café. Te quiero decir,
por Santa Magdalnea llegué a este puente
que pide PRECAUCION
VELOC. MAX. 5 KM. para ver bajo su arco
delicadamente ensamblado, en el atardecer,
donde la mugre alcanza su apoteosis.
Atrás de un hato de casuchas y árboles
achaparrados, en el engrudo de esa orilla
amasado con limo y jabón, brea, cromo,
cenizas de plástico y piedra carbonizada
que junto al agua bofe convergen
hacia el negro más puro.
Prueba de la unión en la
separación,
no tanto porque otras veces esta misma
gleba estéril nos sirvió para remontarnos
más allá de la dureza y de la sed
como por sentir que una vida antigua y dispersa
se recogen en un haz y vuelve a tocarme.
Llega el ruido a fricción de la marmolería,
su torre octogonal con un suerte de
belvedere al que no se asoma nadie para ver
las ruinas del aserradero, esos fierros,
vidrios rotos y ladrillos que se ciernen
como los hongos en la raíz podrida
en torno a un punto de mala conciencia.






Daniel García Helder (Rosario, Argentina, 1961)
De: "El guadal", Libros de Tierra Firme,1994)

Imagen: literasur.blogspot.com

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.