Raymond Carver




Hijo





Esta mañana me despertó una voz
que regresaba desde mi infancia.
La voz dice: "despertate",
y yo salto de la cama.
Es extraño, toda la noche, en mis sueños
yo busqué "ese" bendito lugar
donde mi madre pueda vivir y ser feliz.
"Si querés que enlozqueca",
"está bien", si ése no es tu deseo,
por favor, sácame de acá", repetía la voz.
Me reconozco único culpable.
Yo la mudé a esta ciudad que odia.
Yo alquilé la casa que odia, rodeada
de vecinos que odia, llena de muebles
que odia.
"¿Por qué no me diste la plata para que yo la gastara?"
"Quiero volver a California, ¡ahora!", grita la voz.
"Voy a morir si me quedo", "¿Vos querés que muera?"
gime la voz.
Esta mañana en el mundo,
no existen respuestas a esta pregunta
ni a ninguna otra.
Suena el teléfono y suena, no deja de sonar.
No me acerco al aparato, tengo miedo de oir una vez más
la pronunciación de mi nombre.
El mismo nombre que mi padre escuchó durante 53 años.
Antes de abandonarnos en busca de su recompnesa.
Murió después de decir: "llevá estas cosas a la cocina, hijo"
La palabra hijo emitida desde sus labios,
tembló en el aire para que todos la oyeran.





Raymond Carver (Oregón, 1938 / Nueva York, 1988, EUA)
De: "Desocupado y más poemas", Ediciones Calle Abajo, 1989
Traducción: Esteban Moore

Imagen: www.fedrosantelmo.wordpress.com

Enlaces: Raymond Carver en El poeta ocasional


3 comentarios

  1. impresionante, Carver; gracias, Pedro!, Roxana

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  2. Y como no! un lujo estar aquí!

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  3. Gracias a ambos. Espero sugerencias.(si tienen ganas, si tienen tiempo)

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.