Yutaka Hosono



Rojo y negro
                 
                                  frente a un cuadro de Lorgio Vaca




En el Museo de Arte Moderno de Sucre
encontré al cuadro y sus montañas desbordadas de sangre.
El pecho de Jesucristo.
Una lanza apuntando oblicuamente al cielo.
La artillería antiaérea, la cruz de la luz.
Entonces recordé la noche de Marzo de 1945.
No corría sangre por ninguna parte
y al rojo vivo ardían el cielo y la ciudad.
Al día siguiente Tokyo era una inmensa pintura en tinta china.
Árboles, chimeneas, edificios, la torre de radioemisión...
Todo lo que estaba en pie era negro.
Los hombres yacían carbonizados como hormigas.
Desde entonces, Iri Maruki pinta negros cuadros
Todo es un color negro inflamado.
Aquí en Bolivia, la sangre corre de las pinturas,
bajan los cantos del hombre de las montañas verdes
y se convierten en ríos rojos.





Yutaka Hosono (Yokohama, Japón, 1936)
De: Revista Mascaró N° 5, mayo 1986

Imagen: Bamboo Thicket, de Iri Maruki en teachforpeace.org

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.