abril 28, 2010

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Cromwell Castillo Cabrejos















1



Esta vez



su disposición adquiere la forma de mi lenguaje,

es decir,

su aspecto se hace universal desde mi boca.

De todas sus posibles determinaciones,

aquí, en lo habitable,

sólo se espera su adaptabilidad;

después de esto,

quizá ella deba ser algo que no comprenda.

Pero lo no comprendido

se explica también a partir de mi desorden:

Silenciosa ventaja suya

la de enturbiar mi contenido.

Todo forma y se deforma

magníficamente

a partir de su espacio,

entonces,

de mi voz a lo insondable,

ella

es un poema

transmutando

sus abismos.





2



Al representarla,

también esta hoja mimetiza su apariencia

y se torna transparente:

No hay nada aquí que no se advierta,

no hay nada aquí que no contenga su curso

y fluya

desde su impenetrable hondura.

A veces ella,

en este fondo blanco,

no resiste su propia densidad

y pareciera

recortarse

a medida

que tocan

sus giros,

mis palabras.

Pero no,

siempre desde estos trazos

desbordará su cualidad a más imágenes,

entonces su retorno

seguirá siempre cambiante

y escurridizo entre mis manos.

Hay suficiencia en su tocante sencillez.

Contemplo cercana su multiplicidad

tan influyente como entrañable.

A partir de toda representación,

incluso ella, en sí,

frecuentará su mimética apariencia

para afluir aquí, a cada instante,

Agua.



Cromwell Castillo Cabrejos (Motupe – Lambayeque, Perú, 1981).

De: "Agua", 2007



Enlaces a esta entrada: Grupo literario Signos; Sociedad Venezolana de Arte

abril 27, 2010

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Juan Gelman






Viendo en particular







la gran mujer que era esa tarde metida en su dulzura cómo se doblegaba

tierna de por sí por las calles más últimas los árboles los patios

rostros como entregados a escándalos de olvido

la puta la bellísima llena de súbitas mujeres

como arrepentimientos como culpas las repartidas por el aire

llamando a la tormenta las soñaban los hombres de la mar

las inventaban por los camarotes de espaldas al océano mecidos

mujeres altas bellas negras madres disparos de su carne

tetísimas muslísimas las sufridoras de hijos pasaban por Dakar

era Dakar exactamente

los sargentos de lármée coloniale y los estibadores cubiéndose la rabia con el cuerpo

yvonne envuelta en llamas perseguida por jabalíes de oro

la puta la bellísima

con apenas su cuerpo mulato contra el mundo su cuerpo celebrado

conversado en borneo acariciado amado yvonne la capital de diversas catástrofes y olvidos

escrita en las paredes de todos los alcoles

yvonne que odiaba a los franceses

por sus ojos pasaban los ciegos del mercado

las pústulas del barrio de medinnah las pústulas mundiales

caían furias tristes clausura de sus senos







Los amigos







jiri wolker attila jószef yo

seríamos tres amigos perfectos

jiri hablaba de praga

de los ojos del fogonero ciego mirándonos aún

jószef cantaba a Flora y a la Revolución

y no había trenes para suicidas

ni camas de hospital para morir



¿qué les parece? jiri jószef yo

los tres nos íbamos por ahí a recorrer países y mujeres

y bebiámos vino y escribíamos versos resplandencientes

el mundo era ancho nuestro no teníamos nada

lo teníamos todo como una juventud



esto acababa entonces como siempre quisimos

en una barricada

jiri jószef y yo silbando finalmente

entregaban sus huesos sus nuncas poderosos



jiri cayó en un hospital

jószef se tiró bajo un tren

mi dios qué bellos éramos

silbando finalmente







Juan Gelman (1930, Buenos Aires, Argentina / 2014, Ciudad de México, México)

De: "El amante mundial", 1962 / "Cólera buey", 1963)



Imagen:www.elpais.com

Enlace: Otro poema de Gelman






abril 20, 2010

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Jacques Prévert
























Domingo







Entre las filas de los árboles de la avenida de Los Gobelinos

una estatua de mármol me conduce de la mano

Hoy es domingo los cines están repletos

Los pájaros desde las ramas contemplan a las criatura hunanas

Y la estatua me besa pero nadie nos ve

salvo un niño ciego que nos señala con el dedo










Bárbara








Acuérdate Bárbara

llovía sin cesar en Brest aquel día


y marchabas sonriente


dichosa embelesada empapada


bajo la lluvia


Acuérdate Bárbara


llovía sin cesar en Brest


y me crucé contigo en la calle de Siam


sonreías

y yo también sonreía

Acuérdate Bárbara

tú a quien yo no conocía


tú que no me conocías


Acuérdate


Acuérdate pese a todo de aquel día


no lo olvides


un hombre se cobijaba en un portal

y gritó tu nombre


Bárbara


y corriste hacia él bajo la lluvia


empapada embelesada dichosa


y te echaste en sus brazos


Acuérdate de eso Bárbara


y no te ofendas si te tuteo


yo tuteo a todos los que amo


aunque los haya visto sólo una vez


tuteo a todos los que aman


aunque no los conozca


Acuérdate Bárbara


no olvides

esa lluvia buena y feliz


sobre tu rostro feliz



sobre esa ciudad feliz




esa lluvia sobre el mar




sobre el arsenal




sobre el barco de Ouessant




Oh Bárbara





menuda estupidez la guerra






qué has llegado a ser ahora






bajo esta lluvia de hierro





de fuego de acero de sangre


Y el hombre aquel que te estrechaba entre sus brazos



amorosamente



quizás ha muerto o desparecido o vive todavía


Oh Bárbara


Llueve sin cesar en Brest


como solía llover en otro tiempo


pero no es lo mismo y todo está estropeado


es lluvia desconsolada de duelo espantoso


ni siquiera es ya tormenta


de hierro de acero de sangre

simplemente nubes


que revientan como perros


perros que desaparecen


en el remanso de Brest

y van a pudrirse a lo lejos


Lejos muy lejos de Brest


donde ya no queda nada








Jacques Prévert ((Neuilly-sur-Seine, 1900 / París, 1977, Francia)


De: "Paroles", Los libros del mirasol, 1960. Traducción de Juan José Ceselli




Enlace: El poeta ocasional

abril 18, 2010

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Joaquín O. Giannuzzi











Susurro personal











Por alguna razón, al anochecer,

mi corazón late como una ametralladora.

El cardiólogo me ha dicho:

controle su vida emocional. Me pregunto

si no habrá allá dentro una verdad

que intenta abrirse paso. Vuelvo una mano al pecho

buscando una fe en la oscuridad

de mi mismo. La pulsación interna del yo

parece apresurarse

hacia una descomposición indescifrable.

El ritmo cardíaco es un tiempo

en estado impersonal. Esta es la única

certeza qu encuentro. Los golpes sanguíneos

de un tambor cerrado sobre el vacío.

No hay noticias profundas sobre J.O.G.

sino este susurro fisiológico, el zumbido

que hoy fui dejando a mi paso

a través de calles, edificios y cuerpos cerrados.

Un rastro de baba que recorrió el mundo

y está de regreso a esta habitación.









Mi hija se viste y sale











El perfume nocturno instala su cuerpo

en una segunda perfección de lo natural.

Por la gracia de su vida

la noche comienza azul y el cuarto iluminado

es una palpitación de joven felino.

Ahora se pone el vestido

con una fe que no puedo imaginar

y un susurro de seda la recorre hasta los pies.

Entonces gira

sobre el eje del espejo, sometida

a la contemplación de un presente absoluto.

El instante se desplaza hacia otro,

un dulce desorden se inmoviliza en torno

hasta que un chasquido de pulseras al cerrarse

anuncia que todas mis opciones están resueltas.

Ella sale del cuarto, ingresa

a una víspera de música incesante

y todo lo que yo no soy la acompaña.











Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924, Salta, 2004, Argentina)










abril 16, 2010

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Alejandra Pizarnik














Anillos de ceniza









Son mis voces cantando

para que no canten ellos,

los amordazados grismente en el alba,

los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.



Hay, en la espera,

un rumor a lila rompiéndose.

Y hay, cuando viene el día,

una partición del sol en pequeños soles negros.

Y cuando es de noche, siempre,

una tribu de palabras mutiladas

busca asilo en mi garganta,

para que no canten ellos,

los funestos, los dueños del silencio.











Alejandra Pizarnik (Buenos Aires , Argentina, 1936/1972)

De: "Los trabajos y las noches", Editorial Sudamericana, 1965



Imagen: sololiteratura.com

abril 13, 2010

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Daniel Salzano







46) Desterrados en un paisaje











He visto a un tigre rondar

el amor hirviendo de una dalia

He visto a un árbol sollozar

por un codazo de la muerte

He visto a soldados que dormián

con un libro de Faulkner y un paquete de Criollitas

Y he visto grandes campamentos

donde entre fueguitos conocí

al hijo de Celedonio Flores

al Hombre que Robó el Bandoneón de Aníbal Troilo

a la mujer que guardaba en un cofre

la rosa de cobre que inventó Roberto Arlt

En fin todos ellos buenos tipos hermosos tiempos

que me pedían gentilmente antes de dormirse

-disertate algo

 sobre la estopa de tu corazón











Daniel Salzano (1941 / 2014, Ciudad de Córboba, Córdoba, Argentina)

De: "Versos que escribí para que tocara Jelly", Ediciones Olocco, 1974



Imagen:www.cbanoticias.net






abril 09, 2010

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Javier Foguet





Messagio a Guiseppina









Querida luna al fondo de una gruta

entre las nubes: la fugacidad

del tren y de los rayos

que enviamos (los que adentro vamos)

hasta ti antes de perderte

atesórala un tramo de tu viaje:

un paso tuyo son

un millón de los nuestros

y es sincero -no pesa- su mensaje.







Javier Foguet (San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1977)

abril 03, 2010

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Francois Villon
















IV. BALADA

(De las contra-verdades)



No hay preocupación, más que cuando se tiene hambre;

ni servicio, más que de enemigo;

ni se saborea si no es un fardo de heno;

ni gran vigilancia sino de hombre adormilado;

ni clemencia sino de traición;

ni seguridad sino de miedosos;

ni lealtad, sino del regenerado;

ni más sensato que el enamorado.



No hay engendramiento sino en los baños;

ni buena fama sino de hombre afrentado;

ni risa sino después de un puñetazo;

ni prestigio, sino tras negar deudas;

ni auténtico amor, sino en la adulación;

ni buen encuentro, sino con los desgraciados; 

ni verdadero informe, sino en la mentira;

ni más sensato que el enamorado.



Ni reposo semejante a vivir en la preocupación;

ni se puede hacer honor mayor que decir bah;

ni vanagloria, sino de falsos acuñadores;

ni salud, sino la de hombre abotargado;

ni alta osadía, sino en la cobardía;

ni razón, más que en el enfurecido,

ni dulzura, sino en la mujer aturdida;

ni más sensato que el enamorado.



¿Queréis que os diga la verdad?

No hay juego sino en la enfermedad;

palabra verdadera, sino en la tragedia;

cobarde, sino caballeroso;

sonido horrible, sino melodía;

ni más sensato que el enamorado.



Francois Villon (París, 1431 ó 1432, Francia / 1463?

Hyspamerica Ediciones Argentina, 1984 



Imagen:es.wikipedia.org

abril 02, 2010

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El triángulo eterno



















Santa Ana, con la Virgen y el Niño o La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana, es una pintura al óleo de Leonardo da Vincir representando a santa Ana, su hija la Virgen María y el Niño Jesús. Cristo es representado abrazando a un cordero, lo que simbolizaba su Pasión, mientras que la Virgen intenta retenerlo. Esta tabla mide 168 cm de alto y 112 cm de ancho. Se encuentra en el Museo del Louvre de París (Francia), donde se exhibe con el título de La Vierge à l'Enfant avec sainte Anne. (Wikipedia)








abril 01, 2010

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Patricia Díaz Bialet








Como agua de colonia











La vida se escurre como agua de colonia.

Y entonces recurrimos al pasado,

a su tejido minucioso de melancolía,

y el hígado se vuelve un tanto medieval a pesar nuestro.



Porque la vida se escabulle como ceniza de pasto

y lo que vuelve sólo apenas nos contiene.



Existe en nosotros un porvenir absurdo de cosa efímera,

una utilidad de muerte que no desciframos por completo.



Tracemos entonces una suerte de bosquejo a modo de tiempo transcurrido.

Veamos qué de pauta trágica podemos acribillar con nuestro beso.

Y revisemos el alfeizar que se derrama secreta y lentamente sobre el mundo.



   

Sarah Vaughan (II)





I let a song go out of my heart

It was the sweetest melody



Duke Ellington









Ella canta y acuna malabares en la luna.

Canta desde su féretro inefable.

Busca el agudo hocico de la lluvia,

el vértice detrás del pentagrama.



Contempla el espasmo de su propia voz.

Roe con su dulce quejido.

Y nos acerca en él su entrelazada palpitación de circo.



Ella canta y cancela toda tristeza,

toda muerte,

toda faja amarillenta de vírgenes añejas.



Estira en lúcidos confites el hilo de su boca abierta

y nos mira,

embelesada.



Y retumba su tímpano sobre el cristal imperfecto.



Por eso no debería yacer como un fruto armonioso:

su lugar es el resorte infinito

y el arrebato que causa cuando se quita los huesos uno a uno.















Patricia Díaz Bialet (Buenos Aires, Argentina, 1962)

De; "Agualava", Atuel, 2009




Imagen:martazabaleta.blogspot.com