mayo 31, 2010

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Enrique Lihn













En las cosas se escribe nuestra historia,

en ciertas personas que tratan de explicárselo

por respeto al absurdo,

en los rincones más lejanos de esta ciudad y, por simple extensión,

en la ciudad vecina.

Hay paisajes enteros del lado de la costa donde el propio mar se limita a escandir

más acá del lenguaje un diálogo de sordos.

Las persistentes señales de una misma obsesión rompen a hablar marcando expresiones como éstas:

tránsito suspendido, de un dolor sin nombre

propio y que repite el tuyo

incapaz de otra causa.

Como en una película muda

nuestras caras se eclipsan mutuamente en el cielo

un pobre viejo símbolo de la separación.



Las cosas son las dueñas de su propio sentido que en circunstancias normales

las rodea en silencio, pero ninguna escapa

a la inflexiones de la escritura de un loco.



En resumidas cuentas, todo habla de ti

por boca de una inmensa metáfora

que se confunde con todo.







Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929 / Santiago, 1988, Chile)

De: "Estación de los Desamparados", Premia Editora, 1982



Imagen: 2.bp.blogspot.com



Enlaces a esta entrada: El poder de la palabra; Enrique Lihn

mayo 27, 2010

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Martín Prieto







Una mañana montevideana







Amanece en el puerto de Montevideo.

El Río de la Plata,

que en su ancho parece mar,

oxida las rocas del muelle.

Las luces de los barcos

anclados allá

se reflejan sobre el agua tersa

y se hacen, cada una, dos.

Fascinado como el joven Burroughs

ante un espectáculo semejante,

empecé a temer, como él,

que si no me iba de Inmediato

tendria que quedarme allí para siempre.







Acerca del alma







Nada más quisiera el alma:

una percepción emocionante,

materiales levemente corruptos

de eso que llamamos "lo real",

y no estas construcciones de fin de siglo

en el bajo,

galerías desde las que miro

los mástiles enjutos de un barco griego.

Tampoco el agua ni,

más allá,

eso que dicen es la provincia de Entre Ríos.





Martín Prieto (Rosario, Argentina, 1961)

De: "Verde y blanco", Libros de Tierra Firme, 1988



Imagen: www.satt.org



Enlaces a esta entrada: Revista Vox / Neobarrocos, objetivistas ...; Eterna cadencia: Diálogos argentinos

mayo 26, 2010

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Igor Barreto










Poesía venezolana






Nocturno







Durante las noches de mi infancia

mi madre

saca una silla frente al portón

y duerme

con el abanico de palma moriche sobre las piernas.



El técnico del taller donde reparan radios

está aún

bajo una lámpara de luz muy pálida.



Durante las noches de mi infancia

los bulbos de una radio desarmada

vuelven a encender su voz

y de nuevo la voz desaparece.



Entre las ramas de un samán

transcurre el río;

se diría que esa noche

da a su paso

un tono más lento.



Durante las noches de mi infancia

escucho el rugido de los tigres

de la casa de los ingleses:

pobres animales enjaulados en torno a una piscina.

Yo sé

que tras el muro

lamen sus garras

y amurrungan los ojos.



Mi padre ha llegado en su jeep

y unas lechuzas lo sobrevuelan.

El único ratón de la casa da las nueve



porque a esa hora corre

y atraviesa la sala.







 

Regreso







A San Fernando quiero ir en el vapor Delta.

Desde las escalerillas ver cómo el barco

separa

las cargas de troncos de los aserraderos

y los lomos florecidos de los caimanes.

Llegar a su puerto de tablones

donde el río entrega las aguas de cien

barrancas

y el recuerdo de algún pueblo orillero.

Cuando la lluvia descuelga sobre mi cabeza

angostas calles enhebran la cifra de tu

nombre.

El río crecido roza la capilla del ánima salvadora

donde iré a dejar unas cuantas monedas

por los amigos que enfermaron de distancia.

Al pasado quiero ir en el vapor Delta,

a los burdeles, a las galleras del traspatio,

donde Dios habita la plenitud de su tristeza.

Que todos los sabanales reblandezcan con

su brillo.

Yo me voy por esta senda donde el rayo se

enmantilla.

Amo las noches lenguaraces de sus muelles,

el sucio butacón de las nubes en los días de

invierno

con marineros apoyados a sus palancas de anoncillo.

El lirio viejo de sus bosques.

A San Fernando quiero ir,

quiero volver,

ahora que el paisaje ha muerto de alabanza.





Igor Barreto (San Fernando de Apure, Venezuela, 1952)

De:www.igorbarreto.blogspot.com



Imagen:www.prodavinci.com



Enlaces a esta entrada:El llano ciego, por Alberto Hernández en Historiagrafías

mayo 23, 2010

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César Vallejo
















París, octubre 1936











De todo esto yo soy el único que parte.

De este banco me voy, de mis calzones,

de mi gran situación, de mis acciones,

de mi número hendido parte a parte,

de todo esto yo soy el único que parte.



De los Campos Elíseos o al dar vuelta

la extraña callejuela de la Luna,

mi defunción se va, parte mi cuna,

y, rodeada de gente, sola, suelta,

mi semejanza humana darse vuelta

y despacha sus sombras una a una.



Y me alejo de todo, porque todo

se queda para hacer la coartada:

mi zapato, su ojal, también su lodo

y hasta el doblez del codo

de mi propia camisa abotonada.











Idilio muerto











Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita

de junco y capulí;

ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita

la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.



Dónde estarán sus manos que en actitud contrita

planchaban en las tardes blancuras por venir;

ahora, en esta lluvia que me quita

las ganas de vivir.



Qué será de su falda de franela;  de sus

afanes;  de su andar;

de su sabor de cañas de mayo del lugar.



Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje;

y al fin dirá temblando: "¡Qué frío hay...Jesús!"

Y llorará en las tejas un pájaro salvaje.











César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892 / París, Francia, 1938

De: "Obra poética completa", Biblioteca Ayacucho



Imagen:www.perutop40.com



Enlaces a esta entrada:El poder de la palabraPatria Grande (Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de Juan Carlos Mariátegui; Libros peruanos
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Allen Ginsberg













Un supermercado en California







   Qué pensamientos tengo de vos, Walt Whitman, esta noche, porque caminé por las boca-calles bajo los árboles con un dolor de cabeza conciente de mi mismo mirando la luna llena.



   En mi hambrienta fatiga y para comprar imágenes, entré en el supermercado de frutas artificiales, soñando con tus enumeraciones!



  ¡Qué duraznos y qué penumbras! ¡Familias enteras, de compras a la noche! ¡Pasillos repletos de maridos! ¡Esposas en los ahuacates, bebés en los tomates!

- Y vos, García Lorca, ¿qué hacías entre las sandías?



   Te vi Walt Whitman, sin hijos, solitario y viejo mendigo husmeando la carne, ojeando a los muchachos del almacén.



   Te escuché preguntar a cada uno; ¿Quién mató las chuletas de cerdo? ¿Qué precio las bananas? ¿Sos vos mi Ángel?



   Paseé entre brillantes pilas de latas, siguiéndote, y seguido en mi imaginación por el detective del mercado.



   Recorrimos juntos los abiertos corredores en nuestra fantasía solitaria probando los alcahuciles, poseyendo cada exquisitez congeleada y nunca pasando por el cobrador.



   ¿Adónde vamos, Walt Whitman? Las puertas cierran en una hora, ¿En qué dirección apunta tu barba esta noche?



   (Toco tu libro y sueño con nuestra odisea en el supermercado y me siento absurdo)



   ¿Caminaremos toda la noche por las calles solitarias? Los árboles suman sombra sobre sombra, luces apagadas en las casas, los dos estaremos solos.



   ¿Pasearemos soñando en nuestra perdida América de amor pasando automóviles azules en las entradas, hacia el hogar de nuestra cabaña silenciosa?



   Ah padre querido, barba gris, solitario y viejo maestro de coraje. ¿qué América tuviste cuando Caronte dejó de pulir su ferry y te fuiste al banco de brumas y te paraste mirando al barco desaparecer en las aguas negras del Leteo?











Allen Ginsberg (New Jersey, 1926 / New York 1997, EUA)

De: "Antología", Ediciones del Mediodía, 1969

Traducción: Marcelo Covián





Enlaces a esta entrada:Poetry Foundation; Cyber Humanitatis; Raúl Henao en Festival de poesía de Medellín



Imagen: elrumosdelosbosques.blogspot.com

mayo 20, 2010

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Oscar Taborda





Sol negro















   Esta es una casa deshabitada.

Parece la mente extenuada de un viejo


en cuyos cuartos cerrados latidos son


la madera que cruje a cada paso.

Un lugar para que la memoria ronde a ciegas

hasta desembocar en la cocina, abrir una ventana

y otra vez recomenzar.



Viento en zig-zag sobre el asfalto mojado

husmeando resquicios por donde colarse,

grandes ramas que taponan la alcantarilla

enredadas con hojas de diario y sucios

envoltorios de papel. No precisamente

conocimiento se obtiene de estas cosas


sino algo más pobre.

El Mercurio de bronce entre dos gruesas

palmeras que se agitan, lustroso;

los automóviles que por evitar el agua estancada

desaceleran, torciendo a la izquierda;

mesas vacías del "Foglia",

blancas en la vereda reluciendo

como vacas que abrevan a orillas de un río.

Prematuro anochecer en que, sin esperanza,

entre desperdicios removidos por la tormenta,

la cabeza de ébano, las ancas

y los costillares de un caballo vuelven a mí.

Uno criado por Loiácono al que dijeron

que apostara: Pax Romana, Empereur, Traficante

o algo parecido, un nombre susurrado

en medio del hormiguear de los apostadores

yendo de las boleterías a las gradas.

Y del regreso del hipódromo, en la rotonda,

una pick-up y un camión cisterna,

distantes entre sí 50 mts, se incendiaban.

Pasto quemado, trizas de vidrio esparcidas

por el pavimento y manchas de aceite;

los curiosos dispersándose en la lluvia,

gruesas gotas rebotando en el capot.

PRIMERO EN LA 6TA. CARRERA BLACK SUN.

1' 12" 3/5 en los mil doscientos.











Oscar Taborda (Rosario, Argentina, 1959)

De: "Diario de Poesía Nro 16"




mayo 18, 2010

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Pablo Neruda













Pablo Neruda




¿Dónde estará la Guillermina?











Cuando mi hermana la invitó

y yo salí a abrirle la puerta,

entró el sol, entraron estrellas,

entraron dos trenzas de trigo

y dos ojos interminables.



Yo tenía catorce años

y era orgullosamente oscuro,

delgado, ceñido y fruncido,

funeral y ceremonioso:

yo vivía con las arañas,

humedecido por el bosque,

me conocián los coleópteros

y las abejas tricolores,

yo dormía con las perdices

sumergido bajo la menta.



Entonces entró la Guillermina

con dos relámpagos azules

que me atravesaron el pelo

y me clavaron como espadas

contra los muros del invierno.

Esos sucedió en Temuco.

Allá en el Sur, en la frontera.



Han pasado lentos los años

pisando como paquidermos,

ladrando como zorros locos,

han pasado impuros los años

crecientes, raídos, mortuorios,

y yo anduve de nube en nube,

de tierra en tierra, de ojo en ojo,

mientras la lluvia en la frontera

caía, con el mismo traje.



Mi corazón ha caminado

con intransferibles zapatos,

y he digerido las espinas:

no tuve tregua donde estuve:

donde yo pegué me pegaron,

donde me mataron caí

y resucité con frescura,

y luego y luego y luego y luego,

es tan largo contar las cosas.



No tengo nada que añadir.



Vine a vivir en este mundo.



Dónde estará la Guillermina?







Pablo Neruda (Parral, 1904 / Santiago, 1973, Chile)

De: "Extravagario", Editorial Losada, 1958)



Enlaces:Universidad de Chile; Fundación Neruda;Discurso Premio Nobel

Imagen: textosycontextos.telam.com.ar



mayo 15, 2010

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Mirta Rosenberg




















El deseo convive con el pasado: yo paseo

por un costado. Miro los peces - ¿japoneses,

africanos? - comiendo - casi  perros - de la mano.

Son largos como un muslo y anchos, algunos,

como un brazo musculado. Coloreados

como en la infancia, crudos, suben

a la superficie donde aluden, por pedazos,

al interior de un cuerpo humano imaginado.

No hay manos pero sí ojos, una boca

perfectamente circular, como cedazo,

y rígidos indicios de bigote a cada lado.

¿Un torso desmenbrado o mienbros

de la misma cosa? Tejido policromado,

conectivo, conectado. La manera de mirar

y al manera de ventosa, obscena, de la boca,

el tamaño - yo diría, colosal - y la evidencia

brutal de los colores contra el agua parda

son dignos de admirar: un bagre bello, grande

y envidiable en colorido, en el estanque,

hasta sociable en el encuadre de un verde japonés

que no es de estampa, sino de vida. Pero hay trampa

y paseo bajo sombrillas. Atraída, algo en la escena

me fastidia: ¿el ohhh de esa boca admirativa?

Una vaga aprensión - tibia, lasciva - por el aspecto

de la imaginación que mira y ve, escenográfica, sombría,

una región de miembros descuartizados. Se diría

la zona - atea -de la porfía, que junto al agua

imagina su propia anulación. Yo deseaba

un canto de sirena entre los peces, las heces

del pasado, la sanción y hacerme a un lado.

Fue una pena. No conviven el deseo y la inocencia

de lo deseado, que dejaba que desear. Entre tanto,

me ha dejado pasear.











Mirta Rosenberg (Rosario, Argentina, 1951)

De: "Madam",  Libros de Tierra Firme, 1988







Imagen: www.revistamododeusar.blogspot.com



Enlaces a esta entrada: La infancia del procedimiento; Poetry International






mayo 14, 2010

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Jorge Boccanera








Allegro ma non tropo









Simplemente

                 una llamada telefónica diaria

justo al amanecer

                 cuando la voz de ella

todavía

no era más que un gemido prisionero

por un terrible ejército de sábanas



simplemente

                 esa llamada por teléfono

y escuchar las primeras palabras

que esos labios resecos

por la espma sagrada de la noche

                 dejaban escapar



luego el itinerario de una voz insegura

que inauguraba el día

con la saliva aún no resuelta en saludo o más dulce



simplemente

                   esa llamada por teléfono

y la profanación de aquel que cree escuchar

el roce de una piernas o

             adivinar

el norte y sur de ese cabello negro e

             investigar

             los pliegues / almohadones y recortes de diario

viejas fotografías en la pared descascarada

hasta que esa otra voz cualquier mañana dijo: " ¿Quién?,

            ¿cómo?"

                      y "ella no vive más aquí".





Jorge Boccanera (Bahía Blanca, Argentina, 1952)

De: "Tus ojos del pájaro quemado", Editorial Katún, 1982



Imagen: albumnocturno.blogspot.com



Enlaces a esta entrada:Geomundos, Editorial Utopías
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Louis Aragon

Louis Aragon

Licantropía contemporánea



El grado más alto de la tristeza tanto puede ser
un general ciego mendigando a través de las islas
como hacia las 3 de la mañana la avenida de la Ópera
No hay límites para la melancolía humana
Se cuenta siempre con una piedra para colocar sobre la pirámide de las lágrimas
Estáis seguros de padecer tanto como una mujer estrangulada
en el momento en que ella sabe que todo ha terminado y desea acabar
Estáis seguros de que no valdría más
ser estrangulado si uno piensa en los cuchillos de las horas que se acercan
Desde hace tiempo vivo mi último minuto
La arena que mastico es la de una agonía invisible y perpetua
las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
Como cuerpos privados de sepultura
los hombres se pasean por el jardín de mi mirada
Soñadores inexplicables
o soy el único a quien golpea una mano desecada
en este desierto poblado entre estas flores áridas

Amo y soy amado Nada nos separa
Por qué entonces estar triste en el corazón espléndido del amor
El mundo sacude su estúpida cabeza Sabelotodo
Amo aunque la vida sea mortalmente intolerable
Amo aunque luego me vea obligado a aullar
Detrás de mí arrastro el manto fantasmal de las intenciones ocultas
Una cadena de perfeccionamientos del dolor moral
suena a mis pies espantosamente desdichados
Amo y nos amamos pero en medio de un naufragio
pero en la punta de un puñal y no puedo
no puedo soportar el mal que esto ha de hacerte
Tus ojos tus ojos amor mío desorbitados por todo lo que sea placer
Que me arranquen el corazón con tenazas
que terminen con mi cabeza que se despega
Bebo una leche como tinta y la hora del mediodía
se parece al carbón de los pantanos
donde se marchita el Sphagnum al que tomo por mi imagen en los espejos
Yo amo Yo te amo pero
en la cala de un barco en el instante de dar el salto Impaciencia
Innoble impaciencia de saber si eso podrá soportarse

Es probable que todos me juzguen un criminal
guiándose sólo por las debilidades y el aspecto
Ese hombre que según los diarios de la mañana decapitó a su amante
mientras dormía a su lado sollozó en el juzgado
La había asesinado en el cuarto después
en el sótano primero con un cuchillo luego con una sierra
separó la cabeza adorable para poner
el cuerpo en una bolsa lamentablemente algo pequeña
Sollozó en el juzgado
No somos acaso parecidos a las palmas
que crecen unidas florecen y fructifican
para dar una imagen del amor perfecto
El otoño llega con las manos llenas de ilusiones resplandecientes
Qué crimen es ese que me hace sollozar
Mirad mi amor está vivo Muéstrate querida mía
Nada podréis probar La coartada verde como una floresta
Se extiende por el horizonte donde graznan inútilmente los cuervos
Sin embargo en cada árbol hay un ahorcado que se balancea
en cada hoja una mancha de sangre

Qué puede haber peor que el cielo al amanecer o el betún de la tarde
Qué es eso que me impide morder a los paseantes en los bulevares
La amargura que siento crecer en mí puede ser el primer torrente de un diluvio
a cuyo lado el otro parece un vulgar desborde de cloacas
Recuerdo que en mil quinientos cuarenta y uno
cerca de Pavía
cuando me apresaron en la campiña por donde deambulaba
víctima de los primeros efectos del mal
los campesinos no quisieron creerme cuando les dije la verdad
Rehusaron tomarme por lobo furioso
a causa de mi piel humana y Santos Tomases
eternos de la ciencia experimental
cuando les confesé que mi piel lupina estaba oculta
entre pellejo y carne
con sus puñales me hicieron tajos en los miembros y el cuerpo
para verificar mis melancólicas afirmaciones
no me tocaron la cara
espantados por la atroz poesía de mis rasgos

Qué es eso que me impulsa a aullar en las tumbas
qué es eso que me obliga a escarbar irresistiblemente en el polvo
donde duermen los enamorados en descomposición
Qué vas tú a exhumar como si la luz viviente
no tuviera bastante con las heridas de los vivos
Dadme el lenguaje tenebroso de los ajusticiados en la silla eléctrica
el vocabulario último de los guillotinados
La existencia es un ojo reventado Que se me entienda
bien un ojo que hacen reventar a cada instante
el harakiri sin fin Me enfurezco
al ver la calma idiota con que reciben mis gritos
Por eso quiero sacar de las fosas hipócritas
a los fallecidos de muerte violenta con sus pupilas horrorizadas
quiero desterrar a las víctimas de las catástrofes
cuyos esqueletos conservan las posturas del terror
que se adaptan maravillosamente a estos días que corren

Decía precisamente mi vecina que hay
gentes que se tiran al agua
Si soy una bestia babosa a quien el asco del mundo
hace babear sería muy fácil acabar con todo
amor mío amor mío oyes esta blasfemia
No es la palidez del amor no es la palidez de la muerte
sino la de los lobos ésta que hay en mi rostro
No puedo morir a causa de esta flor inmensa
cuyo cáliz no puedo soportar que se cierre

Se ha logrado un notable progreso en materia de torturas
sobre el cobayo que soy
sobre el cobayo salvaje que soy las dos manos
atrapadas en dos puertas
el amor la muerte
y unos hércules abstractos se apoyan sobre las dos puertas
con la tranquila seguridad de un número de music-hall
ejecutado sin ningún esfuerzo aparente
Cómo nunca notaste que mis besos se parecían a las palabras sacrílegas
que son todo lo que queda por decir a los esclavos descuartizados
Cómo nunca notaste que te amo en el instante mismo en me matan
que es siempre la última vez que gozo abominablemente en tus brazos
Tus brazos tan bellos que ahí está justamente
ahí está lo más terrible

Todo tendrá que acabar de modo salvaje
Yo te perteneceré haré arrojar a tu amante a las fieras
O lo haré examinar con engaños por un médico alienista
o bien lo mataré fríamente
amor mío
durante su sueño mientras yace pálido y desnudo
mientras los lobos surgen en torno de los cementerios donde duermen
los bellos días que pasamos juntos amor mío.



Louis Aragon (1897/1982, París, Francia)
De: "Persécuté Persécuteur", 1931
Traducción: Aldo Pellegrini
Enlaces a esta entrada:Wikipedia; Clarín; El poeta ocasional
Imagen: epdlp.com

mayo 13, 2010

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Alfonsina Storni


Tristeza



Al lado de la gran ciudad se tiende
el río. Cieno
muy líquido. Parece
que no se mueve, que está muerto, pero
se mueve.

Justamente como es cieno
se va buscando el mar azul y limpio,
y hacia él muy pesado, mueve el cuerpo,
sin detenerse nunca; siempre otro
aunque parezca el mismo.

Río muerto,
desde esta torre, mientras muere el día,
ensoñando lo veo
que se ensancha en un vasto semicírculo
y se pierde allá lejos
bajo la bruma gris, cortada a ratos
por un triángulo blanco.

Sobre el puerto
buques y buques se amontonan, y éstos
parecen peces monstruos afanados
sobre un mismo alimento.



Alfonsina StorniAlfonsina Storni (Sala Capriasca, Suiza, 1892 / Mar del Plata, Argentina, 1938)
De: "Languidez", 1920
Enlaces: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes
Imagen:www.kempis.nl

mayo 09, 2010

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Fernando Balseca







Al contrario que yo

tú no has estado en Sacsaywaman preguntándote de dónde,

cómo vino a parar tanta piedra cincelada en paisaje con otra economía.

No has andado por las trochas de Cascol en busca de un haz de luz

para producir una emulsión en mi tumba cuando me quede mudo.

Tampoco te han visto entregada a la garúa en la rada de Cojímar.

Nunca te asomaste al acantilado del callejón sin salida de Sound Beach.

Mas cada vez que retorno a los espacios que para mí he descubierto

percibo que ya estuviste allí silenciosa, prefigurando

el tiempo del absoluto comienzo y de la inútil proposición del reencuentro.

Tampoco di contigo en un casa esquinera en Lacret y Pasaje Oeste

cuando aprendí un paso de son que salva al que ha perdido el ritmo.

Nunca consumí mi espera frente al número 2 de la calle Teodoredo

atisbando el segundo piso alto en busca de la silueta de la revelación.

No rondé por el barrio Centenario buscando que se desprendiera un aerolito.

No estuve contigo en la sala de los claustros en el alto Manhattan

ni en el zoco de Marraquech comprando un poco de rapé

para destaparme la nariz y deshacerme de la alergia al ácaro doméstico.

Nunca compartimos el tour en Leningrado Lisboa Melilla Praga Petra.

En mi puta vida degusté una sopa marinera en Cotocollao.

Jamás viviste allá o aquí: sólo una sombra irrumpiendo mi camino.

Pero algo inmemorial me dice que si Ptolomeo te hubiera conocido

ya hubiera encontrado para ti un preciso lugar en el sistema.











Fernando Balseca (Guayaquil, Ecuador, 1959)

De:www.laseleccionesafectivasecuador.blogspot.com 

Enlaces a esta entrada: Las elecciones afectivas Ecuador



Imagen:www.uasb.edu.ec


mayo 06, 2010

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Alberto Szpunberg

















I





Pensativa en el balcón

casi como la hoja en el aire

cuando lo único que la agita es la luz,

trémula y efímera como el equilibrio entre el cielo y la tierra

y grave y definitiva como el equilibrio entre el cielo y la tierra.

Sólo ella puede decir que los hombres que caminan allá abajo

son como las nubes que avanzan por arriba, también ella,

formas que cambian al amparo del otoño, o de ella quizás, o del aire suave,          

                 del tierno frío

que parece derramarse sobre el mundo desde sus manos

                           sostenidas en un adiós.





X





Ella vuelve al balcón, sonrié, gira

y sus manos sobre mi frente borran toda la sombra de las

                           huellas, todas las prisas.

"trémula y efímera como el equilibrio entre el cielo y la tierra

y grave y definitiva como el equilibrio entre el cielo y la tierra"



Por qué, me pregunta por qué

cuando acaso el amor -la poesía, tan vana si se quiere - es la

                            única coherencia de lo azaroso.











Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940)

De: " Apuntes (1982-1985), Libros de Tierra Firme, 1987



Imagen:www.revistateina.org



Enlaces a esta entrada: Wikipedia; Revista Teína

mayo 05, 2010

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Manrique Fernández Moreno












Veintitantos años







de nuevo me he encontrado con la noche

su recinto es el mismo no ha cambiado

el estanque húmedo

las balaustradas

la soledad es la misma la arbitraria

aunque apriete los tacos

simule indeferencia y silbe

las manos en los bolsillos laureados



no puedo ignorar la noche

hirviendo sus caracoles negros infinitos



contra mi corazón que es un desastre



cada noche que pasa entre sus focos

cada sueño que tiro por la cama

cada bala que deja tu revólver

cada petunia que ofrezco a la mujer

cada vez que llamo el ascensor

y le pregunto por el piso mío

sólo la muerte se me acerca un poco





Manrique Fernández Moreno (1928 / 2006, Buenos Aires, Argentina)

De: "Pateando un empredado", Rodolfo Alonso Editor, 1970



Enlaces a esta entrada: La Nación



Imagen: Daniel Grad

mayo 02, 2010

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Santiago Sylvester


Hamlet en el mercado



También nosotros podemos, como Hamlet,
sostener la calavera
y hacer las conjeturas de la angustia,
preguntas sin paliativo que sólo tienen, como él,
un estado de emergencia.

Algunos, sin embargo, no preguntan:
usan la calavera para abreviar la desgracia.
Ahí está, por ejemplo, ese ciego
que cambia ceguera por conmiseración,
la puta de ojos exagerados que no cree en los hombres
pero los acoge con amabilidad,
el niño-monstruo, el pintor sin brazos,
el sordomudo hábil en juegos adivinatorios,
el gitano de la cabra que saca aplauso de la miseria de ambos.
Cada uno con su calavera,
con su sonrisa en mitad del espanto,
ahuyentando la duda con voluntad socrática,
conociéndose a sí mismo para poder comer.



Santiago Sylvester (Salta, Argentina, 1942)
De: "Libro de viaje", Libros de Estaciones, 1982)
Enalces: Revista Omni-bus; Las elecciones afectivas Argentina
Imagen:www.picasweb.google.com

mayo 01, 2010

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John Landry


















Cuando la noche es un golpe de suerte







Una lámpara de sobrio diseño

ilumina la sobremesa de la cena:

ya no hay platos sobre la mesa

y el llavero de pata de conejo

cae con gracia desde la puerta del closet

Es la hora en que los sueños hecho de números

se entremezclan y tosen en la mano

un aliento parecido al contabilizar cuántos sueños fuimos capaces de hurtar

O quizás a esos breves instantes de suerte.

Así, el tiempo se congrega

y se hacen anotaciones y listas

en una pequeña libreta

y se presenta ese ensamblaje

que hurga y rastrea

las huellas de la familia

Ahora

sobre los restos de comida

y los cartones de bingo

Ahora

en que los números cuentan historias

de generaciones completas

arbitrariamente dispuestas

sobre la mesa

Y tantos jugadores clave

ahora están ausentes,

y la pregunta: qué integrante

de este juego de cartolas y fichas o porotos

permanece aquí para reemplazar

en mi cabeza y mi corazón cansado

tan cansado,

pregunto:

Quién va a podar los ciruelos

cuando yo abandone este juego.



John Landry (New Bradfort; Estados Unidos de Norteamérica, 1953)

De: "Quién va a podar los ciruelos cuando me vaya", Editorial Cuneta, 2010

Traducción de Germán Carrasco



Imagen: stonesouppoetry.blogspot.com

Enlaces a esta entrada: UDP Escuela de Literatura
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Gabriela Saccone






Una polilla entre cáscaras









Una polilla entre cáscaras de papa,

este hombre humilde de ojos azules

-vejez alada entre desperdicios,

No es un necio y bala monosílabos

como toda respuesta.

¿Por qué se apiada del censista?

Acercarse a la carpa del traidor

para grabar en la retina

lo que quiere llevarse del Atlanta:

banderines nomás, el hule de las mesas,

y el sol pegando an la cancha de básquet.









Que en mí queden unidos...









Que en mí queden unidos

a lo que debería ser un crepúsculo

tres hombres entre los yuyos hurgando

montículos de basura

a quién le importa.

El puente roto sobre el Saladillo

y más gente para el transbordo

en la explanada del Swift.

El que vende choripanes como hostias

se apoya en la baranda y escupe

al paso de los que él llama

una manga de hijos de puta,

el cielo ambarino vacila sobre el agua

y hasta ese paquebote a medio hundir

parece hundido del todo.





Gabriela Saccone (Rosario, Argentina, 1961)

De: "Diario de poesía" Nro. 56



Imagen:www.salidaalmar.wordpress.com

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