Oscar Taborda

Sol negro





   Esta es una casa deshabitada.
Parece la mente extenuada de un viejo
en cuyos cuartos cerrados latidos son
la madera que cruje a cada paso.
Un lugar para que la memoria ronde a ciegas
hasta desembocar en la cocina, abrir una ventana
y otra vez recomenzar.

Viento en zig-zag sobre el asfalto mojado
husmeando resquicios por donde colarse,
grandes ramas que taponan la alcantarilla
enredadas con hojas de diario y sucios
envoltorios de papel. No precisamente
conocimiento se obtiene de estas cosas
sino algo más pobre.
El Mercurio de bronce entre dos gruesas
palmeras que se agitan, lustroso;
los automóviles que por evitar el agua estancada
desaceleran, torciendo a la izquierda;
mesas vacías del "Foglia",
blancas en la vereda reluciendo
como vacas que abrevan a orillas de un río.
Prematuro anochecer en que, sin esperanza,
entre desperdicios removidos por la tormenta,
la cabeza de ébano, las ancas
y los costillares de un caballo vuelven a mí.
Uno criado por Loiácono al que dijeron
que apostara: Pax Romana, Empereur, Traficante
o algo parecido, un nombre susurrado
en medio del hormiguear de los apostadores
yendo de las boleterías a las gradas.
Y del regreso del hipódromo, en la rotonda,
una pick-up y un camión cisterna,
distantes entre sí 50 mts, se incendiaban.
Pasto quemado, trizas de vidrio esparcidas
por el pavimento y manchas de aceite;
los curiosos dispersándose en la lluvia,
gruesas gotas rebotando en el capot.
PRIMERO EN LA 6TA. CARRERA BLACK SUN.
1' 12" 3/5 en los mil doscientos.





Oscar Taborda (Rosario, Argentina, 1959)
De: "Diario de Poesía Nro 16"


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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.