junio 30, 2010

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Ruy Rodríguez, un poeta ocasional










de lola y con trompeta de hojalata









 



estoy haciendo sonar una trompeta de
hojalata, tiro de tu mano lola, me cansan las lluvias que no lavan ni mojan mi
ventana. ahora ya no estás, te fuiste con el pobre hermanito de novelista
famoso disfrazado de marinero yanqui, que no toca trompeta pero da lata en
forma creciente y obligada. toco trompeta y toco tu pierna lola cuando estás
bailando.




no...no pares,
sigue bailando total estamos solos parapetados en esta andrajosa madrugada, no
pares, piensa que te miras en un espejo, tu niño de celuloide duerme y abraza
una trompeta y sueña que es contramestre en un barco que se pavonea con ruido a
latas en un mar picado de bañadera antigua. tienes ojos tristes, ojos que se
expanden en fuga, ojos que hacen fiestas de todos los elogios, no ejerzas
profesión de triste, baila aunque no suene mi trompeta, mírame y baila en tu
espacio ortopédico. yo no sé bailar, nunca pude aprender porque me daban
verguenza los ojos famélicos de mi primera compañera de baile. pero ahora los
andamiajes han cedido y el dolor como lata oxidada peca de escándalo en este
prontuario de niño-contramaestre-que-toca-la-trompeta.


tu niño como yo no
duerme lola, tu niño teme los inciertos amaneceres con gallos de papel maché
cantando sobre las demoliciones. sigue bailando como en aquella niebla con
musgo e infinito puerto de la película de jacques demy. oigo tu risa lola.
brilla el tribunal de tu boca. no pares aunque yo te hable de barcos con
borrachos tripulantes, aunque recuerde puertos alejados de las playas en mares
que fermentan, no pares


a pesar de las
levaduras y manchas en fotos memoriosas. sigue bailando que ese tu sol
inusitado ya lustra destellos sobre un blanco convertible americano de tensas y
opulentas formas como tus vecinas: esa damas provincianas de corsé avasallante.


no te calles ni te
vayas con el día lola. piensa sólo en; qué podría hacer un tocador de trompeta
de hojalata como yo entre las engranajes de una maquinaria francesa. tal vez
buscar corales en el sena o escribir una larga lista de hambres concentradas y
colgarla como si fuera un kakemono en la torre eifell (allí donde por última
vez entrecerraron los ojos y lloraron sordas notas soplando sus trompetas los
ídolos suicidas), y caminar y cansarme hasta finalmente sentarme en algún
oscuro grabado de daumier donde poder pensar y proyectar la búsqueda del
dormitorio de un vientre exasperante.


lola, nada de eso
ya sirve, nada de eso hará brillar las lentejuelas de tu sol sobre los
escombros de este mapa, de esta quemada geografía que ahora sólo quiere ser un
estertor en nuestra pequeña vitrina de desorden para poder partir una vez más,
y ser el brujo-payaso-imperialista que toca la trompeta como miles davis entre
los dementes del amazonas, con los paisajes barridos por los cocodrilos con sus
dichosos hocicos taciturnos, con toscas sirvientas con aros de todos los
colores y un enorme infierno de elementos.





hay memorias
hoscas que se arrastran por las notas bajas de este solo con sordina, ya has
dejado el límite del tiempo y se mueve el continente. toco tu pierna. dejo la
trompeta y tiro de tu mano. ya las lluvias marcan las horas de marcharse con
las ratas lola.



Ruy Rodríguez

De: "El buho en el vitral", Ediciones Sunda, 1967



Imagen: taringa.com



Piumo o el anagrama pirofágico




El grupo Opium, asi como las publicaciones que generó, tuvo su tiempo entre 1962 y 1968. Pero ésa es la historia oficial de una experiencia nada oficial. También existe una prehistoria bastante secreta y que puede sintetizarse asi: hubo una primera plaqueta -quizá el primer fanzine sudamericano-, un ejemplar hoy aún más inhallable que sus otras impresiones, que reunió y luego confrontó a Ruy Rodríguez y a un jovencisimo Juan Carlos Kreimer -el mismo autor de ¡Agárrate! (1970), la primera gran biblia del rock nacional, con fotos de Osear Bony y Punk la muerte joven (1978), libro de cabecera de toda una generación de punks hispanoparlantes- por disidencias en la que se entremezclaban lo tipográfico, ideas de diseño y otras intenciones. Rodríguez quemó gran parte de los ejemplares y Kreimer reformuló los restantes presentándolos bajo un anagrama jitanjafórico: Piumo. Si el nombre original era una apropiación de Alfred Jarry (de Les minutes de Sable Memorial: "Tras entregar un papel azul al cajero, con el bolsillo tintineando, ascendí a uno de los ómnibus del pais del Opium"), el neologismo de Kreimer pasó a engrosar, de inmediato, el argot circulante de unos pocos iniciados (perversiones de otras perversiones del lunfardo). Como "Sunda". Menesunda, Ultra Zum, etc.





Fue entonces cuando Rodríguez (fan confeso de la poesía de Enrique Molina) conoció a Mariani (quien todavía usaba su nombre de pila, Reynaldo). Y pocas semanas después. Rodríguez partía hacia Brasil, donde viviría hasta 1964. Colaboró con la Revista Agraria y escribió un libro de poemas, cuya edición íntegra olvidó cuando regresó a Buenos Aires, huyendo del clima político que empezaba a proliferar. Para una nueva plaqueta, donde apareció su poema "El visionario y la ciudad", ensayó una autobiografía mínima: "Nació por 1940, creemos. A veces lo encontramos en un café de Buenos Aires, siempre desaparece al día siguiente. (...) Qué hará mañana, nadie lo sabe. Al frente otros itinerarios llenos de visiones. Esperemos".



Rafael Cippolini en I poeti nomadi



Enlaces a esta entrada: La imaculada decepción;Beatniks en Iberoamerica

junio 27, 2010

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Zona de la poesía americana


Hoy, 9 de junio de 2012, me entero por intermedio de Fernando Sabido Sánchez en Facebook que falleció en Bruselas Miguel Ángel Páez


La revista Zona fue editada por Edgar Bayley, Miguel Brascó, Ramiro de Casabellas, César Fernández Moreno, Noé Jitrik, Jorge Souza, Francisco Urondo y Alberto Vanasco.


En el Nro.4 de Noviembre 1964 se publicaron unos poemas de Miguel Ángel Páez de quien no encontré datos actuales. ¿Un poeta ocasional?. Reproduzco la presentación de sus poemas en la revista:





"Miguel Ángel Paéz nació el 21 de agosto de 1937, en San Luis. Reside en Bélgica. Integró el grupo El Taller, de la revista Barrilete, en cuyo Informe de la Esperanza dio a conocer los únicos poemas que ha publicado hasta el presente."





Edipo 









Trata de recordarme

cuando las aves del corral se vayan

No me dejes la camisa colgada del espinillo

espera verme levantado

                                    y conduciré

                                                   y educaré

la familia

Déjame el pantalón con sus orines

el remolino en mis cabellos

el pullover de cuello alto

las zapatillas sin cordones

Y llévate esta frazada

la cama y los elementos de cocina:

comeré junto al mar

cultivaré la hierba

dormiré donde descansa mi fatiga

Ya puedes irte

                                no te pido consejos

sino,

que me permitas caminar solo o te mato









Lo pienso serio, serio, serio









Si la mañana viniera a casa

lavaría su cara con herrumbe

para que aquél

me salude con buena nueva

                    Yo no tendría nada que pedirle,

hablaríamos del tren de la jormada anterior

como si en ello hubiera una nostalgia limpia

                                                      que espera

Si la palabra

llega hasta mi casa la lleno de sonrisas

la cambio por un pan

por otra cara triste.

Si mi pequeña humanidad

llegara hasta la puerta, la borraría de un abrazo

hasta quedar sin techo.

                                   Si llega sola,

me encuentra muerto.











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Beatriz Vignoli


















Akshab











Llegamos a Los Ángeles por el desierto,

5760 millas bajo un cielo sin agua

huyendo del Colorado

sin dormir desde Ur

sin pensar que las estrellas que con tanta presisión allá brillan

pudieran estar muertas.

Y nada, sólo Supertramp en la radio

y la oscuridad alrededor

donde surgián cada tantos kilómetros luces que parecián habitables

y desaparecián en el tiempo.



-Hubieras visto-deciás-la cara que puso cuando volvió del monte

con la escopeta en una mano, y ua liebre agarrada de las orejas

en la otra:

"¡Primero lo del guiso de lentejas y ahora esto!"

gritaba el Colorado, y Rivka, nuestra madre, lloraba al cielo,

Era natural que preferiémos no hablar del asunto:

"...eso rojo, eso rojo..."

la historia de tu familia sangra por donde la toques,



"Canaán 12 km" leímos en un cartel verde

al que las luces del auto alumbraron de modo fantasmal por un instante.

-El logo de Goodyear-decías-la sandalia con alas;

¿no es acaso una representación ideográfica de mi nombre?

-Jack, eso es Hermes, Mercurio...

-Seré genetista, bígamo y recordado como la etapa Trickster del héroe

en la mitología judía-dijiste como en un sueño.

Verdaderamente era terrible ese lugar.

Luces rojas y azules comenzaron a acercarse

mientras doblábamos, internándonos en el campo entre los grillos.











Si en lo que resta











¿Si en lo que resta

no somos quienes seríamos;

si en lo que resta

no me anudo al cuello un pañuelo italiano

ni señalo, con un gesto, el espacio

que contemplar, si en lo que resta no me tomo un barco,

no me siento al sol, no salgo

al encuentro de un cuerpo sin que me moleste

que las palabras no coincidan,

si en lo que resta no llego a saber

qué gusto tenía tu boca, si en lo que resta no te digo

nada que te haga sentir

que estás en una de aquellas películas, y es cierta;

si en lo que resta no amo una gran ciudad,

no me llevo a mí, a aquella, la que era linda,

a los nuevos barrios del tiempo, si en lo que resta no me canto una canción

ni lloro, ni te veo mirarme como diciendo:

"Ya sé, tu canción sigue siendo demasiado bella

para soportarla", y hay tiempo, o hay al menos la misma

sensación de que hay tiempo, y además

la sensación de que lo hubo, un alta mar

del tiempo donde ninguna orilla se divisa;

si en lo que resta no canto como cantaría, no dejo que mi voz

gorjee e inunda la noche

hasta convertrila en otra cosa, en algo parecido a un pastel

de oro y dulce, un pastel para mirar,

si en lo que resta no te vuelves absoluto,

no te vuelves absoluto sólo por un instante

en que toda la belleza del hombre se concentra en tu imagen

y esa tu imagen puede ser tocada, tenida, mía

y entonces nada falta,

si en lo que resta

no flotamos durmiéndonos hasta nuestro fondo,

si, dulces moribundos, no borramos

el borde entre esta soledad

y el mundo, si en lo que resta no somos

ni nos acordamos de que aquí somos,

ni nos anoticiamos de que se nos es,

si en lo que resta no somos espléndidos,

si en lo que resta no somos quienes seríamos,

no damos con nuestro recuerdo del futuro,

no honramos aquella nostalgia del mañana;

si en lo que resta no nadamos hacia nosotros,

hacia aquéllos que amábamos, hacia aquello en lo que devendríamos,

si en lo que resta no, entonces cuándo,

si no nosotros, entonces quién

nos consolará de estar tirados aca?











Beatriz Vignoli (Rosario, Argentina, 1965)

De: "Viernes", Bajo la luna nueva, 2001

Enlaces a esta entrada: la elecciones afectivas; La curiosidad mató al gato



Imagen: redaccionrosario




junio 25, 2010

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Julián Bejarano (inéditos)













La chica de tres días sin dormir











Esperás el colectivo

un viernes a la noche.

La luna pasó de largo

dejó atrás al comedor

y se acomodó

entre las plantas del fondo.

Vestís unos chupines verdes

una remera violeta

superpuesta a otra naranja

cubre tus tetas infladas y redondas.

Peinás un flequillo caprichoso

hacia el costado.

Tenés los labios pintados

con un rojo indio.

Escuchás cumbia en el celular

con las dos manos tapándote las orejas.

La mente en blanco

los ojos verdes rojos.

Tres días sin dormir

bajo la luz del alumbrado público.











Latas de cerveza heladas sobre el mostrador











Latas de cerveza heladas

sobre el mostrador.

La kiosquera

mueve rápido

las manos

desdibuja

trayectos irreales

sobre la superficie

espaciosa del momento.

Ella piensa

en la resta

del vuelto

pero después

flashea

una noche estrellada

donde ella anda de gato

y corpiños rojos

con el hombre

de otra mujer

que al final

la parte

en dos

como a un queso.











Casa











El desorden

de las sillas

alrededor

de la mesa

en la pantalla

apagada

del televisor.

Los pobres

toman mate

dulce

debajo

de los árboles.

La tanda

de ropa

colgada

de un cable

arriba del techo.









Julián Bejarano (Buenos Aires, 1983 (reside en Paraná, Entre Ríos) Argentina

De: "Humito" (inédito)

Enlaces a esta entrada: Autores de Concordia



Imagen: deusahiaalaquiaca.blogspot.com


junio 21, 2010

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Viviana Abnur (inéditos)















ella dice

las dedicatorias siempre llegan a destiempo



maelstrom: en la foto la niña hace

la v de la victoria

de fondo la persiana descuidada del taller

de tío felipe

¿se salvó la niña en el instante de la foto?

¿en ese cuadradito del 70?

¿comprendió algo alguna vez?

no y no

maelstrom: un golpe de suerte sobre la costa

creo que más allá del mar hay otro mar y otro y otro más todo agua

con mi barca incluida

así los marineros en el puerto los días y las noches

así las estrellas a la tierra sobre la cruz del sur

maelstrom: el torbellino trae pescado fresco para unas redes vacías





/





no existe la tarde no

no existe la sombra

la vereda del árbol que regás

no hay árbol

no es para vos que escribo lo que escribo

no es para mí

no hay fruto no hay pecado

por eso nos arrancamos los ojos de cuajo

o las muelas

o las amígdalas

o la teta izquierda

o las dos

lo mismo da si al final

dos o tres palabras alcanzaron para colgarnos de narices

dos o tres palabras que pasaron

inadvertidas



más arriba

todo se funde

se hace noche misterio

la belleza una fotografía

de Astro Soichi











Viviana Abnur(Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

De: "Flores y velas", inédito



Enlaces a esta entrada: http://vivab.blogspot.com/






junio 20, 2010

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Celia Fontán









El tanque australiano







Sobre el agua flotan hojas de eucalipto

y, a lo lejos, la casa iluminada

recorre las sutiles arterias

del follaje,

al trasluz,

árbol por árbol.

No recuerdas, vigilas,

acechas los fragmentos,

los rápidos registros de la noche

en la que al final todos nos perdimos.

El fin de otro verano,

regresan tras su paso,

las voces, los abrazos,

en el relumbre

del acontecer.

Oh, cuántas veces se ha dispersado

un centro hacia los cuatro vientos,

hacia las direcciones contrarias del albur.

Nada puede reunir lo que el viento ha cardado,

ni siquiera el rumor,

ni el balanceo

de los cuerpos

que rompen en la noche

la tersura helada

del agua

en el estanque




















Celia Fontán (Rosario, Argentina, 1946)

De: "Un taxi a Bucarest", Papeles del Boulevard, 2007)



Imagen: celiafontan.blogspot.comr













junio 16, 2010

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Juan L. Ortiz (Juanele)














Alma, inclínate...











Alma, inclínate

sobre los cariños idos...



Sí, ya sé:

la esperanza en el aire, pero no la veo sonreir, perdón,

con los hálitos queridos...



La tierra, ahora, la tierra, con los llamados hundidos...



Me prestaréis, oh cabellos al viento, vuestras sedas,

para asir piadosamente a los llamados?



Siento que allá en el hondo, perdón, perdón de nuevo,

una soledad ciega alza raíces hacia ti, alma,

en busca, alma, de qué flores separadas?



Oh, los hilos que se adivinan

y que sangran, cortados, en la sombra...

Me prestaréis, oh cabellos al viento, vustro viento,

para ir hacia abajo de la noche por los hilos desunidos?



Alma, inclínate

sobre los cariños idos...

mientras los cabellos al viento, alma,

os dan la ráfaga del descenso...



Pero vendrán, alma, los cabellos al viento,

cuando la esperanza en el aire está seca de almas,

y la tierra toda es de almas solas,

ay, solas,

muriéndose de nuevo por los perfumes perdidos?



Vendrán, vendrán

las dulces llamas del viento a las dulces fes del viento

desde su vuelo de divisas

hacia el gran sueño sin muerte...?



vendrán,

antes de que la sed,

la sed, la sed profunda que va más allá de la ceniza,

de cuenta también

de las heridas mismas de la ausencia,

todavía llorando, sin ojos, bajo nuestros silencios y las hierbas?



Mas no, alma, de pie,

delicadamente de pie en la línea de los grillos,

abierta como un oído imposible de esas azucenas de la sombra

-dulces sobrevivientes de la luna-

a las agonías que no pueden bajar, aún,

pero que ahogan el rocío...



Una es la noche, alma, desgarrada...

Una la del aire ilimitado y la de los tejidos profundos...

Y uno es el olvido de la muerte o el olvido de la vida...

Mas que sabes tú de la memoria que te excede

en el héroe desconocido que ama desde siempre

y que amará siempre perdiéndose

con la fe de la semilla, en el paisaje sin fin,

para las respuestas sucesivas a todas las ramas del horror,

aún a aquellas de tu sangre

que tú crees tendidas, alma, desde el nunca del mar...?



La gran piedad, alma, es la del héroe,

pues que ella toca toda, toda, la cadena del tiempo...

Y esos cabellos al viento, con la edad del porvenir,

son, a pesar de su alegría, sí,

los del héroe visible...














Juan L. Ortiz


Juan L. Ortiz (Puerto Ruiz, 1896 / Paraná, 1978, Entre  Ríos, Argentina)


De: "juanele, poemas", Carlos Pérez Editor, 1969





 Enlaces 


  • PoéticasUn pensamiento luminoso, conversaciones    con Juan L. Ortiz (Google Libros)































junio 11, 2010

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Karina Macció (inéditos)

Sueño 4










La mesa de los poetas. Van pasando al micrófono. Es el lugar de la escucha. Se aplaude. Se escucha. Pasamos nosotras. Como yo desgajada. Me siento y no hay silencio. Intervalo. Espero y como si envejeciera. Nada pasa, nadie ve ni escucha. No quiero ni puedo gritar, me duele la boca, del estomágo sale un crujido, negro y fuego. Giran las cabezas como figuritas redondas de carbón, miles, que ríen y arden, ardidas, entrenós. El signo de interrogación sobre mi cabeza presiona, la presiona y la aplasta a una de ellas, quiere que desaparezca, aturdir con una voz chiquita y ascendente, una preguntita malvada y obvia, removedora.

Sin mis acompañantes, quedo. Vacíada me siento a mirar.











Vigilia 1








Ahora no puedo dormir porque sueño. Voy al baño y me mato. Detrás de la cortina, en la bañera, en la ventana, puede haber algo, detrás de la puerta, al girar, cuando empiezo, puede haber algo

menos en mi cama, en mi almohada: es mi cabeza ahí tirada, la reconozco de atrás por los pelos, o es alguien con peluca que me imita o es alguien desprendido de mí o nacido pero de igual tamaño, con la cabeza tan desarrollada, es alguien que no me mira pero qué pasa si lo hace, no quiero ver más porque si gira yo caigo, si gira soy robada de este momento y puede que nunca más tenga ojos y todo sea oscuro y palabras deformes

si hago sonar los elásticos que me aprietan quizás desaparezca y el cuerpo vuelva a mí cabeza abandonada, pero cómo hacerlos sonar si el pijama está allá, tendido en la silla, fosforeciendo, fantasma, acostado, tranquilo, al acecho para escapar











Karina Macció (Buenos Aires, Argentina, 1974)

De: "Diario de la Transformación" (inédito)



Imagen: www.poetassigloveintiuno.blogspot.com


junio 05, 2010

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Luis Benítez














Garbo´s building



Suo cimitero da questa parte hanno

con Epicuro tutt´i suoi seguaci,

che l´anima col corpo morta fanno.





Yacen aquí los que creyeron cierto,

con Epicuro y todos sus secuaces,

que el alma muere con el cuerpo muerto.

Dante Alighieri









Tal vez en el Upper West Side

y no lejos del río de la mente

está una puerta; en el invierno

Con su pala el viejo aleja la nieve

Y en el verano con lo mismo a los rudos demonios.



Como todos los sirvientes se parecen al amo,

El viejo como el frente fue importado de Italia

Y debajo de su camisa de lana

-En invierno y en verano-

Está hecho de hileras de sólido ladrillo.



El es de Mantua –dice- y el inglés barullero

Se le cae como una piel ya estrecha

Cuando blasfema en dialecto

“Esta caldera inservible”

O “la policía otra vez ha entrado por la drogas de ése”.



Fiel portero de antaño,

De los que sólo servían para guardar condenados.



El viejo ha predicho –hace ya treinta años-

Que un día nacerá un niño maravilloso

En el maltrecho edificio.

Hay quien lo sigue esperando.

El viejo me ha dicho:



“Amigo, para ustedes los hispanos

No hay ningún piso especial en esta rota pocilga”

Y lo seguí mansamente a través de los montones de basura

Que nadie ha barrido nunca.

“Esto es inamovible”, dijo saltando

Ágilmente sobre una pila de huesos.

Debí rodearla, avergonzado.

“Y también esto”: un tipo agonizaba

En un camastro, a la entrada.

Ni la futura viuda ni los confusos adolescentes me miraron.

“Tampoco yo tengo remedio” dijo y llamó el ascensor,

Rascándose la caspa.



“Los conozco a todos y de todo

Tengo la llave. Créame: no sirve

Para nada. Además, ni nos ven.

Olvide sus cuidados. Estos no van a desterrarlo.

Ni usted ni yo les importamos un cuerno.”



En la luna rajada del ascensor que bajaba

Había pocas cosas: unas palabras de Husserl

Y una tarde dibujada.

Nosotros ya no estábamos.

Creo también que alguien silbaba:



“Viven aquí los que creyeron cierto,

Con Benny Goodman y todos sus muchachos,

Que un alma nace cuando nace un cuerpo.”

No voy a acompañarlo, Siddharta:

Yo nunca hago las cosas dos veces de la misma forma.



Pero no tema a nadie: como usted, así son de efímeros,

Como usted, así son de estúpidos. Como usted son crueles.



No vayas a ensuciarte los pantalones, mi buen Arjuna.

El noveno piso es el pent house y allí vive el peor de todos.

Ten fe en lo único que posiblemente todavía sea cierto:

“Como usted, son efímeros;

Como usted, son estúpidos. Como usted son crueles.”



“Hulla-ba-loo, hull-ba-loo,

lullaby, lullaby,

Osiris y Adonis y el otro niño

Juntan por las escaleras

Pedacitos de muerto”,

Se fue cantando por los corredores de una nube de polvo,

El gran sombrero erecto y el reloj en la mano.

Por qué no me prestaste entonces tu intrepidez, Alicia,

Cuando necesitaba tanto tu manita pecosa

En la Casa Negra, en la Casa Oscura,

Donde bombea noche y día la Tiniebla.



“Simplemente

Porque todos ustedes

Desde las vidas de papel

Nos parecen idiotas.”











Luis Benítez (Buenos Aires, Argentina, 1956)

De: Revista internacional de poesía/Poesía de Rosario N° 17




Enlaces: Revista Almiar;El Hablador N° 12


Imagen: www.alpialdelapalabra.blogspot.com