Julián Bejarano (inéditos)



La chica de tres días sin dormir





Esperás el colectivo
un viernes a la noche.
La luna pasó de largo
dejó atrás al comedor
y se acomodó
entre las plantas del fondo.
Vestís unos chupines verdes
una remera violeta
superpuesta a otra naranja
cubre tus tetas infladas y redondas.
Peinás un flequillo caprichoso
hacia el costado.
Tenés los labios pintados
con un rojo indio.
Escuchás cumbia en el celular
con las dos manos tapándote las orejas.
La mente en blanco
los ojos verdes rojos.
Tres días sin dormir
bajo la luz del alumbrado público.





Latas de cerveza heladas sobre el mostrador





Latas de cerveza heladas
sobre el mostrador.
La kiosquera
mueve rápido
las manos
desdibuja
trayectos irreales
sobre la superficie
espaciosa del momento.
Ella piensa
en la resta
del vuelto
pero después
flashea
una noche estrellada
donde ella anda de gato
y corpiños rojos
con el hombre
de otra mujer
que al final
la parte
en dos
como a un queso.





Casa





El desorden
de las sillas
alrededor
de la mesa
en la pantalla
apagada
del televisor.
Los pobres
toman mate
dulce
debajo
de los árboles.
La tanda
de ropa
colgada
de un cable
arriba del techo.




Julián Bejarano (Buenos Aires, 1983 (reside en Paraná, Entre Ríos) Argentina
De: "Humito" (inédito)
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Imagen: deusahiaalaquiaca.blogspot.com

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.