Karina Macció (inéditos)

Sueño 4





La mesa de los poetas. Van pasando al micrófono. Es el lugar de la escucha. Se aplaude. Se escucha. Pasamos nosotras. Como yo desgajada. Me siento y no hay silencio. Intervalo. Espero y como si envejeciera. Nada pasa, nadie ve ni escucha. No quiero ni puedo gritar, me duele la boca, del estomágo sale un crujido, negro y fuego. Giran las cabezas como figuritas redondas de carbón, miles, que ríen y arden, ardidas, entrenós. El signo de interrogación sobre mi cabeza presiona, la presiona y la aplasta a una de ellas, quiere que desaparezca, aturdir con una voz chiquita y ascendente, una preguntita malvada y obvia, removedora.
Sin mis acompañantes, quedo. Vacíada me siento a mirar.





Vigilia 1




Ahora no puedo dormir porque sueño. Voy al baño y me mato. Detrás de la cortina, en la bañera, en la ventana, puede haber algo, detrás de la puerta, al girar, cuando empiezo, puede haber algo
menos en mi cama, en mi almohada: es mi cabeza ahí tirada, la reconozco de atrás por los pelos, o es alguien con peluca que me imita o es alguien desprendido de mí o nacido pero de igual tamaño, con la cabeza tan desarrollada, es alguien que no me mira pero qué pasa si lo hace, no quiero ver más porque si gira yo caigo, si gira soy robada de este momento y puede que nunca más tenga ojos y todo sea oscuro y palabras deformes
si hago sonar los elásticos que me aprietan quizás desaparezca y el cuerpo vuelva a mí cabeza abandonada, pero cómo hacerlos sonar si el pijama está allá, tendido en la silla, fosforeciendo, fantasma, acostado, tranquilo, al acecho para escapar





Karina Macció (Buenos Aires, Argentina, 1974)
De: "Diario de la Transformación" (inédito)

Imagen: www.poetassigloveintiuno.blogspot.com

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.