Escritores malos y memorables por Enrique Vila-Matas

No se trata de la moderna y tan manoseada mística del perdedor, sino de la mística del peor, que es bastante diferente. Gracias a la excelente película de Tim Burton, se considera a Ed Wood "el peor director de cine de toda la historia". En junio de este año nos enteramos, coincidiendo con la final del Mundial de futbol, de que la selección de la isla caribeña de Montserrat se confirmó como la peor del mundo, 203 y última clasificada de la lista de la FIFA, tras ser goleada por Bután, la 202 del mundo. No crean que no tiene mérito ser la peor selección. Lo mismo digo para el cine. No es sencillo ser el peor director de toda la historia del cine. A veces, entre amigos, hemos jugado a dar nombres sobre el peor escritor español contemporáneo. ¿Quién es el Ed Wood de nuestra literatura? Naturalmente, han salido muchos nombres, el lector seguro que ya ha pensado en alguno. Sí, lector. Estamos pensando en el mismo. O en aquel otro. O en aquella. La verdad es que son muchos los aspirantes a ese título.


Mientras se agolpan los nombres de candidatos a ser el peor de nuestros escritores he leído en un periódico chileno una noticia de la agencia Reuters titulada así: "El peor poeta del mundo logra inmortalidad en Escocia." Informa la agencia que William Topaz McGonagall, muerto en 1902, ha obtenido reconocimiento póstumo en la ciudad escocesa de Dundee, que tiene previsto conmemorar el centenario de su muerte grabando uno de sus poemas en uno de los puentes sobre el río Tay.

"Su poesía es tan mala que es memorable", ha dicho Niall Scott, director de City of Discovery Campaign, la organización responsable del homenaje de Dundee a McGonagall. "Nadie puede superarle como el peor poeta", ha dicho Mervyn Rolfe, miembro de la Sociedad de Agradecimiento a McGonagall, con sede en Dundee. "A él no le importaba cuántas palabras tuviera el verso, ni cuán largas fueran para obtener las rimas, y la métrica era espantosa", indicó.

Que era malísimo como poeta era algo muy sabido por los contemporáneos de McGonagall, que hasta inventaron el poet-baiting, una forma de entretenimiento público en el que el poeta leía sus versos mientras la gente se mofaba con ganas, se moría de risa dándose de tanta carcajada y alegría golpetazos contra las paredes de los locales donde actuaba. McGonagall, que recitaba con falda escocesa y acompañado siempre de una gaita, fue víctima de muchas bromas y maldades, entre ellas una carta del "Rey Theebaw de Birmania" que le concedía el título de Caballero del Elefante Blanco, que él utilizó toda su vida. Tal vez el momento estelar de su carrera poética tuvo lugar cuando hizo a pie el largo trayecto que separa Dundee de la residencia de la reina Victoria en el castillo de Balmoral, en el norte de Escocia. Convencido de que al Caballero del Elefante Blanco la reina lo iba nombrar Caballero del Imperio Británico, se quedó helado cuando en las puertas de palacio no sólo le prohibieron tajantemente que diera un solo paso más sino que le dieron una patada en el culo, haciéndole rodar por la hierba. Enfadado y confundido, McGonagall viajó entonces a Estados Unidos, donde no pudo vender un solo poema. Uno de ellos, escrito en Wall Street, es muy célebre entre sus admiradores, muy famoso entre todos cuantos le han convertido en una figura de culto. Es ese que empieza así: "En Nueva York comí salchichas de pork ..."

En Nueva York tuvo que pedirle prestado a un oriundo de Dundee dinero para regresar a Escocia, donde ahora se acuerdan de él y de su pésimo talento literario y van a grabar en piedra algunos de sus horripilantes versos. "Se trata", ha dicho el alcalde de Dundee, "de rendir homenaje a un hombre que dedicó su vida al arte de la poesía horrible."

Este año 2002, McGonagall es a Dundee lo que Gaudí a Barcelona.

"Es el reverso de Rimbaud, aunque su trayectoria fue la misma, pues como autor llevó al límite más extremo su poesía, hasta el punto de que llegó un día en el que ya no podía ir en ninguna otra dirección poética, en el caso de McGonagall ya no podía empeorar más", ha dicho muy orgullosa una sobrina-nieta de McGonagall.

Reímos. Pensamos que es un caso extravagante y posiblemente único, creemos que sólo en Dundee son capaces de la excentricidad de encumbrar a un poeta malísimo que encima —porque ahí viene tal vez lo más sorprendente— no nació en Dundee, sino que era de Edimburgo, donde siguen sin apreciarlo ni quererlo. Pensamos que se trata de un caso más bien peculiar ese homenaje de Dundee al señor de la poesía de las salchichas de pork. Pero no es así. Si lo pensamos bien, veremos que, sin ir más lejos, en España continuamente estamos grabando en piedra, dándoles premios nacionales o rindiéndoles grandes homenajes a escritores malísimos. En España es una práctica habitual ese continuo rendir culto y homenaje a ineptos, jaleados por la televisión, la crítica y la Academia. Pero estamos tan acostumbrados a ello que lo encontramos normal y ni siquiera nos reímos ni nos extraña. Aplaudir o buscar la firma de nuestros más pésimos escritores es una arraigada costumbre nacional. Y es que, como decía Oscar Wilde, nuestro público lector tiene una insaciable curiosidad por conocerlo todo, excepto aquello que verdaderamente merece la pena. ~

Extraído de Letras Libres
Imagen: Monografias


El cerdo, si es que no estoy equivocado,
Nos da salchicha, jamón, tocino ahumado.
Por mucho que los demás no estén de acuerdo,
Me parece muy estúpido este cerdo.

William Topaz McGonagall

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.