Irene Frydenberg


Nos visitó la buitre


                                        a Martín Sorter


No se reivindica la palabra, consonante
que viniendo del infierno araña costas
porque deja
heridas –malas heridas- a cada rebelión de los insomnes.
Si, corazón, nos visitó la muerte
mordiendo
lo que fueron tardes de fútbol. Nos visitó
bruja / alada / buitre
cargándose a uno de los buenos.
Si, corazón, es verdad el dolor amortiguado;
es verdad pelear por desligarse
pero mientras cada cosa de la vida se nos viene con los platos sucios
la casa ahonda soledad y lágrima
peleando por hacer volver las fiestas donde fuimos tan
                       felices / charlando sobre nada en la cocina los
                       hombres y en el living,
en el living las mujeres.


Fuí feliz



Este no es el momento,
pero quién puede quitarme el placer de ver sobre un plano inventado lo
                  que descubro con un leve golpe de párpados antes de dormir:
personajes que nunca se sabrán nombrados cada noche
rondando mi cama.

Y después enredo máscaras que no hablan mi idioma,
o me agobia el dolor de los muertos y los vivos,
o lastimo los recuerdos de una doble identidad
reconociéndome atada a un final sin testigos:
corriendo por la culpa de la vida olvidada de vivir.

Cuando debería saltar no encuentro espacio,
estará la roca que tallé mostrando su frase:
"hace tiempo fuí feliz".


Irene Frydenberg (1956, Buenos Aires, Argentina)



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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.