Roberto Bolaño

En Damen





En Damen hay un bar
donde los empleados se aflojan las corbatas
y beben cervezas junto a muchachas que se roban
los libros de la librería de la esquina.

Sentado ahí escribí un poema
que me gusta mucho.

A la semana volví e intenté
escribir otro poema
sin resultado alguno.

Y es como hace unos días
que vi una puesta de sol en la ciudad
y me dije tengo que escribir un poema.

O el lunes que vi un pájaro chocar
una y otra vez contra el cristal de la oficina
y prometí dedicarle un poema.

O cuando perseguí a la muchacha
que se pinta el cuerpo de naranja
en Michigan Avenue
y ella se dio cuenta y corriendo detrás de ella
le grité tengo que escribir un poema.

Y llego a la mitad de este poema sentado
frente a la bartender que ríe y fuma y los empleados que ríen y fuman y las muchachas que ríen y fuman con sus volúmenes robados de Bataille en las carteras y todos ríen y fuman pendientes a lo que escribo.

Y a medida que escribo, este poema se va llenando de gente que no conozco, de lectores que nunca he
visto, de lectores europeos, mis lectores chinos, argentinos, árabes… de repente el poema es como un bar donde la gente fuma y grita y la única persona que no pertenece ahí soy yo.

John Keats escribió que no hay nada menos poético que un poeta.
El poeta no es la poesía, el poeta sólo escribe,
utiliza las palabras, las sube aquí, allá,
las baja, las roza,
al igual que un albañil levanta blocks y empañeta,
ya que el poeta con las palabras construye casas
para los lectores, esos que son unos hipócritas y se van sin pagar y que a veces se meten en la boca una escopeta tan sólo porque les falta lo que hay dentro de un poema, y a los que buscan y sufren y a los desahuciados el poeta les da cobijo en sus poemas,
a melancólicos, a amantes, a putas, a locos,
a policías retirados…
y tan pronto el poeta acaba su casa
ya esta no le pertenece
y se marcha a levantar más casas a otro barrio y a otro pueblo.

Ahora en Damen anochece.
Afuera el viento juega empujando
los columpios del parque.
Las luces tras las ventanas se encienden.





Roberto Bolaño (Santiago, 1953, Chile / Barcelona, 2003, España)
De: Punto en línea

Imagen: caras.cl


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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.