Daniel Martínez


Metafísicas cotidianas






a Diego Rosake



1

La luz del baño
ilumina en la pieza
la cuna de mi hijo menor

lo bueno de los hijos
es que uno deja de ser el nudo de la cuestión

desde la penumbra
la única respuesta posible es la luz

así seré yo
dentro de algún tiempo:
esa parte de la memoria
que los observa desde la oscuridad




Filosofía barata





Los estudios dicen que la hipófisis
produce demasiado tsh en la sangre

diagnóstico
la glándula tiroidea y los neurotransmisores
dejan mucho que desear

hace 20 años que peleo
con este depresivo cansancio vallejano

sé más del dolor gratuito
que cualquier telenovela berreta
de esas que navegan a media tarde

suponiendo que todo cambiara de una vez por todas
con una pastilla más o una pastilla menos
queda la conclusión tanguera
de que el mundo siguió andando
y seguirá así
a pesar de mi entropía personal

en la parte que a mí me toca de la cuestión
queda el sabor de mis limitados recursos naturales
como el mejor gurú
a la hora de elegir que parte del mundo es la que quiero vivir





Daniel Martínez (Provincia de Río Negro, Argentina, 1963)
De: "Circo de los pobres sueños"

Imagen:  Facebook

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.