Silvia Camerotto, dos poemas inéditos




Julio ha sido siempre el mes de la conquista
aunque no esté lloviendo lo sabés de antemano
revolvés el café
y hablan de los hijos
y dicen consistencia
y de los cónyuges
y dicen puerilidad
si los cables se cortan uno pide permiso
se levanta de la mesa
va hasta el baño, vomita
y recuerda cómo es mirar
un cuerpo mojado desde la cama
un espejo en el techo
la empuñadura de las armas
una sombra que cruza otra sombra.



/



Subimos por los ascensores
Abrimos la puerta
Ventilamos las sábanas carentes de absolutos
Dejamos levar el pan mientras la ropa humea en una soga
En la mañana congelada
miramos fotos viejas, sustitutas del presente
buscamos libros dedicados
ausencias
Soportamos el beneplácito de una historia sin goce
y repasamos
la bondad del destino:
procrastinar
Guardamos la fruta que se pudre en la respiración de la casa
Subimos el volumen de la música
Cerramos la puerta.





Silvia Camerotto (Provincia de Buenos Aires, Argentina,1959)

Imagen: www,elnaufragario.blogspot.com





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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.