septiembre 30, 2010

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El verso libre








Y sabemos que ni la música ni la composición visual - ni los contenidos del poema - operan aislados. la poesía también es un arte del espacio. En ella los silencios - representados por el blanco de los



Todos ellos componen lo que el poema viene a decir. Sentido que no se mantiene idéntico a lo largo del tiempo, en la medida que pasa de las palabras del autor a la recepción que hace de ellas el lector y, ya en su dominio, se impregna de los distintos estándares de la época. Por otra parte, la asociación rítmica es señal de continuidad, mientras que la estructura del poema opera en la superficie de la página, poniendo de relieve que


márgenes y los vacíos entre un verso y otro - son tan significativos como las palabras. En otro orden, el verso largo es portador de la promesa de que algo será hallado, mientras que el verso corto cifra sus suerte en el relámpago de su cosecha. La verticalidad de la última poesía de Juan Gelman, con sus versos quebrados, sometidos a torsión, habla a las claras de un temperamento agónico, a diferencia de la anchura de espacioso río de los versos de Ricardo E. Molinari y Juan L. Ortiz, que destacan el carácter celebrante de una poesía que no duda del mundo ni del canto.



Rafael Felipe Oteriño: "Una afinación siempre nueva" en "El verso libre", Ediciones del Dock, 2010



(El resaltado es mío)

septiembre 27, 2010

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Rogelio Ramos Signes










Ramos generales



                          a Maisi Colombo, que entiende estas necesidades







Yo también he soñado con una ferretería en medio del campo.

A lo largo de una ruta donde es verano sólo las víboras se atreven,

he soñado con elementos de labranza,

                     con alambre de púas en rollos homicidas,

                     con bolsas de fertilizantes detrás de la persiana.



En siestas donde el sol decolora las piedras

he imaginado umbríos espacios a resguardo,

mientras alguien pregunta "¿Qué se le ofrece?"

y una mujercita extenuada se esfuerza por no pedir un vaso de agua.



Yo también he fundido mi propio acero

jugando a los naipes hasta el amanecer sobre una cama.

Yo también he dicho "Esto no es vida"

bajo un ventilador que arrojaba aire caliente,

sin saber qué recóndita cosa era la vida.

                        Y he llorado de impotencia.



Yo también hice pactos desfavorables con Dios.

Pensando en esa amplia y fresca ferretería en medio del campo

como un espacio idílico donde el dolor no llega,

hice pactos desfavorables con dios. Y no es capricho.

Es una parcela indefinida del planeta

donde asuetos y feriados nunca obligan a bajar las persianas.

Es una parcela indefinida del agobio

                              haciendo esquina con el sueño del algún antepasado

que nunca conocimos.















Rogelio Ramos Signes (San Juan, Provincia de San Juan, Argentina, 1950. Reside en Tucumán)

De: "La casa de té", Ediciones en Danza, 2009



Imagen: ruedaspretas.blogspot.com

septiembre 26, 2010

septiembre 24, 2010

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Liliana Celiz, inéditos

















como pasto desglosado en las entrañas de otro viaje/ el viraje

hacia el discurso en  tornación del hombre (el hombre pleno en

su declive) la sapiencia/ la marca de su género en la sapiencia

¿él vendrá? una alución a cara en la pregunta: vuelve

(la enésima pregunta por el nombre) tal vez la tarde en plena

enunciación del nombre: vuelve/ plena alusión a la pregunta

en lo mordaz del pasto (como eje)

la sucesión del nombre por el nombre



______________________________________________________________________________





"tan fuerte que los hacía abrirse y cerrarse un poco" como manos

a la altura del abismo y no cantar del canto que él despliega como

voces en sordina (la voz plegada de la voz y en la conciencia

pura de los nombres, la estadía de los nombres como borras del

oráculo inferior en la escala de los tiempos) -no vendrá-/ y apaciguar

su nombre entre escaleras que atribuyen una escena a la escondida/





Liliana Celiz (Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina 1956)

De: "El quiebre allá en el agua" (inédito)



Imagen: foto Colman

septiembre 22, 2010

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Revista Cero N° 5-6 / Que no quería nadie abrazarme, sino mi piel

Enrique Adoum
De junio de 1966. Dirección: Vicente Zito Lema. Entre los responsables figuran Jorge Carnevale y Nicolás Casullo. Número dedicado a Leopoldo Marechal, poeta. Ungaretti por Héctor Miguel Angeli. Saint - John Perse por René Menard en una versión de Raúl Gustavo Aguirre. (SJ Perse, una de mis primeras lecturas poéticas. No encuentro el libro en mi estante: se perdió en su propia exhuberancia). Poemas de Ho Chi Minh, versión de Juan L. Ortiz. De la nota "Dos  poetas ecuatorianos", de Daniel Barros., Euler Granda y Jorge Enrique Adoum, copio un poema de este último


Red                                                                                               



No hay de qué, Nocturna,
te agradezco.
         Van pasando
las sombras y sus hijas menores,
aves a quienes dió un puntapié la brisa.
El soñoliento párpado del alba
espiando los encajes de la ola.
Y yo, por qué he bajado,
si no es el día, aún tu falda.


Me ha desollado el páramo tan todo
con su silbo de solo, que no quería
nadie abrazarme, sino mi piel.
Algo es algo, ¿no te parece?
así fuera la mía, gris.

Yo te quisiera diaria, te quisiera costumbre,
amanecer sobre tus peces aunque me huyen
a cumplir su asamblea, entre tus algas
dulces ferruginosas, y todo tu perfume
abierto.

            No hay de qué. Pero regreso
a mi niebla puntiaguda, a mi trabajo.
A la arena pídele mi primer paso, resúmenes
de lo que no sabes, como a un cartero. Me
           conoce
por el pobre caer y el levantarme tanto.



Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926 / Quito, 2009, Ecuador)
Imagen: gualaquiza.net

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Revista Cero N° 5-6 / Que no quería nadie abrazarme, sino mi piel

Enrique Adoum
De junio de 1966. Dirección: Vicente Zito Lema. Entre los responsables figuran Jorge Carnevale y Nicolás Casullo. Número dedicado a Leopoldo Marechal, poeta. Ungaretti por Héctor Miguel Angeli. Saint - John Perse por René Menard en una versión de Raúl Gustavo Aguirre. (SJ Perse, una de mis primeras lecturas poéticas. No encuentro el libro en mi estante: se perdió en su propia exhuberancia). Poemas de Ho Chi Minh, versión de Juan L. Ortiz. De la nota "Dos  poetas ecuatorianos", de Daniel Barros., Euler Granda y Jorge Enrique Adoum, copio un poema de este último


Red                                                                                               



No hay de qué, Nocturna,
te agradezco.
         Van pasando
las sombras y sus hijas menores,
aves a quienes dió un puntapié la brisa.
El soñoliento párpado del alba
espiando los encajes de la ola.
Y yo, por qué he bajado,
si no es el día, aún tu falda.


Me ha desollado el páramo tan todo
con su silbo de solo, que no quería
nadie abrazarme, sino mi piel.
Algo es algo, ¿no te parece?
así fuera la mía, gris.

Yo te quisiera diaria, te quisiera costumbre,
amanecer sobre tus peces aunque me huyen
a cumplir su asamblea, entre tus algas
dulces ferruginosas, y todo tu perfume
abierto.

            No hay de qué. Pero regreso
a mi niebla puntiaguda, a mi trabajo.
A la arena pídele mi primer paso, resúmenes
de lo que no sabes, como a un cartero. Me
           conoce
por el pobre caer y el levantarme tanto.



Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926 / Quito, 2009, Ecuador)
Imagen: gualaquiza.net

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Guillaume Apollinaire









El puente Mirabeau







Bajo el puente Mirabeau corre el Sena

                 y nuestro amor

               ¿Es necesario que lo recuerde?

La alegría viene siempre tras la pena



               Llega la noche suena la hora

               Los días se van yo me quedo



Con las manos unidas estamos cara a cara

              mientras bajo el puente

              de nuestros brazos pasa

La ola tan cansada de las eternas miradas



              Llega la noche suena la hora

              Los días se van yo me quedo



El amor se aleja como esta agua que huye

             El amor se aleja

             lento como la vida

y violento como la esperanza



            Llega la noche suena la hora

            Los días se van yo me quedo



Pasan los día y pasan las semanas

           Ni el tiempo que se fue

           Ni los amores vuelven

Y bajo el puente Mirabeau corre el Sena



           Llega la noche suena la hora

           Los días se van yo me quedo











Guillaume Apollinaire (Seudónimo de Wilhelm Apollinaire de Kostrowitsky , 1880, Roma, Italia / 1918, Paris, Francia)

De. "Alcoholes", 1913



Imagen: acantilado.es

Enlace:  El Mundo

septiembre 19, 2010

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Como una figurita de Giacometti





Otro de Alejandro Pidello: http://elpoetaocasional.blogspot.com/search/label/Alejandro%20Pidello














Lublin







el tren de la coleta que guió los malos pensamientos

el vuelo de Coli cayendo en la boca del mar

la pampa de las Colibias donde bailastes vestida de cocinera

cuatro planos que siguieron la orden del cintrel

y endemoniaron un arco, que yo me encargué de poner sobre el cubo aproximado de La Defense

Era el momento y la hora en que el sol

dora

o adora

más que la tarde

tus trapitos despojados

tu mirada – regard – mirada de francesa endemoniada rumbo a Lublin.

(2005)



En: Semana de las letras y la lectura



Alberto Giacometti, escultor (Borgonovo, 1904 / Coira, 1966, Suiza)




Las famosas figuras de Giacometti me impresionan porque están desprovistas de todo lo que las puede hacer humanas: ausencia de carne, rigidez extrema, falta de movimiento o impostura del mismo, expresiones borradas, es decir, un fantasma del cuerpo, una huella débil del hombre, espíritus o almas apenas recubiertos con una película de bronce o de barro. Y, sin embargo, se sabe, se siente que son figuras humanas (recuerdan demasiado quizá a los modelos de fotografías de las hambrunas, ya sean del primer mundo, ya sean del tercero): puede que sean nada, pero son, existen.

Raúl Quirós en Yo iba para algo en la vida

septiembre 18, 2010

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Alejandro Pidello




















Heurística de aquellas jóvenes mujeres sobre las voces sombrías







Ja, muerte,

dónde está el aire aspirado de los placodermos,

en el medio de sus emociones rudimentarias,

tanto como el vello de tu piel enrojecida,

o el aire en la gloria de las palabras habladas

en las tantas camas de las turbulencias

bajo las sábanas relatadas de Lublin o de Vercelli,

o el aire de los acentos checos

y los vientos rusos

cuando tu infinito se arqueaba

y las aguas más importantes eran líquidos en los cuerpos

anotados en calendarios sin marcas y en hojas agotadoras de trenes

bajo el fuego anodino de las ciudades.

Dónde están las bajadas de Saint-Charles cuando me esperabas

como una figurita de Giacometti

en el encuentro final de Marseille – mercredi soir

amour –

o las ostras de los diálogos en el Aber-Wrac´h

sobre los sonidos minerales de miles de moluscos que acababan de morir.

Dónde guarda, la puta muerte, tanto.











Alejandro Pidello (Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, 1947)

De: Festival  Internacional de Poesía en Rosario



Imagen: www.fipr.com.ar



septiembre 16, 2010

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Mahmud Darwish









2. Asiento en un tren












Pañuelos que no son para nosotros. Amantes del último minuto. Luces de la estación. Rosas que pierden un corazón en busca de un abrigo para la ternura. Lágrimas que traicionan a las aceras. Mitos que no son para nosotros. Desde aquí, ellos han partido. ¿Tenemos a alguien allí para que se alegre a la llegada? Lirios que no son para nosotros porque besaríamos los raíles. Viajamos en busca del vacío pero no nos gustan los trenes cuando sus estaciones son nuevos exilios. Lámparas que no son para nosotros porque veríamos a nuestro amor de pie, esperando el humo. Tren rápido que corta los lagos. Y en cada bolsillo, las llaves de una casa y la foto de una familia. Los pasajeros del tren regresan con su gente, pero nosotros no regresamos a ninguna casa. Nosotros viajamos en busca del vacío para encontrar la rectitud de las mariposas. Ventanas que no son para nosotros y saludos en todas las lenguas. ¿La tierra era más clara cuando cabalgábamos en los caballos antiguos? ¿Dónde están los caballos, las vírgenes de los cantos y los himnos de la naturaleza que estaban en nosotros? Yo estoy lejos de mi lejanía. ¡Qué lejano está el amor! Las chicas nos capturan, rápidas como ladrones de mercancías. Olvidamos las direcciones en las ventanillas de los trenes. Nosotros, que amamos diez minutos, no podemos regresar a ninguna casa familiar, no podemos atravesar el eco dos veces.














Mahmud Darwish (Al Birwa, Palestina, 1941 / Houston, EUA, 2008)

De: "Es una canción", 1986



Imagen: carlinronquillo

septiembre 13, 2010

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Diego Roel
















Alguien borró las huellas,

ocultó las letras y los signos.









Ciudad irreal









Ahora veo un círculo dentro de otro círculo

y avanzo sin mirar atrás.



El viento arrastra las últimas imágenes,

las infinitas variaciones del mundo.



Me quedo quieto y espero.





Antes del día

alcanzamos ese lugar imposible.



Ese lugar,

corazón del agua o de la luz.



Entretanto

los límites se desplazan,

los contornos se diluyen.



Nada es real









En este último giro

me quedo quieto y observo

la lenta caída de las cosas.



No puedo hablar.







Por eso

apenas muevo una mano,

un pie.



No tengo de dónde asirme.





Qué nos retiene aún aquí





El poema se hace y deshace.



No tiene centro, no tiene rostro ni sonido.



Crece y palpita,

se apaga y se duerme en las cenizas.



Ata y desata.









Ciudad irreal









Escribo como quien salta o muerde o tiembla.



Hablo de lo que fluye, de lo que muta y sangra,

del permanente nacimiento de las cosas.



Camino a ciegas.







Y me pregunto

cómo traducir la interminable sucesión.

Cómo decir que punza y retrocede,

eso que brilla y canta.



Cómo decirlo.





Porque no hay continuidad:

se fugaron los nombres, se desplegaron las sombras del lenguaje.



Ya nada conjuga con nada.







La Voces me dijeron:



El vacío es destrucción y belleza.

La belleza es silencio.

El silencio no tiene imagen ni memoria.



El vacío es apertura y promesa.







Me paro aquí,

donde descansa el ala de la noche.



Y observo la inevitable mutación,

aquello que golpea, que respira y late.



Afuera es igual que adentro.







Sí, todo nace y muere.



No hay nada que quitar, nada que añadir.













Diego Roel (Temperley, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1980)

De: "Las variaciones del mundo", Ediciones El Mono armado, 2010)



Imagen: eldesaguaderorevista.blogspot.com


septiembre 10, 2010

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Billy Collins

Billy Collins


El cordón



El otro día mientras me dedicaba a rebotar lentamente
por las paredes azules de esta habitación,
yendo de la máquina de escribir al piano,
de la estantería a un sobre que estaba en el suelo,
di a parar en la sección C del diccionario
donde mis ojos fueron a caer en la palabra cordón.

Ninguna galleta mordisqueada por un novelista francés
podría retrotraerte al pasado tan de repente-
un pasado donde me sentaba en un banco de trabajo en un campamento
junto al profundo lago Adirondack
aprendiendo a trenzar tiras finas de plástico
para hacer un cordón, un regalo para mi madre.

Nunca había visto a nadie usar un cordón
o llevar uno puesto, si eso es lo que se hacía con ellos,
pero eso no evitó que yo entrecruzara
hebra sobre hebra una y otra vez
hasta que hice un compacto
cordón rojo y blanco para mi madre.

Ella me dio la vida y leche de sus pechos,
y yo la regalé un cordón.
Ella me dio el pecho en más de una sala de espera,
me dio cucharadas de medicina,
colocó paños fríos en mi frente,
y luego me mostró el camino hacia la luz etérea

y me enseñó a caminar y nadar,
y yo, a cambio, la obsequié con un cordón.
Aquí tienes miles de comidas, dijo,
y aquí tienes ropa y una buena formación.
Y aquí tienes tu cordón, contesté,
que hice con un poco de ayuda del monitor.

Aquí tienes un cuerpo que respira y un corazón que late,
fuertes piernas, huesos y dientes,
y dos ojos limpios para leer el mundo, susurró ella,
y aquí, dije yo, está el cordón que hice en el campamento.
Y aquí, deseo decirle ahora
tienes un regalo más pequeño-no la ancestral verdad
de que nunca puedes corresponderle a tu madre,
sino el compungido reconocimiento de que cuando cogió
de mis manos el cordón a dos colores,
estaba tan seguro como pueda estarlo un chaval
de que esta cosa sin valor e inservible que trencé
de puro aburrimiento sería suficiente para quedar en paz con ella.



Billy Collins (1941, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
De:  "Lo malo de la poesía". Baterbly Editores. Traducción y prólogo de Juan José Lamagro Iglesias.
Enlaces: Entrevista a Billy Collins en Terra Incognita
Imagen: prairiehome.org
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Billy Collins

Billy Collins


El cordón



El otro día mientras me dedicaba a rebotar lentamente
por las paredes azules de esta habitación,
yendo de la máquina de escribir al piano,
de la estantería a un sobre que estaba en el suelo,
di a parar en la sección C del diccionario
donde mis ojos fueron a caer en la palabra cordón.

Ninguna galleta mordisqueada por un novelista francés
podría retrotraerte al pasado tan de repente-
un pasado donde me sentaba en un banco de trabajo en un campamento
junto al profundo lago Adirondack
aprendiendo a trenzar tiras finas de plástico
para hacer un cordón, un regalo para mi madre.

Nunca había visto a nadie usar un cordón
o llevar uno puesto, si eso es lo que se hacía con ellos,
pero eso no evitó que yo entrecruzara
hebra sobre hebra una y otra vez
hasta que hice un compacto
cordón rojo y blanco para mi madre.

Ella me dio la vida y leche de sus pechos,
y yo la regalé un cordón.
Ella me dio el pecho en más de una sala de espera,
me dio cucharadas de medicina,
colocó paños fríos en mi frente,
y luego me mostró el camino hacia la luz etérea

y me enseñó a caminar y nadar,
y yo, a cambio, la obsequié con un cordón.
Aquí tienes miles de comidas, dijo,
y aquí tienes ropa y una buena formación.
Y aquí tienes tu cordón, contesté,
que hice con un poco de ayuda del monitor.

Aquí tienes un cuerpo que respira y un corazón que late,
fuertes piernas, huesos y dientes,
y dos ojos limpios para leer el mundo, susurró ella,
y aquí, dije yo, está el cordón que hice en el campamento.
Y aquí, deseo decirle ahora
tienes un regalo más pequeño-no la ancestral verdad
de que nunca puedes corresponderle a tu madre,
sino el compungido reconocimiento de que cuando cogió
de mis manos el cordón a dos colores,
estaba tan seguro como pueda estarlo un chaval
de que esta cosa sin valor e inservible que trencé
de puro aburrimiento sería suficiente para quedar en paz con ella.



Billy Collins (1941, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
De:  "Lo malo de la poesía". Baterbly Editores. Traducción y prólogo de Juan José Lamagro Iglesias.
Enlaces: Entrevista a Billy Collins en Terra Incognita
Imagen: prairiehome.org

septiembre 08, 2010

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Noé Jitrik

























Dichterliebes







Una vez, tuve una actriz entre mis brazos;

aleteba como un gorrión o se arqueba como una gata,

al conmoverse engendraba oleada de encanto

mientras con su cuerpo hacía preguntas

que me parecieron inteligentes

o por lo menos, oportunamente ubicadas.

El verano estaba adelantado y los bares ardían,

presumo que eso fue lo que nos empujó a las calles;

nos arrastrábamos por la noche

y mucha cerveza corrió por nuestros labios,

tanta como el río de amor que nació en mí.

Supongo que mentía por razones profesionales

o tal vez por alguna otra cosa que no entiendo;

el hecho es que pienso todavía en esas certidumbres

y en nuestra sombras fanáticas por ellas,

y las noches, buenas amigas,

me devuelven la escalinata de amor que descendí.

Es cierto que hubo el deleite que llaman físico

aunque simplemente sea por el descubrimiento;

naves desarboladas que a los tumbos

aprisionan los continentes, negros, blanquecinos o pardos

según  corresponda al momento y al lugar.

Pero hubo más,

hubo tortura mutua, un insospechable sadismo

que redujo a cero el ámbito heroico y la conquista:

también temblábamos, pero ahora de maldad,

desechábamos el verano, huíamos pertinaces de la noche,

los nervios nos brillaban como estrellas.

En realidad, estallábamos al modo de las bombas

y nos alteramos: no era cuestión de derechos,

ninguna dignidad estaba herida,

por eso pudimos suponer que era ficción,

que el arte nos sedujo y nos rodeó,

pudimos entender que una cosa es la cerveza y otra el amor,

pudimos entenderlo por razones claras,

por melancólicas razones.






Noé Jitrik (Rivera, Provincia de Buenos Aires, 1928, Argentina)

De:"Veinte años de poesía argentina 1940-1960", Paco Urondo, Editorial Galerna, 1968

Enlaces: Entrevista a Noé Jitrik en Núcleo Juan C Onetti






Imagen: Ideas de izquierda

septiembre 05, 2010

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Vladimir Maiacovski


Comúnmente es así



El amor le es dado a cualquiera
pero...
entre el empleo,
el dinero y demás,
día tras día,
endurece el subsuelo del corazón.
Sobre le corazón llevamos el cuerpo,
sobre el cuerpo la camisa,
pero esto es poco.
Sólo el idiota,
se pone los puños,
y el pecho lo cubre de almidón.
De viejos se arrepienten.
La mujer se maquilla.
El hombre hace ejercicios con sistema Müller,
pero ya es tarde.
La piel multiplica sus arrugas.
El amor florece,
florece,
y después se deshoja.




Vladimir Maiacovski (Baghdati, Georgia, 1893 / Moscú, 1930, Rusia)
De: "Antología poética", Editorial Losada, 1970. Traducción: Lila Guerrero
Enlaces: Biblioteca Inabima
Imagen: cinesovietico.com

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Vladimir Maiacovski


Comúnmente es así



El amor le es dado a cualquiera
pero...
entre el empleo,
el dinero y demás,
día tras día,
endurece el subsuelo del corazón.
Sobre le corazón llevamos el cuerpo,
sobre el cuerpo la camisa,
pero esto es poco.
Sólo el idiota,
se pone los puños,
y el pecho lo cubre de almidón.
De viejos se arrepienten.
La mujer se maquilla.
El hombre hace ejercicios con sistema Müller,
pero ya es tarde.
La piel multiplica sus arrugas.
El amor florece,
florece,
y después se deshoja.




Vladimir Maiacovski (Baghdati, Georgia, 1893 / Moscú, 1930, Rusia)
De: "Antología poética", Editorial Losada, 1970. Traducción: Lila Guerrero
Enlaces: Biblioteca Inabima
Imagen: cinesovietico.com

septiembre 03, 2010

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Elena Anníbali




























el paseo











madre me llevaba de la mano

por el terraplén oscuro



decía:

esa es la bomba de agua

el perro amarillo, ése, no lobo,

ahí las parvas

más allá el pajonal de las cluecas

decía:

nunca, a tu edad,

vi estas cosas



llegábamos hasta la capilla de los garzón

a ver

los altos vitrales del cristo

de la buena muerte

el áspero cuero de las iguanas

la ruta, siempre lejos



a la vuelta me daba

el pan de la tarde, cantando

los salmos preferidos

y una tristeza hermosa me cerraba la garganta

o quizá el polvo del camino

o dios, que entonces era

un potro negro

que despertaba el miedo











De: "Tabaco mariposa", Editorial Caballo negro, 2009











050510











muchas veces fuimos pobres

no había dinero para ropa o música, pero

el taladro magnífico de dios

caía contra la mañana



las palomas se desbandaban

como si vieran

la comadreja o el halcón



un pedazo de mí entraba en la amargura

como en el pozo del molino

donde la serpiente infectaba

el agua de beber



yo tenía pocos años y ya era

rigurosamente anciana



sabía que el altísimo podía aplastarme la cabeza

enfermar nuestras ovejas

quitarnos el verano, la poca dicha



pero igual miraba siempre para arriba

y bajito decía

que sí, señor, venga a mí la destrucción

lo que deba venir

soy tu surco, señor,

soy tu surco



(inédito)









Elena Anníbali (Oncativo, Provincia de Córdoba, Argentina, 1978)



Imagen: las afinidades electivas