Diego Roel




Alguien borró las huellas,
ocultó las letras y los signos.




Ciudad irreal




Ahora veo un círculo dentro de otro círculo
y avanzo sin mirar atrás.

El viento arrastra las últimas imágenes,
las infinitas variaciones del mundo.

Me quedo quieto y espero.


Antes del día
alcanzamos ese lugar imposible.

Ese lugar,
corazón del agua o de la luz.

Entretanto
los límites se desplazan,
los contornos se diluyen.

Nada es real




En este último giro
me quedo quieto y observo
la lenta caída de las cosas.

No puedo hablar.



Por eso
apenas muevo una mano,
un pie.

No tengo de dónde asirme.


Qué nos retiene aún aquí


El poema se hace y deshace.

No tiene centro, no tiene rostro ni sonido.

Crece y palpita,
se apaga y se duerme en las cenizas.

Ata y desata.




Ciudad irreal




Escribo como quien salta o muerde o tiembla.

Hablo de lo que fluye, de lo que muta y sangra,
del permanente nacimiento de las cosas.

Camino a ciegas.



Y me pregunto
cómo traducir la interminable sucesión.
Cómo decir que punza y retrocede,
eso que brilla y canta.

Cómo decirlo.


Porque no hay continuidad:
se fugaron los nombres, se desplegaron las sombras del lenguaje.

Ya nada conjuga con nada.



La Voces me dijeron:

El vacío es destrucción y belleza.
La belleza es silencio.
El silencio no tiene imagen ni memoria.

El vacío es apertura y promesa.



Me paro aquí,
donde descansa el ala de la noche.

Y observo la inevitable mutación,
aquello que golpea, que respira y late.

Afuera es igual que adentro.



Sí, todo nace y muere.

No hay nada que quitar, nada que añadir.






Diego Roel (Temperley, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1980)
De: "Las variaciones del mundo", Ediciones El Mono armado, 2010)

Imagen: eldesaguaderorevista.blogspot.com

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.