Revista Cero N° 5-6 / Que no quería nadie abrazarme, sino mi piel

De junio de 1966. Dirección: Vicente Zito Lema. Entre los responsables figuran Jorge Carnevale y Nicolás Casullo. Número dedicado a Leopoldo Marechal, poeta. Ungaretti por Héctor Miguel Angeli. Saint - John Perse por René Menard en una versión de Raúl Gustavo Aguirre. (SJ Perse, una de mis primeras lecturas poéticas. No encuentro el libro en mi estante: se perdió en su propia exhuberancia). Poemas de Ho Chi Minh, versión de Juan L. Ortiz. De la nota "Dos  poetas ecuatorianos", de Daniel Barros., Euler Granda y Jorge Enrique Adoum, copio un poema de este último



Red                                                                                               





No hay de qué, Nocturna,
te agradezco.
         Van pasando
las sombras y sus hijas menores,
aves a quienes dió un puntapié la brisa.
El soñoliento párpado del alba
espiando los encajes de la ola.
Y yo, por qué he bajado,
si no es el día, aún tu falda.


Me ha desollado el páramo tan todo
con su silbo de solo, que no quería
nadie abrazarme, sino mi piel.
Algo es algo, ¿no te parece?
así fuera la mía, gris.

Yo te quisiera diaria, te quisiera costumbre,
amanecer sobre tus peces aunque me huyen
a cumplir su asamblea, entre tus algas
dulces ferruginosas, y todo tu perfume
abierto.

 
           No hay de qué. Pero regreso
a mi niebla puntiaguda, a mi trabajo.
A la arena pídele mi primer paso, resúmenes
de lo que no sabes, como a un cartero. Me
           conoce
por el pobre caer y el levantarme tanto.





Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926 / Quito, 2009, Ecuador)

Imagen: gualaquiza.net



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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.