octubre 31, 2010

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Juana Bignozzi









Pertenencias











Como toda persona que se respeta

tengo una ventana para decir buen día

para dejar que se acerquen

las imágenes que aún reconozco

para escuchar

el paso de la gente de los gatos de las hojas

y sentirme desemparada

a través de mi ventana los ruidos son cada vez menos intensos

los ruidos de la vida cada vez más lejanos.

Una ventana con ruidos de tormenta de tiempo que pasa

mis palabras para conocerme mejor

yo misma explicada hasta el aburrimiento

yo misma que mira a la gente con la que ni nos hermos planteado el amor

los que me escuchan los que me comprenden

los que no existen

yo misma que hablo cada vez más

y sólo logro interesarme por pocos rostros

tan pocos

que bromeo con todo el mundo

para disimular mis preferencias.











Juana Bignozzi (Buenos Aires, Argentina, 1937 /2015)

De: "Mujer de cierto orden", Falbo Librero Editor, 1967 





Enlaces: Antologías poéticas; Revista El interpretador

Imagen: http://corinamoscovich.blogspot.com/2009_09_01_archive.html

octubre 28, 2010

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Leopoldo Castilla






















Fuga del pez







La trucha arcoiris

al remontar el río

rejuvenece para morir.



El secreto

está en el agua

que huye siempre a su pasado



el pez

que es un lento instante

ya se ha fugado

del instante de su muerte



por el agua

              que no tiene presente.











Leopoldo Castilla (Salta, Provincia de Salta, Argentina, 1947)

Imagen: El Tribuno
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Eugenio Montale

















Lo sabes: debo perderte nuevamente y no puedo.

Como un tiro certero me subleva

cada obra, cada grito y también el espíritu

salino que desborda

desde los muelles y hace la oscura primavera

de Sotoripa.



País de herrajes y de arboladuras

selváticas en el polvo del atardecer.

Un zumbido largo llega del descampado,

lacera como uña contra los vidrios. Busco el signo

perdido, el solo testimonio recibido

como gracia de ti.

                            Y el infierno es verdad.









Eugenio Montale (Génova, 1896 / Milán, 1981, Italia)

De: "Huesos de jibia", Motetes, Ediciones Librerías Fausto, 1978

Traducción: Horacio Armani

Enlaces: Giuseppe Bonghi



Imagen:www.nuestrotaller.zoomblog.com



octubre 25, 2010

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Jaime Sabines



















































El mediodía en la calle, atropellando ángeles,

violento, desgarbado;

gentes envenenadas lentamente

por el trabajo, el aire, los motores;

árboles empeñados en recoger su sombra,

ríos domesticados, panteones y jardín

transmitiendo programas musicales.

¿Cuál hormiga soy yo de estas que piso?

¿qué palabras en vuelo me levantan?

"Lo mejor de la escuela es el recreo",

dice Judit y pienso:

¿cuándo la vida me dará un recreo?

¡Carajo! Estoy cansado. Necesito

morirme siquiera una semana.











Jaime Sabines (Chiapas, 1926 / Ciudad de México, 1999, México)

De: Revista Ñ, 25/03/2006

Enlaces: Sólo literatura




Imagen: chiapastour.com.mx






octubre 23, 2010

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Arturo Carrera









Que comience a nevar











3



No podíamos ser la nieve,

pero riéndonos quisimos serlo ¿o acaso no?

Hubo,

en nuestra involuntaria alegría, una

manera de blancura, del "no saber qué es la nieve".

Y la pena y el misterio tan fáciles de conciliar

-no tanto en tu juventud, sino en mi

destiempo- parecían vibrar, y

adecuarse al ritmo desdeñoso de los copos entre sí.



Y así se apartó uno de ellos

y vino a posarse sobre la nariz de Rocco,

el perro.











Arturo Carrera(Buenos Aires, Argentina, 1948)

De: "ADN", La Nación 18/08/2007



Imagen: La Nación


octubre 22, 2010

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Dylan Thomas








No entres dócilmente en esa noche quieta







No entres dócilmente en esa noche quieta.

La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;

Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.



Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,

porque sus palabras no ensartaron relámpagos

no entran dócilmente en esa noche quieta.



Los buenos. que tras la última inquietud lloran por ese brillo

con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde

rabian, rabian contra la agonía de la luz.



Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera

y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino

no entran dócilmente en esa noche quieta.



Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante

cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros

rabian, rabian contra la agonía de la luz.



Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo

maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.

no entres dócilmente en esa noche quieta.

Rabia, rabia contra la agonía de la luz.











Dylan Thomas (Swansea, Gales, 1914 / Nueva York, EUA, 1953).

De: "Poemas completos", Ediciones Corregidor, 1974

Traducción: Elizabeth Azcona Cranwell



Imagen: bibliotecaignoria.blogspot

octubre 15, 2010

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Louis Aragon


Confiado que lo encontraría en la antología de la poesía surrealista de Aldo Pellegrini, he perdido el rastro del "Poema para gritar entre las ruinas" de Louis Aragon. Lo vi en algunas revistas que estuve hojeando ayer, no recuerdo cuál. La exploración esta noche no tuvo éxito. Pasados varios minutos, el barco encalló en un islote llamado "Sueño".  En Internet, obviamente, se menciona, pero no se reproduce. Entonces, decido por éste de la afamada Antología. Después, apagaremos las linternas. Mi perro duerme en el piso del camarote orientado hacia el hueco del edificio.























Persona pálida











Más mísero que las piedras

                         triste a más no poder

                         el hombre escuálido

el atril hubiera querido aniquilarse

Qué frío El viento me penetra en el sitio

de las hojas

de las orejas muertas.

Solo como patalear para ahuyentar el frío

con qué pie iniciar la semana

Un silencio que nunca acaba

Ni una palabra tierna para engañar al invierno

La sombra del alma del amigo La escritura

tan sólo las señas

                         Mi sangre daría una sola vuelta

Los sonidos se pierden en el espacio

como dedos congelados

Nada más

                que un patín abandonado en el hielo

El fulano

            a través de él se ve el día











Louis Aragon (1897/1982, París, Francia)

De: "Feu de joie"

Traducción: Aldo Pellegrini



Enlaces: El poeta ocasional

Imagen: picses.eu






octubre 14, 2010

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La danza del ratón/1, Abril 1981 / Kenneth Koch







Primer número de la revista "La danza del ratón", dirigida por Javier Cófreces y Jonio González




"La Danza del Ratón ve la producción poética presente a partir de un esquema formado por una regla general y unas pocas excepciones que no la alteran . En el trabajo Poesía Argentina: algo huele mal, de Jonio González, se afirma que "la Poesía Argentina contemporánea ( . . .) está agonizante".Se la concibe, en palabras de dicho autor, como predominantemente alejada de la realidad inmediata hacia planos metafísicos o místicos, sin un conocimiento de la historia, carente de proyecto cultural y de voluntad integradora con las demás literaturas del




continente, alienada dos veces por ser extraña a la Europa que imita y a la América que rechaza . Se la considera, además, extraviada, vacilante, indefinida e indefinible, mediocre, híbrida, carente de logros poéticos y con un lirismo de segunda. El artículo insiste en comparar esta producción con la  llamada generación del 40". (Scholarship at Boston College)







Atravesamos el Oceáno Indico...





Atravesamos el Oceáno Indico por diez centavos

y nos internamos en África por cinco

La refrescante Argentina

nos recompensó con muchos coches de plata

a cambio de nuestro tren de juguete. Fuimos a Kansas City

con la esperanza de encontrar allí monedas de veinticinco

pero en cambio atravesamos el Mar de Manila

viejas plumas de mar sin desenbarcaderos

Cinco doláres nos trajeron a Tánger

Habíamos ahorrado de a diez centavos como pagar la cuenta

Ahí está tan terso, tan verde y claro

Tómelo, agárrelo me pertenece

Gastamos los cinco dólares en Biarritz en siete minutos

pero al menos hicimos una buena comida y ahora desplegamos

las velas

He oído decir que Milwaukee está repleto de monedas de diez

            y veinticinco

y que Cincinnati es el sitio ideal cuando se trata de medios dólares

Puedo ver toda esa plata puedo verla y me parece que la quiero

Puedo ver la luz del sol que ilumina esos rostros plateados

en la remota Cincinnati

Las esbeltas monedas de cincuenta que reposan en las hojas

en el otoñal aire azul detrás del Conservatorio de Música

Oh deme el dinero

para que pueda subir al cielo

pues ya he estado en tantos barcos y trenes

mientras interminablemente buscaba las cumbres de la vida!



Kenneth Koch (Cincinnati, 1925 / New York, 2002, Estados Unidos de Norteamérica)



Imagen: Kenneth Koch y Allen Ginsberg

octubre 12, 2010

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Sergio Eisenstein: el montaje cinematográfico y la poesia


"¿Qué implica, en esencia, entender el montaje? En nuestro caso cada pieza no existe ya como algo irrelacionado, sino como una representación particular del tema, que en igual medida penetra todas las imágenes. La yustaposición de esos detalles parciales en una construcción-montaje pone de relieve esa cualidad general de la que ha participado cada uno de ellos y que los organiza en un todo, a saber, en aquella imagen generalizada, mediante la cual el creador, seguido por el espectador, experimenta el tema..."


...................................................................................................................................................................















"La validez de la elección de un método realista capaz de producir y lograr una cualidad emocional pueder ser confirmada mediante algunos ejemplos curiosos. He aquí, por ejemplo, una escena de Poltava, de Pushkin en la que el poeta mágicamente hace surgir la imagen de una huida nocturna en todas sus posibilidades descriptivas y emocionales:





Pero nadie supo cómo o cuándo


ella desaparecíó. Un pescador solitario


oyó aquella noche el golpear de cascos de caballos,


palabras cosacas y un murmullo de mujer.





Tres enfoques:



  1. Golpear de cascos de caballos









  2. Palabras cosacas



  3. Murmullo de mujer.




Una vez más, tres representaciones expresadas objetivamente (¡auditivas!) se concentran en una imagen unificadora emocional, distinta de la percepción de los fenómenos separados si fuesen considerados fuera de su asociación con los demás. El método se usa solamente con el propósito de suscitar en el lector la experiencia emocional requerida. Solamente la experiencia emocional, porque la noticia de que Marya ha desaparecido se ha dado antes en un solo verso ("Ella desapareció. Un pescador solitario"). Habiéndole dicho al lector que ella ha desaparecido, el autor quiere darle también la experiencia correlativa. Para lograrlo, recurre al montaje con tres detalles elegidos entre todos los elementos de una huida, la imagen de una fuga nocturna aparece como un montaje, impartiendo a los sentidos la experiencia de la acción.


Un cuarto cuadro se agrega a los tres auditivos. Su efecto es el de un punto final. El autor lo elige refiriéndolo a otro sentido. Este primer plano no es auditivo sino visual:









... Y ocho herraduras habián dejado sus huellas


sobre el rocío matutino de la pradera...







Pushkin, pues, hace uso del montaje al crear las imágenes de una obra de arte. Y lo usa con la misma habilidad cuando crea la imagen de un personaje o de todos los dramatis personae. Con una combinación excelentísima de varios aspectos (set-ups fotográficos) y de sus distintos elementos (montaje de objetos representados pictóricamente, aclarados por la disposición de los temas), Pushkin obtiene sorprendente realidad en sus descripciones. El hombre, real y viviente por cierto, surge de los poemas de Pushkin.





"El sentido del cine", de Sergio Eisenstein (SigloVeintiuno Argentina Editores SA, 1974) 





Imágenes: El acorazado Potemkin, film de S. Eiseinstein y Alexander Pushkin

octubre 11, 2010

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Giorgos Seferis


























 A la manera de J.S.








Dondequiera que viaje


Grecia me hiere.





En Pilion, entre los castaños, la túnica del Centauro


deslizábase entre el ramaje para envolver mi cuerpo,


mientras subía a la rampa y el mar me seguía


trepando él también como el mercurio de un termómetro,

hasta que encontramos las aguas de la montaña.

En Santorini, rozando las islas que se hundieron,

escuchando sonar una flauta entre las piedras pómez,

una flecha súbitamente lanzada

desde los confines de una juventud desaparecida

se clavó en mi mano.

En Micenas he levantado las grandes piedras y los tesoros de los Atridas.

Dormí al lado de ellos en el hotel de "La Bella Helena de Menelao"

y sólo desaparecieron al alba, cuando cantó Casandra,

con un gallo suspendido de su negra garganta.

En Spetsas, en Poros y en Miconos,

las barcarolas me laceraron.

¿Qué quieren aquellos que creen encontrarse

en Atenas o en el Pireo?

Uno que viene de Salamina le pregunta a otro: "No viene usted de la plaza Omonia?"

"- No - responde éste satisfecho - , yo vengo de la plaza Syndagma,

me encontré con Yannis y me pagó un helado".



Entretanto, Grecia viaja.

Nosotros lo ignoramos, ignoramos también que, todos somos marineros sin empleo,

así como ignoramos cuán amargo es el puerto cuando los navíos han zarpado.

Y nos mofamos de aquellos que lo sienten.



¡Chusca gente! Creen que están en el Ática y no están en ninguna parte.

Compran confites para casarse,

llevan en las manos "lociones capilares" y se hacen fotografiar,

como el hombre que hoy he visto

sentado frente a un telón de fondo con flores y palomas

que dejaba que la mano del viejo fotógrafo

le alisara las arrugas que marcaron en su rostro todos los pájaros del cielo.



Entretanto, Grecia viaja siempre,

y si vemos "el mar Egeo florecido de cadáveres"

son los que quisieron, nadando,

    alcanzar el enorme navío;

los de los que estaban hartos de esperar los navíos que ya no zarpan,

el Elsi, el Samotracia, el Ambracicos.



Ahora que el Pireo se oscurece, los barcos pitan,

pitan sin cesar, pero ningún cabestrante se mueve,

ninguna cadena mojada ha cabrilleado con el último resplandor del sol que declina;

el capitán, emperifollado de oro y plata, permanece clavado en su puesto.



Dondequiera que viaje

Grecia me hiere.

Cortinas de montañas, archipiélagos, granitos desnudos.

El navío que avanza se llama Ag-onía 937.



                                                (A bordo del "Aulis", aguardando el instante de

                                                levantar las velas)



                                                Verano de 1936 











Giorgos Seferis (Esmirna, 1900, Turquía / Atenas, 1971, Grecia)

De: "El zorzal y otros poemas", Editorial Losada, 1966

Traducción de L;ysandro Z. D. Galtier



Imagen: meridianabis.blogspot.com

octubre 09, 2010

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Laura Giordani










Tarde de domingo 













   Dios descansó al séptimo día


y a las seis de la tarde se suicidó.



Domingo de manteles abatidos

y alforjas que flojean

y euforia de gol

que no alcanza a conjurar

el declive de las horas.



Los ángeles comienzan

a susurrar cosas tristes a los pájaros,

las hormigas no caminan

igual en las selvas ni en los patios:

se desorientan, dominicales se ralentizan

y los puños se aflojan

porque hasta la ira tiene resaca.



Dominguean las hojas

y las luces, se dejan

arrastrar con indolencia

y aunque haya sol

es siempre insuficiente

cuando se precipita esa melancolía

torrencial desde los techos.



El mundo

entero parece congregarse

ante un único rescoldo

que se apaga











//











“Tenían como una lepra la infancia devorándoles el pecho”

La manzana en la oscuridad, Clarice Lispector







Tormentas de tierra

zulquis

escuerzos

las tazas que habían venido de Europa

descascaradas

las fotos de niños ya muertos

las paspaduras

el primer vello en el pubis fruto que se volvía extraño

la infancia un carozo de durazno

agujereado por hormigas negras

papá silbando en el patio mientras quema sus libros



todas las memorias amarilleando

bajo el cráneo



nostalgia: esta dulce podredumbre en la espalda esta pútrida dulcedumbre de las palabras que no mueren del todo como esas hojas que antes de desaparecer agonizan juntas en parvas exudando el fervor del verano y la savia












//













Ella sale al sepia de la tarde


ese tono convaleciente de los recuerdos

o los charcos después de la tormenta


sale


no recuerda bien a dónde


la memoria es un punto siempre flojo


basta tensar un poco la lana


para destejer entera la calle el barro


las nubes arriadas por el viento sur

memoria de rodillas paspadas

un saber amargo inútil


como las naranjas de adorno de la plaza




sin saberlo

amaba el deterioro


destejiendo los cuerpos de las abuelas


de las vecinas que enloquecían baldeando las veredas


cada vez más temprano


y con más violencia





el futuro es sangre bajando por las piernas

y que intenta atajar

con un vestidito de muñeca


que plegó a escondidas




no lo sabía


pero iba floreciendo


lentamente


entre muertos













Laura Giordani (Córdoba. Argentina. 1964. Reside en España)









octubre 07, 2010

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Ramón López Velarde













No me condenes






Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre:

ojos inusitados de sulfato de cobre.

Llamábase María; vivía en un suburbio,

y no hubo entre nosotros ni sombra de disturbio.


Acabamos de golpe: su domicilio estaba

contiguo a la estación de los ferrocarriles,

y ¿qué noviazgo puede ser duradero

entre campanadas centrífugas y silbatos febriles?



El reloj de su sala desgajaba las ocho;

era diciembre, y yo departía con ella

bajo la limpidez glacial de cada estrella.

El gendarme, remiso a mi intriga inocente,

hubo de ser, al fin, forzoso confidente.



María se mostraba incrédula y tristona:

yo no tenía traza de una buena persona.

¿Olvidarás acaso, corazón forastero,

el acierto nativo de aquella señorita

que oía y desoía tu pregón embustero?



Su desconfiar ingénito era ratificado

por los perros noctívagos, en cuya algarabía

reforzábase el duro presagio de María.



¡Perdón, María! Novia triste, no me condenes;

cuando oscile el quinqué y se abatan las ocho,

cuando el sillón te mezca, cuando ululen los trenes,

cuando trabes los dedos por detrás de tu nuca,

no me juzgues más pérfido que uno de los silbatos

que turban tu faena y tus recatos.



Ramón López Velarde (Zacatecas, 1888 / Ciudad de México, 1921, México)

De: los-poetas.com



Enlaces: Daniel Orizaga Doguim: López Velarde y la Provincia Letrada

Imagen: eldigoras

octubre 06, 2010

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John Ashbery














Galeones de Abril











Algo tenía que estar ardiendo. Y además

al fondo de la habitación un vals desacreditado

estaba vivo y recitaba cuentos acerca de los conquistadores

y sus lirios - ¿será la vida, en conjunto,

una tibia fiesta de estreno de una casa? ¿Y de dónde salen

los pedazos de sentido? Era evidente

que había llegado el momento de marcharse, de cambiar

de dirección, hacia las ciénagas y hacia los nombres

fríos y enroscados de ciudades que sonaban como si existiesen

aunque no hubieran existido nunca. Veía la barca

como una lima de uñas que apuntase a los placeres

del gran mar abierto, que se detendría por mí,

que probaríamos tú y yo la desarticulación

de una inclinada cubierta y volveríamos algún día

por entre los rasgados velos anaranjados de una tarde

que sabría nuestros nombres aunque con una pronunciación

diferente y entonces, solamente entonces, podría llegar el provecho de la primavera

a su propio ritmo, como se suele decir, con el gesto

de un pájaro que despega para acceder a una posición

supuestamente mejor aunque no tal vez mayor,

en el sentido en el que una guitarra con alas sería mayor

si la tuviéramos. Y todos los árboles parecían existir.



Luego vino un día más corto de tapices mohosos

con las iniciales de todos los anteriores propietarios

para aconsejarnos callar y esperar. ¿Nos conocería ahora

el ratón, y si así era, hasta qué punto admitiría

la proximidad la conversación sobre la diferencia, bien migaja

o bien otra caridad menos perceptible? Iba todo a ser

desperdigado de todos modos, tan lejano del deseo de uno

como la raíz del árbol respecto al centro de la tierra

del que en cualquier caso surgió a tiempo

de informarnos sobre felices floraciones y sobre la fiesta

de las parras que iba a haber mañana. El simple hecho de estar debajo

de ellas te hace a veces preguntarte cuánto sabes

y entonces despiertas y sabes, pero no sabes

cuánto. En los intervalos de la media luz las notas

de una mandolina desafinada parecen coexistir con su

pregunta y con la no menos urgente respuesta. Ven

a mirarnos, pero no desde muy cerca, pues la familiaridad

se disipará entre truenos y la niña mendiga

que con pelo de esparto llora incomprensiblemente será

lo único que quede de la edad de oro, nuestra

edad de oro, y no volverán a salir al alba

los enjambres para volver como una lluvia de polvo

suave por la noche a apartarnos de nuestra honradez

aburrida e insatisfactoria con cuentos de vistosas ciudades,

de cómo en ellas construía la neblina y qué

instrucciones seguian los leprosos

para evitar estos ojos, los ojos viejos del amor.













John Ashbery (1927 / 2017, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)

De: "Galeones de abril", Colección Visor de Poesía, 1994

Traducción Esteban Pujals Gesalí 

Enlaces: Babelia



Imagen: inkslinger


octubre 05, 2010

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El verso libre






"....¿qué significa hoy en la poesía una discusión técnica?. Por el propio carácter de la poesía, que se

construye con lenguaje verbal, la discusión no podría menos que regirse por conceptos del arte de la significación, por la dinámica significativa del poema, no por razones canoras. O mejor dicho, no hemos de discutir que un verso no es un endecasílabo perfecto y, tal vez sí, que lo es. La poesía no es música, la música es otro género artístico, y si uno quiere suponer que la música es esencial a la poesía en términos estrictos, entonces, se equivocó de género. La poesía debe mantener su sonoridad, éste debería ser su único énfasis. Pero el ritmo se le presenta solo. no hay estructura verbal sin ritmo, y el ritmo -que depende mayormente de la acentuación y de la afinidad sonora- se intensifica casi siempre en la poesía."



La musa equivocada, por Jorge Aulicino




"En lo personal, me interesa capturar el ritmo cnversacional, los sonidos menos evidentes, menos conclusivos, del habla cotidiana, y la sutil rima asonante que en ella habita, esa música verbal esquiva, escondida bajo la masificación, el deber ser y lo indiferenciado. Me interesa buscar ahí cierto orden secreto


Me parece que el efecto estético se produce en la captura de una armonía oculta/no visible o no audible de primera mirada y de primera escucha, entre nosotros, los seres y las cosas. Se trata siempre de un orden propio, momentáneo y único..."



Libertad condicional, por María Teresa Andruetto



De: "El verso libre", Ediciones del Dock, 2010

octubre 02, 2010

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Jorge Brega











Vuelo












El hombre arrojado
del avión
al mar
piensa
aún en el aire que
no está muerto
quien pelea

pese
a la somnolencia de
la droga
atina
a mover los
brazos como un pájaro

entonces ve el país
la costa del país
una sombra
lejos

nada
más bello ahora
nada más
corazón

hincha el pecho y
tal vez esa
voltereta sea su
saludo

ah no poder
sostenerle
no dar con él
batalla en cielo abierto

alcémonos

que el hombre
dislocado en el impacto
con el agua oiga
nuestro canto
antes
de desaparecer.












Jorge Brega (1949, Buenos Aires, Argentina)

De: #Luz mala", Ediciones Circo, 2004



Imagen: eurasiahoy.com