La danza del ratón/1, Abril 1981 / Kenneth Koch

Primer número de la revista "La danza del ratón", dirigida por Javier Cófreces y Jonio González

"La Danza del Ratón ve la producción poética presente a partir de un esquema formado por una regla general y unas pocas excepciones que no la alteran . En el trabajo Poesía Argentina: algo huele mal, de Jonio González, se afirma que "la Poesía Argentina contemporánea ( . . .) está agonizante".Se la concibe, en palabras de dicho autor, como predominantemente alejada de la realidad inmediata hacia planos metafísicos o místicos, sin un conocimiento de la historia, carente de proyecto cultural y de voluntad integradora con las demás literaturas del
continente, alienada dos veces por ser extraña a la Europa que imita y a la América que rechaza . Se la considera, además, extraviada, vacilante, indefinida e indefinible, mediocre, híbrida, carente de logros poéticos y con un lirismo de segunda. El artículo insiste en comparar esta producción con la  llamada generación del 40". (Scholarship at Boston College)


Atravesamos el Oceáno Indico...


Atravesamos el Oceáno Indico por diez centavos
y nos internamos en África por cinco
La refrescante Argentina
nos recompensó con muchos coches de plata
a cambio de nuestro tren de juguete. Fuimos a Kansas City
con la esperanza de encontrar allí monedas de veinticinco
pero en cambio atravesamos el Mar de Manila
viejas plumas de mar sin desenbarcaderos
Cinco doláres nos trajeron a Tánger
Habíamos ahorrado de a diez centavos como pagar la cuenta
Ahí está tan terso, tan verde y claro
Tómelo, agárrelo me pertenece
Gastamos los cinco dólares en Biarritz en siete minutos
pero al menos hicimos una buena comida y ahora desplegamos
las velas
He oído decir que Milwaukee está repleto de monedas de diez
            y veinticinco
y que Cincinnati es el sitio ideal cuando se trata de medios dólares
Puedo ver toda esa plata puedo verla y me parece que la quiero
Puedo ver la luz del sol que ilumina esos rostros plateados
en la remota Cincinnati
Las esbeltas monedas de cincuenta que reposan en las hojas
en el otoñal aire azul detrás del Conservatorio de Música
Oh deme el dinero
para que pueda subir al cielo
pues ya he estado en tantos barcos y trenes
mientras interminablemente buscaba las cumbres de la vida!

Kenneth Koch (Cincinnati, 1925 / New York, 2002, Estados Unidos de Norteamérica)

Imagen: Kenneth Koch y Allen Ginsberg

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.