Alberto Perrone

Pruebas





Tal vez hayan vuelto sobre mí y no les presté suficiente atención.
Ellas habrán irrumpido con sus ojos sus manos sus minúsculos delirios
sus únicas palabras
pero el tiempo entonces pudo ser su castigo y desencuentro ocasional.

Y así quedaron inconclusas
los dedos entrelazados en supuestos perfiles
porque nunca estuve en portugal en una plaza libertade en portugal
para retener matiz alguno
de esas voces y dejar constancia de que ella aquí estuvieron.
Tal vez hayan vuelto. Pero mi cuerpo sería distinto en sus recuerdos y conocimeintos.
Por mi parte sólo tengo ausencia de señales
el pasado al quebrantar desperdigó sus tonos el pasado en fin son mis sucesivos domicilios.

De este modo puedo asegurar que ninguna me siguió tan de cerca como para remitir una postal un par de medias made in argentine.

Hasta aquí algunos grabados de la época la prosa de una baraja fuera de uso.

En fin aquello es otra historia que se desdibuja
mientras amanece sobre este día y nosotros dos entramos en él.





Alberto M. Perrone (Buenos Aires, Argentina, 1944)
De: "Aguardiente", Ediciones Noé, 1972)

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.