Alfredo Veiravé


Birds in the night





A veces los empujan el ruido de las caracolas y los falsos rumores del mundo pasan sobre sus gentes
aunque las amistades más particulares (como la de Rimbaud y Verlaine mi buen Cernuda)
sean ejemplares amargos
                   perseguidores de las libertades que no son de este planeta
sino de esos cristales que se unen en los ojos de los perros violentos
                   en la caída de los pájaros de la noche.
Yo prefiero el silencio de la luz sobre las colinas
el roce de la arena bajo el río el arte lógico de
escribir para nadie la sabiduría de la mortalidad: los detalles íntimos
                   de la pura imaginación
                                    abiertos sobre este vuelo de amor que hace girar los días.
Es decir el poema inconcluso la nube que pasa sobre el río




Los exvotos en las tumbas del camino





Al lado del camino real por donde pasan los carruajes del Rey
colgamos los leprosos flores de papel piernas de plástico corazoncitos de
lata con el nombre de Ella estómagos curados con letras caladas ojos sobre una
bandeja de madera una naranja mecánica
Los discursos extensos  que solíamos pronunciar los hemos barrido
y reducido a pocas palabras
        porque ahora el fetichismo pictográfico nos ha negado
Y las lenguas carcomidas no digieren los manuscritos interminables
         la brevedad
                            la brevedad
nos gritan los patos silvestres cuando huyen hacia
el horizonte:
sólo puntos luminosos para vernos en la oscuridad




Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928 / Resistencia, Chaco, 1991, Argentina)
De: "La máquina del mundo", Editorial Sudamericana, 1976

Enlaces: El poeta ocasional; Encuentro con la poesía de un antipoeta: Alfredo Veiravé por Elisa Calabrese

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.