Jacques Prévert



El arroyo





Mucha agua ha pasado bajo los puentes
y después también una enormidad de sangre
Pero a los pies del amor
corre un gran arroyo blanco
Y en los jardines de la luna
donde todos los días es tu fiesta
ese arroyo canta durmiendo
Y esa luna es mi cabeza
donde gira un gran sol azul
Y ese sol son tus ojos





El meteoro





Entre los barrotes de los locales disciplinarios
una naranja
pasa como un relámpago
y cae en la tinaja
como una piedra
Y el prisionero
todo salpicado de mierda
resplandece
Ella no me ha olvidado
Ella siempre piensa en mí





Llaman





Quién anda ahí
Nadie
Es simplemente mi corazón que late
Que late muy fuerte
a causa de ti
Pero afuera
la pequeña mano de bronce sobre la puerta de madera
no se mueve
No mueve
No mueve ni siquiera la puntita del dedo.





Fiesta





Y los vasos estaban vacíos
y la botella rota
Y le lecho estaba abierto
y la puerta cerrada
Y todas las estrellas de vidrio
de la felicidad y de la belleza
resplandecián en el polvo
del cuarto mal barrido
Y yo estaba borracho perdido
y yo estaba loco de alegría
y tú borracha encontrada
toda desnuda en mis brazos





Jacques Prévert (Neuilly-sur-Seine, 1900 / París, 1977, Francia)
De. "Historias", Rodolfo Alonso Editor, 1970

Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: formes-vives.org/humor

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.