marzo 30, 2011

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Joaquín O. Giannuzzi






Lluvia nocturna detrás de la estación de servicio











Bajo la lluvia nocturna, una tumba caótica

de cosas abandonadas a sí mismas

que demora en cerrarse. Pero todavía el conjunto

puede volverse creador sobre su propio sueño.

En esta decantación del desorden

una fría suciedad pegajosa, un estado de frontera

de objetos a punto de perder su identidad.

En la inmóvil confusión gotea el agua

silenciosa. Envuelve llantas reventadas,

botellas astilladas, ruina de plástico, recipientes chupados,

cajones despanzurrados, metales llevados

a un límite de torsión, quebraduras,

andrajos no identificados, asimetrías tornasoladas

por la grasa negra. He aquí una crisis de negación

en esta abandonada degradación intelectual

de criaturas seriadas, nacidas a partir

de la materia martirizada, la idea y el deleite

y que fueron manipuladas, raspadas, roídas, girando

sobre chapas rígidas y correas de transmisión

y en definitiva condenadas por lo monótono.

Pero en aquella derrota humana de las cosas,

en los desperdicios mojados podían descubrirse

figuras creadas a partir de la mezcla,

diseños irreales arrebatos a lo fortuito:

y entre gotas de lluvia y aceite quemado

una intención de belleza y de formas cumplidas

bajo la maloliente oscuridad.











Joaquín Giannuzzi (1924 / 2004, Buenos Aires / Salta, Argentina)

De: "Cabeza final", 1991










marzo 28, 2011

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César Fernández Moreno
















Anoche no dormí







 anoche no dormí

 mirándote dormir



ahora sí tu rostro

era todo de noche

yo lo besaba a tientas



 te abrazaba despacio

 suave como tu piel

 y seguías dormida



 solamente una vez

 entreabriste los labios



 a ciegas te abrazaba y abrazaba

 nunca me equivocaba



cuando vino la luz

ví que te quería





César Fernández Moreno (1919 / 1985, Buenos Aires, Argentina / París, Francia) De: "Sentimientos completos", Ediciones de la Flor, 1981



 Imagen: aromitorevista.blogspot.com

marzo 26, 2011

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Peter Sirr





Peter Street











Casi llegué a querer esta calle;

cada vez que pasaba mirando hacia arriba

para colgarle el rostro de mi padre a una ventana, me sentía



contenido en su mirada. Hoy hay una obra en construcción

donde estaba el hospital, y me detengo y miro

estúpidamente el aire vacío, buscándolo.



Casi rogaría que aún hubiera algún dolor

como una imperfección de la estructura, algo inaliviable

esperando en el encofrado, entre los pisos, en algún



cuarto secreto, obstinado. Una grúa se mueve

delicadamente en el cielo, con su propio lenguaje.

Olvida todo eso, me digo al pasar, que sea



una casa maravillosa, que la música deambule por los pasillos,

que haya alegría fácilmente, que el terco corazón

de San Valentín llegue flotando desde Whitefriar Street



para imponerse, para curar las heridas, para levantar a mi padre de su cama,

para dejarlo descolgarse por el ladrillo apagado, sin esfuerzo,

y salir corriendo con su vida en las manos.












Peter Sirr (1960, Waterford; Irlanda)

Versión de Gerardo Gambolini en Faro Vacío



Imagen: http://castletroycollege.net/english/wp-content/uploads/2011/03/peter-sirr1.jpg



marzo 25, 2011

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Héctor Viel Temperley








Hospital Británico

Mes de Marzo de 1986







Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura de mariposas: Mi madre vino al cielo a visirtarme.



Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del mundo.



Mi madre es la risa, la libertad, el verano.



A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.



Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara -en Tu llanto- para comenzar todo de nuevo.





Héctor Viel Temperley (1933 / 1987, Buenos Aires, Argentina)

De. "Hospital Británico, 1986 (Par Avi Cygno)



Imagen: nuestrotaller.com.ar

Enlace: El Yo extrañado y el poema disponible, por Juan Alcántara Phols (Universidad Iberoamericana)

marzo 22, 2011

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Horacio Armani y La casa de los aduaneros


La casa de los Aduaneros, de Eugenio Montale



Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
sobre el barranco a pico de la escollera.

Desolada te espera desde la noche
que en ella entró el enjambre de tus pensamientos
e inquieto se detuvo.

El viento bate hace años los viejos muros
y no es alegre ya el sonido de tu risa.
La brújula se mueve enloquecida al acaso
y el azar de los dados ya no es más formidable.
Tú no recuerdas; otro tiempo distrae
tu memoria; un hilo se devana.

Aún sostengo un extremo; mas se aleja
la casa y sobre el techo la veleta
ennegrecida gira sin piedad.
Tengo un extremo; pero tú estás sola,
ni respiras aquí en la oscuridad.

¡Oh el horizonte en fuga, donde se enciende
rara la luz del petrolero!
¿El paso es éste? (Nuevamente el oleaje
pulula sobre el barranco que se parte...)
Tú no recuerdas ya la casa de esta
noche mía. Y no sé quién se va ni quién se queda.




"Este poema puede ejemplificar la teoría del "correlato objetivo" de Eliot. Un recuerdo o una imagen cualquiera lleva a un encadenamiento de asociaciones que culminan en una experiencia trascendente, así sea la incertidumbre de una duda vital que cuestiona la misma etapa de vida evocada. La casa de los aduaneros, el sitio en que los amantes vivieron un instante de su pasión cobra poco a poco dimensiones fantasmales en el recuerdo, que se desvanece en un hilo a cuyo extremo el poeta se aferra. El viento maléfico del presente va arransándolo todo, va volviéndolo cada vez más lejano: la brújula, la risa, los dados que predecián el futuro, la ahumada veleta, el horizonte que huye y donde se enciende misteriosa la luz del petrolero. En medio de la imaginaria tempestad del tiempo que todo lo arrasa, del oleaje que azota y hiende el acantilado, la voz de los marineros que preguntan a los aduaneros si están sobre el canal seguro entre las rocas se unifica con la del poeta; es él mismo quien pregunta al destino si su camino es ése, es él quien está sumergido en la duda de no saber ya si lo vivido es cierto, de ignorar quién se va y quién se queda. Desde el comienzo, una imagen va desalojando y sustituyendo a otra y todo termina en una fuga incierta donde de nada vale sostener en la memoria el cabo del hilo de lo vivido"

Horacio Armani en "Diario de Poesía" N° 25 (Fragmento) . 

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Horacio Armani y La casa de los aduaneros


La casa de los Aduaneros, de Eugenio Montale



Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
sobre el barranco a pico de la escollera.

Desolada te espera desde la noche
que en ella entró el enjambre de tus pensamientos
e inquieto se detuvo.

El viento bate hace años los viejos muros
y no es alegre ya el sonido de tu risa.
La brújula se mueve enloquecida al acaso
y el azar de los dados ya no es más formidable.
Tú no recuerdas; otro tiempo distrae
tu memoria; un hilo se devana.

Aún sostengo un extremo; mas se aleja
la casa y sobre el techo la veleta
ennegrecida gira sin piedad.
Tengo un extremo; pero tú estás sola,
ni respiras aquí en la oscuridad.

¡Oh el horizonte en fuga, donde se enciende
rara la luz del petrolero!
¿El paso es éste? (Nuevamente el oleaje
pulula sobre el barranco que se parte...)
Tú no recuerdas ya la casa de esta
noche mía. Y no sé quién se va ni quién se queda.




"Este poema puede ejemplificar la teoría del "correlato objetivo" de Eliot. Un recuerdo o una imagen cualquiera lleva a un encadenamiento de asociaciones que culminan en una experiencia trascendente, así sea la incertidumbre de una duda vital que cuestiona la misma etapa de vida evocada. La casa de los aduaneros, el sitio en que los amantes vivieron un instante de su pasión cobra poco a poco dimensiones fantasmales en el recuerdo, que se desvanece en un hilo a cuyo extremo el poeta se aferra. El viento maléfico del presente va arransándolo todo, va volviéndolo cada vez más lejano: la brújula, la risa, los dados que predecián el futuro, la ahumada veleta, el horizonte que huye y donde se enciende misteriosa la luz del petrolero. En medio de la imaginaria tempestad del tiempo que todo lo arrasa, del oleaje que azota y hiende el acantilado, la voz de los marineros que preguntan a los aduaneros si están sobre el canal seguro entre las rocas se unifica con la del poeta; es él mismo quien pregunta al destino si su camino es ése, es él quien está sumergido en la duda de no saber ya si lo vivido es cierto, de ignorar quién se va y quién se queda. Desde el comienzo, una imagen va desalojando y sustituyendo a otra y todo termina en una fuga incierta donde de nada vale sostener en la memoria el cabo del hilo de lo vivido"

Horacio Armani en "Diario de Poesía" N° 25 (Fragmento) . 

marzo 20, 2011

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Sergio Kisielewsky









Encuentro











Inés Ollero está en un bar de Federico Lacroze.




La miro.Fuma.


Tiene 21 años.





Me dice


Vamos a la reunión.




Tengo varias materias previas

e Inés me ayuda en Física.



No sabía nada de mí.

No olvidaba nada de vos.



No me construí.



Hoy te veo en esa foto

y está fumando.



Mirás y me decís

que tomás el colectivo 127 a San Martín.

Llevás materiales.

Detienen el colectivo y vos tenés materiales.





No les decis nada.

Tenés los pantalones oxford,

mirás la calle, las mesa marrones del bar,

los espejos,

la tibia obscenidad de nuestras edades.



Me besás en la mejilla

y me decís que estudie.



Tomás el colectivo en 1977,



Tu sangre es la bandera.













Sergio Kisielewsky (1957, Buenos Aires, Argentina)

De. "Electrificar Rusia", Colección de poesía Mascaró, 1999



Imagen: videolife.tk












marzo 17, 2011

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Dante Alighieri















Tanto gentile e tanto onesta pare









Tanto gentile e tanto honesta pare


La donna mia quand’ella altrui saluta,


Ch’ogne lingua deven tremando muta,


E li occhi no l’ardiscon di guardare.


Ella si va, sentendosi laudare,


Benignamente d’umiltà vestuta;


E par che sia una cosa venuta


Da cielo in terra a miracol mostrare.


Mostrasi sì piacente a chi la mira,


Che dà per li occhi una dolcezza al core,


Che ’ntender no la può chi no la prova;


E par che de la sua labbia si mova


Un spirito soave pien d’amore,


Che va dicendo a l’anima: Sospira.









Tan gentil y tan honesta parece










Tan gentil, tan honesta en su pasar

es mi dama cuando a otros saluda,

que toda lengua tiembla y queda muda,

y los ojos no se atreven a mirar.



Ella se va, oyéndose alabar,

benignamente de humildad vestida,

y parece que sea cosa venida

para un milagro del cielo mostrar.



Se muestra tan grata a quien la admira,

dan al pecho sus ojos tal dulzor,

que no puede entender quien no lo prueba;



parece de sus labios que se mueva

un soplo suave, tan lleno de amor,

que al alma va diciéndole: Suspira







Dante Alighieri (1265, Florencia / 1321, Ravena, Italia

De: "Vita nuova", 1293



Imagen: Rpp

marzo 15, 2011

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Paulina Vinderman






5)















Ahora, tarde en la tarde, marzo sonará en la

palabra púrpura, al borde de la métrica,

inclinada en su terraplén.

Escribo dentro de un grabado mientras la palmera

izquierda (la pequeña) espera su salud perdida

y el encanto del cielo sobre sus nuevas hojas:

un mosquitero de encaje.



Mi mente está calma como un lago

escuchando la voz del hombre que anoche

en mi sueño me preguntaba por las constelaciones.



¿Era ésa la voz del lenguaje?

¿Por qué rompí mi poema del tiburón?



Si viene la lluvia será un exilio, un intervalo

en el teatro de mi pobre, pálida memoria.

Montañas azules, pueblos silenciosos, cardos al sol,

palomos que arrullan las siestas y un humo (¿la voz?)

en la carretera.








9)














Invento el jardín que no tuve y me fotografío


bajo un toldo de cielo.


Cuando menos lo espere, la palabra jardín


me abandonará, y volveré a mis pueblos con


calles de tierra y corazón dorado.






Me dedico a barrer sombras alargadas como cangrejos


                                                                  raros,


sombras de siglos en ciudades inquisidoras, dulcemente


hostiles a mi curiosidad y a mis robos.


¿Robar para el poema, no para la corona, tendrá perdón?






Hasta que la luna salga en mi búsqueda


le quito Groenlandia a los daneses y escribo


en esta página una carta al viejo Erik el Rojo.


En borrador, sobre mi río y mis piedras, mi canción


y mi Sur. Y las tribus diezmadas, y una oscura

mancha de petróleo sobre la palabra justicia








10)






El hombre de maíz diría que el espíritu de


la palmera enferma se adueñó de mí.


Y que debo dedicarle la nube del próximo poema


en que aparezca la palabra nube.






Le pregunto por la tristeza.






Dice que debo acomodarme al viento de la vida.






Y que le cante en rima a mi raíz.






Porque a la suya —la de la palmera— le cantará


la tierra, la cobijará como me cobija el día que se va,


página a página, cobalto sobre blanco, como el recuerdo


de esa foto mojada por la lluvia que cerró el incendio.





Paulina Vinderman (1944, Buenos Aires, Argentina)

De: "Bote negro", Alción Editora, 2010



Imagen: tuertorey.blogspot.com





marzo 13, 2011

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Jorge Fondebrider















Este no es un mundo plano de ficciones



donde alguien dice y otro escucha. Hay mucho ruido,


alrededor hay mucho ruido y el viento que trabaja,


las ramas de los árboles se mueven contra el cielo


y el cielo se refleja sobre el agua del estanque


donde hay un plástico que flota. Y más allá,



al lago lo surcan unos patos. Sin ganas,


los patos se recortan sobre un telón de fondo con palmeras,


y faltan los aviones,


también faltan los coches, claro, que cruzan la avenida.


A todo esto, una mujer ventruda,


de buzo azul, empuja un árbol


para elongar las piernas. Un viejo en pantalones


cortos, con músculos brillantes. Nada,

nada propone nada al paso de la tarde.


¿Cómo se ven las cosas desde la orilla opuesta?


Las cañas desde el aire ¿se ven como las veo desde aquí?


Pasé los treinta y ocho.


Y hay rostros y hubo fechas por distracción borrados,


por ilusión mentidos, por omisión secretos y otras tardes

y habrá seguramente muchas otras

tardes de sol, de invierno. No se puede

evitar una marcada desconfianza

al ver que las palabras presentan lo que pasa en una sola dimensión.














Jorge Fondebrider (1956, Buenos Aires, Argentina)

De: "Los últimos tres años", Libros de Tierra Firme, 2007)


marzo 10, 2011

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Dora Aragón, una poeta ocasional





Dora Aragón, Buenos Aires, 1949. Del libro "Noticias de ahora", Ediciones del autor, 1979.

No hay noticias  ahora de otros libros, otros poemas. Una poeta ocasional.































Rompecabezas








         El amor es algo que


         habría que inventar otra vez, ya se sabe


                                                        Arthur Rimbaud











En búsqueda de ecos

                                         recursos

                                                          apetitos

casi agotados

los aspirantes a la noche inolvidable

corrigen la fe

                                          acaparan las lluvias

                                          reivindican los encuentros

                                                          el estilo 

                                                                         la identidad



Buscan el paraíso:

la única incógnita de los amantes.











Dora Aragón (1949, Buenos Aires, Argentina)



Imagen: Pablo Picasso, "Los amantes", 1919 en Wahoo Art






marzo 09, 2011

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María Cristina Santiago






Vidrieras de Amsterdam









El empapelado tiene marcas

que a veces se ven


al descolgar un cuadro. Como si el pudor

de la señora desvistiera. Por eso considero

para tranquilizarme, imprescindible

repintar los muros. Aunque siempre

es el desasosiego quien se muestra.

¿Qué el ansia del estreno, la pared

sino restos tachados de alguien

que en el fragmento nadie nota?

Posesión de una zona:

Mejor a la utopía

consumarla en sueños.

Virtud o costumbre del deseo

no es deseo. ¿Está claro?

También resta otra forma,

una puede inventarse con destreza

acto de perfumes que matan

suavemente. Y demorarse allí.

Ver como la franja de tafetán crece

y decrece en la ventana.

Nadie revela la clausura

del papel en blanco, estancia cerrada

donde se alimenta lo inmutable

que es gesto repetido por la mano

en las piernas y el roce del satén.

Todo, ¿ese desengaño? y la pintura

el espectro del beso, la belleza

que con hábil oficio se suicida.

¿Nada más que eso? Cuestión de luces

y de sombras, al rojo desencanto de un foquito.

Confieso: lo único que no es ficción

es el poema. Asunto de cuerpos nada más

lo del llamado a lo admirable.





Lo otro, la ilusión

una mosca incómoda. Entra a la sala

cuando está en penumbras. Cuestión

no tan simple del deseo

rechazar este universo

cual cera derramado por los pisos.

Para evitar esas falacias

del pensamiento, algunas mujeres

mi querido,

en vez de traficantes de esclavos

nos hacemos señoras de la casa.















María Cristina Santiago (Buenos Aires, Argentina)

De: www.antologiapoetica.com.ar de Ketty Alejandrina Lis



Imagen: fb














marzo 07, 2011

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Nicanor Parra









Recuerdos de juventud








Lo cierto es que yo iba de un lado a otro,

a veces chocaba con los árboles,

chocaba con los mendigos,

me abría paso a través de un bosque de sillas y mesas,

con el alma en un hilo veía caer las grandes hojas.



Pero todo era inútil,

cada vez me hundía más y más en una especie de jalea;

la gente se reía de mis arrebatos,

los individuos se agitaban en sus butacas como algas movidas por las olas

y las mujeres me dirigían miradas de odio

haciéndome subir, haciéndome bajar,

haciéndome llorar y reír en contra de mi voluntad.

De todo esto resultó un sentimiento de asco,

resultó una tempestad de frases incoherentes,

amenazas, insultos, juramentos que no venían al caso,

resultaron unos movimientos agotadores de caderas,

aquellos bailes fúnebres

que me dejaban sin respiración

y que me impedián levantar cabeza durante días.

Durante noches.

Yo iba de un lado a otro, es verdad

Mi alma flotaba en las calles

pidiendo socorro, pidiendo un poco de ternura;

con una hoja de papel y un lápiz yo entraba a los cementerios

dispuesto a no dejarme engañar,

daba vueltas y vueltas en torno al mismo asunto,

observaba de cerca las cosas

o en un ataque de ira me arrancaba los cabellos.



De esa manera hice mi debut en las salas de clases,

como un herido de bala me arrastré por los ateneos,

crucé el umbral de las casas particulares,

con el filo de la lengua traté de comunicarme con los espectadores:

ellos leían el periódico

o desaparecían detrás de un taxi.

¡Adónde ir entonces!

A esas horas el comercio estaba cerrado;

yo pensaba en un trozo de cebolla visto durante la cena

y en el abismo que nos separa de los otros abismos.









Nicanor Parra (1914,San Fabián de Alico, 2018, Santiago, Chile)

De: "Poemas y antipoemas", Editorial Nascimento, 1972



Imagen: omni-bus.com

Enlaces: Universidad de Chile

marzo 05, 2011

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Antonio Cisneros











Lo que quiero nombrar es una calle. Calle que nombro por no nombrar el tambo de Gabriel

y el pampón de los perros y el pozo seco de Clara Vallarino y la higuera del diablo.

Y quiero recordarla antes que se hunda en todas las memorias

así como se hundió bajo la arena del gobierno de Odría en el año 50.

Los viejos que jugaban dominó ya no eran mi recuerdo.

Nadie jugaba y nadie se apuraba en esa calle, ni aún los remolinos del terral pesados como piedras.

Ya no había hacia dónde salir ni adónde entrar.

La neblina o el sol eran de arena.

Apenas los muchachos y los perros corriámos tras el camión azul del abuelo de Celia.

El camión de agua dulce, con sus cilindros altos de Castrol

Yo pisé entonces una botella rota. Los muchachos (tal vez) se convirtieron en estatuas de sal.

Los perros (pobres perros) fueron muertos por el guardián de la Urbanizadora.

Y la Urbanizadora tenía unos tractores amarillos y puso los cordeles y nombró como calles las tierras

que nosotros habíamos nombrado.

(¿También son sólo olvido?).



Lo quiero recordar es una calle. No sé ni para qué.











Antonio Cisneros (1942, Lima, Perú)

De: "Crónica del Niño Jesús de Chilca", Premia Editora, 1981



Enlaces: El poeta ocasional

Imagen: laotrarevista.com