abril 30, 2011

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Alfabeto de influencias de un poeta (Letra E)


















E. de endings, finales, el final de los poemas, las últimas




 palabras concebidas para liberamos de regreso a




nuestro mundo con la ilusión momentánea de que 




nadie salío lastimado. Los finales son variados, y se inscriben




 en las fantasmales postrimerìas de toda obra de




arte. Buena parte de lo que amamos en los poemas, sin




considerar su tema, es que nos dejan con una sensación




de novedad, de vida agregada. La vida, por otro lado,




nos prepara para nada y nos deja sin dónde ir. Sólo se




detiene.













Mark Strand













Mark Strand (1934, Prince Edward Island, Canadá)


De "Letras libres", Alfabeto de influencias de un poeta. Traducción: Guillermo Sheridan





Imagen: lasalle.edu




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Gonzalo Millán













La gran emigración











En las fotografías de antaño

figuraban aún aves en vuelo,

arboledas, animales salvajes

y domésticos en nuestros brazos.



Hoy hasta las ratas se van

y nos estamos quedando solos,

los únicos sobrevivientes

al borde de mares estériles,

bajo un cielo luminoso y vacío,

lonvegos, grises, demasiados.











El testigo











Apuntando al sol

que lentamente

se sumerge

ante unas playas

y costaneras vacías,

un palo de escoba

en una balaustrada

que salpica el mar.












Paso por la arena
















 


Antes que llegue el rumor de la marea

y el blanco hervor de huevo de la espuma,

me oigo en el eco de un caracol vacío

como el callado hueco de aire oscuro

que hay en toda huella de pisada.













Gonzalo Millán (1947 / 2006, Santiago de Chile, Chile)

De: "Vida", 1984 y artepoetica.com (Paso por la arena)

Enlaces. Memoria chilena



Imagen: albumnocturno.blogspot.com






abril 29, 2011

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Ana Russo










de lágrimas y fuegos






“ya no lloraba pero sus ojos


 nunca más volverían a estar secos,


 que ese es el llanto que no tiene remedio, 


aquel fuego continuo que quema las lágrimas 


 antes de que ellas puedan brotar 


y rodar por las mejillas”


Saramago “El  evangelio según Jesucristo”






de  continuo

la mujer aprende a manejar los fuegos

el arte  es el centro

todo centro es  combustible

pero ella ha manipulado sus fuegos

sin quemarse

ardió y partió el aire con su goce

hizo  lumbres de  horas y  rebrotes

pudo hervirse en sus lágrimas

y luego

aplicar fuegos azules indoloros

sobre el resto de la confianza/

coció, recoció,  atizó, todo lo pudo

no hubo mezcla que no sellase en llamarada/

tuvo miedos vencidos y beligerancias cuerpo a cuerpo

y siempre fue arte/

pero hay fuegos continuos en la hoguera

del párpado inferior

ése que acuoso ya no  pierde su agua

porque hay llamas en los ojos

que cierran la salida

que no permiten  la extinción

del daño.





Ana  M. Russo (Rosario, Provincia de Santa Fe)




abril 28, 2011

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Antonella Anedda













Espera a que baje la temida noche, que se esfume

la luz del crepúsculo, y la tierra

gire sobre su eje.

Esta es la verdad de esta noche incierta

en las matas de acacias y en las casas

es ésta su medida: un acre de desierto.



Soporta tus pensamientos en penumbra

avanzando como punzadas de la memoria.

Puedes alinearlos hasta el abismo del miedo

mirarlos vacilar cuando el llano se oscurece

esperar su regreso ahora que el perro calla

y la mente se va apagando

por un segundo forma sin mal

alma del geranio

tendido en la baranda.











Antonella Anedda (1955, Roma, Italia)

De. "Un'altra voce", Marcos y Marcos 2008

Traducción de Juan Carlos Reche





Imagen: hercircleezine.com






abril 23, 2011

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Luis Chaves







































33 r.p.m.















La empleada lleva el pelo atado

hasta el final de su espalda,

se acerca a la mesa

envuelta en aroma a Vitamaíz.

Cuando se va, 

la trenza marca rítmicamente sus pasos

igual que un metrónomo invertido.





En el tornamesa que desechó mi padre,

todas las tardes escucha

un elepé rayado de Memo Neira

y los ojos se le cargan

de algo que nunca me quiere explicar.





Tengo nueve años y cada domingo

invado el cuarto par oler su ropa usada,

hasta que desde el espejo

la postal de San Cristóbal

-a mitad del río y con un niño a cuestas-

me obliga a interrumpir mi misión.





Tantas personas que entran y salen

de nuestra cabeza,

tantas que solamente se asoman a nosotros

como quien husmea frente a la vitrina.





Ya no recuerdo bien cuando se fue de casa,

sé que era de noche

y que guardo esta última imagen:

los caños desbordados

inundando las calles,

ella con el agua hasta los tobillos,

su valija a cuestas.















Video de alquiler















La película terminó mal.

En el cuarto a oscuras,

hasta los créditos

irradian un sentimiento

de equivocación.





No es fácil

reunir a cuatro extraños

y, en pocos días,

hacerlos actuar

como una familia.





Nosotros, en el intento,

llevamos toda la vida.













Luis Chaves (1969, San José de Costa Rica, Costa Rica)

De: "Historias Polaroid", Ediciones Perro Azul, 2000)





Imagen: poetasigloveintiuno.blogspot.com






abril 20, 2011

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Laura Wittner, un poema inédito






















































La fiesta















Levantaron la compuerta del baúl


y salimos arando hacia el fondo del cielo.


Carreras, equilibrios y verticales-puente


en ámbitos que se levantaban y caían


a nuestro paso, según nuestra voluntad:


galerías con arcos y columnas,


infinitos gimnasios con pisos de madera,


tinglados ásperos con reverberaciones,


y así...





Figuras finas y flexibles, fuimos, en esa tela inmensa


donde el mayor esfuerzo del pintor había estado en la luz:


llegar al tipo exacto de luz con el óleo


y de paso atrapar la blandura del aire;


el punto exacto, en óleo, de esa consistencia.





A los grandes los volvimos a ver


dos o tres veces a lo largo del día.


Por el momento no eran más que una idea


o varios pares de sombras demarcantes:


esto es centro, esto es suburbio y lo del medio es no-terreno,


sin saber que tragábamos aire casi ilegalmente


de y en cada una de esas franjas


siempre a punto de pasar a ser otros.





Todo cambió cuando corrieron el toldo con la noche.





Sin la velocidad de los espacios abiertos


nos subsumimos en zonas apretadas,


pozos a compartir con las luciérnagas.





Tanta luciérnaga en los ojos,


tanta humedad y reflejos estelares–


como el confeti o el rocío de sal,


o ese humo abrillantado de las grandes explosiones– 


funden los cinco sentidos en un sexto.


Pispeamos desde ahí a nuestros padres en sombras:


y resultó que se habían puesto a administrar


una fluida intimidad en la que cada recoveco


servía de altarcito para un símbolo.





Tierna es la noche, parece, nos dijimos.


O qué nos podemos haber dicho.





Salvo que sí, hay una subcorriente


nocturna, como en cualquier día de playa


bajo la sólida costa, por las venas iodadas


transcurre lo decapitado en general.













Enlace: http://elpoetaocasional.blogspot.com/search/label/Laura%20Wittner

De: "Balbuceos en una misma dirección", inédito




Imagen: Facebook







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Charles Bukowski












Sé amable













siempre nos piden

que entendamos

el punto de vista de los demás

no importa cuán

ignorante

estúpido o

aburrido

sea





te piden que veas

su fatal error

sus vidas malgastadas

con amabilidad,

especialmente si son

viejos





pero la vejez es el total

de nuestros actos

ellos envejecieron mal

porque vivieron

mal,

rehusaron ver





¿no es su responsabilidad?





¿de quién es?

¿mía?





me piden que no les diga

lo que pienso

por miedo de su 

miedo





la vejez no es un crimen





pero la vergüenza

de una vida

deliberadamente

malgastada





entre tantas

vidas

deliberadamente 

malgastadas





sí es.















Atrapado















no desvistas mi amor

podrías encontrar un maniquí

no desvistas el maniquí

podrías encontrar

mi amor





hace mucho que ella

me olvidó





ahora se está probando un

sombrero nuevo

y luce más coqueta

que nunca





ella es una

niña

y un maniquí



la muerte





no puedo odiarla por éso





no hizo nada

inusual





sólo que yo la quería

















Charles Bukowski (1920 / 1994, Andemach, Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica)

De: "100 poemas", Emptybeercan Ediciones

Traducción:: Federico Ludueña





Imagen: avclub.com

Enlace: El poeta ocasionalLa página de Charles Bukowski

abril 18, 2011

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De la poesía como síntoma y el lugar vacante de Dios, por Javier Galarza








Un acertado pensamiento de Deleuze interroga: ¿por qué sólo escritores como SADE y MASOCH (como nombres propios) han dado origen «psi» al nombre de una serie de patologías, síntomas o perversiones (SADismo — MASOquismo); cuando también otros tantos escritores como KAFKA (autores que, según Deleuze, escriben desde el fantasma) podrían dar lugar a toda una gama de clasificaciones de síntomas o neurosis psicoliterarias (y con nombre propio)?. Si de adjetivar se trata, hemos atravesado un siglo kafkiano y borgeano. ¿Podríamos entonces hablar también de una neurosis proustiana o una perversión lautreamonteana?


Preguntamos entonces: ¿la poesía es un síntoma?


Lo es en cuanto a emergente. Un trabajo de construcción libre e inasible como un sueño, con altas dosis de ambigüedad y emoción y cierto sentido que permanece velado a la lógica. En el decir de Paul Valery «esa vacilación prolongada entre el sonido y el sentido«. Muchos de los mejores poemas son revelaciones inquietantes que nos han dejado algunos artistas antes de colapsar, de despeñarse definitivamente fuera de toda órbita, inscribiendo un real como la sexualidad o la muerte donde cuerpo y lenguaje han sido puestos en juego. Esa sentencia de Baudelaire «sé siempre poeta, aún en prosa” explicita que el discurso lineal adolece de una manifiesta incapacidad de decir.


Y precisamente el decir de la poesía intenta develar lo que el lenguaje cotidiano vela. La atomización y olvido del lenguaje de los dioses. Ese plus de la palabra o el verbo que la charlatanería cotidiana suele degradar.


¿Será eso la poesía? ¿La pura posibilidad de lo no decible? ¿Intentos contra lo innombrable? ¿El momento de terror e incertidumbre donde el NO AUTOR debe dejarse caer a ese lugar del vacío que el poema le ha asignado, una tierra lejana e incierta desde donde el poema cuestiona en su base misma, interpelando tanto al creador como al lector allí donde el sentido se retira, colapsa, no está y, a la vez, es creado a cada momento desde esa misma ausencia?


El poema como un síntoma vivido a través del cuerpo y desde el cuerpo y más allá aún, produciendo ese lugar inasible y desesperante del propio cuerpo poético (y su gramática), y la gramática implícita en todo cuerpo. Inscribiendo de este modo una resignificación que trasciende la trama simbólica, dando a luz un nuevo sentido que se vela y alumbra a cada momento.


«Habitar poéticamente» el silencio de la casa del ser, abriendo claros y grietas, inscribiendo otras dimensiones en el don del lenguaje, despertando zonas dormidas del pensar, creando nuevas moradas en la casa del verbo.


¿Qué nos decía Nietzsche en Zaratustra con su afirmación «el hombre es un puente»?. Probablemente que sólo somos tránsito, devenir, instancia a ser superada; salto sin red hacia el superhombre o hacia el abismo mismo, lo inexorable, la verdad, la locura, la incertidumbre propia de toda existencia jugada en un definitivo acto de afirmación de la vida, vivir en este momento TODOS LOS MOMENTOS. Todos los saltos sin red que nos propone la vida, en una afirmación de la nada que no deja de ser celebración, fiesta dionisíaca, embriaguez...




«El desierto avanza» avisó el mismo Nietzsche, anunciando una catástrofe de proporciones nunca vistas. ¿Intuiría que su mente partiría hacia otras latitudes cuando escribió: «y si algún día la prudencia me abandona, que mi espíritu vuele libre junto a mi locura»? La poesía y sus profecías autocumplidas. Como Sylvia Plath que en sus últimos días escribe «una vez que uno ha visto a dios ¿que remedio hay?». Lautreamont axioma «la poesía debe ser hecha por todos». Rimbaud se llama al silencio y las aventuras salvajes de un exilio que duraría toda la vida. Unas cuantas pastillas apuradas por Pizarnik en una noche dura o el despeñamiento de Alfonsina en su propio mito de regreso a la sustancia amniótica de ese mar que fuera su origen. Borges y su validación de unas pocas metáforas certeras y afortunadas (el río como el tiempo, etc.). Lewis Carrol internándose en los espejos y en los juegos de palabras para prolongar su sueño de una niña inasible. Rilke en su melancolía sin retorno, intuyendo que sólo podrá lograr verdad en el ser a través de su poesía, esa forma de la sublimación que le permite hablar con los ángeles en su teoría de lo abierto, para hacer soportable una tristeza que lo desgarraba y lo interrogaba infinitamente. Emily Dickinson y la ceremonia de una cotidianidad y su voto de silencio y su blanca elección y la reducción de sus espacios físicos y su ritual agorafóbico de flores disecadas junto a sus poemas. Cesar Vallejo preanunciando su muerte en París un día de lluvia. Paul Celan demostrando que la poesía no sólo es posible después de Auschwitz, sino también imprescindible.


A la sombra del hoy cayendo sobre nosotros se entiende aún más aquella afirmación proto lacaniana de Rimbaud que dice «yo es otro», esa necesaria extranjería que el poeta convoca para desconocerse por siempre en su tarea de «fijar vértigos», su convocatoria a la otredad como vivencia, credo y mística.


Holderlin despeñándose, anunciando (antes de su encierro en la torre) la noche del mundo ante la huida de los dioses. Allí donde los poetas llevarían la antorcha «como los sagrados sacerdotes del dios del vino, que de tierra en tierra peregrinaban en la noche sagrada siguiendo el rastro de los dioses huidos.»


Es hora de pensar que la muerte de dios tiene como consecuencia el largo duelo de dios. Y habitar el vacío sin sustituciones puede permitir nuevas formas de adjetivar el abismo, moviéndose sin muletas en la experiencia límite de la nada. La noche ha caído porque la muerte de dios implica también un duelo tan largo como primal.


Siguiendo a Holderlin «el hombre es un mendigo cuando piensa y un dios cuando sueña». Podemos deducir que, si la razón actúa a manera de cárcel, en el gran averno de lo inconsciente (donde yace la memoria de la especie) somos ilimitados. Pero somos ilimitados en la memoria de una especie que a su vez ha perdido la memoria. Y ahora que cae la noche, es tan hermoso saber que lo hemos perdido todo. Que no hay certezas que nos cubran ni ideas que guarezcan ni ficciones que cobijen ni tesoros en la tierra. Que detrás de las apariencias no hay nada. Saber que estamos perdidos. Definitivamente perdidos. Intuyendo que quizás, tan sólo quizás, el dios atomizado tras su muerte reviva parcialmente en escritos apurados en servilletas de papel.


Ese extraño artista llamado John Cage comprendió claramente que la música es la arquitectura del silencio y dijo alguna vez: «no bien comprendemos que lo hemos perdido todo, comienza la poesía». Es hora de celebrar. Lo hemos perdido todo. Estamos perdidos. Definitivamente perdidos. Brindemos por eso.


También.






P.D.


1.El arte permite recuperar el salvajismo del acto de ver, como la poesía el hábito extraviado, extraño, de decir, nombrar, nominar. Entonces esa extrañeza del decir alumbra un nuevo significado que al no ser absoluto abre diferentes posibilidades para el antitotalitarismo donde la subjetividad puede manifestarse como un dibujo o una proyección.


2.Nominar. El verbo. La posibilidad de nombrar. Un decir que dé cuerpo. La violencia del verbo redentor, la palabra que crea profanando un lugar con la paradoja de lo divino.


3. Hay un mito fundante en cada poeta, su nominación, sus palabras fundamentales, su inauguración, su bautismo en la palabra, la consagración de sus metáforas - allí en su correspondencia- (alfonsina y el mar, lorca y la luna, pizarnik y las lilas) su recibimiento - aprendimiento y apropiación del don del lenguaje, su inserción libre con variada exactitud en el registro simbólico, la cadencia de su plegaria e imprecaciones, su hölderliana conversación con dioses y humanos, su principio en el verbo y su final.





© JAVIER GALARZA

En http://javiergalarzants.blogspot.com/




abril 12, 2011

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Philip Larkin












Un sordo corazón: Philip
Larkin













Si la poesía fuera un estado
de ánimo, en el caso de Philip Larkin (1922-1985) correspondería al de la pena,
por momentos amarga, por momentos irónica, fundamentalmente lúcida, no obstante
estos atributos sus escritos destilan una inusitada  belleza. La suya es una poesía de contenidos,
una poética de las situaciones cotidianas, de la contradicciones de la vida, de
la decepciones de la edad y las ilusiones perdidas, de una fría y poco esperanzada
observación del mundo. Larkin tomó siempre partido por una poesía que que
tomara las expresiones del habla común de la gente, no es casualidad además que
sus poemas refieran a la condición material de la existencia.   




Uno ha escuchado ese frase
que dice: Fulano no tuvo infancia. Una visión que Larkin tenía de sí mismo, era
que todos los detalles de su biografía hasta los veinte años podían omitirse,
además Larkin afirmaba de sí mismo que no había tenido juventud, la cual debió
tener lugar oficialmente, o respetando la opinión de Larkin, no ocurrió,
durante la posguerra. Esta selección de poemas va desde sus jóvenes principios
hasta los libros escritos en su época madura cuando ya era un poeta reconocido,
y donde había adquirido un estilo de ágil tono narrativo. Cosa curiosa, cuando había
obtenido cierto reconocimiento público, su arte se desvaneció, atravesando
largos difíciles y depresivos años. Larkin se reconocía inhábil socialmente, y
la exposición de su persona inhibió su arte. Y aunque solo escribió cuatro
libros de poesía su obra es imponente. Philip Larkin es considerado uno de los
poetas ingleses más geniales del reciente siglo pasado.       











Pesada de flores, la cabeza














Pesada de flores, la cabeza


Para siempre en torno a una
cama sin tormentas


Manos que el corazón podría gobernar


Estarán al final por oscuras
manos compuestas


Cada sentido regocijado


Disperso hasta el silencio


El sol lo arrastra lejos.





Y todas nuestros recuerdos
espléndidos


Escapan lejos de la inquietud
de la estación


Para recostarse sobre la faz
de la tierra


Que le diera nacimiento.


Como manzanas caídas, han
perdido


Su dulzura al golpearse,


Y luego marchitan. 















Si las manos pudiesen
liberarte, corazón














Si las manos pudiesen
liberarte corazón


      ¿Adónde volarías?


¿Lejos, lejos de todo, de
toda parte


Terrestre bajo el cielo
correntoso


Te volverías desolado? ¿O
cruzarías


Ciudades y montañas y mares


      Si las manos pudiesen liberarte?





Yo no erraría mi juicio


       Mientras pudiera correr


A través de campos y
socavados valles, tomar


Todas las bellezas bajo el
sol


Aún en definitiva pérdida:


No encontraría ni una cama,
ni un brazo tendido


   Donde descansar mi cabeza.
















Esta es la primera cosa














Esta es la primera cosa


que yo he entendido:


el tiempo es el eco de un
hacha


en el interior de la madera
















Si la pena pudiera quemarse















Si la pena pudiera quemarse


Como sumergido carbón


El corazón descansaría
sosegado,


El alma desalquilada


Sería aún cual un velo;


Pero he mirado toda la noche





El fuego crecer en silencio,


La gris ceniza deshacerse:


Y avivo la obstinada piedra


Que las llamas han dejado,


Y la pena se aviva, y el
sordo


Corazón queda sin fuerzas.















El Barco del Norte







Leyenda










He visto tres barcos navegar,


Sobre el mar, el mar que
eleva,


Y el viento se alzó en el
cielo de la mañana,


Y uno fue preparado para el
más largo viaje.





El primer barco navegó hacia
el oeste,


Sobre el mar, el correntoso
mar,


Y poseído por el viento


Fue llevado hacia un rico
país.





El segundo navegó hacia el
este,


Sobre el mar, el falso mar,


Y el viento como a una bestia
le dio caza


Para anclarlo en cautiverio.





El tercer barco viró hacia el
norte


Sobre el mar, el tenebroso
mar,


Pero ningún viento se
adelantó


Y en su cubierta solo
brillaba la escarcha.





El cielo del norte creció
alto y negro


Sobre el orgulloso y estéril
mar,


Del este y del oeste ambos
barcos regresaron


Feliz o infelizmente:





Pero el tercer barco viajó a
lo largo y lo ancho


Del mar, dentro del
implacable mar


Bajo una estrella vertiente
de fuego,


Y había sido preparado para
el más largo viaje.  















Adivinadora














Harás un largo viaje


en una extraña cama tomarás
descanso,


y una muchacha morena te
besará


suavemente como el pecho de
un ave


que al atardecer desciende a
cubrir su nido.





Ella cubrirá tu boca


Y evitará que su memoria
sorprendida


Exclame, al inclinarse su
rostro,


Es el mismo, quien murió hace
ya mucho tiempo


Bajo un nombre distinto.















Ignorancia














Extraño no saber nada, nunca
estar seguro


De qué es verdad o correcto o
real,


Pero forzado a calificar o
siento que


O Bueno, parece


Alguien debe saber.





Es extraño ignorar la forma
en que las cosas funcionan


Sus habilidades para
encontrar lo que ellos necesitan,


Su sentido de la forma, la
puntual semilla esparcida


Y la voluntad de cambio;


Sí, es extraño,





Incluso usar ese conocimiento
- para nuestra carne


Que nos rodea con nuestras
propias decisiones-


Y todavía gastar toda nuestra
vida en imprecisiones,


Por ello que cuando
comenzamos a morir


No tenemos idea del porqué.
















Esperando el desayuno,
mientras ella peina su cabellera














Esperando el desayuno,
mientras ella peina su cabellera,


Dí una mirada al
estacionamiento vacío del hotel


Alguna vez pensado para
micros. El empedrado estaba húmedo


Pero no reflejaba luz hacia
el cargado cielo


Hundido de nieblas hasta los
techos.


Desagotes y chimeneas
trepaban


Por encima de las
habitaciones quemando sus luces eléctricas:


Pensé: mañana sin rasgos,
noche sin rasgos.





Equívoco: por qué las piedras
dormían, y la niebla


Vagaba absuelta después de
todo cuanto rodeaba


Aún meciendose como un
detenido aliento; las luces la quemaban,


Como espuelas de una
excitación ininterrumpida; del otro lado del vidrio


El frasco descolorido del día
se derramaba dolorosamente


Mi mundo de vuelta después de
un año, mi perdido perdido mundo


Como un reno extraviado
pastando ante mi camino otra vez


Alerta ante la menor garra de
la mente. Me volví, la besé,


Es fácil a la pura alegría
revertir el balance por el amor.





Pero, una frágil visita, en
barbecho,


Como un reno, como un campo
aún salvaje y no forzado,


¿Cómo me tendrías? Hacia tu
gracia


Mis promesas se encuentran y
se cierran y corren como ríos


Pero sólo cuando quieras. ¿
Acaso estás celosa de ella ?


¿ Te negarías a verme hasta
que yo la haya expulsado a ella


Terriblemente fuera de mí,
con su viva importancia


En parte inválida, en parte
bebé, en parte santa ?















Llévese uno para los chicos














Sobre una escasa paja
artificial, iluminados entre paredes de vidrio


Acurrucados contra los sucios
y vacíos comederos, ellos duermen:


Sin oscuridad, sin madre, sin
tierra, sin pasto –


Má, llevemos uno a casa,
nosotros lo cuidamos.





Juguetes vivientes toda una
novedad,


Pero enseguida se desgastan.


Tomá la caja de zapatos, Tomá
la pala –


Mami, ahora estamos
jugando a los funerales
.

















Aquí















Desviando hacia el este,
desde ricas sombras industriales


Toda la noche el tránsito
hacia el norte; desviando a través de los campos


Demasiado gastados y llenos
de cardos como para llamarlos praderas,


Y aquí y allá los ásperos
lomos de burro, protegen


Trabajadores al amanecer,
desviando hacia la soledad


De cielos y cuervos, parvas,
liebres y faisanes,


Y ensanchando su lenta
presencia el río,


Las amontonadas nubes de oro,
la brillante marca de la gaviota en el barro,





Reúnen la sorpresa de un gran
poblado:


Aquí capillas y estatuas,
agujas de campanarios y ascensores de andamios


Junto a calles donde hay
cereales desparramados, amarraderos repletos de barcas


Y residentes de sombríos
complejos de edificios, que han bajado


Las muertas y derechas millas
robandose un carrito de supermercado,


Empujando a través de puertas
vidriadas que se abren ante sus deseos


Trajes baratos, rojos
utensillos de cocina, zapatos filosos, palitos helados,


Batidoras  eléctricas, tostadoras, lavarropas, secadores





Una multitud a precio
rebajado, urbanamente simple, establecida


Donde solo vendedores y
familiares vienen


Hasta un terminal y
maloliente olor a pescado


Congregación de embarcadas
calles, el museo de la esclavitud


Locales de tatuajes,
consulados, sufridas amas de casa, con sus cabezas envueltas en la bufanda


Que en las afueras tienen sus
cercos a medio construir con créditos ya pagados


Sombras rápidas en campos de
trigo, corriendo altas como hileras de arbustivas


Aislados villajes, donde las
vidas son removidas





La soledad nos clarifica.
Aquí el silencio permanece


Como el calor. Aquí las hojas
se engrosan sin aprecio


Las hierbas florecen
escondidas, las aguas rechazadas corren raudas,


El aire luminoso del gentío
asciende


Y más allá de los campos
donde surgen las amápolas, un azulina distancia neutral


La tierra termina de súbito
sobre una playa


De cuerpos y canto rodado.
Aquí no está cercada la existencia:


Está de cara al sol, parca,
fuera de alcance















Los árboles














A los árboles les están
viniendo las hojas


Como algo no del todo dicho;


Los brotes recientes
aliviados se ensanchan


Su verdor es una especie de
queja





¿ Es que ellos vuelven a
nacer, mientras nosotros


Solo nos ponemos viejos? No,
ellos mueren también


El secreto de lucir nuevo año
tras año


Está escrito en los anillos
de las vetas.





Y sin embargo los incansables
castillos


Desgranan su madura robustez
cada Mayo


El pasado año está muerto,
parecen decir,


Empieza, empieza, empieza tú
también de nuevo.















La cortadora de césped














La cortadora se detuvo ya un
par de veces, al arrodillarme encuentro


Un zorrino acurrucado frente
a las cuchillas


Ya muerto. Había hecho en el
pasto alto su refugio.





Recuerdo haberlo visto antes,
inclusive le dí de comer una vez.


Ahora yo había injuriado su
mundo ignoto


No había reparación. En nada
iba a ayudar su entierro:





La mañana siguiente yo me
levantaría y él ya no.


El primer día después de una
muerte, la nueva ausencia


Es siempre la misma, debemos
tener cuidado





De cada uno de nosotros y los
otros, debemos ser buenos


Mientras todavía haya tiempo.















Los jugadores de cartas














Jan van Hogspeuw
tambaleandose llega hasta la puerta


Y mea en la tiniebla. La
lluvia afuera


Llena las huellas de las
carretas y desciende por el barroso camino


Adentro, Dirk Dogstoerd se
sirve un trago más,


Y con una tenaza sujeta una
braza, enciende su pipa,


Eructa humo. El viejo Prijck
ronca tempestuoso,


Su cara cadavérica se
ilumina; alguien detrás toma cerveza


Y abre mejillones, gruñendo
fragmentos de canciones


De amor a los jamones
colgados de la viga.


Dirk baraja las cartas.
Arboles centenarios, húmedos


Pesados, se baten bajo el
sitio de la bóveda sin estrelllas


Sobre esta cueva encendida de
quinqués, donde Jan se incorpora, pedorrea


Arroja un escupitazo a las
llamas, lanza la reina de corazones.





¡ Lluvia, viento y fuego ! ¡
La secreta paz bestial !













Philip Larkin (1922, Coventry / Londres, 1985, Inglaterra)


Traducción y comentarios:
Alberto Gagetti





Enlaces: El poeta ocasional 

Imagen: craveonline.com