Juan Pablo Salinas

Mesa 3



El espaldar de la silla saborea sus vértebras
acaricia sus costillas en cada movimiento


Bate las manos confundido
atrapado en las telarañas que los gritos tejen por los costados
Mientras arquea los hombros
seguro de vivir entre estos ruidos.


Un insecto cae en espiral
un insecto expulsado de su conciencia flota
posa en las paredes
copula sobre las mesas
y solo son moscas las que frecuentan sus días
coinciden a cada instante con su mirada
en cada banca
a toda hora
y es el tedio día a día


Se desplaza al baño y pronto a la mesa
todo se hace inaprensible
sus ojos se vuelcan y se mira en medio de un anfiteatro
sentado
automatizado sobre un sillón
con un control pegado a la mano y su dedo cambiando y cambiando
y pronto el zapping diario
y es Tele-Vida todos los días
efímeras escenas de felicidad
indigestiones de hambruna inmortalizada en spots de Herbalife
noticias rebosantes de fatalidad
y muertos, vidas, historias
una mancha
una suma de píxeles en la pantalla.


Juan Pablo Salinas (1986, Cochabamba, Bolivia)
De: "Moscardón Bistrot", Editorial Yerba Mala, 2010


Imagen: http://antologiatemporal.wordpress.com/

0 comentarios

Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.