Raúl González Tuñón



Clínica de muñecas

                                                                   (Villa Crespo)
                                          "Yo estaba frente al Edificio Nacional
                                           cuando empezó el tiroteo" (Paralelo 48).
                                                                                  Dos Passos


Tenía en su cara los colores
de la silvestre rosa rosa irlandesa,
y unos ojos verdes redondos
y bucles de oro la magnífica muñeca
y una cintura de ukelele
y un perfume tan penetrante de alhelí,
cuando fue
muerta entre el berrinche
en el bochinche que hubo allí,
la señorita Rumble Bumble Jumble Jinjiboo Jay O'Shea.

Ah, yo la hubiera paseado
bajo la Cruz del Sur en la Ribera
y yo le hubiera regalado
una fragata dentro de una azul botella
y un gran reloj que al dar la hora
toca una linda, una adorable musiquita
y una ventana con un puerto y un submarino en la pecera
y un trencito de chocolate que recorre un raro país,
a la pequeña Rumble Bumble Jumble Jinjiboo Jay O'Shea.

Ahora está la Bella Durmiente con las mejillas color cera
y ya no tiene los colores
de la silvestre rosa rosa irlandesa.
Ahora está blanca la yacente
adolescente en su cajita
y sobre ella la tristeza lanza su breve
transparente lluvia sutil
y el viento joven gime gime gime en la vidriera
porque está muerta en la cajita
la señorita  Rumble Bumble Jumble Jinjiboo Jay O'Shea.


¡Doctor Angélico! Estoy viendo
cómo trabaja en la trastienda el Viejo Gris
con instrumentos delicados
como los sueños del vagabundo y el poeta.
Cuando termine le daremos vino viejo y gefultefisch
y la antigua llave del barrio
y el secreto del gallito de la veleta
y una garita de confite donde se agite
un guerrillero de carmín
por salvar a la Señorita, por salvar a la Señorita,
por salvar a la Señorita, por salvar a la Señorita
Rumble Bumble Jumble Jinjiboo Jay O'Shea.





Raúl González Tunón (1905 / 1974, Buenos Aires, Argentina)
De. "A la sombra de los barrios amados", 1957



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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.