junio 25, 2011

,   |    |  

Jacobo Ruskin









Tareas tan inútiles como la poesía









El río crece, el tiempo no ayuda.

Rema, rema la luz bajo la lluvia.

Que me perdone quien se sienta herido,

los inundados son del río, de nadie más.

Clavan techitos de multiflex,

de flexiplor, paredes

de un más que servicial cartón

o se dan por entero a otras tareas

que de por sí tampoco arreglan nada.

Y justo cuando nada se arregla,

cuando la noche habla de tregua

y enciende su esperanza, su lámpara

de veinticinco vatios gratuitos

en un barcito de morondanga,

se vive un apagón, se oculta el río,

se oculta la ciudad que ocupa el río.









Jacobo Rauskin (1941, Villa Rica, Paraguay)

De: festivaldepoesiademedellin.org








, ,   |    |  

Néstor Mux





Perros atados

















Es posible que ese perro atado ladre

a estrellas que lo aturden con señales

o aúlle a quienes lo dejaron vigilando,

para nadie, una casa abandonada. 





Los vecinos se quejan porque no pueden dormir,

escuchar la radio o lustrar sus automóviles. 





Mientras tanto yo le adivino colmillos azules

como el amor o la muerte y lo imagino altivo

como algunos hombres o como muchos perros. 





Porque su sonido tiene algo de delicada insensatez

o de agonía, y ese sonido me acompaña y me persigue.

Porque su ladrido se impone por sobre las voces

desafinadas y rancias de la gente

mezcladas como al fondo de una olla. 





Y porque es posible que yo esté atado también,

pero sin su convicción para ladrar y aullar

ahora que siento finalmente que me han dejado solo

vigilando una luz casi deshabitada. 















Néstor Mux (1945, La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

De: "Perros atados", Ernesto Girard Editor, 1982



Imagen:agencianan.blogspot.com

junio 21, 2011

  |    |  

Acerca de la primera lectura de "Ramalaje", poemas de Ignacio Uranga






Leo los poemas de Ignacio Uranga y me reconozco incapaz de explicar por qué surgió el cometido de buscar una definición de la palabra "deducción". Qué relación existe entre el contexto filosófico de la palabra con los poemas. (Se pueden leer en de sibilas y pitias y Facebook)






Intuición / Acto de la mente por el cual vemos de forma inmediata, con claridad y distinción, la verdad de una proposición.


      Descartes nos dice que los dos actos de nuestra inteligencia o razón gracias a los cuales podemos llegar al conocimiento cierto son dos, la intuición y la deducción. Explica que la intuición no es el testimonio de los sentidos ni el juicio engañoso de la imaginación sino la concepción que nace o tiene su origen en las “solas luces de la razón”. Es más segura que la deducción y no deja lugar a dudas de aquello que comprendemos.Identifica la intuición con la luz natural.

      Podemos entender la diferencia establecida por Descartes entre la intuición y la deducción si nos fijamos en la diferencia entre mostrar y demostrar. Demostramos algo cuando damos razones que justifican nuestra opinión, cuando relacionamos una proposición con otra hasta llegar, a modo de conclusión, a lo que queríamos demostrar. La demostración es un proceso discursivo de nuestra razón. Sin embargo mostramos algo cuando, simplemente, ponemos ante un sujeto aquello que queremos mostrar, cuando hacemos que el sujeto al que queremos convencer tenga presente, delante de él, la realidad u objeto en la que queremos que crea. Es fácil poner ejemplos de esta diferencia fijándonos en los objetos físicos. Podemos intentar convencer a alguien de que en su casa hay un ladrón argumentando que le han forzado la ventana, que hay luz, que se oyen ruidos extraños, es decir dándole razones concluyentes. Pero también lo podríamos hacer –aunque con grave riesgo para nosotros– llevando a nuestro amigo al interior de la casa y mostrándole la presencia del ladrón.




      No es necesario demostrar todo, puesto que hay cosas que no se pueden demostrar pero que nuestra mente puede ver inmediatamente que son ciertas. Estas cosas son precisamente los fundamentos o bases de toda demostración.

      Descartes tomó del proceder matemático, particularmente de la geometría, la distinción entre intuición y deducción. La geometría euclidiana parte de unos primeros principios indemostrables o axiomas y mediante cadenas argumentativas concluye en proposiciones cada vez más complejas o teoremas. A diferencia de algunas consideraciones contemporáneas que defienden la idea de que dichos principios se aceptan por convención o por su poder para generar muchas proposiciones consistentes, Descartes consideró que se aceptan porque la mente ve inmediatamente su verdad (por intuición); sin embargo llegamos a la verdad de los teoremas por deducción.

      Lo peculiar del enfoque racionalista consiste en considerar que, junto con lo que podríamos llamar intuición sensible o percepción, existe una intuición más perfecta,  la intuición de la mente o intuición intelectual. Este punto de vista supone dos cosas:



  • que la mente puede ver de una manera propia, que no sólo ven los ojos físicos;



  • que hay ciertos objetos que se pueden mostrar, que pueden estar presentes, en persona, ante ella. 




      Descartes pone como ejemplos de este tipo de conocimiento la intuición de la propia existencia, el acto de conocimiento que la mente tiene de sus propias vivencias, pero también el conocimiento de verdades universales respecto de objetividades o realidades distintas a la de la propia mente  (“que el triángulo está definido sólo  por tres líneas”, “que la esfera por una superficie”, ... )


      Finalmente, señala las diferencias entre la intuición y la deducción:



  • la intuición es un acto simple, la deducción es un cierto movimiento o sucesión de la mente;



  • la intuición ofrece evidencia presente, mientras que la deducción parece exigir la presencia de la memoria, el recuerdo de haber vivido ciertas evidencias, pero no exige la evidencia actual;



  • la intuición es más básica o fundamental que la deducción, pues incluso podemos decir que la deducción no es otra cosa que intuiciones sucesivas. 







    Imagen: amaliagieschen.blogspot.com




junio 19, 2011

, ,   |    |  

Sergio Raimondi











Pietro Gori & Cicerón & Percy Shelley, Ingeniero White, 1901













Por los rieles va el vagón y en su techo la luna


hasta que llega a la punta del muelle y se cae


al mar. Los que oyen el discurso no vuelven


a sus casas, vuelven a otro lugar, no ven, no verán,


algunos por unos días, otros por años, más


lo mismo aunque lo mismo les frote la nariz.


El conferencista arma un dispositivo detonante


que mezcla retórica (55%), inspiración romántica


(20%) y perspicacia crítica anarquista (25%).


Ahora es imposible adivinar si la combinación


fue la adecuada, y la sospecha queda de un elemento


que fagocita al otro lentamente en el recuerdo


del estruendo primero. Ciego silencio después.


No sé. Por los rieles va el vagón y en su techo


nada, polvillo del cereal, vestigios de carbón.















Sergio Raimondi (1968, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina)


De: "Poesía civil", Ediciones Vox, 2001






Imagen: la gaveta corrediza de rossell





junio 15, 2011

,   |  2 comentarios  |  

Jaime Sabines





















A estas horas, aquí













Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,

dejar mi cuarto encerrado

y bajar a bailar entre borrachos.

Uno es un tonto en una cama acostado,

sin mujer, aburrido, pensando,

sólo pensando.

No tengo "hambre de amor", pero no quiero

pasar todas las noches embrocado

mirándome los brazos,

o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.

Leer, o recordar,

o sentirme tufos de literato,

o esperar algo.

Habría que bajar a una calle desierta

y con las manos en la bolsas, despacio,

caminar con mis pies e irles diciendo:

uno, dos, tres, cuatro...

Este cielo de México es oscuro,

lleno de gatos,

con estrellas miedosas

y con el aire apretado.

(Anoche, sin embargo, había llovido

y era fresco, amoroso, delgado.)

Hoy habría que pasármela llorando

en una acera húmeda, al pie de un árbol,

o esperar un tranvía escandaloso

para gritar con fuerzas, bien alto.

Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.

Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato

o le diría un cuento

que no dijera nada, pero que fuera largo.

Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero

seguir todas las noches vigilando

cuándo voy a dormirme, cuándo.

Yo lo que quiero es que pase algo,

que me muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.



La jaula que me cuente sus amores con el canario.

La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,

y la dulce luna de mi armario,

que me digan algo,

que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,

este vino es amargo,

bajo la lengua tengo un escarabajo.



¡Qué bueno que se quedara mi cuarto

toda la noche solo,

hecho un tonto, mirando!











Jaime Sabines (1926 / 1991, Chiapas, Ciudad de México, México)

De: Otro Recuento de poemas, 1950/1991, Joaquín Mortiz en http://www.palabravirtual.com/



Enlaces: Jaime Sabines

Imagen: intramed.net




junio 13, 2011

,   |    |  

Charles Simic







Paraíso














En un barrio antes llamado “La cocina del infierno”,

donde un mendigo aseguraba haber tocado la lira de Nerón

mientras la ciudad ardía en el calor del verano;

donde una peluquera que se hacía llamar Cleopatra

empuñaba las tijeras del hado sobre mi cabeza

amenazando con cortarme las orejas y la nariz;

donde un hombre y una mujer paseaban desnudos

al atardecer por una de las más oscuras calles laterales.

Debo de estar soñando, me dije.

Era como encontrar una pareja de esfinges.

Esperaba que tuviesen alas, cuerpo de león;

él con el pecho tatuado estrafalariamente,

ella con sus enormes tetas balanceándose.

Ocurrió todo tan rápido, y fue hace tanto tiempo...

¿Sabes ese instante justo antes de que amanezca

en el que nada desearías más que acostarte entre sábanas frías

en una habitación con las persianas bajadas?

La hora en la que los hermosos suicidas

que yacen uno junto al otro en el depósito

se levantan y salen para ver la primera luz.

Las cortinas de los hoteles baratos vuelan a través de las ventanas

como gaviotas, pero todo lo demás está tranquilo...

El vapor asciende por las rendijas del metro...

Los cuerpos resplandecen de sudor... La locura, sí, pero podrías decir igualmente: el Paraíso.











Charles Simic (1938, Belgrado, ex Yugoslavia. Desde 1953, reside en Estados Unidos de NA)

De: www.cosmopoetica.es

Traducción: Martín López-Vega





Imagen: lamajadesnuda.com















junio 11, 2011

, ,   |  2 comentarios  |  

Yanina Magrini







I                                                                                                      







Se creaban obsesiones

en cada fiestita de noche

cosas

que daban vuelta

y  mareaban toda lógica

de roedores                                                            



después cansados casi dormidos

encima

de las servilletas de papel

encima

del vino derramado

creíamos en el manoseo silencioso:      

                                       

me dijo que no grite

que el grito

casi nunca

es delicia

que haga silencio dijo que el silencio

es patrimonio de ratas.









se hace







Escribió el parabrisa de mi auto:

“el corazón de buitre espera su tiempo, baléame y sangraré”.



Después vino a casa

de madrugada

a patear la puerta

(y no era joda)

los vecinos saben

del abuso



fuego de bestia



el insano

acabará

mansamente



en uno

diez minutos

se detiene

y llora



(se hace

el adiestrado).









en adjunto





                                                                                           

Te mandé un mail

con  fotos de mis vacaciones

observá cómo delineaba

su brazo lastimado

por debajo de la piel

sobre una piedra negra

se sentaba                                                    

como alambre a la orilla del río                                    

el puentecito

le hacía soñar que volaba

de hecho voló

hasta la arena                                                                                    

y cavó una fosa para mí

con un tramontina de plata

la cavó y puso una bandera

sobre mi tumba

fijate bien que en una foto                                                                

hay destellos

entre cuerdas de guitarra

como si lo llamaran mis ojos

desde una burbuja

baladas hacíamos  por  la noche                                                        

y  rompían lo cotidiano

lo agresivo siempre era la luz.





Yanina Magrini (1972, Río Cuarto, Provincia de Córdoba, Argentina)

De: "Acabarlo a mano", Cartografías, 2010



 Imagen: artesanosliterarios.com

junio 10, 2011

  |    |  

El absurdo, la lógica y los elefantes, según el profesor Susurro.






Por lo que queda claro a raíz de los últimos y resonantes descubrimientos del profesor Pedro Susurro, el absurdo es un absurdo. Esta tesis contradice la sostenida hasta ahora por la escuela oficial, según la cual "el absurdo es una cosa". Y el mérito histórico del profesor Susurro consiste en haber establecido el carácter de esa diferencia, cuya naturaleza se explica con un razonamiento que él expone de este modo: dado que el elefante es un virus y que la gripe es contagiosa, más vale estar arriba que debajo de un elefante.




Siguiendo esta vía de análisis es que ya pueden esclarecerse distinta y dramáticas incógnitas. Así, bien puede aseverarse que el bicho de "La metamorfosis" de Kafka no es Luis Cucaracha, sino Dumbo. Luego que la verdadera cabalgadura de Tarzán no fue Luis el Negro, sino Tantor. Y por fin, que Adriana se inspiró en lo más notable del elefante para inventar la palabra "enarbolas".


A tenor de las investigaciones del profesor Susurro, siendo lo absurdo algo que se opone a lo lógico, el huevo -en su forma contemporánea - es absurdo porque lo lógico sería que fuese cuadrado, así no tendríamos que andar corriéndolo cuando se desliza por la mesada de la cocina. De allí que sean tan difíciles de freir los huevos de elefanta. Por afinidad conceptual puede discurrirse que el elefante no tiene trompa porque no la necesita, ya que no usa anteojos.


De igual modo la lógica indica que el elefante no anda por las paredes, porque lo absurdo sería que las paredes anduvieran por los elefantes. También, lógicamente, el elefante funciona a nafta porque constituiría una mayúscula absurdidad su funcionamiento a corriente eléctrica, dado que -en tal supuesto - el cordón se le enredaría entre los árboles.


Gracias a los hallazgos del profesor Susurro puede darse por cierta la existencia de un tercer tipo de elefantes, a partir del siguiente discurso: habiendo un elefante terrestre y un elefante marino, es obvio que debe haber un elefante aeronáutico y éste, lógicamente, debe volar.de donde resulta la posibilidad de que los dirigibles no sean dirigibles, sino elefantes camuflados.


Esta teoría también demuestra que los elefantes no asisten a los talleres literarios por lo absurdo que son las sesiones los sábados por la noche, o sea justamente en los días y horas más propicios para tentar fortuna en las conquistas amorosas.


Asimismo es absurdo guardar los elefantes en la heladera, porque se corre el peligro de que se tomen la soda. Lo lógico es guardarlos en el placard, para no tener que andar uno mismo aplastando las polillas. El profesor Susurro aconseja a este respecto, no dejar los elefantes al alcance de los niños, porque después no puede saberse quién estropeó al abuelito sentándose sobre él. Y no hay cosa más absurda que empujar un elefante desde atrás cuando la lógica señala que debe hacérselo por delante donde tiene dos manijas de marfil para tal objeto. Otro absurdo consignado en las experiencias del profesor Susurro consiste en pone los elefantes en la misma jaula que los canarios; este equívoco puede llevar a que ambos (....) tengan relaciones carnales, proporcionando malos ejemplos al vecindario. Quien quiera actuar lógicamente en la tenencia hogareña de los elefantes debe darles albergue en la percha del loro para que aprendan a hablar.


Pensar que si no fuera por Pedro Susurro, todo el mundo creería que los elefantes existen.





Consigna "El absurdo". Texto de un integrante del taller Mario Jorge De Lellis dirigido a un coordinador nada ocasional. 






Imagen: .www.ecologiayfauna.kuriososblog.com

junio 08, 2011

, ,   |    |  

Martín Vázquez Grillé, poeta revelación 2011 Revista Plebella








De donde vienen las palabras









hay un estanque grande como la noche misma.

En eso quizá pienses mientras te vas alejando

atolondrada, casi sin poder hablar

de la sucesión de voces

colores y formas que ha resultado ser tu vida

y seguramente

algunos muertos han venido a traerte sus mensajes

frases inconexas que marean hasta la naúsea

en el vaivén de los meses, grises

alertas a cualquier cambio en la coloración de la piel.

Tranquila, boca arriba

no ves la hora de sumergirte en el estanque

inmenso de la noche.









Ahora somos distintas lagunas









ni tan verdes, ni llenas de flores

y apenas cuchicheamos

si el viento lo permite, sobre lo triste del agua

que no tiene huellas en ningún lugar.








Lo que nadie dice es que uno puede












si quiere, verla llegar

con solo prestar un poco de atención

y enseguida advertir el aleteo, la suspensión

del tiempo, detenido en frágiles segundos como el hielo

que se mete entre la ropa y brilla

adherido a la piel, tensándola.

Nadie dice que eso no se presiente, ni se percibe

como una crecida anunciada

por el aire hinchado y las flores desprendiéndose

de todo el color que pueden contener,

hasta que un día se aprende

que uno puede mirarla a los ojos, casi tocar

sus músculos- tersos músculos de estatua-

siempre joven, sin poder hablar

apenas imaginar la nieve derretida formando charcos

en el campo, los huecos que esa nieve

va a dejar en la tierra seca del otoño

los yuyos, creciendo en racimos

solitarios a la buena del viento y a lo lejos

ceniza que viene, nubes enteras de polvo negro, inerte

cubriendo lo que queda de cielo, y mas allá.









Martín Vázquez Grillé (1976, Buenos Aires, Argentina)

De: www.plebella.com.ar





Imagen: elmuchachodeloshelados.blogspot.com