Sergio Raimondi


Pietro Gori & Cicerón & Percy Shelley, Ingeniero White, 1901



Por los rieles va el vagón y en su techo la luna
hasta que llega a la punta del muelle y se cae
al mar. Los que oyen el discurso no vuelven
a sus casas, vuelven a otro lugar, no ven, no verán,
algunos por unos días, otros por años, más
lo mismo aunque lo mismo les frote la nariz.
El conferencista arma un dispositivo detonante
que mezcla retórica (55%), inspiración romántica
(20%) y perspicacia crítica anarquista (25%).
Ahora es imposible adivinar si la combinación
fue la adecuada, y la sospecha queda de un elemento
que fagocita al otro lentamente en el recuerdo
del estruendo primero. Ciego silencio después.
No sé. Por los rieles va el vagón y en su techo
nada, polvillo del cereal, vestigios de carbón.






Sergio Raimondi (1968, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Poesía civil", Ediciones Vox, 2001

Imagen: artepopbahiense.blogspot.com

0 comentarios

Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.