Laura Yasan




¿y para qué?





el llama-ángeles de mi vecino
hace un sonido de corolas de níquel
un fino repicar sobre cristal de copas biseladas
treinta y dos veces por minuto
-treinta y cinco si hay viento-
constante sostenido
todo el maldito día y la maldita noche
se estrellan ángeles contra el techo
su exquisito plumaje se desgarra
en el vidrio dentado de la medianera
muchos se electrocutan en los cables de luz
pierden el brillo de los dientes


él sigue acumulando nicotina
en una camiseta sucia
frente al canal de los deportes






Laura Yasan (1960, Buenos Aires, Argentina)
De:  Revista Ñ, edición del 08/05/2010

Imagen: festivaldepoesiaderosario

*LLama-ángeles: esfera de plata que emite un sonido armonioso al agitarse. Según la tradición protege a quien la posee




3 comentarios

  1. Certera y lograda poesía la de Laura.
    Exquisita selección en tu blog.

    Saludos :)

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  2. ¡Espectucular! Siempre he pensado cómo es que soportan los vecinos a ese/a loco/a que cuelga porquerías ruidosas... ¡aquí está la verdad!

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  3. que buena lectura. te invito a visitarme a
    http://christianyamao.blogspot.com/
    un saludoo

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.