Sandra Cornejo


Ahora



Ahora
que nuestras presencias transitan
descalzas, inermes, casi libres
lo que no es un sendero

no sentimos miedo.

Miedo era presuponer qué ocurriría.




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¿Hay fotos en día de lluvia?
¿Alguna imagen de su primera cara?

No entres en el túnel, se derrumba
y jugaba afuera con el ripio
y la lluvia caída
       
Como el aire toca la empalizada
detrás de la casa, leve
la niña cuenta con las piedras
una y otra herida en la montaña
hasta que se abre el boquete
y empieza a crecer hacia adentro
ese oscuro laberinto
prohibido
     
Túneles que aliviarán al lago
en la zona de la presa
cuando la presa crezca


(De Partes del Mundo, Alción editora, 2005)




Es peligroso jugar al borde de los arrecifes
decían
Palabras aprendidas 
como cueva
como trampa
peligroso

¿Y quién de qué temía?
           
El niño
       y su arma
un juego apenas audible
en el suburbio de vidrios rotos
El mar
el precipicio donde la espuma estalla
           
       Peligroso
a pasos de los arrecifes
en horas de marea alta
a pasos de casa


(De Sin Suelo, ediciones Vox, 2001)


Sandra Cornejo (1962, La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Imagen: Foto Estela Fares

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.