octubre 30, 2011

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Miguel Huezo Mixco















El árbol de Haroldo





                                                     A la memoria de Haroldo Conti







Al principio

fue igual que el árbol de Haroldo:

sentir que un surco se abre paso por dentro

la mitad del cuerpo,

nido a la noble sensación de estar

sobre el camino

en forma de cosquilleo, de inquietud.

por esto me decidí a escribir

un poema del camino

y a pesar de mis fracasos

hice una o dos canciones

adelgazadas y sucias por el uso.

Las saqué en limpio sobre una gran mesa de pino

y con ellas he conseguido acompañarme

bajo los estruendos de la lluvia

y la pólvora.

Han dejado su rastro

en este libro de caminos.











Viajero











Dije a toda voz el nombre de la amada

y el océano replicó

pero era eco quien así me angañaba

Abismo de polvo y moho

Página 303 de la enciclopedia ilustrada

Grité otra vez

y el viento enredó la melena de los bosques submarinos

y aspiré el aire el hollín y el oro blanco

lanzándome al trueno

como un pez volador

pero no había nada

mi amada

Ni sus pezones de niña

ni el deshabitado hijo

sólo mi nave de plata

sus anclas de piedra











Miguel Huezo Mixco (1954, San Salvador, El Salvador)

De. www.artepoetica.net



Imagen: arquitrave.com

Enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Miguelhuezomixco.jpg






octubre 29, 2011

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Juan Gelman



lamento por la nuca de tom steward





el día que tom steward alzó vuelo montado en su furia

fue realmente memorable:

el sol no se detuvo la tierra no dejó de girar

la máquina celeste siguió trabajando



pero él volaba él

dejaba atrás países continentes

con las manos mojadas de viento

¡oh tom steward!



¡oh tom  y steward volador!

tomó la lira  y empezó a cantar entre nubes

o ángeles y demonios de Dios atraídos

por los vapores negros que le salián de la boca



"caballos" cantaba "caballos depravacos

cerebelentes áspimos taquerres" cantaba tom steward

y en sólo un arco de volar quemaba

camísculas herpentes



¡qué páramos con un hombre solito había en su voz!

tom steward se detuvo en el aires y vio su nuca

y dio vueltas y vueltas aterrizando al fin

en el revés de sus días y vio:



a un hombre que volaba

al sol salir a la tierra girar

la máquina celeste trabajar

a tom steward convertido en tom steward y triste



no voló nunca más en su vida pero

no le pudieron arrancar

el pedazo de viento entre las piernas

lleno de guerras cábalas eneros



a media hora de enterrarlo en consecuencia

salió volando del cementerio de Oak

hizo un arco en el cielo furioso sobre el silencio vecinal

en el lugar de su tumba no hay flores

crecen silbidos caballos crecen











De: "Los poemas de Sidney West, Editorial Galerna, 1969



Imagen:  editor2702.wordpress.com

Enlaces: El poeta ocasional




octubre 26, 2011

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Alfredo Veiravé







Una gran constelación nos atrae







En este libro sobre el comportmiento musical de los espacios infinitos

al finalizar 1979, año de Cristo, debo sostener con los científicos

de la Universidad de los Ángeles que



         "la tierra y el Sol y la Vía Láctea se están desplazando

         a través del espacio / a millones de kilómetros

         por hora / al parecer atraídos por la gravedad de una 

         gran galaxia / la supergalaxia".



Si eso es verdad este globo terráqueo

que recorría antiguas aventuras en erróneos salones

como un vampiro jubilado ya no besará / el cuello pálido

de las enfermas góticas.

Lamentablemente

vamos hacia un agujero cósmico. Felizmente vamos

envueltos en la música de los astros

al compás del violín de Yehudi Menuhin que escuchamos en Londres

porque a mí también,

el silencio de los espacios infinitos me aterra.















Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928 / Resistencia, Chaco, 1991, Argentina)

De: "Historia natural", Editorial Sudamericana, 1980

Enlaces: El poeta ocasional


octubre 22, 2011

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Blanca Varela













Nadie nos dice












Nadie nos dice cómo

voltear la cara contra la pared

y

morirnos sencillamente

así como lo hicieron el gato

o el perro de la casa

o el elefante

que caminó en pos de su agonía

como quien va

a una impostergable ceremonia

batiendo orejas

al compás

del cadencioso resuello

de su trompa

sólo en el reino animal

hay ejemplares de tal

comportamiento

cambiar el paso

acercarse

y oler lo ya vivido

y dar la vuelta

sencillamente

dar la vuelta





















Visitación









Dejé al demonio encerrado
en un cajón
en su pequeño lecho de crespón

afuera el ángel vuela
toca la puerta
espera

en una mano la rima
como una lágrima
en la otra el silencio
como una espada

échame de mi cuerpo
son las doce
sin sol ni estrellas 
















Blanca Varela (1926 / 2009, Lima, Perú)

De: lauragiordani.blogspot.com y La insignia







Imagen: oigaenlinea.com





octubre 19, 2011

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Guillermo Martínez Yantorno









Pero la casa nunca estuvo vacía.

No pudo quedar despoblada

porque los diálogos de sus muertos

no cesaron

con dos vueltas de llave.



/



Una puerta blanca daba a la calle

y parecía segura.

Pero padre ¿De qué te sirvió apretar las manos?

La vida escapó lo mismo.



/



Un pájaro en las ruinas.

Quiere dormir pero lo aturde

la voz de los ausentes.



/



Hay un perro ladrando en los escombros.

-¿Esperará que el día restituya

el centavo de luz

que bastó para hacer la algarabía?











Guillermo Martínez Yantorno (s/d)

De: "Trenes a lo lejos", Fundación Argentina para la poesía, 1978



Imagen: elaguamarina.blogspot.com


octubre 15, 2011

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Constantino Mpolás Andreadis

Es clásico





es clásico
tan repentinamente romántico
que lo clásico en él
y lo romántico
es transitorio
como la piedra
que embellece a la estatua
con lo que fue
con su prehistoria de piedra
de siglos encerrados
en una gota o cielo
en un grano de mundo
de universo
como una estrella
es su luz bebida
al claro vino
o al oscuro sueño
adonde las palabras
no alcanzan
adonde su sentido
las lleva
como si ellas fueran
la punta de la flecha
y el sentido no el arco
sino la flecha entera
con su zenón
y su tortuga
tan lejos de sí misma
como el sol de la luna
ya mano o corazón
con latidos de mano
y horizontes de guante
de ojo abierto
no a la luz ni a la sombra
sino al eco
de la palabra exacta
la no dicha
la esquiva y no buscada
la encontrada no en otra
sino en ella que entonces
ya no es ella ni otra
sino el margen o verso
en blanco y a la espera
de palabras no escritas
que lo digan o escriban
en los versos ya escritos
que sin él no son nada
sino versos o versos
que hacia él nos inspiran
para ser lo que han sido
sólo recién ahora
cuando ese verso falta
y esa ausencia los hace
necesarios y exactos
como él
el siempre necesario
el cambiante y superfluo
el infinito y único
el incesante y solo
el ajeno y sonriente











Otros poemas de Constantino M Andreadis, aquí





octubre 13, 2011

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Walking Around










Sucede que me canso de ser hombre.

Sucede que entro en las sastrerías y en los cines

marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro

navegando en un agua de origen y ceniza.



El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.

Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,

sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,

ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.



Sucede que me canso de mis pies y mis uñas

y mi pelo y mi sombra.

Sucede que me canso de ser hombre.



Sin embargo sería delicioso

asustar a un notario con un lirio cortado

o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.

Sería bello

ir por las calles con un cuchillo verde

y dando gritos hasta morir de frío



No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,

vacilante, extendido, tiritando de sueño,

hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,

absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.

No quiero continuar de raíz y de tumba,

de subterráneo solo, de bodega con muertos

ateridos, muriéndome de pena.



Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,

y aúlla en su transcurso como una rueda herida,

y da pasos de sangre caliente hacia la noche.



Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,

a hospitales donde los huesos salen por la ventana,

a ciertas zapaterías con olor a vinagre,

a calles espantosas como grietas.



Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos

colgando de las puertas de las casas que odio,

hay dentaduras olvidadas en una cafetera,

hay espejos

que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,

hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.



Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,

con furia, con olvido,

paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,

y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:

calzoncillos, toallas y camisas que lloran

lentas lágrimas sucias.





Pablo Neruda (1904, Parral / 1973, Santiago, Chile

De: "Residencia en la tierra", Editorial Losada





Enlaces: http://elpoetaocasional.blogspot.com/2010/05/pablo-neruda.html

Imagen: humbral.blogspot.com






marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro


Navegando en un agua de origen y ceniza.





Sería muy rubeniana la imagen del poeta navegando como un cisne por el mar de la vida y la muerte (...) Neruda deshace el preciosismo al representar, no un blanco cisne rubeniano, sino un cisne de tienda, un muñeco de trapo, que pasa marchito, impenetrable, navegando por el mar elemental del nacimiento y de la muerte (origen y ceniza...)





Amado Alonso, "Poesía y estilo de Pablo Neruda, Editorial Sudamericana, 1966





octubre 10, 2011

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Ennio Moltedo


























Límite












  He
aquí un simple tubo rojo o la baranda junto al mar. A tus espaldas el camino
suave, limpio por la brisa de los vehículos; más atrás el sendero, la cortina
de los árboles oscuros, la última guardia de flores, quizás la vida.


  He
aquí el límite. A tu frente el desorden, la libertad del viento, la línea azul
-que aún no es línea-, el agua que trepa y salpica cada vez en forma diferente.
Se puede pasar tardes contemplando el escurrir siempre distinto de la espuma
por las rocas.


   Frente
a ti, el mar.








(Concreto azul, Editorial Universitaria, 1967)













Mientras sigamos hablando





Mientras sigamos hablando para disculpar el ocaso siempre nos sorprenderá la noche y no habrá solución para mañana. Mañana será el eterno aniversario. El recuerdo tiene ligera sepultura. ¿ no es lo que más nos acomoda?. Aquí debemos vivir y temblar. ¿Vale la pena negarlo cuando ya hemos dado varias veces la vuelta al globo?. Por mucho que suene la música y parlotee la autoridad de turno y se entusiasmen las alturas, septiembre, qué maravilla, alba viste la noche.



(La Noche, Ediciones Altazor 1999)
















Ennio Moltedo (1931, Viña del Mar, Chile)


De:www.robertomascaro.com. 30 poetas de Valparaíso / poesíaenvalparaíso.blogspot.com



Imagen: soychile.cl

octubre 08, 2011

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Christopher Reid





















La abulia de un hombre viejo















La araña en su teatro colgante;


la paciente villanía de los gatos:


la siesta predice desastres,


ahora que hay tiempo para sentarse y ver.





Afuera, arrullado por el sol, pastoreo


con un brandy pegajoso en la mano


y contemplo el manzano


retorcido como una historia familiar.


           


Mis nietos juegan al cricket


con una pelota de playa y una raqueta.


Mi vieja esposa sentada a mi izquierda.


Reclinados, con nuestros cigarrillos nos besamos 





para elevar un tembloroso puente de amor.


El libro que leo bosteza su aliento de zorro.


Recojo frases sólo para extraviarlas luego


que son tercos dientes apretados.


           


El bebé atado al yugo de su babero gatea


y se vuelve hacia al gato del vecino


que a su lado pasa exhibiéndose


con unos tontos, gordos, plumosos, falsos bigotes.              














Christopher Reid (1949, Hong Kong, China)


De: Preferiría no hacerlo N° 1, Noviembre 2005


Traducción: Alberto Gagetti





Imagen: news.bbc.co.uk





octubre 06, 2011

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Mauro Viñuela, inédito







Un manifiesto







La nadadora  la nadadora  sus codos  el destello  un faro mostrando  esta  orilla

(Si ella tomara un atajo cargaría su  vida entera)

La nadadora  la nadadora   mi  algodón  transportado en el hoyuelo de su sonrisa

La nadadora  la nadadora  llegando a la náusea de todos mis átomos

Veo  el  aire colmado de sangre  ella tiene  como un espasmo un celestial drenaje

Yo soy un carnicero entre  las vísceras del día  manejo a la perfección los utensilios del óxido

La nadadora  la nadadora girando sobre mi agua de  preguntas plásticas

Yo muero para nada  Y eso es todo

La nadadora  la narradora  hasta el obispo le solicita audiencia a su miseria  y los filósofos nombran

Uno a uno

Sus  millones de nombres  y los científicos luchan y mueren por  todo  su cuerpo

Como ecologistas de la sangre

La narradora  el Rey  la recibe como a los recién  nacidos en un hospital  La narradora  los Economistas extraen la ley de sus ojos

La narradora  los poetas concursan para  alcanzar  su anónimo laurel de la raza

(Si ella tomara un atajo cargaría mi vida entera)



Todos los libros se abren,  de golpe, y la buscan,  girando, como los girasoles de los campos.





Mauro Viñuela (1971, Resistencia, Provincia del Chaco)



Imagen: www.campodemaniobras.blogspot.com

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Juan José Ceselli






Cada día es un pozo, el fondo de algo








Cada día es un pozo, el fondo de algo


que duerme ya sin ojos, nos acecha.


Cada día es un poco de tierra


que cede.


Cada día que pasa es una lástima.


Cada día es la puerta de una casa sin muros.


Cada día es un sol a media noche.


Cada día alguien pone


sobre un rostro


un espejo:


tú eres el vaho que el cristal aguarda.








Juan José Ceselli (1909/1983, Buenos Aires, Argentina)


De. hojasdelcaminador.com.ar