Constantino Mpolás Andreadis

Es clásico


es clásico
tan repentinamente romántico
que lo clásico en él
y lo romántico
es transitorio
como la piedra
que embellece a la estatua
con lo que fue
con su prehistoria de piedra
de siglos encerrados
en una gota o cielo
en un grano de mundo
de universo
como una estrella
es su luz bebida
al claro vino
o al oscuro sueño
adonde las palabras
no alcanzan
adonde su sentido
las lleva
como si ellas fueran
la punta de la flecha
y el sentido no el arco
sino la flecha entera
con su zenón
y su tortuga
tan lejos de sí misma
como el sol de la luna
ya mano o corazón
con latidos de mano
y horizontes de guante
de ojo abierto
no a la luz ni a la sombra
sino al eco
de la palabra exacta
la no dicha
la esquiva y no buscada
la encontrada no en otra
sino en ella que entonces
ya no es ella ni otra
sino el margen o verso
en blanco y a la espera
de palabras no escritas
que lo digan o escriban
en los versos ya escritos
que sin él no son nada
sino versos o versos
que hacia él nos inspiran
para ser lo que han sido
sólo recién ahora
cuando ese verso falta
y esa ausencia los hace
necesarios y exactos
como él
el siempre necesario
el cambiante y superfluo
el infinito y único
el incesante y solo
el ajeno y sonriente






Otros poemas de Constantino M Andreadis, aquí


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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.