Gerardo Lewin


Añadir leyenda
Café Henrietta - Tel Aviv

A Tal Nitzan


Convenientemente rociado en gasolina
salgo al encuentro de la mujer dragón.

En su garganta anida un fuego triste:
todo cuanto ella diga arderá hasta el cimiento.

Le proponen vivir el resto de sus vidas
en un alegre calabozo de floridos muros ilustrados.

Grandes genios y eminentes doctores
clavaron una espada en su corazón.
Su mirada me advierte:
"Piensa antes de rescatarme".

¿Qué debo hacer? El tiempo vuela y mi cerebro arde.
Alguien acaba de llamar a los bomberos.

Pido un café.

¿Por qué miento?
¿Por qué digo que entiendo
si las palabras zumban como moscas?
¿Por qué creo que puedo traducirla
si de su boca sólo he visto surgir
un humo rojo?

Es el juego habitual del kamikaze solitario,
del amable suicida sonriente:
exhala para mí tu llamarada.

Quiero morir crepitando bajo tu limpio fuego,
achicharrado por una convicción o una broma casual.

Un gesto, un último estertor: yo me hago cargo de la cuenta.

Faltaba
más.





Apogeo y caída de Lady Frankenstein

A Fabián Cerezo
A Daniel Katz



Ahora se ha refugiado
en la profundidad del bosque
para sembrar el terror
entre los jóvenes aldeanos.

(espantosas visiones
de cuerpos
desmembrados)

Un ser abyecto y lujurioso,
una abominación.
La culpa es sólo mía.

Sucumbí
ante el dilema clásico:
¿he de librar a su albedrío a ésta,
mi propia criatura?
Resurrecto,
su vacilante espíritu
no supo resistir
el peso de la ambigüedad.

No me guió, para el trazado del conjunto,
un espúreo sentido de lo bello
sino el mero albur de lo existente.
En las turgencias frías, urgencias del saqueo,
no conseguí apartar
(esenciales suturas invisibles)
justas de pecadoras.
Amor mortis rigorque:
la estadística o la química orgánica encendieron
el brillo azul en su mirada.

Hemos logrado, al fin, acorralarla.

Absorta, incoherente frente al fuego,
balbucea en su media lengua:
- Amiga… Amiga…
Yo sólo quiero
ser tu amiga.

Con todo el maquillaje
corrido por las lágrimas
parece, verdaderamente,
un monstruo.


Gerardo Lewin (1955, Buenos Aires, Argentina)

Imagen: facebook 

1 comentarios

  1. atrayentes creaciones de este poeta, para mí desconocido hasta hoy, que te lleva bien alto para bajarte de pronto con una frase de uso diario, y me agradan esos vaivenes. Saludos y gracias

    ResponderEliminar

Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.