Omar Pimienta



















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He was Cassious Clay!

Me dicen que escriba       que escriba y guarde
que entre y salga      al papel        al teclado
 el uno-dos               algún intercambio

que recuerde: verso fallido desgasta el doble

que salte la cuerda por lo menos dos horas diarias
alimentarme bien     dos      uno-dos     libros       más libros

que no diga todo       que levante la guardia       que me guarde hasta el final

Me sugieren que me ponga a escribir para mí: Shadow Writing

pero al verme con los ojos hinchados   la boca reventada mi sparring me dice:
hazlo como cuando creías en tu magia  
                                                            tú puedes muchacho    lo tienes en ti
           
            por tu madre que también luchaba con su puño y letra
            Por tus hermanos que te ven desde su propio ring
            por tu padre que se partió el lomo

por ella que pide a gritos la campanada

y entro y salgo      con intercambios cada vez menos favorables
el hígado               cuídate el hígado
la retina despegada                       las manchas que te confunden

               me dicen que ya: 7               
            que no me levante: 8
que me darán la revancha: 9
que no puedo seguir pensando que escribir es de vida o muerte.





Omar Pimienta (1978, Tijuana, Baja California, México)
De: www.revistapingpong.org

Imagen: laestafetadelviento.es



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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.