Ezra Pound


Portrait d'une femme




Tu espíritu y tú son nuestro Mar de los Sargazos;
en estos veinte años, Londres ha dragado en ti
y barcos relucientes te dejaron esto en pago:
ideas, rumores, retazos de todo,
raras bellezas de saber y opacas mercancías de valor.
Grandes intelectos te han solicitado, a falta de otra.
Fuiste segunda siempre. ¿Trágico?
No. Lo preferías a lo usual:
un esposo insulso y aburrido, demasiado tolerante,
un espíritu mediocre, con un pensamiento menos cada año.
Ah, eres paciente... Te he visto sentada largas horas
esperando donde algo podría reflotar.
Y ahora pagas tú. Sí, ahora recompensas.
Eres alguien de cierto interés; uno llega a ti
y se lleva una ganancia singular:
trofeos rescatados, alguna curiosa sugerencia,
un hecho que no conduce a nada, y uno o dos relatos
llenos de mandrágoras o de alguna otra cosa
que podría ser de utilidad, pero nunca lo es,
ni encaja en un lugar,
ni halla su hora en el telar de los días:
el deslucido, fastuoso, admirable bordado.
Ídolos y ámbar -gris, y raras incrustaciones:
son esas tus riquezas, tu gran acopio, y sin embargo,
en todo ese tesoro marino de cosas caducas,
extrañas maderas semi-destruidas, y nuevas baratijas relucientes:
en el lento fluctuar de luz intensa y diferida
¡no hay nada! ¡no! nada en todo eso
que sea enteramente tuyo
                       Y no obstante, eres tú.





Ezra Loomis Pound (1885, Idaho, Estados Unidos de Norteamérica / 1972, Venecia, Italia)
De: "Cantares y otros poemas", Centro Editor de América latina, 1988
Traducción: Gerardo Gambolini

Enlaces: Círculo de Poesía
Imagen: tierradeahulema.blogspot.com

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.