Allen Tate

blog de poesia

El mapa de la trucha





El Área de Administración del Bosque
Nacional de Cherokee, interesada en la pesca,
ha cartografiado los ríos Tellico y Bald
y el North, con sus tributarios
Brookshire Branch y Sugar Cove Creek:
un mapa íctico para pesca fácil.

En el buen oceáno de Marvel: dibujado en dos
colores, azul y rojo; azul para el matiz
europeo (el agua del Tennesee es verde),
y líneas rojas junto a las corrientes azules para advertir
al pescador antojadizo de la presencia de peces protegidos;
bordes negros contienen el Área en una fuente quebrada,

mientras otros negros, lunares y rayas, conducen
al albedrío del pescador a través del clásico laurel
sobre las huellas del jabalí hasta las bateas color crema
bajo la cascada del Bald, que aporrea a la tímida
trucha: evitamos el Profesor, los Señuelos y los Gusanos.
(Tom Bagley y yo éramos albedríos con rayas y lunares.)

Durante una confiada hora de victoria
subimos al paso de Green Cove desde la cabaña del Predicador Millsap,
doblamos hacia el oeste por un sendero que nos llevó
al río Bald donde mapa y realidad se fundían
en identidad visible. Ocho truchas es el cuento,
en tres millas. Llegamos a un puente de piedra

por el cual el camino pasaba a la izquierda de una colina,
el río a la derecha, se derramaba en un remanso;
pero el mapa dibujaba el camino a lo largo de la corriente
y nosotros entimema ultrapescador del hombre dibujado
con pies pegajosos sobre el amor comprensivo
de lo que no ven los ojos, que alimenta la voluntad
éramos pescadores, ¿o no? Y tratamos de pescar
la seca cartografía del vientre ensorbecido,
lo que hizo reclinar y reir al gobierno pez.
(Tommy y yo escuchamos, los oímos sacudir
montaña y remanso porque el mapa era un fraude.)
Tras dieciocho millas nuestros pies era de payaso,

entonces la oscuridad nos llevó por silbantes desfiladeros
donde el rudo Magallanes bromeando con sus destinos
corrió con las gaviotas para trazar el mapa del Cabo,
o dondequiera que la mente con limpio escarnio
vuelve a visitar el mundo montada en seco rayo solar.
Ahora sin mapa las montañas eran un sueño.


Allen Tate (John Orley Allen Tate, 1899, Winchester / 1979, Nashville, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Allen Tate Poemas selectos 1919-1976", Editorial Fraterna SA, , 1981
Versiones de César Aira

Imagen:  minnesotaalumni.org

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.