marzo 31, 2012

marzo 28, 2012

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Jorge Cáceres


Por intermedio de uno de los personajes de Roberto Bolaño, conocí la poesía de Jorge Cáceres: 





"La historia de Juan Stein, el director de nuestro taller de literatura, es desmesurada como el Chile de aquellos años (...) Sus poemas eras breves, influido a partes iguales por Nicanor Parra y Ernesto Cardenal, como la mayoría de los poetas de su generación y por la poesía lárica de Jorge Teiller, aunque Stein nos recomendaba leer a Lihn más que a Tellier. Sus gustos eran en no pocas ocasiones distintos e incluso antagónicos a los nuestros: no apreciaba a Jorge Cáceres (el surrealista chileno por el que nosotros sentíamos adoración), ni a Rosamel del Valle, ni a Anguita. Le gustaba Pezoa Véliz (algunos de cuyos poemas sabía de memoria), Magallanes Moure (una frivolidad que nosotros compensábamos frecuentando la poesía del horrible Braulio Arenas), los poemas geográficos y gastronómicos de Pablo de Rokha (que nosotros ... eludíamos como quien elude un foso demasiado profundo y porque siempre es preferible leer a Rabelais)..."



Definiciones del protagonista de "Estrella distante" ¿O conclusiones de Bolaño?





El explorador me llevó directamente a Mandrágora, http://www.mandragora.uchile.cl/caceres/.sitio de la Universidad de Chile que contiene varios textos del poeta. Estos son los seleccionados:













Siempre en llamas






I





Me contemplo morir esta tarde la última
Bajo el sol las ortigas represan el cauce de esa luz
Cauces desconocidos sobre un viento trastornado
Sobre un trenzado seis
Mi cabeza es absurdo vigía entre las aves
Pues ella picotea en un cerezo blanco
En la plenitud de la gran playa de ceniza
La playa de los fuegos
Los osos sangran sobre emboscadas imprevistas
Calculaban su paso más libre a la costa
Yo he nacido de mis gestos los gestos de la envidia
Y de mi propia miseria
Toda mano de miseria que conduces
Me saluda esta tarde
Es mi fiel defensora.








II




Escucho tu voz sobre las calles blancas
Sobre muros que el cielo mece
Escucho a mi corazón hilar para ti
Y sé por fin qué es eso en rebeldía
Al fondo del desierto por un cambio de luz
De mis deseos haré himnos ellos van
Y se ríen al desertar en torno a una sombra fértil





Es demasiado tarde para un juego
De repeticiones
Yo soy quien te ama para siempre
El prisionero negro que nace de tus pies
Que tú has olvidado
Solo bajo este sol de dicha
Esta tarde es para mí toda tempestad
Todo misterio.




De "Pasada libre", 1941













Vista de pájaro






a Braulio Arenas




En un salón donde los lobos delatan la nevada
O en el claro del bosque los muebles de acacio
Desde hace mucho tiempo las nubes juegan al rebaño
Las nubes de ciervos volantes
Esperarán a la caída de las hojas
En un portal de vidrio a la caída del idioma
Cuando yo no seré más el que os da de beber
Alrededor de todas las fuentes escondidas
Que se encantan a si mismas
Cuando en el fondo de sus espejos baten las últimas alas
Los pájaros picotean las cuerdas del verano
Formando encantadoras coronas mensajeras
Llevados por sus alas ellos reman hacia el bosque que gira
Entre las hojas verdes son abanicos de fuego
Que caen al parquet calculando semillas
Sobre el desierto ya no hay más que el tejido del cielo
Y el latido de una red de coral sobre los frutos
Cuando el sol se diluye en el encaje.




De "René o la mecánica celeste, 1942







Jorge Cáceres (Luis Sergio Cáceres Toro , 1923 / 1949, Santiago de Chile, Chile)











marzo 26, 2012

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Javier Sologuren









El paso de los años








       


     


               

porque cogí la mariposa
no en el jardín
sino en el sueño
porque en mi almohada
oí cantar al río
al crepúsculo orar
porque el cielo breve
de la flor
me llevó lejos
porque el niño aún
(que fui que a veces soy)
despierta y ve
la mariposa
volar en el jardín
que ya no sueño.










Javier Sologuren (1921 / 2004, Lima, Perú)

De.: javiersologuren.blogspot.com



Imagen javiersologuren.blogspot.com






marzo 25, 2012

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Antonio Tabucchi (1943 / 2012)












Epígrafe de "Nocturno hindú", Editorial Anagrama, 1985



Las personas que duermen mal parecen ser más o menos culpables: ¿Qué es lo que hacen? Confieren presencia a la noche.

                                                                  Maurice Blanchot



Imagen: talcualdigital.com

marzo 24, 2012

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Paco Urondo



Hoy un juramento











Cuando esta casa,

en la que vivo hace años,

tenga

una salida, yo cerraré

la puerta para guardar su calor;

yo la abriré

para que los vientos vengan

a lavarle la cara;



a remontarla,

de esa manera con que vuelan

las intenciones,

los aparecidos, los recuerdos por venir

y lo que a uno lo asusta

aunque todavía no haya ocurrido.



Queridos hijitos, su papá poco sabe de ustedes

y sufre por esto. Quiere ofrecer un destino

luminoso y alegre, pero no es todo

y ustedes saben:

las sombras,

las sombras,

las sombras,

las sombras

me molestan y no las puedo tolerar.



Hijitos míos, no hay que ponerse tristes

por cada triste despedida:

todas lo son, es sabido,

porque hay otra partida, otra cosa,

digamos,

donde nada,

nada

está resuelto,





Francisco Urondo (1930, Santa Fe / 1976,  Mendoza, Argentina)

Extraído de Revista Ñ, 04/03/2006



Imagen: cubadebate.cu
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Hoy


Esta mañana publiqué un poema de Emily Dickinson. Después de unas horas consideré que no fue  acertada la elección (omito las cualidades poéticas), al recordar qué día de marzo es hoy.


Tengo presente un poema de Jorge Brega que representa, al menos de lo poco que conozco de los poetas actuales, un homenaje a los desaparecidos por la dictadura de 1976 en la Argentina.

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Emily Dickinson






Poetas norteamericanas





A mi jardín aún no se lo he dicho









A mi jardín aún no se lo he dicho,

temiendo que me venza;

con fuerza no me siento todavía

para ir a contárselo a la abeja.



No lo diré en la calle:

temería a las tiendas que me miren

porque, siendo tan tímida e ignorante,

tengo el atrevimiento de morirme.



No lo sepa la falda de los cerros

donde tan a menuda paseaba,

ni anunciaré a los amorosos bosques

el día en que me vaya,



ni lo murmuraré estando a la mesa,

ni tampoco al descuido, distraída,

dejaré adivinar que hoy mismo alguien

cruzará los umbrales del Enigma.









Emily Dickinson (1830 / 1886, Massachussets, Estados Unidos de Norteamérica)

De: "Poemas", Visor, 1973

Traducción: M. Manent


marzo 23, 2012

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Rodolfo Alonso








Para vivir aquí







yo hablo del amor

una cosa posible



de tu amor de mi amor



en la calle

en el viento

en el mundo



dentro de la palabra









El corazón dividido









gira el asombro

sobre las islas del verano



el aire mueve

la dulce maravilla

el sol de pájaros



oh ávida voz



gracia cansada



cadenas de tu rostro





Rodolfo Alonso (1934, Buenos Aires, Argentina)

De: "Entre dientes", La Razón ardiente, 1963




"Entre dientes" fue reeditado en Chile (Pequeño Dios editores, Santiago de Chile, 2011), añadiéndole como apéndice una carta de Jorge Teillier.





Imagen: Rodolfo Alonso en Ouro Preto (Brasil)

marzo 22, 2012

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En la pausa, buscando poemas





*Facebook es un lugar impúdico (y siniestro)









*Pautas para seleccionar buenos poemas en Internet (o una de ellas) Cuando se tropieza con un poema de poetas que adicionan el apellido de casada al suyo, no hay que perder tiempo y seguir explorando. Absolutamente, ninguna señora de.....escribe buenos poemas. Quizás se destaquen como profesoras del secundario. Las buenas poetas no necesitan reforzar la identidad.




*Tipo trajeado un domingo a la mañana:  vendedor de Biblias.








marzo 20, 2012

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Umberto Saba












Fedra

















Sopla
un cierzo homicida. Mañana


caerá
la nieve y blanqueará las sendas


amigas
que subían a tu casa,


en la
colina, lejana. Entre los verdes


pinos
el valle inmenso repite


en
hojas incontables el color


que
te gustaba siempre en tus cabellos.


                       
                                  
   Fedra


eras;
y eres.


                   
Más preciosa ahora


que
se enciende en la estufa el primer fuego


en
raras casas; la estación es un poco


nuestra,
nuestro el paisaje; el pensamiento


irradia
una última verdad; se hace la ilusión


de
que lo peor –quizás- ha pasado.








Traducción
de Abraham Gragera














Tarde de febrero

















Asoma la luna.


En la avenida aún es de


día, una tarde que rápida cae.


Indiferente la juventud se entrecruza,


dispersa hacia pobres designios.


Y es el pensamiento de la muerte


el que, al cabo, ayuda a vivir.








Traducción
de José Fernández Castillo














Umberto
Saba (Umberto Poli 1883, Tieste / 1957, Gorizia, Italia)
 


Imagen:
wikipedia.org

marzo 18, 2012

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Vanina Colagiovanni






Tempo











En el momento gris perla cae

la primera gota adelante mío y los caminantes se guarecen

debajo de los balcones, otros apuran el paso

y algún perro lanza su ladrido que no es una amenaza

sino una protesta al temporal por venir

Tiempo, momento  gris plomo: azotá

las copas de los árboles, dale duro

desprendé hojas, levantá bolsas de plástico y polleras

con saña directo a los canteros, a las plantas

que se repliegan para no ser arrancadas de cuajo

y abren sus superficies antes sedientas.

Y dejá paso al momento gris marmolado

que en el pico de la tormenta arremete contra el suelo

contra los álamos sauce,

desplegá tu tempestad incontenible

hasta que raudamente el color se distienda

se silencie y al fundirse con el entorno

una vez más, se pierda.











Vanina Colagiovanni (1976, Buenos Aires, Argentina)

De: "Lo último que se esfuma", Ediciones Gog y Magog, 2011



Imagen: ciudademergente.gob.ar


marzo 17, 2012

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Irene Frydenberg








El diamante











Desestructurado el diamante. No obedecerá el mar a los reclamos;


quedará parado el mundo frente a la marea


y no se dará la coincidencia.


Así está mi vida frente a la tuya;


así estará a pesar de todos los escándalos del orbe;


perdurará de esta manera aunque la
paz sea condescendiente con los conejos y yo, desde la subasta de mi afecto,
quedaré muda de él aún sedienta.





Es una inflexión; la síntesis de
no ser el mar y de mirarlo compulsada a convertirme.


Agua y agua en mi deseo y su
sordera. Agua y agua en la mujer que espera no se sabe qué buque desde un
cuento donde Onetti duerme su desesperanza.





Desestructurado el diamante. El
mar actuado.


Lejos y lejos el agua zarpa sin mí
y sin la dama del muelle.











La descuartizada, la niñita









La niñita, la descuartizada, la
que ronda, la que va de aquí para allá vagabunda. La rota, la partida.


La pequeña, la que no supo, la
obediente, la muerta silenciada. La rota.





La que no llegó, la que no partió,
la que asentía, la que tuvo todas las articulaciones seccionadas y no pudo
repartirse porque no había adónde volver.





La descuartizada, la
ensangrentada, la del llanto, la de la tormenta. La que vomitaba, la que tenía
diarreas diluvianas pero no el grito.





La muertita, la que nadie veló, la
que no pudo enterrarse. La que fue muerta con silencios y desgarros. La que fue
arrancada y se pudrió y se agusanó. La que nunca más, la que por siempre nunca.







Pan negro









Inundada de ustedes, los obstinados, y a fojas cero de la vida


quedan los papeles que no soporto
escritos ni blancos ausentes de sus ojos


y la esperanza pobre y campesina


aún no da sus frutos.





La casa se ha vaciado


y es vientre de parteras
prostibularias. La casa no cobija más que los signos de la ausencia y se ha
quedado sin historia porque  la repentina
espera


no es más que un gesto.





Cuántas oficiantes, antes de mí,
han hablado de esperar sin esperanza...


Cuántas mujeres, como yo, han
amado todo aquello o lo imposible


y estropearon sus pies caminando
en sentido contrario a sus deseos... Por eso escribo


paso al terreno de la acción por
orfandad


porque ya no los tengo comiendo de
parados, en mi cocina, un pan de centeno que aún ayer hube comprado.





Todo el día de hoy he dormido y
los espero,


ustedes son los dueños de mis
llaves


y mi casa sigue abierta. 








Enlace: El poeta ocasional

De: "Corte" (inédito


marzo 13, 2012

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Eugenio Montale: La pena de vivir a menudo he encontrado...











La pena de vivir a menudo he encontrado:

era el arroyo estrecho que borbota,

era el enroscamiento de la hoja

reseca, era el caballo desplomado.



Bienes no conocí, más que el prodigio

que ofrece la divina Indiferencia:

era la estatua entre la somnolencia

de la siesta, y la nube, y el halcón alto alzado.







Enlace: El poeta ocasional

De: "Huesos de jibia" , Ediciones Librería Fausto, 1978

Traducción: Horacio Armani





Imagen: indo.net



Spesso il male di vivere ho incontrato: / era il rivo strozzato che gorgoglia, / era l'incartocciarsi della foglia / riarsa, era il cavallo stramazzato.



Bene non seppi, fuori del prodigio / che schiude la divina Indifferenza: / era la statua nella sonnolenza / del meriggio, e la nuvola, e il falco alto levato.







marzo 10, 2012

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Celia Clara Fischer





Ceguera









Y son fieras las manos atadas

en la cicatriz del tormento,

amurallando el vasto sueño

por donde vagan latidos desiguales

que dejó el espejismo de una noche

con el hombre royendo su congoja.

El terror anda por la voz como un peligro,

como un vértigo voraz

que pasa apoyado en la ceguera,

empuñando la sombra para descifrar el universo.

Y los ojos pierden su luz en el abismo

donde flota, desierta, la caricia.



A la vista del placer reposa el cautivo.

Una larga cabellera de relámpagos

atraviesa la calle interminable

y una mujer pierde la vida para siempre











Celia Clara Fischer (Buenos Aires, Argentina)

De: "Samotracia",  Tiago Biavez, 1999.

marzo 08, 2012

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Miguel Gaya






Lo nuestro














1.





Lo salvajes lo ignoraron.


Los griegos también.


Y los nipones y los canacos


y los mixtecas.


Generaciones no lo conocieron.





Así y todo


a mí no me sobra.


A mí me falta.


Tal vez a ellos no


pero yo no puedo


vivir sin tenerlo junto a mí


sin que me acune


su mentira en la noche.





2.





Se esconde.


Lo que sabemos es que no está.


Se esconde.


Se esconde en la espesura


en el placard


en lo profundo de un sótano


que almacena desperdicios


en las tinieblas


de un cuarto cerrado


y que da miedo.


Otra vez y para que se entienda:


No está.


Pero su ausencia dice


que es


y que lo echamos en falta.


Se esconde.


En baúles con sombreros ajados


en el cuarto de planchar


en lo profundo de un chalet cerrado


en un balneario en invierno.


Ahí quedó


mohoso.


Donde no lo hallaremos al volver


porque hemos cambiado.





Junté mis dedos a las puntas de tus dedos


y fue como si dijera


ahora puede volver.


De la electricidad puede surgir.


De la electricidad de tu cuerpo


y de la oscuridad


de las persianas bajas.


En esa hora en que todo se aquieta


y la chicharra manda


y su mentira en la noche


es puesta en evidencia


por la verdad de tu cuerpo


puede volver.





Pero es inútil.


Se esconde


y nos espía


y su mirada nos llena de vergüenza.








3.





Pero es inútil


su mentira en la noche.


No alivia.


Todo tarda


en morir


en disgregarse


en ser molido


por el viento.


Y nada perdura.





Inútil acostarse.


Inútil olvidar.


Inútil acostarse a olvidar.


El viento y la noche y la inmensidad del desierto


no apuran el olvido.


Lo escriben en la piel.  


Tus ojos están acá otra vez.


Sonámbulos.








Miguel Gaya (1953, Ayacucho, Provincia de Buenos Aires, Argentina)


De: "Lo efímero y otros poemas inestables", Ediciones en Danza, 2009





Imagen: facebook

marzo 07, 2012

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Eugenio Mandrini




poetas




Los peces más lejanos 











Antes me intrigaba saber por qué, sentados en la orilla del

día, los que venían a pescar permanecían allí, de espaldas

a lo que se supone que es el mundo, y entregados al olvido

del tiempo.


Ahora que soy uno de ellos, lo sé.


Estamos aquí desde que aprendimos que estas aguas son menos

turbulentas que las del espejo, aquel otro río donde alguna

vez echamos todos los anzuelos y recogimos sólo viejas

confesiones, estallidos apagados, tierra conclusa.


Estamos aquí desde que llegamos deseosos de partir, y no

nos atrevimos. Traíamos la meta de alcanzar a los peces más

lejanos, aquéllos que serán los últimos en morir, y todavía

no nos atrevimos.


Tal vez lo hagamos cuando eso, a nuestras espaldas, que se

supone que es el mundo, deje de cortejarnos con sus luces,

que entre derrumbes, aún titilan.


Los peces más lejanos, como es su costumbre, aguardarán,

multiplicados.









Enlace: El poeta ocasional

De: "Conejos en la nieve", Ediciones Colihue, 2009

Imagen: editorialhylas.escribirte.com.ar

marzo 06, 2012

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Diario de Poesía







Jueves 8 de marzo a las 18







RECITAL



Leerán sus poemas Jorge Aulicino, Osvaldo Aguirre, Fabián Casas, Martín Gambarotta, Martín Prieto, Mirta Rosenberg y Laura Wittner



Coordina Daniel Samoilovich



Fundación OSDE

Suipacha 658 ler piso

Ciudad Autónoma de Buenos Aires


marzo 05, 2012

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Sam Hamill


La flor de la orquídea




En el instante en que me pregunto
si la orquídea va a morir
ella florece
y no puedo explicar la emoción
en mi corazón, ni por qué tanto placer
proviene de ese pequeño capullo
en el extremo de un delgado tallo,
de esa pequeña flor
sanguínea roja dorada
abriéndose en el apogeo del verano
pequeña, perfecta en su plenitud.
Incluso para un poeta
de cabellos blancos y rostro curtido,
ella es en su pureza, erótica,
pistilo y estambre, polen,
rocío del mundo, una cucharada
de tierra y de agua.
Ella es erótica
porque en el corazón del nacimiento
la muerte afirma su existencia,
y el efecto dramático de los viejos prismas luminosos
del alba, allí en las húmedas ramas del cedro,
profundisimo misterio
mientras lavo la vajilla al atardecer
o bromeo con mi esposa,
quien a cada momento se vuelve más bella
simplemente porque uno de nosotros ha de morir.




Grandes poetas norteamericanos
Sam Hamill (1943, Utah / 2018, Washington, Estados Unidos de Norteamérica)
De: zonamoebius.com
Traducción: Esteban Moore
Enlaces: Otra iglesia es imposiblePoetry FoundationOtra iglesia es imposible
Imagen: zonamoebius.com

marzo 03, 2012

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El justificante perfecto, por Fabio Morábito






Me fascina la anécdota de aquel hombre a quien su mujer le pidió que escribiera un justificante para su hijo que había faltado a la escuela. Mientras ella se apura en los preparativos para salir con el niño rumbo al colegio, el hombre lucha en la mesa del comedor con el justificante: quita una coma, vuelve a ponerla, tacha la frase y escribe una nueva, hasta que la mujer, que está esperando en la puerta, pierde la paciencia, le arranca la hoja de las manos y, sin sentarse, garabatea unas líneas, pone su firma y sale corriendo. Era sólo un justificante escolar, pero para el marido, que era un conocido escritor, no había textos inofensivos y aún el más intrascendente de ellos planteaba problemas de eficacia y de estilo. Quise escribir el justificante perfecto, confesó el hombre en una entrevista. En efecto, escritor es aquel que se enfrenta como nadie al fracaso de escribir y hace de ese fracaso, por decirlo así, su misión, mientras los demás, sencillamente, redactan.


Podemos estirar esa anécdota e imaginar a alguien que, soga en mano, a punto de colgarse de una viga del techo, se dispone a redactar unas líneas de despedida, toma un lápiz y escribe la consabida frase de que no se culpe a nadie de su muerte. Hasta ahí va bien la cosa, pero decide añadir unas líneas para pedir disculpas a sus seres queridos y, como es un escritor, deja de redactar y se pone a escribir. Dos horas después lo encontramos sentado a la mesa, la soga olvidada sobre una silla, tachando adjetivos y corrigiendo una y otra vez la misma frase para dar con el tono justo. Cuando termina está agotado, tiene hambre y lo que menos desea es suicidarse. El estilo le ha salvado la vida, pero quizá fue por el estilo que quiso acabar con ella; tal vez uno de los resortes de su gesto fue la convicción de ser un escritor fallido y tal vez lo sea, como lo son todos aquellos que pretenden escribir el justificante perfecto, que son los únicos que vale la pena leer. Escriben para justificar que escriben, la pluma en una mano y una soga en la otra