julio 31, 2012

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Bo Carpelan









El manantial











A distancia, cruzando los campos

se oye, débil pero nítidamente

el manantial de primavera.

Escucho,

me acerco.

Por los bosques estivales,

perfumados de sol y frescor,

suenan los ecos del agua cantarina.

Sigo mi camino,

buscando.

Ya se vislumbra

por entre las copas de los árboles otoñales

el valle donde susurra

el escondido arroyo.

Tengo que descansar.

Como si hubiese nieve en el aire,

como si los pasos fuesen infinitos.

Escucho, estoy cerca.

La voz del manantial, más débil,

continuamente allí,

invisible.











Bo Carpelan (1926, Helsinki / 2011, Spoo, Finladia)



Imagen: 375 Humanistis

julio 28, 2012

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La histeria de la palabra poética, por Cristian Vitale









                                                                                                               Je suis  caché et je ne
le suis pas



(Arthur Rimbaud)



Las palabras nunca son lo mejor para estar desnudos


(Luis Alberto Spinetta)





Poesía eres tú


(Gustavo Adolfo Bécquer)








Como buen maestro que fue, Freud recurrió
a la metáfora. Dijo: la histérica es esencialmente dos cosas: puritana y puta.
Pero todo a un tiempo. Supo ser más gráfico. La histérica usa ambas manos en
simultáneo: con una se levanta la pollera, con la otra se cubre. De haberle
dado la cronología, hubiera adjuntado la postal de Marilyn a su reveladora
metáfora. Luis Alberto Spinetta también fue metafórico. Dijo inolvidablemente:
“las palabras nunca son lo mejor para estar desnudos”. Nunca son lo mejor, pero
aspiran a la desnudez. O, siguiendo la imagen de Freud, tienen vocación de
putas, pero naturaleza de puritanas. Son, digamos, decentes a fuerza de no
poder. La metáfora de la desnudez también la utilizó Tamara Kamenszain: “la
poesía es un acto de nudismo”. Claro que fallido. Eso lo sabe ella hasta el
cansancio.


     Una vez
leí en algún lado un fallo sobre la poesía (con forma de definición) que
revelaba: “la poesía es un dolor mal disimulado”. Esta, a diferencia, creo yo,
de las anteriores, es ante todo, una toma de posición. Pero también creo que
puede ser leída a la luz de la mayor parte de la poesía moderna. Un dolor que
se disimula mal. Que se nota. Un dolor que se le ve. Como a Marilyn.


     Estas
palabras reunidas, asociadas, me llevan a otra manera más (otra metáfora más)
de pensar a la palabra poética. El comportamiento de la poesía es alta,
incómodamente histérico. Y hay dos formas de pensarlo. Una histeria es
inherente. Por más que quiera, las “palabras de este mundo”, al decir de
Pizarnik, no llegan al mundo. Es una patología del lenguaje. Pero más que esa
imposibilidad en la que han creído todos los grandes poetas modernos, o quizá
por esa fe, la poesía, condicionada o no por su impotencia, se ha comportado
histéricamente, redondeando, de Rimbaud para acá.


     Lúbrica
y pura, como la luna de Lorca, la palabra muestra y tapa, se asoma y se
esconde. Todo a una vez. Esta histeria de la poesía ha creado, como
contraparte, un lector con paciente avidez. Al resto lo ha espantado o ha
muerto, la poesía, en sus manos. Es un lector que se queda en la superficie
(cuando aprende, goza allí) hasta que las palabras le abran un hueco para
entrar y entender. El lector moderno casi nunca claudica, casi nunca deja de
creer en un sentido, pero ha aprendido a (des)esperarlo. La lectura se hace
sinuosa, desesperante. La sabiduría de las palabras está en la promesa, como
buena histérica, en dejarse levantar la pollera, como Marilyn, para excitar la
esperanza. La contrapartida, por supuesto, es la histeria del lector. Su deseo
histérico. Que ya no acepta la prostitución ni la castidad por separadas.
Espera a Venus cuando aparece Diana y a Diana cuando aparece Venus. Es el
voyeur que espera durante horas que se deslice un bretel pero que no soporta la
caída. No la perdona.


     La
oscuridad de la poesía nunca es total, más allá del proyecto del poeta. La
función poética, pensado en términos lingüísticos, no se hace con una mano
sola, como pensaba Jackobson. La palabra les juega una mala pasada tanto a los
que reniegan de su sentido como a quienes le creen sin sospechas. La palabra
poética es un escarnio para creyentes y agnósticos. Sus dos caras no se
despegan. No se niegan. No se contradicen. Nunca es la mejor manera de estar
desnudos. Tampoco es la mejor manera de estar vestidos. Es como una moneda que
rueda de canto pero que va tropezando y a veces es cara y a veces es seca. El
lector ha aprendido que nunca cae. Y si cae pierde el poema.


     Los dos
extremos se han intentado. No creo que ninguno haya sido feliz. Ni siquiera
creo que, bien entendido, hayan sido posibles. (El surrealismo no ha creado un
solo poema bueno pero sí, significativamente, centenares de buenos poetas)
Desde Rimbaud la poesía viene queriendo decir algo. Que no lo diga, primero es
una impotencia, luego una sensualidad necesaria. Sospecho que quiere decir algo
muy importante porque si no ya lo hubiera dicho. La trivialidad es un camino
accesible para el lenguaje. También sospecho que no quiere decir nada muy
importante porque si no ya hubiera desistido. O bien porque ya entendió, como
Cernuda, que “detrás del fondo no hay fondo”. O lo que hay no es nada del otro
mundo. Como Marilyn.    





De: http://alprincipiofuelaurgencia.blogspot.com.ar/2011/03/la-histeria-de-la-palabra-poetica.html




Imagen: descargapeliculas2com

julio 26, 2012

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Osvaldo Bossi












La marea de la noche, otra vez






La marea de la noche,  otra vez

vendrá y se llevará todo, o casi todo.

Mientras tanto, debo pensar en mi red

como si fuera un pescador experto

el instante fugitivo.

                                  Lo hago.

Apoyado contra la mesa del bar

espero a que él defina, una vez más

el golpe que dará la bola blanca

contra la bola rayada,

con ese efecto calculado – especie de rotación

y traslación, que determinará el impacto

de una esfera contra la otra,

del que yo tomo mis primeras lecciones.

Acerca el taco, afila

el ojo, el cuerpo apenas inclinado

hacia adelante, me dice cómo va a ser

el golpe, y el golpe se produce

efectivamente en la realidad:

                                                      seco, preciso.



Cada tanto, un bufido tenue

sale de sus labios. El bar se inclina. La muchacha

trae la cerveza y dos vasos.

Yo voy guardando todo, o casi todo

en la recámara de mi corazón.

El se sonríe, vuelve a inclinarse y a golpear.

Pasa un auto. Grazna un pájaro

en lo profundo de la noche.



                                                           Él se acerca

y llena hasta el borde

los vasos de cerveza. La espuma

es traicionera, dice. Y luego, más calmo:

Alguien llora por mí.



Después se acerca. Acerca su vaso

contra el mío, y delicadamente lo choca. La recámara

que lo ha guardado todo (o casi todo)

se cierra.

                 Él me mira y se sonríe, de tal forma

que todos sus enemigos

y  todos mis enemigos

se ríen también con nosotros,

y deponiendo definitivamente su actitud

dan un paso atrás.



Luego, un poco atontados

por la alegría del alcohol y el amor

que él y yo nos tenemos

salimos a la noche, a la calle

desierta. Sin consultarnos nada,

de memoria. Caminamos

hasta el hotel que está a unas pocas cuadras

de ahí.

               Él saca un cigarrillo, el último. Lo enciende,

lo fumamos a medias. No importa

si hace frío o si hace calor, muy juntos

caminamos toda la noche, como dos chicos solitarios

sobre la superficie de la luna.







No deberías irte y desaparecer así







No deberías irte y desaparecer así,

sin una despedida.

                                  Qué importa

si nos caemos como dos borrachos

en el peor de los patetismos.

Yo quiero una despedida como la gente.

Necesito llorar a mares. Decir

primero que no entiendo nada de todo esto

y luego, ante la inminencia de la separación

aceptar que caiga otra vez

desde el cielo, ese rayo

                                           esa cortina de agua

que no cesa, diciéndole a los cuatro vientos:

Dios mío, ya no nos veremos más.



Y  llevarte después por la calle

en el pecho, en las mano (un poco transpiradas)

tironeando con fuerza una balsa pequeña

pero sumamente fatigosa y antigua

hasta el otro lado del río,

mientras una manada de cocodrilos

espera su puñadito de comida.



Soy un muchacho comprensivo.

Mi escena se desarrollaría en el interior

de un paisaje blindado

Y nadie, nunca, se daría cuenta de nada,

pero por favor: no desaparezcas de mi vida

como la otra noche.

Ya sé que somos aire, sueño, fantasmas

y que ningún ritual, por estúpido

o maravilloso que sea, podrá cambiar esto.

No importa, sólo quiero abrazarte por última vez

y luego atenerme a las consecuencias. O pensar

como lo haría cualquier otro

en esas circunstancias, en dormir o morir.

                                                                            Sólo eso.

Y decido después, inclusive, en voz alta

como si estuviera por fin adentro

de una relampagueante tragedia isabelina.







Osvaldo Bossi (1963, Ciudadela, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

De: " Ni la noche ni el frío", textosintrusos, 2012



Imagen: ciudadanos-web.com.ar 



julio 25, 2012

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Gonçalo Tavares














El mapa














Siempre sentí la
matemática como una presencia

física, en relación a ella me veo

como alguien que no consigue

olvidar el pulso porque viste una camisa demasiado

apretada en las mangas.


perdónenme la imagen: como

en un bar de putas donde se va a beber una cerveza

y provocar con nuestra indiferencia el deseo

interesado de las mujeres, la matemática es esto: un

mundo donde entro para sentirme excluido;

para percibir, en el fondo, que el lenguaje en relación

con los números y con sus cálculos, es un sistema,

al mismo tiempo, millonario y menesteroso. Escribir

no es más inteligente que resolver una ecuación;

¿por qué opté por escribir? No lo sé. O quizá lo sabía:

entre la posibilidad de acertar mucho, existente

en la matemática, y la posibilidad de errar mucho,

que existe en la escritura (errar de errante, de caminar

más o menos sin una meta) opté instintivamente

por la segunda. Escribo porque perdí el mapa.














Palabras, actos


















La ironía enseña a
sabotear una frase

como se hace con un motor de automóvil:

si retiras una pieza la máquina no funciona, si mueves

en el verbo o en una letra del sustantivo

la frase trágica se vuelve divertida,

y la divertida, trágica.

Este casi instinto de traicionar las frases me protege,

desde joven, de lo que todavía hoy recelo: transformar

el lenguaje en un Dios que salve, y cada frase en un ángel

portador de la verdad. Quitar seriedad al acto de la escritura

lo aprendí en la infancia, quitar seriedad a los actos de la vida

comencé a aprenderlo nada más salir de ella, y espero

envejecer perfeccionando esta desilusión.












Gonçalo Tavares (1970, Luanda, Angola)



Traducción: Félix Romeo

De: Revista Minerva



Imagen: lavanguardia.com




Nota: En portugués, el anteúltimo verso de "Palabras, actos" es "Comecei a aprender apenas depois de sair dela, e espero". Como fue traducido no suena bien, pero el poema me parece particularmente bello que vale la pena la aclaración para no descartarlo.




julio 23, 2012

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Marcelo Leites








Poeta Marcelo Leites

























































Moebius





Y ahora el sonido de las olas llega
en forma de relente desde la árida
superficie de la roca en la que
se ignora si alguna vez hubo
un sonido de olas y una mujer
acostada sobre la arena insistente
zumba sin embargo como una mosca y trae
olor de té helado y dos labios
pegados a las tazas y líquido amarillo
que entra a la garganta lentamente
mientras la arena ya no es arena
y el sonido de las olas llega sólo
después en forma de relente
a otra playa a esta noche
y no se sabe si ocurrió algo
o si las olas son imaginarias a la distancia
donde una mujer todavía espera
acostada en la arena y la taza de té
sube amarillo hasta su garganta
y no hay nadie con ella salvo el sabor húmedo
que vuelve como una sombra que no termina
de sacarse, de encima y la roca deja lugar
al corazón del hombre del que se ignora todo
salvo que alguna vez estuvo no se sabe si estuvo
en una playa no se sabe si imaginaria
donde el sonido de las olas en forma de relente
llegaba después a su memoria
y la mujer en la arena se delineaba
en otro espacio donde el desierto
habrá tenido lugar





Marcelo Leites (1963, Concordia, Provincia de Entre Ríos, Argentina)
De: 
Ruido de fondo, Trópico Sur, Asunción, Paraguay, 2001





Imagen: autoresdeconcordia.com.ar







julio 21, 2012

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Bernard Noël






1.



















y
ahora el que habla ha cerrado la puerta al devenir

ser pobre dice lo he sido lo seré toda la vida

el mundo tal como va se para un momento al borde de lo que esconde

la esperanza es de siempre la lengua podrida de lo aceptable

su vieja descomposición apesta de pronto en la garganta

no hay excusa para el mantenimiento del desamparo

pero todo contribuye en la moral y la ley a la justicia

se siente eso llega luego la mirada loca de quien vio la muerte

entonces se busca en torno la vida por debajo de la vida

cuando el mundo era un poco más joven bastaba levantar el puño

el porvenir se ponía a cantar al fondo de la bella ilusión

todos tienen miedo ahora de perder lo que ya han perdido

mientras a cada uno el deseo de seguridad le mete en la cabeza

una soledad ávida de lo mismo que la hace insaciable

el vínculo social de donde su desdicha podría sacar el único descanso

los vivos a diferencia de los muertos no pueden revivir


el
serrín de su conciencia les llena de polvo el pensamiento










Bernard
Noël (1930, Sainte-Geneviève-sur-Argence,
Francia)









Imagen: Foto M. Durigneux en escalbibli.blogspot.com

julio 18, 2012

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Homero Aridjis











A veces uno toca el cuerpo







A veces uno toca un cuerpo y lo despierta

por él pasamos la noche que se abre

la pulsación sensible de los brazos marinos



y como al mar lo amamos

como a un canto desnudo

como al solo verano



Le decimos luz como se dice ahora

le decimos ayer y otras partes



lo llenamos de cuerpos y de cuerpos

de gaviotas que son nuestras gaviotas



Lo vamos escalando punta a punta

con orillas y techos y aldabas



con hoteles y cauces y memorias

y paisajes y tiempo y asteroides



Lo colmamos de nosotros y de alma

de collares de islas y de alma



Lo sentimos vivir y cotidiano

lo sentimos hermoso pero sombra







Es tu nombre y es también octubre







Es tu nombre y es también octubre

es el diván y tus ungüentos

es ella tú la joven de las turbaciones

y son las palomas en vuelos secretos

y el último escalón de la torre

y es la amada acechando el amor en antemuros

y es lo dable en cada movimiento y los objetos

y son los pabellones

y el no estar del todo en una acción

y es el Cantar de los cantares

y es el amor que te ama

y es un resumen de vigilia

de vigilancia sola al borde de la noche

al borde del soñador y los insomnios

y también es abril y noviembre

y los disturbios interiores de agosto

y es tu desnudez

que absorbe la luz de los espejos

y es tu capacidad de trigo

de hacerte mirar en las cosas

y eres tú y soy yo

y es un caminarte en círculo

dar a tus hechos dimensión de arco

y a solas con tu impulso decirte la palabra








julio 15, 2012

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Euler Granda










Mía















Oh rota,


oh carcamal,


recontra mía,


hasta cuando no pueda más;


hasta la cacha mía;


en las malas y en las peores


pegada a mí,


a mí adherida;


pereciente ventosa,


liquen,


jarro viejo,


queloide,


que a veces da vergüenza acostarse


contigo.


Como los que no pisan en el suelo


yo renegué de ti,


yo te mandé a comer en la cocina;


al virar las esquinas te pateaba


pero tú me seguías;


para dejarte atrás


me ponía a volar


pero tú me seguías;


me emborrachaba y vomitaba


pero tú me seguías


y cuando me quitaba la peluca


de las buenas costumbres


y me tiraba de cabeza en el silencio


al lado me gemías como un perro.


Tú me comprendes,


las mujeres a veces,


te echaba a que durmieras en la calle,


me escondía de ti, pero tú me seguías


y hasta hubo un momento


que llegué a creerme demasiado bueno


para ti,


pero igual me seguías.


Oh! miísima,


oh! contrahecha,


oh! patoja,


oh! tuerta,


oh! desdentada,


bacinilla de perro,


oh! vida sarnosamente mía,


he regresado a ti


hasta que llegue el día


en que no puedas soportarme.






















Érase lo que se era










"Gringo:




El odio engendra odio.




Los monstruos paren monstruos." 




(Grafito)







Entre latas doradas,



Mc Donalds,
Soles de chicle,
Halloweens de plástico,
Entre telas de araña
Del FBI, la CIA,
Capuchas Ku Kux Klanes,
En un país que diluviaba Coca Cola,
Erase que se era
Una bestia bermeja
Un engendro hocicudo,
Una hidra genocida
Que destripaba flores,
Babeaba libertad y democracia
Y a punta de masacres
Se devoraba al mundo,
Hasta que un día vino un ángel
En forma de mosquito
Y le tumbó los cachos.
Era de ver
Cómo rodaron por la tierra
Esos sanguinolentos fetiches del abuso.
Era de ver cómo se desataron
Las furias del averno
Cómo sus coletazos y bramidos
Estremecían al planeta;
Pero nada había que hacer,
Con sus Supermanes, sus Mujeres maravilla,
Sus Batamans, sus Guasones,




La gran bestia quedó preñada de la muerte.

















Euler Granda (1935, Ríobamba, Ecuador)








Imagen: El Telégrafo







julio 12, 2012

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Fernando G. Toledo









Hotel alejamiento
















Es la mañana

Y una cuerda

Puede estar ahora

Quebrándose


«Estamos hechos para ser mudos» decís

Y mientras termina de tenderse el adiós

Llora cada uno en su silencio

Como si quisiéramos entender la luna

Como si fuéramos a acompañar esta lluvia


O como si dejáramos volcarse

En la arena de un desierto

El vaso de nuestra sed.











9
















40 watts de luz

Y una ventana que da a la noche

Música involuntaria de los autos

Lámparas que se secan

Y el sueño a modo

De intervalo

Entre el día perdido

Y el día que está por perderse.











10/Ventana

















Frota el viento a la Tierra

Como a la lámpara de Aladino

Todo es en vano:

Arriba está el cielo

Abajo no hay un mísero deseo cumplido.







Fernando G.Toledo (1974, San Martín, Provincia de Mendoza, Argentina)

julio 10, 2012

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Víctor Botas






La Venganza 













Ponerte un nombre: Dafne, Isis, Diosa, 
o simplemente Nadie, como Ulises. 
Nadie o Nada. O tal vez. Y convertirte 
en sólo una ficción –en nada menos 
que una ficción sin muerte-, un alto espectro 
que agita su melena, frunce el ceño, 
congrega la belleza en esos ojos, 
y se escapa de mí como la corza 
del cazador, bajo la plata antigua 
de la celeste luna de los bosques, 
mientras la noche teje delicadas 
rosas de sangre que en la sombra abren 
sus pétalos, y mueren en tu pelo. 
Bien lo sé, es mi destino: urdir fantasmas, 
temblorosos perfiles, formas huecas, 
curiosos arabescos que aquí dejo 
sorprendidos, clavados en la hoja. 
Y también estar solo. Estar muy solo. 
Rodeado de hidras, voces, lenguas 
Que enloquecidas corren por mi cuarto, 
Furtivas y temibles, como ratas. 
Pero yo aún sé vengarme: un diacepán, 
y se van todas juntas a hacer gárgaras.






Víctor Botas (1945 / 1994, Oviedo, España) 

De: Atlas de poesía



Imagen: sitola.blogspot.com

julio 07, 2012

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Jorge Leónidas Escudero




Tal cual








Me veo en esa foto jovencito

en campo de San Juan, estoy sentao

en un carro sin ruedas. Parece

que me siento feliz.



Me cuelga de la boca provocativamente


un cigarrillo que dice mírenlo a este,

se hace el triunfador y veremos después

qué va a pasar con él.



Joven amigo,


me da alegría verte y que hayas venido

a visitarme. Ya sé,

quisieras saber qué hago hoy, y sí,

anduve tras el rastro de algo maravilloso

pero igual que vos

me quedé sentao en un carro sin ruedas.



















Jorge Leónidas Escudero (1920 / 2016, San Juan, Provincia de San Juan)





julio 05, 2012

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Mark Strand











Incendio 











A veces, cuando había un incendio yo entraba caminando:

salía sano y salvo y proseguía mi camino:

para mí era tan sólo algo más que había hecho.

Extinguir el incendio  se lo dejaba a otros,



que venían corriendo hacia la nube de humo con escobas y mantas

para apagar las llamas. Tras lograrlo, formaban un grupito para hablar

de lo que habían visto, y de los afortunados que habían sido

de contemplar el lustre del calor, el efecto que tienen las cenizas

de mover al silencio, pero aun más de haber conocido el perfume

del papel que se quema, el rumor de palabras

exhalando su último suspiro.











Enlaces. http://elpoetaocasional.blogspot.com.ar/search/label/Mark%20Strand

De: "Me va a encantar el siglo XXI", Ediciones Gog y Magog, 2011



Imagen: www.gedichtenvandiet.blogspot.com












MARK STRAND, POETA DE LA AUSENCIA










Mark Strand se murió en Brooklyn cuando el invierno, ausente todavía, comienza a asomar su luz esquiva. Fue el sábado, en pleno puente de Acción de Gracias, con frío en la ciudad y nieve en los suburbios, los únicos días del año en que la metrópolis se muestra ausente, casi silenciosa, desarraigada, como si fuera víctima de una suerte de extrañamiento. Mark Strand, de 80 años, se murió cuando Nueva York más se parece a su poesía.





“En un campo/ yo soy la ausencia / de campo. / Esto es / siempre así. / Donde sea que esté / yo soy lo que falta. / Cuando camino /parto el aire / y siempre / el aire ingresa / a llenar los espacios / donde ha estado mi cuerpo./ Todos tenemos / razones / para movernos. / Yo me muevo / para dejar las cosas intactas”, escribió en su primer poemario, Durmiendo con un ojo abierto (1964).





Strand pasó sus últimos años en España, en Madrid, en su casa de la calle Monte Esquinza, donde convivía con la marchante de arte Maricruz Bilbao. Cuando el cáncer asomó en la pasada primavera, regresó a Nueva York con su hija Jessica, fruto del primero de sus dos fracasados matrimonios, tal vez en busca de esos paisajes urbanos ralos y silenciosos de Edward Hopper, pintor al que tanto admiró y al que dedicó uno de sus principales ensayos. “Los cuadros de Hooper son los de un viajero que pasa por ahí y mira a quienes están dentro. Sus cuadros te enfrentan con fragmentos aislados de una narrativa”, declaró a Andrea Aguilar en una entrevista que EL PAÍS publicó en 2010.





Pintor poeta y poeta pintor, Strand escribía como pintaba y pintaba como escribía. En corto, meditabundo, en busca de las emociones ordinarias


Pintor poeta y poeta pintor, Strand escribía como pintaba y pintaba como escribía. En corto, meditabundo, en busca de las emociones ordinarias. Chus Visor, su editor en España, habla de su minuciosidad, de su búsqueda de las cosas concretas, de aquello que podía ocurrir a su alrededor, siempre a la caza del “cálculo exacto de la palabra”.





Pese a que la poesía de Strand guarda algo de ese silencio que dejan las nevadas, entre la meditación y la contemplación, vivió su vida con plenitud, acompañado de un físico imponente, entre Paul Newman y Clint Eastwood. Nació en Prince Island, en Canadá, en 1934. Su condición insular no le impidió ser un viajero impenitente, alentado desde niño por continuos traslados debidos a la condición de directivo de Pepsi Cola de su padre. Pasó su infancia en Cleveland, Halifax, Montreal, Nueva York y Filadelfia. Siendo adolescente, estuvo en Colombia, México y Perú, donde aprendió un español suficiente para leer y entender a Rafael Alberti y Octavio Paz, poetas ambos a los que tradujo. Ya de adulto pasó largas temporadas en Brasil, Italia y España, donde alternaba su afición por los toros con su gusto por la comida y largas conversaciones en las tabernas.





Su primera pasión fue la pintura. Como reconoció más tarde, la idea de convertirse en poeta, no figuraba en su cuadro de mando inicial. Pero fue durante su licenciatura en Bellas Artes en Ohio, en 1957, cuando descubrió las palabras. Estudió poesía italiana en Italia en 1960 con una beca Fullbright. En los años setenta ya era un poeta reconocido, aunque los galardones llegaron más tarde: Poeta Laureado de Estados Unidos en 1990 y Premio Pulitzer en 1999, entre otros. Deja 12 libros de poemas, además de relatos, ensayos y libros infantiles. Su últimas creaciones fueron collages, expuestos este otoño en Nueva York. Su último libro, una antología de su obra poética, también se publicó este año.








Strand describió su territorio poético en una entrevista de 1998 como “el yo, el borde del yo y el borde del mundo”. “El tiempo transcurre rápidamente, / nuestras penas no se transforman en poemas, / y lo invisible permanece como es. / El deseo havolado, / dejando sólo un rastro de perfume tras de sí”, escribió en Tormenta de uno, uno de sus libros más importantes.





Con Mark Strand se va uno de los poetas más personales y admirados de Estados Unidos, un creador de la muerte, el vacío y la ausencia, una voz mística en un cuerpo mundano, irresistiblemente abierto al mundo y en permanente despedida. “Me vacío de los nombres de los otros. Vacío mis bolsillos. / Vacío mis zapatos y los dejo al lado del camino. / Cuando se hace de noche atraso los relojes. / Abro el álbum de fotos familiares y me miro de chico. / ¿De qué sirve? Las horas hicieron su trabajo. / Digo mi propio nombre. / Me despido” (Más oscuro, 1970).








30/11/2014, 19:18 en El País, Cultura









julio 03, 2012

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El bar de Folies Bergere, de Edoaurd Manet










El
Folies-Bergère era uno de los cafés-concierto parisienses de finales del siglo
XIX. A ellos acudía gente de todas las clases sociales a comer y beber, a
divertirse y, sobre todo, a ver y ser visto. Las botellas de la barra así lo
indican: al lado del champán, bebida de la alta sociedad y de la gente
adinerada, hay una botella de cerveza inglesa Bass -identificable por el
triángulo rojo de la etiqueta-, asociada a las clases populares. El mundo
retratado por Manet en esta pintura es el mismo que aparece en novelas de Emile
Zola, como 
Nana.

La composición del cuadro es
una estructura centrada por la camarera Suzon, inmersa en sus pensamientos,
ensimismada; a su izquierda se apiñan los clientes y la derecha lo ocupan lo
que parece ser el reflejo de Suzon hablando con un cliente. La platea reflejada
en el espejo forma una franja horizontal que divide en dos el cuadro. La barra
y su reflejo definen también otras líneas horizontales. Suzon y las botellas
actúan como elemento de unión de estas franjas compositivas. A la izquierda usa
el espejo y las botellas para ampliar el espacio, en cambio, a la derecha, los
usa para limitarlo.


La mujer que mira a través de
los gemelos no está identificada, pero simboliza a una sociedad en que lo más
importante es ver y dejarse ver. La mujer de blanco en el extremo izquierdo de
la platea es una amiga de Manet, Mary Laurent, y la que está detrás es Jeanne
Demarsy, otra amiga.


En el ángulo superior
izquierdo se advierten las medias rosas y los zapatos verdes de un acróbata que
ameniza la velada del café-concierto. Pero nadie, y Suzon la que menos, parece
interesado; la presencia del acróbata sólo sirve para acentuar el aire
melancólico de la camarera.


Una marcada línea vertical
recorre la cara y el vestido de Suzon, como un eje de simetría. Las dos rosas
que tiene delante sirven para resaltar las flores que lleva prendidas en el
corpiño. A la derecha aparece reflejada la camarera hablando con un hombre; se
trata de Gaston Latouche, un colega a quien Manet pidió que le sirviera de
modelo. La imagen parece más metafórica que real, puesto que el reflejo de
Suzon no debería aparecer en esta posición y, además, su postura no coincide
con la de la mirada ausente. Quizás se trate de la conversación que Suzon
mantuvo unos minutos antes y sobre la que ahora reflexiona, o acaso la que
desea tener con alguien que la aparte de la monótona vida de camarera. A
subrayar el vestido negro de Suzon (en claro contraste con los impresionistas
que lo excluían de su paleta), uno de los "colores" más difíciles de
manipular.


Manet pinta un lugar que
conoce bien y donde se siente como en casa; prefiere el bullicio y el trajín de
la gran capital, al ritmo de vida más sosegado del campo. Sabe captar la
brillantez de la iluminación eléctrica y repite, en los delicados encajes de
las mangas y el cuello del vestido de la camarera, la araña de cristal
reflejada a sus espaldas.
 

 




De: http://www.lasalle.es/santanderapuntes/arte/siglo_xix/pintura/impresionismo/manet_el_bar_de_folies_bergere.htm