enero 29, 2013

, ,   |    |  

Hugo Toscadaray







Ducha cartaginesa


                                                                                                                             a Mora y Valentino Ortiz













Primero lavé mi cuerpo


con el runrún de unos grillos extraviados en la fulgurante
noche


Luego lavé mi cuerpo


con el secreto de los árboles


Y lo lavé

con la cadencia de una mañana que creía olvidada





Lavé mi cuerpo


con la audacia de un relámpago atronador


Con un ladrillo lo lavé


Con una canción oxidada


Lavé mi cuerpo con una mujer violeta





Y por mas que lavé y  lavé mi cuerpo


el trompo negro del corazón de mi tristeza


no se ha disipado





él brilla entre las uvas del sol.








De: "Elogios y otras intemperies", 2012














Biografía

















Cuando ella lo dejó, primero las lágrimas le arrebataron el
horizonte.

Y así nació la ceguera del corazón. 





Más tarde, inconsolable, se mordió las manos hasta sangrarse.

Y así nació el hambre de las noches. 





Luego, escribió frases ilegibles en el barro, que después
borró la lluvia.

Y así nació la sed de la memoria.





Más tarde aún, el búfalo de la vigilia le derribó el sueño, repetidamente.

Y así nació la sordera del insomnio.





Al fin, pudo ver en el espejo que un solo día le había costado cien años. 





Así nació la pena.








De: “Un caballo con una oreja azul”, inédito














Los días muertos

















Escribo que te amo, mientras bebo el secreto licor del
desvarío.





Escribo bajo el peso suspendido de tu ausencia


-escorpión alado y mudo-





Escribo que te amo, en la noche anegada y afirmo:


                   tengo
corazón que tiembla y suda,


como un caballo rojo.





¡Oh corazón mío!


¡Caballo palpitante y mojado!


¡Matungo de nubada enrojecida!





Le haré una pampa, con éste, tu silencio,





escribiendo que te amo,


                  inclinado
y solo,


                   semejante
a un puño hundido, en la noche anegada.
















 Hugo Toscadaray (1957, Buenos Aires, Argentina)





















enero 26, 2013

,   |  2 comentarios  |  

Ricardo Costa










Clima









Nos comportamos según el tiempo.

Ayer, los vientos moderados de superficie

nos mantuvieron alertas respecto a posibles

cambios de temperatura.

Mi vecino cortó leña de más toda la tarde

y yo lamenté estar solo en un momento

como este.

Hoy la situación es la misma y el leñador

ha comprobado que el calor hace humo

todo el trabajo de una tarde.

Pero a él no le importa porque su mujer

ha puesto a secar ropa junto al fuego

y ha freído unos bocaditos de manzana.

La dicha y la soledad se comportan de igual manera:

hay que trabajar duro para que la confianza de uno

se quede ahí y no se apague.

El humo siempre terminará por hacer su trabajo:

doblarse para que el viento tenga un gesto de piedad

para los que estamos solos.

Así la dicha se anuncia según el tiempo.

Escapa por los hogares y vuela en pedazos por el aire

hasta dejar en el ambiente una extraña sensación

de frío y un ligero aroma a frituras














Ricardo Miguel Costa (1958, Buenos Aires, Argentina)

De: http://www.ricardocosta.com.ar/index.html

enero 25, 2013

,   |    |  

Giorgio Caproni



Calle Pio Foà, I

















La luz cada vez más dura,

más impura. La luz que vacía

y ciega, convertida en locura

y aluminio, acá

donde en el opulento barullo

del mercado, la ciudad

escupe al rostro su Orgullo

y su Desmesura.



























Claro







Dónde nos extraviamos...

Nos separamos...



No

es una indicación.



No

es una interrogación.



Una exclamación,

acaso.



(O un desfallecimiento.)



Un viento

quebradizo socava la frente

ya desmontada.

¿Es miedo?



El bosque se ha transformado

en un claro espantoso.

























Giorgio Caproni: (1912, Livorno / 1990, Roma, Italia)




Imagen: mayora.blogspot.com






enero 23, 2013

, ,   |    |  

Juan Carlos Moisés




Poesía argentina
Fuente: www.tuertorey.com.ar







Una carta















la carta que está sobre la mesa

fue enviada hace cuatro días desde

Buenos Aires

siempre

pensé en Buenos Aires

de chico soñé con Buenos Aires

todavía pienso y sueño con Buenos Aires



dos mil kilómetros viajó esta carta seductora

para venir a mi encuentro

y transformar a este pequeño pueblo del sur

en un país desconocido















Respuestas

















Lejos los perros ladran


sobre el final del invierno


y se contestan


de un extremo a otro


del pueblo dormido


y también hay respuestas
calladas


humanas


doloridas


de algunas voces que la noche
cierra


como una mano














Juan Carlos Moisés (1954, Sarmiento, Provincia del Chubut, Argentina)


De. "Querido mundo", 1988, Ediciones El Lagrimal Trifurca





enero 21, 2013

, ,   |    |  

Laura García Del Castaño














Se  habla cada vez con más certezas














Así,


como el color del humo presume la voracidad del


fuego,


o el cauce de un río su arrebato


por cómo naces se adivina el carácter,


por la línea de tu mano los hijos que te esperan,


por la forma de tu cráneo la inteligencia,


por el ancho de tus huesos tu fortaleza,


por tus actos la magnitud de tu entierro


y por tu cadáver


la demora de tu olvido.














La parte más honda 











Olvidar
o dormir
el súbito instante
en cuyo sueño,
se sueña la vida que jamás tendremos.

Aquí arriba
reina la memoria de este día
como un dios
que todo lo ve,
menos a su dios.

Allá abajo
el animal que enterré
se ilumina
tan brillante como un diente de oro.

Lo que escondí en lo más hondo
hoy
abre sus ojos

flota en los mares.











Laura García del Castaño (1979, Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina) 


De: “La vida en que sueñas”, Recovecos 2012




Imagen: La voz

enero 20, 2013

,   |  1 comentario  |  

Luis Antonio de Villena






Raso en la autopista




L’anima sua bianchissima e leggera


Sergio Corazzini






Brillantes son las avenidas de la noche,

las vacías autopistas que solitario

atraviesas en la cabina de un coche,

como si una soledad acristalada

permitiese la vida de los sueños, de las

niñas que mueren de amor ante los

cines, fuera del mundo, al borde de la noche.

Automóviles solos que en todos los moteles

hablan del saxo azul de los night-clubs,

de un silencio de seda, del fuego que

abrasa las tablas de la ley cuando

el malhechor – raso en la pechera – decide

ahogar su dolor en los cetáceos muertos,

en la pálida estrella que ve brillar

tras el arabesco del balcón en un

motel cualquiera…

Con el alba el claror redibuja un paisaje,

el cascote del día resuena contra el

níquel y hay olor a comienzo de caza

en los bares desiertos, desiertas avenidas…

Las sábanas entonces, al que tarde regresa,

le ofrecen dulzura de hierba cortada,

rocío en las hojas de los tréboles,

trinos de tordos que saludan al alba.

En tanto tú regresas, marchito el clavel

en la tersa solapa, dispuesto al sueño,

al olvido del dolor, al rubio olor del champaña…

Y mientras, las carreteras desenvuelven

las alfombras azules de la madrugada.



De: Sublime Solarium (Editorial Bezoar, Madrid, 1971)





Un arte de vida





Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa,

tu corbata de tarde, la carta que le escribes

a un amigo, la opinión sobre un lienzo, que dirás

en la charla, pero que no tendrás el torpe gusto

de pretender escrita. Beber, que es un placer efímero.

Amar el sol y desear veranos, y el invierno

lentísimo que invita a la nostalgia (¿de dónde

esa nostalgia?). Salir todas las noches, arreglarte

el foulard con cariño esmerado ante el espejo,

embriagarte en belleza cuanto puedas, perseguir

y anhelar jóvenes cuerpos, llanuras prodigiosas,

todo el mundo que cabe en tantas euritmia.

Dejar de amanecida tan fantásticos lechos,

y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando

en la memoria, porque hablan de vellos y delicias

y escondidos lugares, y perfumes sin nombre,

dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces,

qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán

después, un tanto yermas, y esperarás el sueño.

Del día que vendrá no sabes nada. (No consultas

oráculos.) Te quemarán hastíos y emociones,

tertulias y bellezas, las rosas de un banquete

suntuario, y las viejas callejas, donde se siente

todo, en el verano, como un aroma intenso.

Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.

Y si todo va mal, si al final todo es duro,

como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno.





Luis Antonio de Villena (1951, Madrid, España)

De:Hymnica (Ediciones Guadalhorce, Málaga, 1975)

Imagen: Diario Sur

























enero 18, 2013

, ,   |  1 comentario  |  

Guillermo Bianchi




Fuente: www.tuertorey.com.ar




El orden de las cosas

















los muros los escombros me transmiten recuerdos


obedezco al lenguaje del cristal que trepida


respondo al juramento desleal del relámpago


la simple observación de una canilla


me provoca un intenso sentimiento de ahogo


el fuego vaticina mi futura memoria


los relojes me llevan de modo inevitable


a treparme a la copa de los árboles


para lanzar mi aullido a la intemperie


toda consternación me pertenece


toda felicidad me contradice


el silencio lastima mis oídos


contemplo horrorizado la belleza del día


y persigo a mi sombra para no despistarme


soy el ojo que rige mis bruscas mutaciones


el barco que establece sus propias tempestades


todas las realidades me parecen ficticias


todas las utopías me resultan posibles.

















Mar adentro

















el mar toda una vida a la intemperie


toda una vida el corazón cerrado


al no ser mar qué breve la mención de tu nombre


yo que nunca lloré bajo una nube


ni recorrí las costas del espanto


te hago cárcel de mí labio a mi copa


en un mundo que goza desenterrando espadas


rodeándome de perros la memoria


el mar respira en vos y es como un rezo


como una crisis que jamás descansa


y no te haré saber qué interminable


qué árido terreno transita el que no duerme


el que profana tumbas buscando su cadáver


el que flota en las aguas del dolor y la culpa


yo soy un rumbo aparte


el mar me condiciona a tu paisaje


y la noche me busca vivo o muerto.











Guillermo Bianchi (1970, Buenos Aires, Argentina)


De: "La luz de los vencidos", Enigma Editores, 2012

enero 12, 2013

, ,   |  1 comentario  |  

Catalina Boccardo, del libro inédito "Bailar"






Fuente: www.unadepoetas.blogspot.com


Los bailarines






                                                       “Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para
poder llegar a ver las cosas  de arriba". 
                                                      



                                                                                     Alegoría
de la Caverna. Platón





                                                       “en
aquellas épocas sólo había luz de las antorchas, una luz irregular y  temblorosa...la película intenta mostrar que sí, que las cosas


 se mueven realmente…”                                   


                                                                                W.
Herzog sobre La Cueva
de los Sueños Olvidados








su amnesia de cuerpo





( la antorcha flamea el inframundo





salen de cavernas


estirándose


hacia la perfección)





el pájaro verdadero sobre el escenario





                    vuela


                           
a la medida de las cosas




















La aprendiz*

















una niña apenas


hace mimo y sigue al maestro


la mirada bailarina


los brazos cisnes





se arrodilla





busca olvidar el cuello





sideral y pequeña


precisa y enorme





paradojas a la que la someten





cierre de capullos


sonrisa extemporánea





la hija invisible copia








*Cynthia, mimo y bailarina, realizó sus ejercicios con una
sensibilidad especial que aún recuerdo.








Maya Plisetskaya *

















tan trémula maya


irás con la muerte


ensimismada


cortarás los brazos de luz del teatro





nada


la noche no es nada más un momento


escapan cisnes como bailarinas


fuertes y tensas


y arrullan lagrimales de polvo





pero no


no es verdad


nada escapa a este lago de artificio





nos sumergimos


más reales que la propia muerte








*Maya Mijáilovna Plisétskaya, de nacionalidad rusa-española,
nacida en 1925, maravillosa bailarina de la que se dice ha realizado una de las
mejores interpretaciones en “El lago de los Cisnes” así como de la “Muerte del
cisne”, entre tantas otras obras.

















Cisne sobre la herida








“D’un pas à ne se mal guider que derrière l’absence, elle est
venue, cygne sur la blessure, par cette ligne blanche.”


“Detrás de la ausencia, con pasos que no la extraviaron, cisne
sobre la herida, vino por esta línea blanca.”


René Char








Cisne












la madre gustaba





punta de pie


enaguas





“si hubiera podido…”


 y dejaba ir


sobrevolar





no sé por dónde ese nureyev*


esa plisétskaya*


encontraba cisnes





y el agua ahora


absorbe mis piernas


me aletea


                      una
remota cavidad de plumas











*Rudolf Jamétovich Nuréyev, nacido en la Unión Soviética
(1938-1993), talentoso bailarín y coreógrafo de excepcional perfección sobre el
escenario, quien realizó nuevas adaptaciones en el rol masculino de la danza
clásica, en las que además profundiza aspectos psicológicos de los personajes.


*Ya citada en un poema anterior.













Otro cisne

















expuesta al pequeño afecto


del omóplato


su abrazo


la fractura





en ondas expansivas


sin ninguna membrana


salvo ese otro


su millar de millares


tan azaroso


cisne


                        
se quiebra















Catalina Boccardo (1961, Buenos Aires, Argentina)


De: "Bailar" (inédito)



enero 09, 2013

, ,   |    |  

Diane Wakoski














El mecánico




La mayoría de los hombres usan
los ojos
como metrónomo
para marcar el compás
del caminar de una mujer
cómo sus caderas se ciñen
contra la tela, igual que los higos
en el árbol
justo antes de reventar
sus moradas pieles,
para medir qué tanto
de su andar emplea en la cama
de noche,
la jarra del cielo
llenándose de vía láctea
centellea cada vez
que ella mueve los labios.

pero, claro,
los secretos
no son los golpes obvios
en la canción
que cualquier baterista puede dar

oyendo la velocidad del motor
—hecho también de golpes—
tan rápidos,
sutiles, supongo,
que llegan como un sonido continuo
o el corazón que, por supuesto,
golpea sin ventilador
que lo mantenga
fresco;
es una prueba,
un ritmo,
que no podrían ver
aquellos ojos medidores
aunque tal vez haya algunos
con dedos y oídos
tan cerca de los motores
con aceite limpio circulando por los oídos
que depure la sesera,
quizás algunos...

puedan decir
en qué consiste
el secreto sangrar de una mujer

Como mujer
con estrellas untuosas
en todos los puntos
de mi piel
nunca podría
fiarme de un hombre
que no fuera mecánico;
un hombre que usa sus
ojos,
sus manos,
escucha
al
corazón.





Diane Wakoski (1937, Witthier, California, Estados Unidos de Norteamérica)

De: www.materialdelectura.unam.mx




Imagen:http://www.vidaweb.org/

enero 06, 2013

, ,   |  2 comentarios  |  

Silvio Mattoni









Fuente:www.jaibabibliopiratas.blogspot.com








Un
conocido mentiroso griego


dijo que el
heroísmo nunca era


críar, aseados, a
los niños. Pero


teníamos poco más
de veinte y Francisca,


un mes, nos
observaba. La pusimos


en una bañera de
plástico azul


donde su cuerpo
movedizo se asombraba


por el líquido
tibio. Vos le sostenías


la cabecita rapada,
yo pasaba el jabón


casi sin espuma
deslizándolo sobre


su ombligo nuevo.
Tu alegría surgió


inevitable, te
reías, y a todos


les contagiabas
valor, como una imagen


pequeña de dioses
más inteligentes


que los míos.
Dijiste: “Agarrala bien,


así le lavo los
pies.” Y quién querría


afrontar la vejez,
la declinación


de los sentidos si
no tuviera que mirar


cómo crece una
heroína junto a otra,


cómo prueban sus
armas, sus retóricas,


porque con ellas
repetirán el sí


dado al mundo, esa
pulcra devoción


que se ejecuta con
necesaria crueldad


a veces. Es fácil
responder por qué


alguien ama a una
mujer más 


que a las mujeres,
atraído por el perfume


de lo que hace
crecer, mosca estival


como la esperanza
de grabar en bronce


versos libres. Con
un rodete, ropa suelta


y brazos desnudos,
acariciabas a tu hija


y me enseñabas la
casa del afecto,


animándome a ser lo
que creí


que no podría. Te
sigo a todas partes


y mientras tenga
fuerzas defenderé tus signos


pensando que
nuestros cuerpos, su alegría, 


todavía tienen
tiempo y no se rinden.








Silvio Mattoni (1969, Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina)

enero 04, 2013

,   |  1 comentario  |  

D.H. Lawrence











Piano





Suavemente, al atardecer, una mujer me canta; 
llevándome a la perspectiva de los años, hasta ver
a un niño sentado bajo un piano, estremeciéndose en la resonancia 
de las cuerdas
y presionando el pequeño y sereno pie de una madre que sonríe mientras 
canta.

A pesar mío, la insidiosa maestría de la canción
me traiciona y lleva hacia atrás, hasta que el corazón mío llora por pertenecer
a las viejas tardes de domingo en casa, el invierno afuera
con himnos en la sala confortable, la resonancia del piano nuestra guía.

Entonces, ahora es en vano que el cantante rompa en clamor
con el appassionato del gran piano negro. El encanto
de los días de la infancia me rodea, mi adultez está anclada
en la marea del recuerdo, lloro por el pasado como un niño.


David Herbert Lawrence (1885, Eastwood, Inglaterra / 1930, Vence, Francia)
Versión: Marina Kohon









Piano


Softly, in the dusk, a woman is singing to me; 
Taking me back down the vista of years, till I see 
A child sitting under the piano, in the boom of the tingling strings 
And pressing the small, poised feet of a mother who smiles as she sings. 

In spite of myself, the insidious mastery of song
Betrays me back, till the heart of me weeps to belong 
To the old Sunday evenings at home, with winter outside 
And hymns in the cosy parlour, the tinkling piano our guide. 

So now it is vain for the singer to burst into clamour 
With the great black piano appassionato. The glamour 
Of childish days is upon me, my manhood is cast 
Down in the flood of remembrance, I weep like a child for the past. 

enero 02, 2013

, ,   |    |  

Raúl Gustavo Aguirre




Fuente: www.clarin.com




El resplandor de los amigos

















La
carne asada entre las piedras


bajo los alelíes de los cielos


Oh, no hace mucho que somos hombres.





Pero este vino ya tan diferente de la sangre


y este pan compartido


son necesarios al corazón.





Y estar aquí


fuera del miedo y las tinieblas


hermanos


en la noche que une


lo más hermoso con lo más callado.







Enlaces: Raúl Gustavo Aguirre

De: "Antología", Monte Avila Editores, 1978