febrero 28, 2013

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Salvatore Ritrovato















Sobre una vieja fotografía

















¿Quién de vosotros me mira en esta cartolina?


¿Qué murmullo ha desaparecido de la pantalla


muda de esta kodak?


Treinta años y una palabra para tener


aquellas pupilas, filmar el modo


justo que ellas siguieron en una circunstancia


su consentimiento fulminante


el instante de maravilla, no basta.


Iré a vivir un día con vosotros


donde no fluye savia, no rezuma


espíritu de hogar y la piedad se ofusca.


Y todo acabará, en un ostensorio cincelado


esmeradamente o en un cáliz


levantado en el altar; terminaré el vaivén


entre vosotros y yo que me esperáis


allí abajo, en las escaleras, después de una boda.











Salvatore Ritrovato (1967, San Giovanni Rotondo, Italia)

Enlaces:Revista Omnibus



Imagen: Facebook de SR





Su una vecchia fotografia



Chi mi fissa di voi in questa lucida carta?

Che brusio è scomparso dallo schermo

muto di questa kodak?

Trent’anni e una parola per tenere

quelle pupille, filmarne il verso

giusto che esse seguirono in un frangente

il loro consenso fulmineo

l’attimo di meraviglia, non basta.

Verrò ad abitare un giorno con voi

dove non scorre linfa, non trasuda

spirito di focolare e pietà s’appanna.

Pure finirà tutto, in un ostensorio cesellato

accuratamente, o in un calice

sollevato sull’altare; cesserà l’andirivieni

fra me e voi che mi aspettate

laggiù, sulle scale, dopo un matrimonio.







febrero 24, 2013

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Marcelo Carnero





Marcelo Carnero








Una vez tuve una
hermana roja.


Una vez bellísima de
papel de fuego.


Las almendras de sus
ojos eran


desconsoladas frutas
para ir.


Frente al espejo, yo
peinaba su larga cabellera de murciélago fresco.


Los crespones morados
de la seda del vino, no podían otra cosa que alumbrarnos.


Los racimos de plata
de los ojos del búho, no podían otra cosa que alumbrarnos.


El miedo no podía.


Cuando se fue,


no te preocupes, dijo,


va a pasar este tiempo
y el siguiente.


Una noche, despierto


porque una mano helada
te tire de las piernas,


vas a saber mi muerte.


Lo último que hicimos
fue no hablar de recuerdos. Tratar de no decir la palabra verano


y dejarnos morar por
la tristeza.


Después saber el mundo


y el dolor


como un solo camino
para todas las cosas


o la música rota de no
poder volver.










Le temo a los ciegos,
porque miran las cosas para adentro.


Con una leve magia de
los dedos


descubren al instante
cómo se llama el mundo.


Una vez


de tanto ver el sol
quedamos ciegos 


yo y mi hermana. 


Cada vez que
acertábamos el nombre de una cosa


los parpados brillaban
como rayos o conejos.


Cómo nos divertimos


escondidos de todo


a plena luz del día.


Duró poco la gracia.


Mi madre nos deshizo
la ceguera con una componenda de ajo y huevo.


Extraño esos días, en
que los ojos no eran extenuados dadores de belleza


y como en el amor, si
no hay forma de dar con la mirada, el mundo es una piedra.


Le temo a los ciegos


porque no pueden saber


que los asusto.


Canto el tiempo de mis
aparecidos.


Trepan por los
vidrios, caen de los árboles,


son pelusitas,


son panaderos.


Mientras lloramos y
nuestras voces se abrazan con el vino,  cantan con
nosotros.   


A veces los miramos
sin sentido


y la vida es tan
triste cuando no sabemos.


Nos quedamos temblando
en ese rastro de invierno tras sus pasos.


Y ellos,


pacientes como todo
espejo,


se agitan en la sangre
de lo que no crece. 


A veces alguien entra
a una casa y encuentra uno sentado a la mesa.


Entonces lo lleva
hasta la puerta, le besa la frente, le encarga saludos para el viaje y lo sopla


pidiendo tres deseos.


Y ellos, con algún
dejo de tristeza,


bajan por el aire de
la calle, se pierden para siempre.









Canto el tiempo de mis aparecidos.


Trepan por los vidrios, caen de los árboles,


son pelusitas,


son panaderos.


Mientras lloramos y nuestras voces se abrazan con el vino,  cantan con nosotros.   


A veces los miramos sin sentido


y la vida es tan triste cuando no sabemos.


Nos quedamos temblando en ese rastro de invierno tras sus
pasos.


Y ellos,


pacientes como todo espejo,


se agitan en la sangre de lo que no crece. 


A veces alguien entra a una casa y encuentra uno sentado a la
mesa.


Entonces lo lleva hasta la puerta, le besa la frente, le encarga
saludos para el viaje y lo sopla


pidiendo tres deseos.


Y ellos, con algún dejo de tristeza,


bajan por el aire de la calle, se pierden para siempre.









Marcelo Carnero (1978, Buenos Aires, Argentina) 




febrero 23, 2013

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Zulma Liliana Sosa




Fuente: Facebook (ZLS con Fernández Retamar)













 Cuestión de suelas

















si vaticina él / el despojo inminente / y los pasos están


adentro / adentro donde no suenan / si la copa sufre de


vejez prematura / y a la escasa uña / el pie provoca la


visión de la uva /


si en otro sonámbulo rincón de pocos / muchos convocan


la acritud del asilo / no hay tumulto / y cada cual se va


con su desgracia / el celo en el bolsillo /¿el celo erecto


en su derrumbe?/


si la moneda existe y extenuada está la bestia /¿ habrá


olor y víspera ?














II














  


y no habrìa /


sino podrìa /


con la noche / alma /


mi ausencia emana


viendo tu presencia /


subida a la espalda gigante /


de la palabra.


interiores


saliendo seguro /


a esta hora /


y yo tan dèbil /


contrayendo deudas /


para ver màs lejos /


para vos y mi fatiga.





no quiero devolver a nadie /


entraña /


mis muertes inclinadas.





                                                                    A
Rodolfo Walsh










Zulma Liliana Sosa (1945 / 2016, Formosa, Provincia de Formosa, Argentina)


De: Escenas de fin de guerra", Ediciones Libros de Alejandría, 1995


febrero 21, 2013

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Miguel Martínez Naón








Fuente: www.intercuerpos.blogspot.com





Escondidas

















Se ocultan


para no ser despedidas del alma.





El barco que las atraviesa se hace polvo.





Se quitan de encima los escombros se sacuden


las enaguas.


Ya pasó lo peor dice una


quitando los diarios que forran los ventanales.





Se propaga la luz.


Expuestas al gentío los ojos como postigos se enlutan.





Dos mujeres en un cuerpo


atravesadas por un barco.





Lo advertí desde la vereda de enfrente


cuando  sus ojos me abandonaron.



















Todo


Para G.A con cariño





El rio que yo más quiero,
no se puede detener.
Con el ruido de sus aguas,
no escucha que tengo sed


(Violeta Parra)








Nadie quiere quedar atrapado


como un pez


o llorar.


Hay cielo suficiente


para ver más allá.





Pero mi corazón, recóndita sed,


llora lo hueco y lo desmesurado


en su canasto.





Todo lo que no es río es miedo.


Miedo lo que sobró de la cena,


soldados de cáscara,


claveles a destiempo,


miedo.





Lo que no es alma es carozo,


y al mundo sólo lo conciben los niños.





Lo que no es luz es chatarra,


un rastrojero lanzado al infinito,


óxido en el aire que no da de beber.





Lo que no es inocencia es rencor,


un tango sin autoría,


los alfileres de ginebra,


eso que ya conocemos.





Una sonrisa común,


una sonrisa aquerenciada,


sentí que me pedías


una sonrisa


así


muy de cerca


sentí


que me pedías





y no era


yo


lo suficiente.














Miguel Martínez Naón ( 1976, Buenos Aires, Argentina)


De: "Estación de servicio"




febrero 20, 2013

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Luciana Mellado




Fuente:www.teladerayon.com












IX

















también yo te amaba y masticaba la sombra de tu cuerpo


me acercaba a esa sombra con breve salto


porque también te amaba cuando estabas


y te vaciabas de luz sin preguntar mi nombre


ni por qué te seguía


pero también sabía que aquello era el murmullo


amoroso del que está partiendo


porque te estabas yendo entonces


rodabas


como una máquina infalible que deja en el suelo


unas marquitas como pisadas de perros


diminutos / de loros


como cáscaras de frutas invisibles


que dicen no me olvides


que riega / la niña de la albahaca


y la memoria rodando papelitos en el viento


cuando te ibas por la ruta y te quedabas


pegado a los alambrados / a las matas


no me voy del todo me decías


pero yo veía que la mancha de la luna se achicaba


que la luz era plena en lo oscurito


y me olvidaste nomás entre los ojos


bebiendo la pupila un sueño líquido


de tigre ciego que atrapa el color de la presa


y se le olvida entreabierto el otro ojo


que es árbol del follaje acolchonado


por donde el sol retumba en cada salto


que hacia tu sombra el barranco


me incendiaba.





De: "Aquí no vive
nadie", El Suri Porfiado, 2010








Cuerpos de la distancia





I

















Las hojas del álamo trinan


como pájaros de piedra


en la costa del río.





El mejor pirata es un ahogado


o un niño desnudo


cubierto de musgos.





¿Besaste a un pirata?





Cuando bajé a la espesura


parecía la muerte


esa quietud


pero era un sueño nomás,


el de la siesta y el calor


que me aplastaba.





El aire es agua que respira


cuando el viento silba


en las cicatrices


de los árboles.





No pienso palabras en la altura


pero un pirata tiene


un nombre bello.





Cecilio, Lauro, Julien.





Un pirata vive extraviado


 hasta que descubre


el milagro de los peces.





¿Viste un pirata de cerca?





¿Sus ojos?





Grandes y oceánicos,


a veces pastosos


por las algas.





¿Y los barcos?





Parecen las alas


de un animal líquido


que se incendia


en el viento.





Tiemblan los verdes


en el aire.












II













Los piratas son niños


que huyen de las sombras


cuando el silencio seca


los resguardos


del agua.





A veces los espanta


un pájaro pequeño,


el aire que le aúlla


a ciertas superficies.





La marea en sus ojos


no se repite nunca


aunque insista en lo oscuro


el humo de la noche.





Brotan de la memoria


del naufragio


como la hierba débil 


que crece


en los incendios.





De: "El agua que
tiembla",. Ediciones Del Dock, 2012








Luciana Mellado (1975, Buenos Aires. Reside en Comodoro Rivadavia, Provincia de Chubut, Argentina) 

febrero 17, 2013

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Claudia Masin
















El regreso











¿Qué
trae el padre de su largo recorrido por los campos


amplios
y planos como pasillos de hospitales donde él,


médico
viejo y cansado, pasea su mirada pacífica, experta,


sobre
todas las cosas del mundo como si fueran suyas,


las
hubiera tenido en la mano tanto tiempo


que
conociera sus exactas concavidades y accidentes?


No
hay nada nuevo para él, ¿pero y nosotros?


¿Preguntándonos
el cómo y el porqué, desasidos como estrellas


/
fugaces


de
la generosa custodia del cielo, nosotros cómo hacemos


para
mirar las cosas sin angustia, sin que nos sobre o nos falte


siempre
algo: una medida quizás, cuya ausencia hace imposible


caminar
sin tropezarse a cada paso? ¿Qué amor


hizo
descender sobre él para después dejarlo ir,


pájaro
rapaz que de un momento a otro se volvió compasivo


y
desechó los restos que le ofrecían, con la magnanimidad


de
quien ya fue llenado, está completo? ¿Pero y nosotros,


a
quienes esos restos cubrirían los huesos? No podemos pedir,


ya
se ha perdido lo que quedaba, lo que había de más.


Si
no hay nada que él traiga en los brazos, ¿por qué


no
ir yo misma a buscar, si ese regalo que él esconde


cuidadosamente
bajo la cama es una caja vacía?


¿Qué
va a ser de nosotros ahora,


si
es y siempre fue mentira que de los baúles sacaba


objetos
maravillosos, que podía enseñarte a pescar peces


de
aletas brillantes como una moneda al sol?


¿Si
también es mentira que con sólo


raspar
un carboncito contra su pecho creaba el fuego


que
iluminaba la superficie curva de la tierra,


la
geometría perfecta de la casa,


o
que a nuestros cuerpos pequeños, con sólo mirarlos,


los
volvía exuberantes como si fueran plantas parásitas colmadas


por
la savia de otra planta? Dame la libertad, entonces


para
soltarme de esta atadura que no ata a nada,


que
yo de todos modos ya lo sé: hay un cielo


como
hay una tierra, hay un desorden que, extrañamente,


/
nos cuida,


hay
quien desata la peste y a veces hay cura, hay mañanas


donde
vamos a ser niños una vez, una vez sola,


para
poder ir tomados de la mano de él,


de
él que es esa tela secándose al sol los días de buen clima,


ropa
dejada por un muerto, no me mientas,


no
hubo padre ni habrá.


                                        


(Poema incorporado a la reedición corregida y aumentada
de “La vista”, Hilos 2012, libro publicado originalmente por Visor en 2002)








La
helada        








Quien fue dañado lleva consigo ese daño,


como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar


sobre aquel que se acerque demasiado. Somos


inocentes ante esto, como es inocente una helada


cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío,


su necesidad de caer, había esperado


-formándose lentamente en el cielo,


en el centro de un silencio que no podemos concebir-


su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías


vivir con semejante peso sin ansiar la descarga,


aunque en ese rapto destroces la tierra,


las casas, las vidas que se sostienen, apacibles,


en el trabajo de mantener el mundo a salvo,


durante largas estaciones en las que el tiempo se divide


entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza


que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas
las veces


que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse,


porque lo que nos damos los unos a los otros,


aún el terror o la tristeza,


viene del mismo deseo: curar y ser curados.





De: "La plenitud", Hilos,
2010








La lluvia











¿Viste cómo llueve? Llovió así toda la noche


y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras,


aunque fuera en el extremo más inalcanzable


de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía


pareciera que el mundo fuera a desprenderse de su eje,


pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina


y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden


que lentamente se transforma en armonía.


Desde niños, vivimos sobreviviendo a catástrofes como ésa,


a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó:


que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan


arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos


y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces


ha sido nuestra historia, los objetos


que confirman que somos seres físicos y no un soplo


filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia


que no se detiene jamás para incluirnos. ¿Soñaste alguna vez,


cuando llega la violencia del aguacero,


con que el río se salga de su cauce para siempre y nos empuje,


soñaste con la noche en que el rayo finalmente nos alcance,


descalzos bajo la luz, como esperando saber algo


que sólo el impacto de una fuerza sobre el cuerpo


podría revelarnos? Pero el rayo no cae, no cayó


y al día siguiente todo sigue a salvo en el mismo lugar.


Ese es el mayor desastre que conozco: haber estado al borde,


una noche, de que nos fuera concedida una verdad


extraordinaria, y al amanecer darnos cuenta


de que somos los mismos y no sabemos nada


que no supiéramos ya.





De: "La plenitud", Hilos, 2010





Claudia Masin (1972, Resistencia, Provincia del Chaco, Argentina)

Enlaces: 1 Poeta 10 preguntas


febrero 16, 2013

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María del Carmen Kril




Fuente: Facebook

Ciertos anuncios

















No me dejés mirando
la tarde


como una escena de
televisión


donde los anuncios me
condenan


y no convencen,


su calidad de
imágenes superpuestas


son como las capas de
ozono


que vos me dilatás


para que crea


que ese recuadro
triste


y tu ofrenda
desinteresada


no tienen cuotas ni
final feliz,





pero yo pienso


que si en la tarde te
acurrucaras


como el caracol
enigmático


en las pantallas
frías


no sabrías volver a
desenredarte,





la vorágine


la frivolidad
publicitarían


tu caparazón, tu
frágil contenido.







María del Carmen Kril (1952, Provincia de Buenos Aires, Argentina)




febrero 14, 2013

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Liliana Díaz Mindurry




















Un mundo de cristales de hielo masticados con furia entre sorbos de whisky,




un cigarrillo y un narcótico,


mientras el rectángulo de la pared se traga las últimas estrellas, y las últimas bestias corren entre luces encendidas,


mientras hay olor a despedida, a cocheras con automóviles dormidos y sin dueño,


olor a ciempiés rubio, a soledad de una pastilla,


para suprimir el universo.





Mientras lo que tiene que pasar, pasa, en el claro del pueblo, en el claro de la ciudad, en el claro del mundo,


mientras el mundo se separa del ojo.





Mientras el pensamiento es un orden que jamás ocurre.


y las playas ladran cada noche,


apenas.





Mientras en los zaguanes los insectos corren veloces debajo de puertas y ventanas.





Mientras alguien pregunta la hora como si fuera posible saber algo.





Mentira.


no es un mundo.





Y aunque parezca suceder


nada sucede.





Las tijeras se comen cada lugar secreto,


cada nombre.

















Noche sin nada














  


Nada para esta noche, dije,


En esta irrealidad.


Nada para esta noche,


el silencio será poblado por abismos que empezarán a resplandecer,


 alguno tendrá el universo herido en su costado, un gato sin forma cruzará una terraza fantasma,


habrá olor a plantas mojadas, desaparecerá el dolor como titular de un diario,


Nada para esta noche: se abrirán las puertas de cada ojo y ya no habrá la carcajada breve y seca del poder.





Nada para esta noche:


la caricia no será forma de la impiedad,


cerrarán las puertas de la iglesia y los curas irán a dormir sobre las ramas de los árboles.





Nada para esta noche


el cuarto


vacío.





Mientras todo se vuelve


inexistente.









Liliana Díaz Mindurry (1953, Buenos Aires, Argentina)

Enlaces: Entrevista



Imagen: actaliteraria





febrero 13, 2013

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Catalina Boccardo




















no volveré a verlas


han envejecido y
han muerto





mi madre decidió descolgar sus rostros


guardar las
argollas 





busco los extremos de la vida


ángulos lejanos
del cajón





algo les sucede a las mujeres grandes


me digo


pierden la memoria





mi corazón en compás de espera





pero soy la extraviada
















De: "laguna naineck" (inédito)



Imagen: www.buhardilleros.blogspot.com